Hugo Martínez: “Atreverse es la forma más eficiente de desarrollar habilidades en el uso de la tecnología”

Hugo Martínez es miembro de la Comisión de Expertos de la OEI.
Es el codirector del curso que sobre TIC y educación está terminado de diseñar la OEI.

Manuel Crespo. OEI-CAEU-AECID. A veces la innovación tecnológica en las aulas nos hace olvidar que existe una innovación mucho más sencilla e importante: la que tiene que ver con el mejoramiento pedagógico. Las maneras de enseñar y aprender son múltiples y dinámicas. No tiene sentido procurar detenerlas o anclarlas al paradigma de los dispositivos. Por el contrario: debería ser justamente al revés.

Al menos eso es lo que Hugo Martínez argumenta a todo lo largo y ancho de esta entrevista. Martínez es profesor de Educación General Básica y desde hace más de quince años trabaja en la incorporación de tecnologías de la información al quehacer didáctico. Entre otros cargos, ha sido director de la Red Enlaces del Ministerio de Educación chileno, gerente de educación de Microsoft para Chile y Bolivia y director del portal Educar-Chile. Actualmente se desempeña como director pedagógico del Área de Tecnología y Servicios Educativos de ARQUIMED, que provee recursos de aprendizaje y entrega servicios educativos a establecimientos de todo el país trasandino. Además es miembro de la Comisión de Expertos de la OEI. Entusiasta de las tecnologías 2.0, Martínez también regenta un blog de educación en el sitio web del diario chileno La Tercera.

PREGUNTA: Usted se ha autoproclamado un inmigrante digital. ¿Qué consejos podría darles a aquellos profesores que aún no han dado un paso hacia las nuevas tecnologías?
 
RESPUESTA: Existe un tercer concepto, entre el nativo y el inmigrante, que acuñó Alejandro Piscitelli: “colono digital”. El colono es aquel que se atreve a salir de la frontera e ir más allá. Yo creo que los profesores somos en general buenos colonos. Nos atrevemos con las innovaciones. Mi consejo es justamente ése: atreverse. Acá no se va a romper ni estropear nada. Atreverse es la forma más eficiente de desarrollar habilidades en el uso de la tecnología. La educación se enriquece con la experimentación. No hay mucha teoría: el que la quiere encontrar la va a encontrar. El profesor que quiere usar Internet como un recurso de apoyo tiene que navegar en Internet. Sino no va a entender lo que sus alumnos hacen con la herramienta. Jugar: ésa es la clave.

P: Con el avance de las TIC, se ha llegado a poner en duda la razón de existir del aula.
 
R: Yo defiendo el aula. Es una tradición que todavía tiene cosas para dar. Lo que no defiendo es esta aula. Creo que tiene que cambiar, pero no debemos confundir la exposición -que es la que tú tienes cuando te sientas a ver la TV o cuando navegas distraídamente por Internet- con el aprendizaje. O sea, con sólo mirar videos en Youtube no vas a aprender. Vas a adquirir información y podrás gestionarla. Sin embargo, en ámbitos más complejos vas a requerir un apoyo pedagógico. Hay que profundizar esa metodología, que no es lo mismo que acumular conocimientos. De modo que el aula está muy vigente. Es un espacio de planificación de aprendizaje y además cumple con ciertos roles sociales de identidad y de pertenencia a los cuales no vamos a renunciar nunca. Las tecnologías no hacen magia. Cuando hay niños que tienen dificultades de aprender -porque tienen necesidades educativas especiales, porque tienen problemas de autoestima, porque no son hábiles en todos los ámbitos-, el docente será quien marque la diferencia a partir de su experiencia en el aula. Para decirlo en palabras muy simples, que tú seas muy hábil con el procesador de texto no quiere decir que tengas habilidades para comunicarte. Eso se asimila en un proceso de aprendizaje, de desafío y de experimentación que hay que rediseñar dentro del aula.

P: ¿Cómo intervienen ciertos factores sociales, la pobreza por caso, a la hora de entrar en el mundo TIC?
 
R: Mira, hay harta investigación sobre las distintas adopciones que realizan personas con distinto capital cultural y social. Ciertamente, para los sectores más desprovistos las tecnologías tienen una simbología de movilidad social y de acceso a una red social o a una red de contacto. Es interesante notar, por ejemplo, que los jóvenes de estratos más desprovistos tienen muchos menos filtros al momento de aceptar amigos en los programas de chat respecto de los jóvenes de estratos más altos. Esto se da así porque los segundos ya cuentan con una red social y no requieren incrementarla sin pensarlo dos veces. Hay que ser cuidadosos porque aquí podemos generar distintas expectativas. Pero es eso nada más.
 
P: ¿Por qué la simple suma de nuevos instrumentos a veces es percibida como un cambio de paradigma?

R: En primer lugar, se ha dado un cambio en la forma en que aprendemos. La escuela dejo de ser “la” institución. El aula está en un momento de crisis porque está desautorizada respecto a otros aprendizajes que los jóvenes y las nuevas generaciones obtienen y prefieren. Allí hay un punto. Un segundo factor es que, de todas maneras, la supervivencia del aula está garantizada porque resuelve problemas de equidad en la distribución del acceso y en la distribución de desarrollo de habilidades. En realidad, el cambio de paradigma tiene que ver con reconocer que el rol del docente ya no es un rol enciclopédico. Si tú sigues pidiendo respuestas enciclopédicas, lo que vas a obtener es alumnos cortando y copiando de Wikipedia. Si tú asumes que el desarrollo más importante de la escuela hoy en día es transmitir habilidades para interactuar con la información y gestionarla, vas a hacer otro tipo de preguntas a los alumnos. Vas a preguntar cuáles son el mejor y el peor resumen que se pueden encontrar en Internet, y por qué. No preguntarás por el natalicio de San Martín, sino por su época y su contexto, qué lo diferencia y que lo asemeja a Simón Bolívar. Debemos entender que el nuevo rol del profesor es el de gatillar esos procesos analíticos, de interacción, de síntesis y de toma de posición respecto a la información.
 
