Entrevista a Eduardo Wolovelsky

Nautilus, una invitación a viajar por las agitadas aguas del conocimiento científico

Rosana Errasti, licenciada en Ciencias de la Comunicación, miembro del programa de Comunicación y Reflexión Pública Sobre la Ciencia del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires y editora de la Revista Nautilus y Eduardo Wolovelsky, biólogo, coordinador del mencionado programa y director de la Revista Nautilus y la Colección Los Libros del Nautilus.
Crédito: CCRRRojas - UBA

Tapa del libro Agua y adobe. Relatos del pasado sobre enfermedades presentes, de la colección Los  libros del Nautilus. Reúne tres relatos previamente publicados: uno referente a las enfermedades infectocontagiosas y la conquista de América, otro relacionado con la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires en 1871, y el último sobre el Mal de Chagas.
Crédito: Pablo Bolaños, ilustrador y diseñador de las revistas y de los libros del Nautilus.

La producción de relatos de ciencia para personas ciegas o con dificultades para la lectura es sólo una de las multifacéticas iniciativas de Nautilius. La propuesta del programa de divulgación de la ciencia emprendida por el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires busca ser, al igual que «Veinte mil leguas de viaje submarino», una esperanza. La de “expresar ideas, certezas, dudas y reflexiones con la conmovedora belleza y la sugestiva hondura que pueda darnos la expresión literaria”, destaca Eduardo Wolovelsky. Coordinador de la iniciativa.
Una clave a observar: la enseñanza contextual de la ciencia.

(Agencia CyTA – Instituto Leloir. OEI-AECID)-. En el 2001, año de una fuerte crisis política, económica y social en la Argentina, surgió Nautilus. Se trata de un proyecto multifacético de divulgación científica que integra el Programa de Comunicación y Reflexión Pública sobre la Ciencia, del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. A lo largo de la última década ha crecido en forma exponencial, y en la actualidad sus materiales digitales e impresos, –ricos en contenido y en estética visual– son leídos por niños, adolescentes y adultos. Una de las obras, “Nautilus sonora”, por ejemplo, reúne relatos de ciencia grabados para no videntes u otras personas con dificultades para la lectura.

Eduardo Wolovelsky, biólogo, coordinador del mencionado programa y director de la Revista Nautilus y de la Colección Los Libros del Nautilus explicó a la Agencia CyTA quela elección de ese nombre no fue casual. Nautilus es el nombre donde se entrecruzan las múltiples dimensiones que definen a la ciencia como una de las más relevantes expresiones de la cultura moderna. “Allí se sintetizan las aspiraciones al conocimiento del mundo natural, simbolizadas por el Nautilus como organismo biológico; al entendimiento de los significados del desarrollo tecnológico, representadas por el sofisticado submarino comandado por Nemo; y al valor de la ficción y la creatividad encarnado en la obra de Julio Verne. Como 20 mil leguas de viaje submarino, es también una esperanza: la de expresar nuestras ideas, certezas, dudas y reflexiones con la conmovedora belleza y la sugestiva hondura que pueda darnos la expresión literaria”, destacó. Y agregó: “Nuestra intención siempre ha sido ofrecer a la sociedad una posibilidad de reflexión sobre los logros y significados de la actividad científica como expresión  de la cultura, expresión que se manifiesta en una suma de razones y pasiones. Creemos que el acceso a la ciencia es un derecho como lo es toda expresión de una cultura, pero el ejercicio de ese derecho requiere de un esfuerzo particular de carácter político, porque el acceso al conocimiento científico no se da de manera espontánea.”

