Internet, el número tres y las noticias de ciencia

Las noticias de ciencia tienen con el número tres una relación especial. El autor la explica a partir de los datos de la Encuesta de Percepción social de la Ciencia de FECYT y demuestra que la sociedad es más inteligente de lo que se nos hace creer.

Álex Fernández MuerzaAlex Fernández Muerza - Los medios de comunicación tradicionales, en especial la televisión, no se dan por aludidos. Por favor, más calidad, más variedad, el fast food se consume fácil, pero en su medida: la población pone de manifiesto el déficit entre sus intereses y la información que posee al respecto. Considera que se le ofrece poco sobre tres temas: ciencia y tecnología, salud, y medio ambiente. Y se siente sobreinformada en otros tres: deportes, política y famoseo.

Internet está cubriendo en gran medida ese vacío. Allí se puede encontrar todo tipo de contenidos específicos de ciencia, participación, debate, interacción… Es la economía de la atención: cada vez más gente dedica más tiempo a internet quitándoselo de los demás medios, que no le ofrecen lo que busca o en muy pequeñas dosis.

Cuando creé Divulc@t en 2000, las webs sobre ciencia eran contadas en el Estado español. Una década después, hay una gran cantidad de webs, blogs, wikis y herramientas individuales y colectivas, iniciativas de ‘periodismo ciudadano’, de realidad virtual o aumentada, podcasts y videocasts, programas audiovisuales pensados para internet, streamings... Los medios de comunicación tradicionales tienen su versión online, y en algunos meritorios casos con contenidos propios.

Pero los internautas -que no son otra cosa que ciudadanos y ciudadanas- no responden al clásico esquema emisor-medio-receptor, sino a una especie de “trinidad digital” en la que puede ser emisor, medio y receptor a la vez, pudiendo comunicarse con el resto de personas y expresar de forma libre y accesible informaciones y opiniones.

En la actualidad, la red se conoce como web 2.0, un concepto que engloba tecnologías y aplicaciones en las que se genera colaboración y participación, y en las que la ciencia y los internautas se sienten muy a gusto.

Y del 2.0 al 3.0, que está cada vez más próxima, según los gurús de internet. En este caso, la red estaría marcada por su inteligencia semántica y su carácter móvil y ubicuo. Las tecnologías no corren, vuelan, y su objetivo debería ser ofrecer a los internautas más posibilidades desde la neutralidad de la red.

La siguiente versión del “lenguaje de internet”, el html5, promete hacer la red mucho más interactiva que ahora, mientras el concepto de cloud computing (computación en nube) promete virtualizarlo todo. Así, las redes sociales generalistas tipo Facebook o Twitter podrían dar paso a otras más especializadas. En ellas, las relaciones entre periodistas y científicos podrían ser más estrechas.

Una revolución en la producción de noticias científicas

El proceso de producción de la noticia, o newsmaking, ya no es tan cerrado y lineal. Las noticias pueden surgir en internet, porque ahí se encuentran las fuentes, porque hay internautas expertos que las encuentran antes que los periodistas y las convierten en noticia en sus propios blogs o medios, que a su vez llega a los demás medios de comunicación para (re)convertirse en “noticia”.

La red ofrece más facilidades para saltarse los embargos de noticias científicas, filtrar contenidos confidenciales, y soltar liebres que generen expectación antes de dar a conocer una información por los canales tradicionales (que se lo pregunten a la NASA), que a su vez lleve a los medios tradicionales a picar por si acaso: “No vaya a ser que quedemos en evidencia”. Las técnicas de marketing viral se ponen al servicio de quien quiere que una noticia bomba que no es tal pueda llegar a serlo.

La oferta es tan variada que abruma. Con un sencillo gestor de sindicación de contenidos RSS (Really Simple Syndication) se pueden seguir tres, treinta, o trescientos medios digitales, blogs, foros, y revistas de cualquier parte del mundo.

Pero las noticias de ciencia que llegan a destacar son pocas. Al tener que seleccionar, las fuentes oficiales y las revistas científicas más mediáticas se han beneficiado de ello. En caso de tener trescientas dudas, siempre es más “seguro” citar a Nature o Science. No es casualidad que las instituciones que apuestan por la presencia en internet tengan mucha más visibilidad. O que las citadas revistas tengan todo tipo de contenidos y servicios online, y sus artículos aparezcan en todas partes.

