Leoncio López-Ocón: &ldquoPara el Imperio Español, no todo fue bruma en el S. XVII”

Clara B. Vías (OEI-AECID). Serie Historia de la Ciencia de España (I Parte)
De la mano de Leoncio López-Ocón, vamos a dar un repaso a la Historia de la Ciencia en España, partiendo del Imperio de Carlos V a la actualidad. Leoncio López-Ocón es Doctor en Geografía e Historia e investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es autor del libro Breve historia de la ciencia española, publicado por Alianza editorial.

Empecemos este periplo histórico en el S.XVI, con el nacimiento del Imperio español

En esa época se puede hablar de Edad de Oro de las ciencias en España, particularmente, en las décadas centrales del s XVI, qué coincidirían con parte del reinado de Carlos V y  parte del de Felipe II. Por entonces se produjo una asimilación de las ideas renacentistas, que dejaron atrás el oscurantismo Medieval. Como se vio en el fortalecimiento de universidades como la de Salamanca, y en la creación de la de Alcalá de Henares. En esos centros se desarrollan las ciencias humanísticas del Renacimiento, como la filología, que a su vez, permitenefectuar una relectura de la Ciencia clásica. Esto se traduce en un desarrollo de la Medicina Experimental. Hay que entender que la Monarquía Hispana se expandió globalmente, y que necesitaba el apoyo de conocimientos científico-técnicos. Es decir, para recorrer rutas oceánicas es necesario conocer Astronomía y Cosmografía. Eso trajo como consecuencia un cuestionamiento de los saberes geográficos griegos, como el de Tolomeo. Y además, la organización de los nuevos territorios del Imperio exigíaconocimientos logísticos de diverso tipo, como los protoestadíísticos.

Es decir, se imponía la praxis

Sí, de hecho, también se impulsaron muchos conocimientos antropológicos. Hasta el punto que se considera que los misioneros que trabajaban en México, en Nueva España y Perú, son precursores de la moderna Antropología. El impulso de la Filología como saber renacentista permitió a determinados misioneros conocer y profundizar en las lenguas amerindias, y alguna asiática. En esa época se realizan las primeras gramáticas de diferentes lenguas, como el quechua. Así que en efecto, los conocimientos tenían una dimensión práctica.

¿Existe relación entre desarrollo de las Ciencias  y la pujanza  económica de un Imperio, que por entonces estaba en expansión?

Sí, y desde luego era un Imperio con muchos recursos. Sostenido, en buena parte,  sobre las riquezas metalíferas americanas. Además, la expansión territorial exigía un gran desarrollo urbanístico, tanto en América como en la España Metropolitana, donde las universidades se asocian siempre a ciudades pujantes, como Barcelona, Alcalá, Valencia. Es decir, que se da una constante entre Ciencia, Poder y recursos económicos.

Por su parte, el siglo de oro literario está también asociado a un desarrollo científico técnico notable. En esa época, ingenieros militares realizan tratados sobre fortificaciones y balística, que requerían conocimientos matemáticos y físicos, como explica  José María López Piñero en su libro “Ciencia y Técnica en los s XVI y XVII”.

Sin embargo, en el Siglo XVII  ya empiezan a resquebrajarse los pies de barro del Imperio  ¿Cómo afectó eso a la Ciencia española?

Considerando la asociación entre Ciencia y Poder, el siglo XVII es un claro periodo de declive y decadencia para el Imperio Español. A los que hay que sumar las continuas guerras de religión entre católicos y protestantes, como la Guerra de los 30 años, que perjudicaron seriamente las arcas de la Monarquía Hispana.  Pero el siglo XVII es también el siglo de la Revolución Científica, del afianzamiento del método experimental, de la aparición de las primeras sociedades científicas como la “Royal Society” en Inglaterra, de la construcción de grandes sistemas cosmológicos como se ejemplifica con Newton.  Puede decirse que, que debido a ese declive multifactorial, España perdió el tren de la Revolución Científica.

Lo que no significa que todo fuese oscurantista. Porque mientras la España peninsular decaía, simultáneamente, en el valle de México, nos encontramos con un conjunto de experiencias hidráulicas muy importantes, dirigidas a desecar el valle. Se puede decir que el principal laboratorio tecnológico a gran escala que existía en ese momento en el planeta se encontraba en México hacia 1630. Como explica José Sala Catalá, en su obra “Ciencia y Técnica en la Metropolización de México”, ahí  convergieron técnicos europeos que trabajan para la monarquía española y técnicos locales.  Estos técnicos tenían también en cuenta los saberes indígenas que conocían el movimiento de circulación de las aguas del valle. Y no hay que olvidar que México era la ciudad más importante de la época.  Es decir, que para el Imperio Español, no todo fue bruma en el S. XVII.

¿Hubo voces que  alertaron del peligro de perder el tren de la Revolución Científica?

Sí que hubo conciencia de atraso por parte de científicos de Valencia y Madrid. Realizaron manifiestos denunciando esa situación de atraso,  “España son las Indias de Europa”, decían. No se disponía de una masa crítica de cultivadores de la nueva Ciencia Experimental. Por lo que pedían una reorganización de las fuerzas. Se agrupaban en tertulias, y crean algunas sociedades científicas.  De hecho, en Sevilla, a principios del XVIII, se crean algunas academias médicas. Esto sucede en el reinado de Carlos II. Porque siempre se había asociado el nuevo repunte de la Ciencia a la época de la Ilustración. Pero López Piñero demuestra que, ya en el reinado de Carlos II, existen núcleos activos. Este movimiento luego sería continuado, a lo largo del S XVIII, por uno de los fundadores del movimiento ilustrado español, como sería el Benedictino Feijoo.