Respecto al origen de Nautilus, Wolovelsky indica que “la revista surgió hacia finales del conflictivo 2001, que alguna vez fue sede de las fantasías científico-futuristas de Arthur C. Clarke y del cineasta Stanley Kubrick. En aquel año y en el marco de La UBA y los profesores, programa que  vinculaba a la escuela media con la Universidad, nos preguntamos junto con Alejandro Cerletti, director del Programa, cuáles eran –si es que los había– los compromisos asumidos por la Universidad con la promoción del conocimiento sobre la ciencia entre los jóvenes de los últimos años de la escuela primaria y los primeros de la secundaria. Como estimábamos, resultó que esta cuestión no había sido considerada de manera significativa por la Universidad. Fue allí que decidimos crear una revista sobre ciencia para estos jóvenes.”

-¿De qué forma la interacción con el público influyó en la evolución del proyecto y cómo surgió su relación con las escuelas?

-Con el devenir de los años y la constitución del Programa Comunicación y Reflexión Pública sobre la Ciencia, dentro del mismo Centro Cultural Ricardo Rojas, comenzamos a entender que la revista Nautilus no era leída solamente por ese grupo de jóvenes en el que originalmente habíamos pensado. Por comentarios de lectores supimos del valor que tenía la publicación para los adultos, que encontraban en sus textos e imágenes la posibilidad de una lectura compartida con sus hijos o alumnos. Definimos entonces la revista como una publicación de carácter intergeneracional de lectura compartida, sabiendo que los textos que íbamos a producir no podrían ser abordados de manera autónoma por los jóvenes lectores –quienes fueron nuestro objetivo original–, aunque sí podrían hacerlo a través de una lectura conjunta con adultos. Con el tiempo, la revista promovió el desarrollo de un concepto sobre la educación en ciencias que hemos llamado enseñanza contextual de la ciencia. A partir de allí se elaboraron materiales multimediales e impresos que se han distribuido en escuelas de todo el país, al tiempo que se han realizado  innumerables encuentros con docentes, de un extremo al otro de la Argentina.

-¿A través de qué caminos comenzó a expandirse el proyecto Nautilus hasta constituir el programa actual?

-A partir de la publicación de la revista Nautilus, comienzan a surgir nuevos proyectos. Trabajos con escuelas, organización de seminarios, mesas redondas, talleres, obras de teatro científico y una incipiente producción de carácter teórico sobre diferentes cuestiones referidas a la divulgación científica. Debimos por lo tanto reformular objetivos y diseñar una cierta estructura para darle unidad conceptual a la gran cantidad de actividades que estábamos desarrollando. En particular, lo más interesante es que la constitución del Programa de Comunicación y Reflexión Pública sobre la Ciencia nos permitió ganar un espacio para el trabajo de indagación teórica sobre lo que llamamos Conocimiento público sobre la ciencia, donde incluimos al periodismo científico, la divulgación y la enseñanza formal preuniversitaria. Una de las consecuencias de esta decisión fue la publicación de una serie de trabajos editados por Eudeba, Libros del Rojas, el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación y otros sellos editoriales. En 2011 esperamos concretar la publicación de una nueva revista dedicada exclusivamente a esta cuestión.

Por otra parte en el partido de Almirante Brown (provincia de Buenos Aires), junto con la sede de inspectores (profesores y maestros) de esa jurisdicción, desarrollamos unseminario permanente de reflexión sobre la enseñanza de la ciencia, un encuentro mensual  para tratar diferentes problemáticas sobre la ciencia, desde un lugar de autonomía para los participantes, dado que no está planteado como un curso. Aquí, cada docente aporta bibliografía y sus saberes particulares para la resolución de un determinado interrogante.

Dibujo sobre la fiebre amarilla en Buenos Aires que figura en el libro Agua y adobe. Relatos del pasado sobre enfermedades presentes, de la colección de libros del Nautilus.
Crédito: Pablo Bolaños

-Además de la revista Nautilus, ¿producen libros?

