Energía y crisis socioambiental (II) Una revolución energética global es necesaria y posible

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La central nuclear de Fukushima (construida supuestamente, conviene recordar, a prueba de terremotos y tsunamis) sigue sin control un mes después del terremoto, con consecuencias ambientales y sociales que están sobrepasando los peores pronósticos. No se puede minimizar la gravedad de lo que está sucediendo, como algunos intentan, y se hace patente que los problemas de seguridad de la energía nuclear son demasiado serios para seguir apostando por su uso. Como concluíamos en el boletín anterior, no es una energía segura, ni limpia, ni barata. Y sin embargo hay quienes siguen defendiendo la construcción de nuevas centrales con el argumento de que, pese a todo, son la única alternativa al problema aún mayor del cambio climático (un problema, dicho sea entre paréntesis, que mucho de estos defensores de la energía nuclear negaban hasta muy recientemente y que ahora utilizan como argumento decisivo). Se trataría, en definitiva, de elegir el mal menor de la energía nuclear, incrementando, en todo caso, las medidas de seguridad.

Afortunadamente, sin embargo, no estamos condenados a esa opción entre el cambio climático provocado por los combustibles fósiles y las consecuencias igualmente inaceptables asociadas a la energía nuclear. Las fuentes renovables de energía limpia (eólica, fotovoltaica, termosolar, mini-hidráulica, bioenergía, geotérmica, etc.) son ya una realidad que puede desplazar ventajosamente a los recursos contaminantes y llegar a cubrir en pocos años las necesidades energéticas de la humanidad. Como ha señalado el representante de Greenpeace en Bangkok, en la reunión previa a la decisiva Cumbre sobre Cambio Climático de la ONU que tendrá lugar en Durban,  "El mundo no tiene por qué escoger entre desastres provocados por el cambio climático y desastres provocados por una fuente energética peligrosa como la nuclear. Podemos elegir un futuro seguro en el que nuestra sociedad sea alimentada por energía limpia". Y no se trata únicamente del punto de vista de los ecologistas: el enviado de la Unión Europea, Artur Runge-Metzger, ha afirmado que la UE está en condiciones de cumplir su objetivo de que sus socios reduzcan sus emisiones contaminantes en un 20 por ciento sobre los niveles de 1990 antes de 2020, promoviendo las fuentes renovables frente a los combustibles fósiles y la opción atómica.

De hecho, las energías renovables están extendiéndose y ganando eficiencia en todo el mundo. En la Unión Europea, por ejemplo, se creó en el año 2000 un European Renewable Energy Council (EREC, http://www.erec.org/) como portavoz de la industria e investigación en el campo de las energías renovables, cuyos análisis, realizaciones y perspectivas muestran la extraordinaria pujanza del sector, que emplea ya a 550000 personas en Europa. Y por citar otro ejemplo relevante, China se ha convertido en el primer inversor mundial en energías renovables, con instalaciones que crecen ya a mayor ritmo que las de energías contaminantes. No es de extrañar, pues, que se hable de una [R]evolución energética en marcha (http://www.energyblueprint.info/). Una revolución que puede y debe acelerarse, venciendo los intereses cortoplacistas de las industrias de combustibles fósiles o nuclear, dando paso a la creación de millones de empleos verdes y contribuyendo así, como ha señalado el Secretario General de Naciones Unidas, Ban ki-moon, a la superación de la crisis plural en la que estamos inmersos (ver el Informe "Empleos Verdes: hacia el trabajo decente en un mundo sostenible y con bajas emisiones de carbono", promovido por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente).

Un paso importante en este impulso mundial de las energías renovables ha sido la creación de la Agencia Internacional de Energías Renovables IRENA (por sus siglas en inglés, International Renewable Energy Agency), cuya Conferencia Fundacional tuvo lugar en Bonn en 2009 y cuyos estatutos han firmado ya 148 Estados y la Unión Europea (ver http://www.irena.org/).

Las energías renovables aparecen así, junto a las necesarias políticas de ahorro y eficiencia energética, como componentes esenciales para la solución del problema energético, con capacidad para ir sustituyendo paulatinamente a los combustibles fósiles sin necesidad de recurrir a nuevas centrales nucleares.

Ha llegado, pues, el momento, señala Ban Ki-moon, de una revolución energética global, que haga la energía limpia accesible para todos. Y a tal fin ha anunciado que, por decisión de la Asamblea General de Naciones Unidas, 2012 será el Año Internacional de la Energía Sostenible para todas las personas, añadiendo que ello es esencial para minimizar los riesgos climáticos, reducir la pobreza y, en definitiva, alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Recordando, además, que en 2012 tendrá lugar la Cumbre Rio+20, al cumplirse 20 años de la primera Cumbre de la Tierra, Ban Ki-moon reclama que seamos conscientes de que “la energía limpia y una economía baja en carbono forman parte de las llaves para abrir la puerta a un mundo más seguro, pacífico y prospero para todas y todos”.

Podemos y debemos contribuir a hacer comprender que las energías renovables son la auténtica alternativa energética que la humanidad necesita, sensibilizando a la ciudadanía hacia su uso, superando los falsos mitos y las barreras que impiden su desarrollo, impulsando investigaciones para su mayor viabilidad y eficiencia y, en definitiva, mostrando su papel indispensable en la construcción de un futuro sostenible y en particular en la lucha contra el cambio climático, preparando así el camino para la consecución de un acuerdo justo y vinculante en Durban, 2011.

 

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