La historia del hormigón armado en el siglo XX, recopilada en una tesis

Hoy poseemos un extenso patrimonio de elementos de hormigón armado, pero apenas hace un siglo no existía ninguno. Maialen Sagarna, profesora de Arquitectura de la UPV/EHU, ha estudiado la evolución y desarrollo del “material más revolucionario del siglo XX” en Guipúzcoa. Se ha fijado en los rasgos de las construcciones levantadas con hormigón armado en cada década, y ha explicado cómo y por qué se utilizó dicho material en cada momento.

Edificio de la fábrica Laborde en Andoain. Imagen: Fondo Laborde, Ayuntamiento de Andoain.

UPV/EHU - País Vasco Según ha remarcado la autora, en Guipúzcoa la expansión del hormigón armado estuvo muy ligada a la industrialización. Tuvo su punto de partida a comienzos del siglo XX, cuando llegaron las primeras patentes desde Francia e Inglaterra, se comenzó a producir el cemento Pórtland industrialmente y surgió en Guipúzcoa la necesidad de crear nuevas construcciones a causa de la industrialización.

Entre las claves del próspero desarrollo del que gozó en el territorio, destacan la bien avenida industria del cemento y el acero, la cercanía a Francia, el desarrollo socioeconómico impulsado por la industrialización y la existencia de personas relevantes que fueron imprescindibles para su desarrollo.

Los comienzos

Sagarna ha clasificado en dos grupos las primeras edificaciones de hormigón armado. Por una parte, las construcciones totalmente funcionales; el hormigón se encuentra a la vista, ya que no resulta necesario cubrirlo. Ejemplo de ello son el acueducto de la fábrica de papel del Araxes, el pabellón de Boinas Elósegui en Tolosa y el puente de La Fandería en Errenteria. El segundo grupo está compuesto por las infraestructuras nobles urbanas; debían ser bellas y funcionales, por lo que se cubrió el hormigón. El puente de María Cristina, la sede del Banco Guipuzcoano y el Palacio de Justicia de la calle San Martín en San Sebastián y el Archivo Provincial de Tolosa forman parte de este grupo de construcciones arquitectónicamente historicistas o eclécticas.

A partir de 1910, este material también se utilizó para reparar los miradores de los edificios del ensanche Cortázar de San Sebastián, así como para reconstruir las salas de cine y teatro calcinadas por los incendios, al ser el hormigón un material incombustible.

Libre de patentes

El hormigón armado quedó pronto libre de patentes, por lo que surgió la oportunidad de transformar el material y de crear nuevas formas arquitectónicas. Según se explica, las construcciones levantadas en Guipúzcoa a partir de los años 20 tomaron como modelo la arquitectura tradicional local, por lo que se construyeron con hormigón armado edificios que emulaban caseríos y palacios tradicionales. Ejemplo de ello son las viviendas y almacenes de los camineros de la Diputación y la estación de tren del Urola.

Mientras, en Europa, a medida que se sabía más del hormigón armado surgieron nuevas expresiones arquitectónicas, de entre las que destacó la arquitectura racionalista. Dicha tendencia llegó más tarde a Guipúzcoa y se aplicó en las fábricas. Por ejemplo, en los pabellones de la empresa de los hermanos Laborde en Andoain y los del puerto de Pasaia.

Según explica Sagarna, a partir de la mitad del siglo XX los ingenieros llevaron hasta el extremo el uso del hormigón armado. Las construcciones resultaban resistentes no por las propiedades del material, sino más bien por la forma que se le aplicaba (pliegues formados por capas finas y continuas). Muestra de ello son la cubierta del frontón de Añorga y la bolera. Debido a que esta tendencia era cara, a partir de 1960 se retrocedió en la evolución del hormigón armado, con lo que hubo una pausa en su desarrollo.

Retos en la actualidad

La tesis reivindica que hoy por hoy la arquitectura e ingeniería siguen haciendo uso del hormigón. Se ha recurrido a la nanotecnología para obtener nuevas aplicaciones, y se han producido variedades que se encuentran lejos de aquellas propiedades que se le atribuían en su día al hormigón: hormigones translúcidos, aligerados, flexibles… Sagarna recalca que el reto ahora es conseguir una producción de hormigón sostenible. Se apunta al reciclaje y a la eficiencia como medidas a considerar. En ese sentido, la investigadora afirma que se deben abrir nuevas líneas de investigación con respecto al material y a su producción, lo cual puede suponer la renovación del hormigón armado y, en consecuencia, el surgimiento de nuevas expresiones arquitectónicas.

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Sobre la autora

Maialen Sagarna Aranburu (Usurbil, 1976) es licenciada en Arquitectura. Ha redactado su tesis bajo la dirección de Joseba Escribano Villán, profesor del Departamento de Arquitectura de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de San Sebastián (UPV/EHU). En la actualidad, Sagarna es profesora del Departamento de Arquitectura de la Escuela Universitaria Politécnica de San Sebastián (UPV/EHU).

La tesis, presentada en la UPV/EHU, se titula Gipuzkoako arkitekturaren eboluzioaren azterketa hormigoi armatuaren garapenari lotuta (Estudio de la evolución arquitectónica guipuzcoana unida al desarrollo del hormigón armado).

Fuente: UPV/EHU

 

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