Distribuir con eficacia una revista es difícil, hacerlo con una publicación de dos números por año, que no persigue fines de lucro, es casi imposible. Por ello decidimos en cierto momento dejar de editar Nautilus. En su reemplazo optamos por la producción de libros breves sobre las mismas temáticas de la revista. Así nació la colección Los libros del Nautilus. Para nuestra sorpresa, no nos fue posible cerrar la revista porque para muchos lectores era única en sus características. La solución que encontramos a este planteo fue editar Nautilus en formato digital. Hoy puede leerse en el portal del Centro Cultural Ricardo Rojas, en el vínculo http://www.rojas.uba.ar/contenidos/programa_ciencia/index.php#2. También se puede acceder a ella en formato flash, en el portal de Editorial Teseo, siguiendo el vínculo http://editorialteseo.com/archives/category/colecciones2/nautilus.

Los libros del Nautilus, por su parte, son a veces textos originales y otras, en cambio, compilaciones de ciertos artículos de la revista. Por ejemplo, en el último libro editado, Agua y adobe. Relatos del pasado sobre enfermedades presentes, se reunieron tres relatos previamente publicados: uno referente a las enfermedades infectocontagiosas y la conquista de América; otro relacionado con la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires en 1871, y el último sobre el Mal de Chagas.

-¿Qué otras temáticas abordan?

Hemos producido libros en el campo de la epistemología y de la educación científica. Entre ellos, Un puente entre dos culturas, un trabajo de análisis sobre la obra de Stephen Jay Gould, uno de los más notables escritores sobre cuestiones de historia natural, al que habíamos invitado a visitar la Argentina en los inicios de la revista Nautilus, pero que su temprana muerte se lo impidió.

Otro hecho relevante en la historia del Programa de Comunicación y Reflexión Pública sobre la Ciencia fue la gran difusión que tuvieron en las escuelas los dos títulos editados por la Campaña Nacional de Lectura del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación: Darwin el naturalista del Beagle y ¡Qué viva el coyote! 

En 2011 editaremos el libro Darwin en el sur, ayer y hoy. Contribuciones de la primera Reunión de Biología Evolutiva del Cono Sur.

Dibujo “Darwin en las Pampas” que figura –entre otras ilustraciones– en el número de la revista Nautilus Nº 13 dedicado a los 150 años de la lectura conjunta, en la Sociedad Linneana, de los trabajos de Alfred Russel Wallace y de Charles Robert Darwin sobre la tendencia de las especies a formar variedades por selección natural
Crédito: Pablo Bolaños

-¿Cómo y para quienes surgió Nautilus sonora y qué respuesta ha tenido?

-Como  mencioné, hoy Nautilus sólo se edita de manera digital. Esta forma nos ha permitido llegar a cualquier parte del mundo, en contraposición con la restricción a la geografía local de la ciudad de Buenos Aires, a la que nos obligaba la forma impresa. Posteriormente decidimos aventurarnos en otras tecnologías de la información. Iniciamos un micro radial llamado El tornillo de Arquímedes. Este micro llevó a que nos preguntásemos sobre la existencia de libros de ciencia grabados para ciegos u otras personas con dificultades para la lectura. Con este interrogante nos dirigimos a la Biblioteca Argentina para Ciegos, más precisamente al proyecto Libro Parlante, acercándoles las grabaciones que realizamos sobre nuestras publicaciones para que ellos las distribuyeran.  Este año produjimos diez grabaciones que, poco a poco, iremos incorporando en el portal del Centro Cultural Ricardo Rojas. La repercusión fue mayor de lo que pudimos suponer en un principio, llevándonos a una particular vinculación con escuelas para ciegos.

Con respecto a Nautilus Sonora hay una decisión de desarrollarla en los años venideros, atendiendo a la posibilidad que ofrece de extender socialmente el acceso al fascinante mundo de la ciencia.

“Con su cuerpo mojado corre Arquímedes pos las calles de Siracusa, emocionado por haber resuelto el problema que le planteó el rey Hierón”. Ilustración publicada en el libro ¡Eureka! Tres historias sobre la invención en la ciencia
Crédito: Ana Dulce Collados

-¿Establecieron relaciones con otras instituciones?

