Científicos españoles secuencian el genoma del tipo de leucemia más común

La leucemia linfática crónica es la más frecuente en los países occidentales. Un equipo de investigadores españoles ha secuenciado e interpretado el genoma asociado a esta enfermedad. Su trabajo, presentado hoy en el Ministerio de Ciencia e Innovación (MICINN) y publicado en la revista Nature, revela que un mismo gen se encuentra mutado en pacientes distintos.

SINC - España “Es una gran noticia para la ciencia mundial”. Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación, ha calificado así la secuenciación del genoma de enfermos de leucemia linfática crónica, por parte de científicos españoles. El estudio, presentado este lunes, supone la primera contribución de España al Consorcio Internacional del Genoma del Cáncer (ICGC).

La leucemia linfática crónica es la más común de las clases de leucemia de los países occidentales, con más de 1.000 pacientes nuevos cada año en España. “El cáncer es una enfermedad genética. Entender las claves que controlan este mundo celular nos ayuda a comprender la enfermedad”, ha explicado Elías Campo, uno de los directores del proyecto e investigador del Hospital Clínic (Barcelona).

La investigación, publicada en la revista Nature, revela que existen genes “recurrentemente mutados” en los pacientes analizados, es decir, que el mismo gen está mutado en diferentes pacientes.

“Estos genes son clave para definir las dianas terapéuticas en el futuro”, ha señalado Carlos López-Otín, científico de la Universidad de Oviedo. Los expertos descubrieron, además, que el número medio de mutaciones de cada genoma era de 1.000, lo que implica la heterogeneidad de la enfermedad.

Para descifrar estos mecanismos moleculares, los científicos analizaron el genoma de cuatro pacientes: dos con la enfermedad en estado muy agresivo y otros dos en estado más leve. Para ello, separaron el ADN normal del tumoral.

Una vez descifrados los genomas completos, los científicos seleccionaron las mutaciones y comenzaron una doble vía, de estudios funcionales y clínicos. En la fase clínica, se examinaron sistemáticamente las mutaciones de más de 300 pacientes con esta enfermedad.

El principio de un largo camino

“Las personas con un mismo tipo de cáncer tienen evoluciones diferentes por eso no es suficiente con secuenciar cuatro genomas: son necesarios un mínimo de 500 para comprender la enfermedad y conseguir dianas terapeúticas”, ha asegurado Campo. Los expertos estiman que en el plazo de tres años habrán conseguido secuenciar el medio centenar. “Después, resulta difícil de calcular”.

López-Otín ha confesado a SINC su deseo de “trasladar al sistema público, en cinco o seis años, la posibilidad de que los pacientes tengan la opción de conocer el genoma individual de sus células tumorales”. Con esta posibilidad, los oncólogos podrán elegir las mejores opciones para tratar a sus pacientes desde el principio.

Este tratamiento terapéutico es el objetivo final del proyecto. Garmendia ha asegurado que el MICINN dará presupuestos específicos para que el proyecto pueda llevarse a la práctica clínica “con la mayor brevedad posible”.

El gen NOTCH1 estaba mutado en más del 10% de los pacientes y para seguirlo, a partir de ahora, no hará falta secuenciar el genoma completo. “Con pruebas como la PCR (reacción en cadena de la polimerasa), por 5 euros, se puede comprobar si existe la mutación”, ha indicado López-Otín. Las empresas farmacéuticas podrán desarrollar inhibidores destinados a este gen.

Sin embargo, la curación total del cáncer sigue representando un desafío. “Los proyectos genoma no van a representar la curación de todos los tumores porque el cáncer nos ha acompañado desde el origen como especie: existió, existe y existirá”, ha subrayado López-Otín.

Gracias al progreso de la ciencia, el 50% de los tumores malignos se pueden curar pero, “¿qué ocurre con el otro 50%?”, se ha preguntado el experto. El desconocimiento de los mecanismos moleculares impide un mejor tratamiento.

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Una herramienta para interpretar los datos

Los expertos han secuenciado los 3.000 millones de nucleótidos del genoma de estos cuatro pacientes. De esta cifra, han entendido un 3%, “el equivalente a leer 220 libros”, ha estimado Campo. Para analizar tal volumen de datos se ha utilizado una nueva herramienta informática, llamada Sidrón, desarrollada por la Universidad de Oviedo y de libre acceso utilizada también para interpretar otras enfermedades.

Este instrumento permite leer y ver “qué letras están alteradas”, ha añadido el científico. Desde su punto de vista, “lo importante no es solo leer sino interpretar la información”.

La secuenciación del genoma leucémico se enmarca dentro del Consorcio Español para el Estudio del Genoma de la Leucemia Linfática Crónica (CLL Genome), un grupo financiado con 10 millones de euros por el Ministerio de Ciencia en Innovación, a través del Instituto de Salud Carlos III. Este año, 11 países promueven 38 proyectos para estudiar 17.000 genomas tumorales.

 

 

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