Los efectos de la tragedia de Fukushima

Los reactores ya tienen suministro eléctrico y se ha conseguido taponar la fuga de agua radioactiva. ¿Y ahora qué? Se preguntan los científicos. El daño se ha hecho y el tiempo irá dando la solución.

Eduardo Sánchez Gómez - divulgaUNED.es Pasada la tragedia de Fukushima ahora vienen las consecuencias. Los reactores ya tienen suministro eléctrico y se ha conseguido taponar la fuga de agua radioactiva. ¿Y ahora qué? Se preguntan los científicos. El daño se ha hecho y el tiempo irá dando la solución.

Lo más preocupante es la evidencia de agua radiactiva encontrada en un edificio junto al reactor. La Agencia Nuclear de Seguridad Industrial de Tokyo, informó de la presencia de cloro-38, un isótopo radiactivo con una vida media de sólo 37 minutos, que se forma cuando el cloro-37 es golpeado por neutrones de fisión. “Podría ser evidencia de que el combustible ha agrupado a trozos suficientemente grandes para reiniciar las reacciones nucleares”, señala Ferenc Dalnoki-Veress físico en el Instituto de Estudios Internacionales de Monterrey en California, a la revista Nature. “Estas ráfagas pueden poner a los trabajadores en grave riesgo de exposición a la radiación durante la limpieza y advierte, que será un trabajo muy laborioso” continúa Dalnoki-Veress.

En el agua vertida el mayor número de partículas radiactivas corresponden a yodo-131 y el resto se lo reparten entre cesio-137 y cesio-134. El yodo-131 es menos peligroso ya que su pervivencia es de 40 días. El cesio-134 tiene actividad durante una década; sin embargo, el cesio-137 tiene una vida media de 30 años y en ser inocuo 150 años.

Lo que más se afecta a corto y largo plazo es el entorno marino y con ello toda la cadena alimenticia pesquera, lo que ha llevado a la Unión Europea a empezar a tomar medidas. Es por ello que España ha realizado diversos ajustes, entre ellos el control de los productos procedentes de Japón. “Para más seguridad, hemos decidido multiplicar por cinco los controles que sugería la UE, a pesar de que ya en Japón están obligados a controlar el 100% de todos los productos alimenticios” explicó a El Mundo la ministra de Sanidad Leire Pajín.

“El mayor peligro de las partículas radiactivas es que se distribuyan en algunas especies migratorias como el atún” comenta a El Mundo Eduardo Rodríguez-Farré, profesor de investigación del CSIC y miembro del Comité Científico de la UE sobre Riesgos para la Salud. “Se puede haber capturado un pescado en Filipinas, pero puede venir de Japón”. Por su parte, Rafael García Tenorio, catedrático de Física Nuclear de la Universidad de Sevilla e investigador asociado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), comenta que el peligro principal está en el entorno de la central nuclear, en donde se acumulan dosis de radiactividad de 400 milisievert por hora. La dosis legalmente permitida que puede absorber una persona es de 50 milisievert al año. “En el mar los isótopos radiactivos pueden tomar dos caminos. Si son solubles se diluyen en el Pacífico y serán inocuos para la salud; si no son solubles, sedimentarían cerca de la central, con lo cual la contaminación a distancia sería nula”, continúa García Tenorio.

La ONU cree que el accidente de Fukushima no tendrá graves consecuencias para el pueblo nipón. “La salud de los japoneses no se verá afectada por el accidente de la central nuclear de Fukushima”, ha dicho el director del Comité Científico de Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica, Wolfang Weiss. Los efectos medioambientales de lo ocurrido, no son tan peligrosos como el de Chernóbil (Ucrania), pero sí más grave que el de Three Mile Island (Estados Unidos) de 1979. Refiriéndose a los productos alimenticios contaminados, Weiss ha afirmado que, “las cantidades de 1 milisievert o 5 milisievert, son poco importantes en términos de impacto sanitario”. También ha elogiado a las autoridades japonesas que ya han comenzado a hacer pruebas, para detectar cáncer de tiroides en niños, el único efecto que se demostró en Chernóbil.

Asimismo, se ha incorporado de forma imprevista el buque Hespérides, a las tareas respecto a medir la contaminación radiactiva en el Pacífico. “Normalmente este buque, se dedica a estudiar el cambio global y la biodiversidad marina, más en aguas profundas, en todos los océanos, además de impulsar la oceanografía española”, recuerda a El País el presidente del CSIC Rafael Rodrígo. El coordinador de la expedición Malaspina a bordo del Hespérides Carlos Duarte, comentó a El País, “Vamos a medir las trayectorias de yodo-131, cesio-134 y cesio 137, aunque no creo que encontremos yodo-131 porque tiene una vida media muy corta”. “Con unos aerosoles instalados en cubiertas para filtrar el aire, tomaremos muestras atmosféricas; también tomaremos muestras de agua y de larvas y huevos de plancton que están en la superficie del agua que es donde se depositan los radioisótopos”, comenta Duarte.

 [1]

Notas

[1] Habrá que esperar aún mucho tiempo, para determinar con precisión el daño que ha causado la central nuclear de Fukushima.

 

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