-Desde la aparición del primer número de la Revista Nautilus, hace ya una década, hemos realizado un particular esfuerzo por vincularnos con otras instituciones públicas interesadas en la divulgación y la enseñanza de la ciencia. Por ello trabajamos con diversos profesorados, con distintas universidades, con la Asociación de Filosofía del Uruguay y con el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. 

-Teniendo en cuenta que sus proyectos de divulgación científica son generados en un centro cultural, ¿se podría decir que desde su punto de vista la comunicación pública de la ciencia debe ocupar un espacio relevante dentro de la cultura de una sociedad?

-Este es un acontecimiento relevante, tanto que paradójicamente suele pasar desapercibido.  Cuando se habla de agenda cultural, de expresiones culturales, de creación cultural,  la ciencia y la tecnología quedan por defecto excluidas de estas expresiones. Por complejas razones, se ha supuesto que la objetividad de la ciencia implicaba para su desarrollo una autonomía respecto de los sucesos sociales. La ciencia parecía planear con una particular belleza y potencia conceptual por sobre el barro de la historia. Pero la ciencia es parte de la cultura, es uno de los más destacados hilos del entretejido de acciones, pensamientos, recuerdos y luchas que forman parte de nuestro tiempo y espacio.

Este suceso revela, además, el valor de un Centro Cultural Universitario como el Ricardo Rojas porque, a diferencia de otros, puede utilizar toda la potencia de la reflexión crítica que su pertenencia a la Universidad le da. Es nuestro desafío devolver la ciencia al imperfecto y difícil mundo de la historia y la cultura, sacándola de ese ficticio Olimpo en el cual se la suele colocar. Esto podrá generar cierto temor en algunos pensadores que ven en esta posición la promoción de una imagen negativa de la ciencia, sin advertir que, por el contrario, redunda en un mayor interés de los jóvenes por el saber científico, simplemente porque éste pasa a ser parte de la vida humana, de la creación, del esfuerzo, de la frustración, de las ilusiones, de las esperanzas y desánimos que nos constituyen como sujetos. 

-En todas sus producciones, se percibe que además de explicar conceptos científicos, contextualizan la ciencia desde un punto de vista histórico, político, social e ideológico. Asimismo integran una estética y temas artísticos relacionados con la ciencia. ¿Podrían hacer una breve descripción del enfoque a través del cual trabajan?

-No nos interesa, en primera instancia, transferir un canon de conocimientos científicos. Nos importa plantear problemas sobre la ciencia de corte epistemológico, ético y social. Estos problemas suelen ser difíciles, tanto que no pueden ser pensados únicamente por la comunidad académica de investigadores. Sabemos que plantear estas cuestiones desde hechos históricos, con la distancia que otorga el tiempo para observarlos, es una estrategia pedagógica relevante y que, por lo tanto, queda manifiesta en la estructura narrativa de los textos.

Decidido el problema que nos interesa, realizamos un trabajo de investigación sobre el contexto del caso particular que elegimos para presentar una determinada  cuestión. A modo de ejemplo consideremos el artículo Sangre de Reyes (Nautilus Nº 11), donde nos proponemos reflexionar sobre el determinismo y la idea de perfección biológica. Para ello hemos tenido que discutir ciertas cuestiones referidas a los diversos regímenes monárquicos europeos y a los conflictos bélicos y revoluciones en los que esas mismas monarquías estuvieron involucradas.  No consideramos secundario al saber instrumental, lo suponemos necesario pero no como un fin en sí mismo sino como un conocimiento necesario para  abordar un cierto problema.

A modo de síntesis de cómo concebimos nuestro trabajo, podemos afirmar, tal como fue publicado en el libro Certezas y controversias. Apuntes sobre la divulgación Científica (Wolovelsky, 2004), que “la ciencia lleva en su seno conflictos y problemas que son conflictos y problemas de toda la cultura, porque la ciencia forma parte de la cultura, aunque esta idea sea constantemente olvidada”.

 

 

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