Leoncio López-Ocón: "En el Sexenio Democrático se sentaron las bases que darían sus frutos con la generación de Cajal"

Comisión Científica del Pacífico

Clara B. Vías (OEI-AECID). Serie Historia de la Ciencia de España (II Parte)
De la mano de Leoncio López-Ocón, seguimos dando un repaso a la Historia de la Ciencia en España, partiendo del Imperio de Carlos V a la actualidad. Leoncio López-Ocón es Doctor en Geografía e Historia e investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es autor del libro Breve historia de la ciencia española, publicado por Alianza editorial.

Estamos en el Siglo XIX. Un punto de inflexión importante en la Historia de España llega con la quiebra del Antiguo Régimen y la invasión napoleónica ¿Cómo afectó la convulsión de esos años al desarrollo científico?

En efecto, supuso una quiebra notable a muchos niveles. Uno de los símbolos del decaimiento de la Ciencia española fue que, tras la invasión napoleónica, las tropas francesas desmontaron el Observatorio astronómico que estaba ubicado en el parque del Retiro de Madrid, para llevárselo a Francia. Y era uno de los telescopios más avanzados de la época, adquirido en Londres.

Este suceso ya había tenido un precedente alrededor de 1804, cuando el importante ingeniero de origen canario, Agustín de Betancourt decide abandonar el país para irse a Rusia. Este inventor, que había hecho espionaje industrial en Inglaterra, pero se había formado en Francia, había creado en el parque del Retiro un "Gabinete de máquinas" con el fin de divulgarlas a la sociedad. Fue un ingeniero notable, y cubrió muchos campos, algunos con éxitos loables. Se dedicó a investigar sobre las nuevas fuentes de energía, como la máquina de vapor, e intervino en la construcción de canales y puertos, llegando a experimentar con telegrafía óptica. También escribió, en colaboración con un compañero americano, un "tratado sobre la composición de máquinas" de enorme importancia en los estudios de termodinámica. Y sin embargo, Betancourt vio venir la caída del Antiguo Régimen y optó por huir a Rusia. Donde, por cierto, obtuvo mucho reconocimiento como constructor y diseñador de los puentes de San Petersburgo.

¿Se puede hablar de fuga de cerebros?

En cierto modo, sí. De hecho, la producción científica española de finales del XVIII y principios del XIX, no se llega a recuperar hasta a mediados del S.XIX. Por supuesto, este parón vino muy influido por la situación general de España, sometida a continua inestabilidad gubernamental, económica, guerras civiles y alzamientos. Pero, por descontado, no se perdió todo y se mantuvo un cierto hilo de continuidad. Porque, aunque Betancourt se fue, muchos de sus colaboradores se quedaron, como López de Peñalver, figura muy importante y colaborador de Fernando VII. Una vez restaurada la corona, se reabrió la Escuela de Caminos, Canales y Puertos y otras escuelas de Ingeniería. Aquí se formarían las personas que luego ensamblarían el nuevo Estado Liberal.

Pero antes de llegar al golpe de Estado que en 1868 inició el Estado Liberal ¿Qué destacaría de la etapa previa, del reinado de Isabel II?

España se quedó atrasada con respecto a Europa, un ejemplo es que no se llegase a crear una Academia de Ciencias en el S XVIII. Hubo muchos proyectos para llevarla a cabo. De hecho, el Prado fue inicialmente concebido para esta finalidad, si bien luego terminó como museo de pintura. El asunto es que se tuvo que esperar al primer tercio del siglo XIX para tener una Academia de Ciencias. Y fue a mediados de siglo cuando empezó a dar sus frutos, en época de Isabel II.

Se puede destacar, durante su reinado, que se emprendieron iniciativas para conocer y optimizar mejor los recursos del Estado, como fue la realización de censos. En época de Isabel II ya existía una comunidad científica estable. En el año 1862 una expedición naval para mostrar que España se estaba modernizando. En un principio, la meta de la expedición era dar la vuelta al mundo como lo había hecho Malaspina en el Siglo XVIII. Pero al final, la "Comisión Científica del Pacífico" se quedó en aguas americanas realizando investigaciones. En esa expedición iban dos fragatas militares, pero incluían a seis naturalistas, un auxiliar taxidermista y un fotógrafo-dibujante. Era la primera expedición en el mundo que contaba con un fotógrafo, que tomó instantáneas muy interesantes, que pueden encontrar en la web www.pacifico.csic.es.

Varios objetos de la Exposición Científica del Pacífico

Su tesis doctoral se centró en Marcos Jiménez de la Espada, uno de los naturalistas de la "Comisión Científica del Pacífico" ¿Qué nos puede contar de sus investigaciones?

Él era zoólogo de la expedición, y se especializó en el estudio de anfibios americanos. Creó una de las principales obras herpetológicas de la fauna sudamericana, todavía considerada como obra de referencia. Pero luego se recicló en historiador. Se dio cuenta de que el mundo americano era muy importante para conocernos mejor los españoles. Quería rebatir la leyenda negra que acompaño al descubrimiento de América, según la cual sólo primaba el interés económico durante la conquista. Para lo cual, aplicó los métodos de observación de naturalista al estudio de los documentos: se leyó los archivos de bibliotecas de muchos rincones de España y descubrió que, antes que ellos, como naturalistas, había habido muchos científicos españoles que ya se habían preocupado por conocer mejor la fauna y la cultura americanas. Como Cieza de León, considerado el Heródoto del Perú. Es decir Jiménez de la Espada, recuperó toda la ciencia colonial. A su vuelta, en España, participó en un movimiento de renovación científico-universitario, durante el Sexenio Democrático.

Precisamente, usted señala en su libro la importancia del Sexenio Democrático (1868-1874) que puso fin al reinado de Isabel II

Desde luego, siempre se ha hablado de la etapa de inestabilidad del Sexenio Democrático, con la llegada de la República, el fenómeno disgregador del cantonalismo, los golpes de estado…pero también se aprecia un cierto dinamismo dentro en los sectores científicos, de las clases medias, y de los universitarios. Este empuje se concreta con la creación de una revista científica por parte de la Universidad de Madrid, o con la apertura de la primera asociación científica española "La Sociedad española de Historia Natural", fundada por 12 socios, uno de ellos, Jiménez de la Espada.

En su libro defiende que la labor más importante de la época del Sexenio fue crear un caldo de cultivo para la siguiente generación

Lo que yo sostengo en mi libro es que en esa época se produjo la reconstrucción del sistema científico, que permitió sentar las bases del despegue de la siguiente fase dorada: que será la época de Cajal, en el primer tercio del S. XX. Este momento álgido de las ciencias españolas no se explicaría sin la acción continuada de un grupo generacional algo más oscuro, al que López Piñero empezó a dar importancia, que es el de la generación intermedia de los científicos nacidos en 1930. Que llegaron a su madurez, precisamente, en el Sexenio Democrático. De hecho, en la década de los 70 empezó a estudiar Ramón y Cajal, cuyo ejemplo sería un revulsivo para la España de la época, y no sólo a nivel científico, también político y educativo.

 

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