Frente al mundo cambiante: las mujeres, la población y el clima

unfpa La planificación de la familia, la atención de la salud reproductiva y las relaciones entre hombres y mujeres podrían influir sobre el futuro curso del cambio climático y afectar la manera en que la humanidad se adapta a la elevación del nivel del mar y la intensificación de las tormentas y las sequías graves, según el informe Estado de la Población Mundial 2009, publicado hoy por el UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas.

La probabilidad de que los acuerdos internacionales sobre el cambio climático y las políticas nacionales al respecto alcancen sus objetivos en el largo plazo es mayor si toman en cuenta la dinámica de la población, las relaciones entre los sexos y el bienestar de la mujer y su acceso a servicios y oportunidades, es la conclusión del informe. En el informe se constata que, por ejemplo, un más lento crecimiento de la población ayudaría a fortalecer la resiliencia social frente a los efectos del cambio climático y contribuiría a reducir las futuras emisiones de gases de efecto invernadero.

Actualmente, la mayor parte del debate del cambio climático gira en torno las responsabilidades relativas de los países en cuanto a limitar el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y a financiar medidas encaminadas a una transición hacia energía con bajo insumo de carbono y otras tecnologías. ¿Cuál es el mejor enfoque para reducir las emisiones de carbono? ¿Quién debería asumir la responsabilidad financiera de abordar el cambio climático, actual y futuro? En el prólogo del informe, la Directora Ejecutiva del UNFPA, Thoraya Ahmed Obaid, dice: “Esas cuestiones tienen importancia crítica. Pero también tienen importancia algunas cuestiones fundamentales acerca de la manera en que el cambio climático afectará a las mujeres, los hombres, los niños varones y las niñas en todo el mundo y, en verdad, dentro de los países, y de qué manera los comportamientos individuales pueden menoscabar o favorecer las acciones mundiales” para abordar el cambio climático.

El futuro debate sobre el clima debe tomar en cuenta las dimensiones humanas y de género de cada uno de los aspectos del problema. Todo tratado que surja de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a celebrarse en diciembre de 2009, que ayude a las personas a “adaptarse al cambio climático, aprovechando el ingenio y la creatividad” de las mujeres y los hombres para contrarrestar el calentamiento de la atmósfera terrestre propiciaría “una estrategia mundial a largo plazo auténticamente eficaz para abordar el cambio climático”, agrega la Sra. Obaid.

Elementos del cambio climático

En los últimos 100 años, la temperatura de la superficie terrestre aumentó 0,74 grado centígrado. Tal vez este aumento no parezca muy grande, pero ha bastado para perturbar muchos ecosistemas del planeta y crear sustanciales riesgos para el bienestar de los seres humanos. Lo que es más importante, si continuaran o se aceleraran las tendencias recientes, como lo pronostican muchos científicos especialistas en el clima, para 2100 la temperatura terrestre podría haber aumentado otros 4 a 6 grados centígrados, con efectos probablemente catastróficos sobre el medio ambiente, el hábitat, las economías y las personas. Desde 1880, los diez años con temperaturas más altas se registraron en los últimos 13 años.

Los científicos de todo el mundo, especializados en el clima atribuyen, con creciente nivel de confianza, el grueso del reciente calentamiento a los gases de efecto invernadero inyectados en la atmósfera a consecuencia de las actividades de poblaciones humanas cada vez más opulentas, particularmente en los países industrializados. El aumento de la quema de combustibles fósiles, entre ellos carbón, petróleo y gas, incorpora en la atmósfera cada vez más anhídrido carbónico, lo cual agrava y acelera el efecto invernadero. También la deforestación y la degradación de los suelos redundan en mayores cantidades de anhídrido carbónico en la atmósfera, y diversas actividades, desde la agricultura hasta la refrigeración, causan emisiones de varios otros poderosos gases de efecto invernadero.

Efectos sobre las personas

El cambio climático tiene potencial para contrarrestar los tan duramente obtenidos adelantos de los últimos decenios y el progreso hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es probable que se sufran reveses a consecuencia de fenómenos impulsados por el clima, como escasez de agua, intensas tormentas tropicales y huracanes, inundaciones, pérdida de agua de riego para la agricultura proveniente del deshielo de glaciares, cambios en la disponibilidad de alimentos y posibles crisis en materia de salud.