P: Usted también se ha manifestado sobre el olvido de la didáctica.

R: La falla que estamos teniendo en la incorporación de las tecnologías es algo muy obvio y complejo a la vez. Hemos perdido el diseño del proceso pedagógico acompañado, enriquecido y optimizado por las tecnologías. Y eso se llama didáctica. Es algo que los textos escolares resuelven muy bien, porque lo resuelven definiéndote paso a paso cómo se desenvuelve el acceso a la información, su manipulación y su experimentación para generar aprendizaje. Si vamos a incorporar tecnología en la enseñanza, tenemos que hacerlo desde la didáctica y darle herramientas a todos los actores: a los alumnos, al docente, al apoderado, al departamento de planificación de la escuela. Esto es necesario para entender en qué momento se debe usar la tecnología, qué nos va a aportar, qué se debe hacer antes y después, cómo va a interactuar el profesor. No se trata de llevar a los niños a un laboratorio para que prendan los computadores y busquen en Internet. Esta didáctica tiene que demandarse al mercado educativo. O sea, las editoriales tienen que empezar a diseñar nuevos recursos didácticos digitales. Las planificaciones que entregan los ministerios de educación deberían embeberse también del uso didáctico. Caso contrario, sólo estamos entregando un objeto que no tiene forma ni diseño. No puede haber una educación efectiva si no hay un aula efectiva. Así de simple. Por muchos recursos, biblioteca y gestión que se tengan, si finalmente dentro del aula el cambio no ocurre, tampoco no va a ocurrir afuera. Si queremos que la tecnología ayude en ese cambio, tenemos que diseñar el modo en que será instalada y qué va a ocurrir dentro de ese microespacio.

P: Usted también se ha referido a un proceso consistente en tres etapas: experimentación, formalización y evaluación. ¿Cuál es la importancia de cada etapa?

R: Los diseños de clase efectiva que mejor funcionan son aquellos que pueden diferenciar cierta etapa en la sala de clase, donde hay un profesor que es capaz de definir cuál es el objetivo de esta clase, qué es lo que queremos lograr y cómo lo queremos lograr. Después hay un momento de experimentación en el que los alumnos manipulan el contenido, el objeto, el recurso, el concepto que se quiere aprender. O sea, no se puede aprender aritmética sin sumar ni restar ni experimentar con ello. Es muy importante el paso a la contextualización, que puede ser más abstracto que el de la experimentación y que siempre debe cerrar con un momento de formalización. Si el profesor no es capaz de darle retroalimentación a la experimentación de los alumnos, entonces se pierde el momento más importante del aprendizaje. En estos tres componentes se juega el éxito de una clase, la buena planificación del uso de la didáctica y de las tecnologías digitales. Si un profesor utiliza un proyector para hacer una contextualización, está haciendo un uso efectivo de la herramienta. Y esto sólo si el contenido de esa proyección permite pasar a la experimentación, ya que si el cien por ciento del tiempo de clase se detiene en lo expositivo entonces no habrá buenos resultados.

P: ¿Considera atinados los proyectos estatales de una computadora por niño?

R: Es un paso inevitable. En diez años nos estaremos preguntando por qué nos hacíamos la pregunta. En primer lugar, estos proyectos tienen una connotación de equidad social muy importante. ¿Quién puede objetar que cada alumno tenga su propio computador personal conectado a Internet? Es como cualquier otra política social. ¿Alguien duda que todos debemos tener acceso a una buena prestación de salud? De todos modos, la sola entrega de hardware es insuficiente. Se necesitan contenidos, capacitación docente, didáctica, planificaciones y otros recursos. La segunda brecha digital se nos va a producir una vez que hayamos resuelto la cuestión del acceso y veamos que siguen habiendo estudiantes que logran mejor desempeño que otros. En unos años será más barato y fácil entregar una laptop a un alumno que entregar textos escolares como los entendemos hoy en día, pero lo interesante vendrá cuando al computador se le agregue una didáctica.

P: ¿Por qué cuando se piensa en TIC se piensa sólo en computadores?
 

R: Es un problema simbólico. La computadora es un icono que refleja muchas cosas. En primer lugar, porque es un objeto concreto. Entregar banda ancha suena bastante más raro, ¿no? Sin embargo, hay una falacia en todo esto. El computador más distribuido hoy en día no son las laptops, sino los teléfonos móviles. La mayor parte de nuestra población escolar ya cuenta con teléfonos móviles con capacidad de almacenamiento y acceso a la información, pero por alguna razón el computador tiene una mayor carga simbólica. Creo que eso también va a cambiar. Vamos hacia la generación de los Touch, los Tablet, los Ipad. El concepto de computador es el de una maquina que procesa, que computa, pero la mayor parte de los usuarios no procesan nada, sino que consumen información a través de una interfaz. Se trata meramente de un símbolo, del mismo modo en que en otros tiempos fueron símbolos escolares la tiza y el pizarrón, que hasta no hace mucho tiempo representaban un atributo, una ambición, algo a alcanzar.

 

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