José Pío Beltrán: “Europa es una isla dentro del cultivo de transgénicos”

José Pío Beltrán es Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Dentro del ámbito del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, centra su trabajo de laboratorio en la Biología del Desarrollo de Flores y Frutos. A su vez, se encarga de coordinar la actividad de los 11 institutos  que el CSIC tiene en la Comunidad Valenciana. 

José Pío Beltrán

Por Clara B. Vías. OEI-CAEU-AECID

¿En qué consiste un alimento modificado genéticamente?

Es aquel en el que en su construcción se han utilizado las técnicas de la ingeniería genética. Para construirlo es necesario aislar genes en el laboratorio. Genes, que son responsables de sintetizar proteínas, y por tanto, conferir unas propiedades a esos alimentos.

¿Desde cuándo está permitida la comercialización de productos transgénicos?

Llevamos 15 años de comercialización de alimentos transgénicos. Esto supone una superficie de cultivo que supera los  148 millones de hectáreas en todo el mundo. Hoy en día, se cultivan en unos  29 países, entre los que destaca especialmente EE.UU, y otros de América Latina como Brasil y Argentina. También en países africanos, y en potencias asiáticas, como China e India. Dentro de este panorama, Europa es una isla, donde el cultivo apenas llega al 1% del total.

¿Por qué cree que Europa se ha quedado atrás, como una isla en el cultivo de transgénicos?

Las razones son diversas. Por un lado nos encontramos con un claro posicionamiento socio-político, de grupos básicamente ecologistas, que se muestran contrarios a un modelo de sociedad capitalista postindustrial que no les gusta. Yo creo que, en general, actúan de buena fe. Pero se basan en un romanticismo un tanto peculiar. Buscan un “mundo prístino” difícilmente realizable. Otro factor importante en contra lo encontramos dentro de un país con gran peso político en la UE, como es Alemania. Donde la mayoría de la población se opone a la ingeniería genética, porque les refresca viejos traumas del pasado nazi, rescatando términos peliagudos como la “eugenesia”, que nada tienen que ver con el cultivo de transgénicos. 

¿También hay intereses económicos en juego?

En efecto. En Francia, la industria de producción de semillas “tradicionales” es muy poderosa, y teme la irrupción de competencia transgénica. Ese es otro motivo por el que Europa juega al proteccionismo.

Pero, en general, la opinión pública europea siente recelo hacia los transgénicos ¿a qué cree que se debe esto?

Sí, ya hemos hablado del caso alemán, que es el más llamativo. Pero, en realidad, su temor no se basa tanto en lo que se hace ahora con la modificación genética de alimentos, sino lo que se puede llegar a hacer en un futuro con esa tecnología. Falta más información de cara a los consumidores. A veces sólo llegan las versiones tóxicas promovidas por algunos ecologistas que lanzan bulos contra los productos transgénicos, perdiendo la verdad ética. Pero la realidad es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que no hay un solo caso reportado en el mundo en el que el consumo de un alimento transgénico haya reportado daños a la salud de animales y humanos. Además, otro problema fundamental es que, hasta ahora, las ventajas se han relacionado principalmente con la creación de cosechas que resisten ataques de insectos, o toleran la acción de herbicidas. Esto beneficia principalmente a los que venden las semillas y a los agricultores. Pero el consumidor particular no percibe claramente un beneficio directo.

¿Qué beneficios pueden afectar directamente al consumidor?

Por ejemplo: los cereales son muy difíciles de transformar genéticamente. Y sin embargo, el Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba (España) ha logrado modificar, nada menos que el trigo, que es uno de los cereales más importantes y eje articular de la alimentación de buena parte del planeta. Y no sólo eso. Este grupo acaba de publicar  un trabajo en el Proceedings of the Nacional Academy of Sciences, en el que demuestran que son capaces de impedir que se formen en el trigo las proteínas que causan la reacción a los celiacos. Esto sería toda una revolución. Obviamente, quedan muchos experimentos por hacer antes de que los alimentos derivados de dicho trigo modificado genéticamente se puedan poner a disposición de los consumidores. Pero esto marca la tendencia de lo que podemos esperar de la ingeniería genética en las próximas décadas. Donde el consumidor va a percibir directamente las ventajas del producto transgénico.

Muchos expertos piensan que desarrollar la ingeniería de modificación de alimentos es una cuestión de necesidad, de cara a alimentar a la población mundial a medio plazo 

Se estima que dentro de 50 años, China, India y África serán los grandes contribuyentes a la población humana. De cara a Europa, el problema puede venir de países emergentes como China e India, que no tardarán en poner su PIB al nivel de EE.UU. Muchos de sus ciudadanos sustituyen su dieta básica tradicional, y demandan más consumo de proteína animal. En algún momento la oferta general será insuficiente para abastecer a todos de carne. Y producir proteína animal es mucho más caro que producir proteína vegetal. Así que en unas  décadas veremos si la situación de la UE es como la de ahora, en la que el ciudadano percibe que tiene alimento asegurado esperándole en el supermercado. Pero  quede claro que yo no postulo que las cosechas transgénicas serán las que den de comer a la gente en el futuro. Nadie tiene la respuesta a esa incógnita. Pero está claro que el reto es aumentar el rendimiento de las cosechas utilizando menos recursos y contaminando menos.

¿Los productos “ecológicos” pueden ser una alternativa?

Los que propugnan una agricultura pre-científica y “natural”, que no utiliza plantas mejoradas genéticamente, ni fertilizantes de síntesis, ni fitosanitarios, conducen a crear cosechas poco productivas y, además, muy caras. Pueden ser interesantes en un entorno geográfico concreto, pero desde luego no es la solución. La solución es saber cómo producir más, consumiendo menos.

Al fin y al cabo, y sin abandonar la vía tradicional del cultivo, Mendel nos abrió el camino a la modificación genética de los alimentos

Efectivamente, todos los cultivos tradicionales están también modificados genéticamente. Eso se logra por métodos  tradicionales, como la hibridación. Se hizo con cepas de vino, y con muchos otros cultivos. Y  Mendel es también un buen ejemplo.   

 

 

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