El cambio climático amenaza con agravar la pobreza y abrumar a grupos marginados y vulnerables con dificultades mayores. Por ejemplo, en el Asia sudoriental hay ya unos 221 millones de personas que viven por debajo del límite de pobreza, con 2 dólares diarios. Muchos pobres residentes en esas regiones viven en zonas costeras y deltas de baja altitud, y muchos de ellos cultivan pequeñas parcelas o se ganan la vida explotando recursos del mar. Los hogares pobres son especialmente vulnerables al cambio climático debido a que su bajo ingreso marginal les da escaso o ningún acceso a servicios de salud u otros mecanismos mínimos de seguridad social que los protejan contra las amenazas dimanadas de las cambiantes condiciones.

También como resultado del cambio climático, se elevará el nivel del mar, lo cual amenazará zonas costeras de baja altitud y pequeños estados insulares.

En mayo de 2009, la revista médica The Lancet afirmó que el cambio climático es “la mayor amenaza mundial a la salud en el siglo XXI”. Los “efectos epidemiológicos” del cambio climático sobre las pautas de enfermedad en todo el mundo serán profundos, especialmente en países en desarrollo, donde persiste la vulnerabilidad a la mala salud. Por ejemplo, aumentará la incidencia de las enfermedades transmitidas por vectores; se agregarán millones de personas a las afectadas por el paludismo, pues el aumento de las temperaturas posibilita que los mosquitos portadores de la enfermedad vivan en zonas de mayor altitud.

Clima y migración

Los desplazamientos de población en gran escala probablemente se intensificarán a medida que el cambio climático obligue a abandonar ámbitos inundables o áridos e inhospitalarios. La migración resultante suscitará muchos graves problemas de salud, tanto directamente, a consecuencia de múltiples situaciones de estrés en el proceso migratorio como indirectamente, debido a los posibles disturbios civiles que podrían suscitarse a raíz de caóticos movimientos de población.

Millones de personas que actualmente viven en zonas costeras de baja altitud tal vez se vean obligadas a marcharse de sus viviendas si se eleva el nivel del mar, como lo pronostican, en su mayoría, los expertos en cambio climático. Las sequías pertinaces y severas pueden empujar a más agricultores a marcharse de zonas rurales y acudir a las ciudades en busca de nuevos medios de vida. Los residentes en tugurios urbanos ubicados en zonas propensas a las inundaciones tal vez migren a zonas rurales para escapar del peligro. Y en algunos casos, la gradual degradación del medio ambiente puede eliminar las oportunidades de obtener ingresos, y empujar a algunas personas a cruzar las fronteras nacionales.

Las razones por las cuales las personas migran o van en busca de refugio son complejas, razón por la cual es difícil pronosticar de qué manera el cambio climático afectará la futura migración. No obstante, lo probable que el cambio climático se convierta en una fuerza de gran magnitud que ha de impulsar el futuro movimiento de poblaciones, probablemente en su mayor parte en desplazamientos dentro de un mismo país, pero también, en alguna medida, en la migración internacional.

Mitigación del cambio climático

La influencia de la actividad humana sobre el cambio climático es compleja. Atañe a lo que consumimos, a los tipos de energía que producimos y utilizamos, a si vivimos en una ciudad o en una granja, a si estamos en un país rico o pobre, a si somos jóvenes o viejos, a lo que comemos, e incluso, a la medida en que las mujeres y los hombres disfrutan de igualdad de derechos y de oportunidades. También atañe a nuestras crecientes cantidades: casi 7.000 millones de personas. A medida que las economías, las poblaciones y el consumo van creciendo con velocidades mayores que la capacidad de la Tierra para adaptarse, el cambio climático podría tornarse más extremo y, posiblemente, catastrófico. La dinámica de la población es sólo una parte de un panorama mucho mayor e intrincado acerca de la manera en que algunos países y pueblos han procurado el desarrollo y definido el progreso, y acerca de la manera en que otros han quedado al margen de las decisiones que afectan sus vidas.

