Avances en el estudio de la fiebre hemorrágica argentina

Una investigación demostró que diferentes muestras del virus Junín, responsable de la fiebre hemorrágica argentina, tienen una información genética muy homogénea. De acuerdo con los autores del trabajo, publicado en Virus Research,  este tipo de estudios permite conocer las características de los virus circulantes y establecer estrategias de prevención para esta enfermedad también conocida como  “mal de los rastrojos”.

Agencia CyTA – Instituto Leloir Científicos argentinos secuenciaron fragmentos del genoma de diferentes muestras del virus Junín –causante de la fiebre hemorrágica argentina– cuya función favorece su capacidad de reproducción y de infección.  Los resultados del estudio, publicados en la revista científica Virus Research, muestran un alto grado de similitud en la información genética de las muestras de ese virus.

“Este tipo de conocimiento, además de ayudar a responder preguntas básicas de biología molecular permiten establecer estrategias de prevención de la fiebre hemorrágica argentina, enfermedad para la cual existe en la actualidad un tratamiento y una vacuna. De todos modos es importante estudiar las distintas cepas del virus Junín dado que evolucionan”, explicó la autora principal del estudio, la doctora Sandra Goñi, co-directora del Área de Virosis Emergentes y Zoonóticas del Laboratorio de Ingeniería Genética y Biología Celular y Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes.

La fiebre hemorrágica argentina la provoca un virus transmitido por el roedor Calomys musculinus, siendo endémica en algunas zonas de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y La Pampa. Algunos de los síntomas que produce son fiebre, dolor de cabeza, debilidad, dolores articulares y oculares y pérdida de apetito, entre otros. En la actualidad se dispone un tratamiento para esa patología y una vacuna que fue desarrollada por el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio I. Maiztegui”.

“En el mundo, hay una amplia variedad de agentes infecciosos que provocan fiebres hemorrágicas. En este caso, cuando hablamos de la fiebre hemorrágica argentina, nos estamos refiriendo a la enfermedad causada por la infección con el virus Junín. Justamente, el nombre Junín hace referencia a que los primeros casos descriptos en 1958 para esta enfermedad fueron reportados en los alrededores de la localidad bonaerense homónima. A partir de esto, se comenzaron diversos estudios y pudo identificarse un área limitada para la transmisión de la infección, coincidiendo justamente con la presencia del “portador” (hospedador) del virus: el ratón maicero (Calomys musculinus), abarcando la principal zona agrícola-ganadera de nuestro país, la región central”, explicó a la Agencia CyTA la doctora Goñi que también se desempeña como profesora del Área Bioquímica en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y es becaria posdoctoal del CONICET, bajo la dirección del doctor Mario Lozano.

Árbol genealógico del virus

Según explicó la doctora Goñi el virus Junín es parte de una familia viral que se llama Arenaviridae, que justamente debe su nombre al aspecto “arenoso” que tienen las partículas virales cuando se las observa en el microscopio. “Los virus que conforman esta familia se dividen en especies que están localizados en distintos lugares del planeta y son trasmitidos por roedores. Desde un punto de vista evolutivo, es posible pensar que los arenavirus han ido diferenciándose en conjunto con (y adentro de) los roedores y, como los roedores, se han subdividido en grupos diferentes, algunos que se originaron en el denominado viejo mundo (Eurasia y África) y otros en el Nuevo Mundo (América), también los arenavirus han sido subdivididos de esta manera”, puntualizó Goñi.

Respecto del virus que circula en determinadas zonas de la Argentina –el virus Junín que pertenece al grupo de arenavirus del Nuevo Mundo– Goñi y sus colegas secuenciaron determinados fragmentos del genoma de distintos aislamientos del virus Junín extraídas de muestras de sangre de humanos  y de roedores del área endémica del país.

“Con herramientas de bioinformática y diferentes metodologías de biología molecular desciframos principalmente una región del gen que codifica para la glicoproteína viral (la llave que permitirá la entrada del virus a la célula), y otra que codifica para la nucleoproteína viral (un obrero clave en todos los procesos de generación de progenie viral)”, indico la autora principal del estudio. Y agregó: “Los resultados revelaron una muy escasa diversidad entre las diferentes cepas del virus Junín”.

“El estudio genético de los virus tienen importancia en salud pública puesto que el conocimiento de la variabilidad viral permite establecer estrategias inteligentes de prevención, en este caso de la Fiebre Hemorrágica Argentina. Además, conocer cuáles son las características genómicas de las cepas circulantes y su relación con el grado de severidad de la enfermedad, nos permite diseñar estrategias de vigilancia epidemiológica que podrían ser útiles en la prevención de la aparición de nuevos brotes de infección”, concluye la doctora Goñi.

En el trabajo, publicado en Virus Research, además de los investigadores del Laboratorio de Ingeniería Genética y Biología Celular y Molecular del Departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, participaron el Laboratorio de Arbovirus y Arenavirus del Instituto de Virología “Dr. J.M. Vanella” de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba y el Laboratorio de Arbovirus y Enfermedades Víricas Importadas del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III del Gobierno de España.

A. Esquema de la estructura del virus de la fiebre hemorrágica argentina. El virus contiene dos segmentos de ARN denominados S (por small, de pequeño) y L (por large, de largo). En el esquema se indica la localización en el virión (virus en su fase acelular, es decir, fuera de la célula) de las glicoproteínas G1 y G2 (llave de entrada a la célula), la nucleoproteína N (que cubre al genoma y cumple diversas funciones en el ciclo viral), la pequeña proteína Z (por su unión a Zn+2, cumpliendo un importante rol en la etapa final del ciclo viral) y la polimerasa viral L (que realiza copias de los segmentos genómicos para la progenie). Tanto los ribosomas como los mensajeros celulares son arrastrados cuando el virión sale de la célula (Sandra Goñi).

B. Micrografía electrónica de una sección mostrando un arenavirus brotando de células Vero infectadas. La envoltura viral es más densa y diferente a la membrana de la célula del hospedador. Los ribosomas están presentes en la partícula que está brotando (173.000 X, tomada de Murphy and Whitfield, 1975).

C. Micrografía electrónica de partículas del Virus Junín en el espacio extracelular en la periferia de células Vero infectadas (tomada de Murphy et al., 1970).

Imagen: La doctora Sandra Goñi, co-directora del Área de Virosis Emergentes y Zoonóticas del Laboratorio de Ingeniería Genética y Biología Celular y Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes, y autora principal del estudio.

Créditos: gentileza de la doctora Sandra Goñi

 

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