Aparece entonces la figura de l@s líderes digitales. Gracias a su dominio de las redes sociales y a sus miles de seguidores son capaces de hacer que una noticia de ciencia que pasaría desapercibida destaque y llegue a un gran número de internautas. Así que los medios ya no son los únicos en marcar la tendencia ni la agenda temática.

Comunicación de la ciencia: tres crisis en una

¿Y qué pasa con la profesión periodística? Cuando uno conoce el potencial de internet y ve el escaso aprovechamiento que se hace del mismo se da cuenta del peso que tienen tres crisis. Quienes nos dedicamos al periodismo científico sufrimos, además de la crisis económica global, una propia de nuestra profesión, la periodística, y otra sobre la materia de la que informamos, la ciencia.

Todo ello lleva, inevitablemente, a una serie de paradojas. Si en ciencia se pueden ver becarios que llevan el peso de importantes investigaciones, en periodismo se pueden ver colaboradores freelance que publican buenos artículos y consiguen exclusivas, mientras redactores de plantilla hacen trabajos rutinarios.

Es el efecto rebote de la producción de energía llevado a las noticias: gracias a internet, producir y publicar noticias cuesta cada vez menos. Sin embargo, en vez de aprovecharlo para hacerlo con más calidad, se pide más cantidad.

Además, los requisitos tan amplios y exigentes de ser periodista especializado en ciencia y controlar el medio digital no se corresponden con la remuneración y consideración profesional. Hacer algo que te gusta tanto es una suerte, pero también parece un castigo.

Los periodistas científicos digitales nos enfrentamos a varios retos en nuestro trabajo. A la hora de publicar contenidos informativos en internet el público lee generalmente en la pantalla del ordenador (y cada vez más, en otros dispositivos, como teléfonos móviles). Con un simple click puede saltar a otro contenido, a millones de contenidos, por lo que hace ‘zapping digital’. Hay que ser más ágiles y atractivos que nunca, haciendo uso - siempre que aporte valor al internauta- de las herramientas que ofrece Internet: enlazar a otras webs interesantes, insertar imágenes, audios, videos...

Riesgos e independencia informativa

Pero la debilidad de los medios en este contexto de crisis permite que la manipulación sea más fácil y que la independencia informativa se ponga en riesgo, ante unas empresas que piensan más en el negocio que en la información, y ante unos intereses y presiones que hacen que acabe por cuestionarse incluso el propio internet como medio fiable.

Esta situación repercute en la calidad de los contenidos, que tienden a ser realizados de manera superficial, homogénea, acrítica y sin contrastar, estableciéndose una “cultura del copio-pego”, provocando ruido y saturación informativa en la Red.

Supongo que así se sentirían los músicos del Titanic, tocando hasta el final. Pero quiero pensar que el barco del periodismo científico digital no se hunde, sino que ha empezado a navegar. Cada vez todo es más digital. De hecho, la evolución de internet hace suponer que desaparecerá “eso que sale en un ordenador conectado al cable de teléfono”.

Internet será todo, independientemente del aparato y el lugar en el que esté, y ni siquiera será importante hablar del medio, sino del contenido. Los lenguajes se mezclarán y se manejarán constantemente viejas nociones como hipertextualidad, multimedia o movilidad.

En esta nueva situación, conceptos como ‘derechos de autor’ o ‘derechos de copia’ requieren una nueva redefinición. Este debate también está abierto.

Asumir esta condición cuanto antes supone una ventaja. Ser periodista/divulgador digital y tener presencia en internet es cada vez más sencillo y barato, en un medio como éste en el que se puede conocer mejor a los usuarios y mantener un contacto directo. Si la sociedad reclama cada vez más ciencia, tecnología, medio ambiente y es cada vez más digital... Y si no, tocar con ustedes fue un verdadero placer.

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* Alex Fernández Muerza (Bilbao, 1972) es periodista especializado en Ciencia y Medio Ambiente. Colabora en diversos medios como Consumer, Quo, El País, o Muy Interesante. Creador del blog Divulc@t, hoy E-ciencia.com (http://www.e-ciencia.com), trata de conjugar la divulgación y la reflexión sobre la ciencia, la tecnología e internet. Posee el título de Doctor en Periodismo por la Universidad del País Vasco, por una tesis doctoral sobre periodismo científico, y ha participado en diversos congresos sobre comunicación científica y periodismo digital. Estos y otros datos pueden consultarse en: http://www.e-ciencia.com/afm

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