Uno de los elementos particulares del movimiento ilustrado español, es que correspondía a una monarquía católica. Podríamos hablar de un catolicismo ilustrado. A diferencia del resto de Europa, en gran medida, producidos por movimientos secularizantes, que también se dieron en España, pero en menor medida.

¿Podemos hablar de la Ilustración como una etapa de despegue?

Sí, la etapa de despegue del sistema científico español sería el S.XVIII, en el que habría que distinguir varias fases. La primera la encontramos en el primer tercio de siglo, donde se construyeron numerosas instituciones científicas. Que gira en torno a las innovaciones alentadas por el ejército y la marina. Esta es otra de las características de la Ciencia Ilustrada, que está muy mediatizada por los intereses políticos de la Monarquía, muy interesada en reconstruir su aparato militar.  Entonces se crea la Academia de Matemáticas en Barcelona, nuevos colegios para formar a cirujanos de la Armada. No olvidemos que España, si bien en declive, seguía constituyendo una potencia imperial. Porque, lógicamente, la columna vertebral de un Imperio con posesiones  en ultramar es poseer una Marina solvente.

¿Y más allá del terreno militar?

Una vez reconstruida la marina y el ejército, los borbones españoles se vieron en condiciones de participar en experiencias científicas ilustradas como los grandes viajes hacia tierras de ultramar. Para estudiar fenómenos físicos, por ejemplo. De hecho, entre 1720 y 1730, se vivió una intensa polémica acerca de la figura de la Tierra, entre la Academia de Ciencias de Paris y otros organismos como la “Royal Society” de Londres. Ya que los seguidores de Newton defendían que la tierra era esférica y no achatada por los polos, como sostenían los cartesianos.

Con ánimo de dilucidar esta controversia, se organizaron dos expediciones a Laponia y a Ecuador para hacer mediciones geodésicas y astronómicas. Los borbones aprovecharon que Ecuador formaba parte de su Imperio para exigir a la expedición, dirigida por La Condamine, la presencia de dos jóvenes oficiales de la armada española con formación científica: Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

Esta expedición de diez años inició un nuevo ciclo de actividades científicas en la España Ilustrada. Sin duda, resultó fundamental en la trayectoria de ambos, ya que  a la vuelta, crearon, entre 1740 y 1750,  el Observatorio Astronómico en San Fernando. También se  hicieron socios de las principales sociedades científicas europeas, lo que les ayudó a introducir la nueva Ciencia Físico-Matemática en España.

¿Qué otros avances llegaron en la Ilustración?

En la segunda mitad del S.XVIII, la ciencia que se puso de moda es la botánica. Una ciencia amable, potenciada por investigadores importantes como Buffon, y hasta por Rousseau. Por eso, la monarquía ilustrada decide crear un jardín botánico en Madrid, con el fin de convertirlo en centro de aclimatación de plantas americanas. El objetivo era incrementar los recursos farmacéuticos, y hacer más potente el arsenal de medicamentos. Se buscaba concentrar y proteger la belleza de las especies tropicales. Pero siempre, y de nuevo, con afán práctico y utilitario. Porque la iniciativa también sirvió para estudiar diferentes tipos de madera, que serían aplicadas para introducir mejoras en los barcos.

Es decir, que la Monarquía Ilustrada dio un paso adelante y trató de potenciar e “institucionalizar” las Ciencias

En efecto, tal y como se hacía en otros países de la época. Ya hemos hablado del Botánico, del Observatorio de San Fernando. También se crea otro Observatorio astronómico en Madrid, y numerosas cátedras de Botánica para difundir el nuevo sistema de clasificación linneano. Hay que tener en cuenta que España es un país agropecuario, por lo que el desarrollo botánico cobra importancia sistémica. Otro punto fuerte de la economía eran las minas, extendidas por todo el Imperio. Por ese motivo se trajeron metalúrgicos alemanes y químicos franceses para impulsar los niveles de extracción. Esos conocimientos primero se implantaron en la península y luego se trasladaron a América. De hecho, en México se creó, hacia 1792, un instituto de minería de tal alto nivel, que diez años después, sería considerado por Humboldt, en su gran viaje americano, la Institución Científica más moderna del mundo. Este es un indicio  de en el último cuarto de siglo del XVIII, y principios del XX existía una red de instituciones científicas, que producían conocimientos de primera línea en determinados saberes.  

Y otro de los indicadores de la difusión de la Ciencia Ilustrada es que está apoyada por la creación de sociedades económicas de Amigos del País, muy interesados en el saber científico. Estas sociedades se expandieron por todas las ciudades importantes del Imperio, y se puede decir que sostenían un mercado de producción y consumo de cultura científica.

 

 

Compártelo Agregar a Meneame Agregar a Technorati Añadir a Bitácoras Agregar a Del.icio.us Agregar a DiggIt! Agregar a Google Añadir a Facebook Twitter . .

subir

 

 

      

Inicio