Por otra parte, no todas las personas y no todos los países son iguales en lo concerniente a las emisiones de gases de efecto invernadero que están calentando nuestra atmósfera. Hasta ahora, los países industrializados generaron la mayor porción, con mucho, del anhídrido carbónico y otros gases que alteran el clima, pero han permanecido relativamente inmunes a los efectos del cambio climático. El mundo en desarrollo ha sido responsable de una más pequeña proporción de emisiones de gases de efecto invernadero; no obstante, ya está soportando una mayor parte de la carga de hacer frente a ese cambio y adaptarse a episodios meteorológicos extremos, elevación del nivel del mar, inundaciones y sequías. Los países industrializados causaron la mayor parte del problema, pero son los pobres del mundo quienes enfrentan las mayores dificultades para adaptarse.

Los círculos científicos, inclusive los miembros del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, reconocen ampliamente la importancia de la rapidez y la magnitud del reciente crecimiento de la población en cuanto a estimular las futuras emisiones de gases de efecto invernadero. Si se lograra un crecimiento más lento de la población en países tanto desarrollados como en desarrollo, esto podría contribuir a facilitar la tarea de equilibrar las emisiones mundiales con la atmósfera en el largo plazo y posibilitar una adaptación más inmediata a los cambios que ya están ocurriendo. Pero la medida en que un crecimiento más lento de la población ha de tener efectos dependerá de las futuras tendencias de la economía, la tecnología y el consumo a escala mundial.

El papel del crecimiento de la población en el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero está lejos de ser el único vínculo demográfico causal importante del cambio climático. Entre las variables que afectan la cantidad de gases de efecto invernadero incorporados en la atmósfera figura la composición de los hogares. Varios estudios han mostrado que el consumo de energía per cápita de hogares más pequeños puede ser mayor que el de hogares más grandes. Hay algunas pruebas objetivas de que los cambios en la estructura de edades y la distribución geográfica—por ejemplo, la tendencia a vivir en las ciudades—podrían afectar el aumento de las emisiones. Lo probable es que, en el largo plazo, la dinámica de población influya sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. En un futuro inmediato, la dinámica de población afectará la capacidad de los países para adaptarse a los efectos del cambio climático.

Carga desproporcionada que pesa sobre las mujeres

El cambio climático no solamente ha de suscitar peligros para las vidas y ha de perjudicar los medios de vida, sino que además exacerbará la distancia entre ricos y pobres y amplificará las situaciones de inequidad entre mujeres y hombres. Las mujeres, particularmente las residentes en países pobres, resultarán afectadas de manera diferente a la de los hombres; figuran entre las personas más vulnerables al cambio climático debido, en parte, a que en muchos países constituyen la mayor parte de la mano de obra agrícola y, en parte, debido a que suelen tener acceso a menores oportunidades de obtener ingresos. Las mujeres administran el hogar y atienden a los miembros de sus familias, lo cual con frecuencia limita su movilidad y agrava su vulnerabilidad a desastres naturales repentinos resultantes del clima. Las sequías y los regímenes erráticos de lluvias obligan a las mujeres a trabajar más duramente a fin de obtener alimentos, agua y energía para sus hogares. Las niñas abandonan la escuela para ayudar a sus madres a realizar esas tareas. Ese ciclo de privación, pobreza y desigualdad menoscaba el capital social necesario para abordar eficazmente el cambio climático.

Dada la sustancial participación de las mujeres en la producción alimentaria de los países en desarrollo, la estrecha conexión entre género, agricultura y cambio climático merece un análisis mucho más completo que el que recibe actualmente. Debido a su mayor pobreza, su menor poder sobre sus propias vidas, el menor reconocimiento de su productividad económica y la desproporcionada carga que soportan a raíz de la reproducción y la crianza de los hijos, a medida que va cambiando el clima las mujeres enfrentan dificultades adicionales.

La marginación de la mujer y la discriminación contra ésta, sumadas a las maneras en que la desigualdad de género obstaculiza el desarrollo, la salud, la equidad y el bienestar humano en general, socavan la resiliencia de los países frente al cambio climático. Lo probable es que la resiliencia florezca y aumente en las sociedades donde todas las personas pueden asistir a la escuela, tener acceso a servicios de salud, disfrutar de igual protección ante la ley y participar plenamente en la conducción de sus propias vidas y los destinos de sus comunidades y países. Asimismo, con frecuencia la resiliencia tiene raíces propias en la cultura, como ocurre en los numerosos casos de tradiciones de generosidad para con los necesitados y cooperación frente a las calamidades.

Salud reproductiva

En 1994, la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) fue un hito en la historia de la población y el desarrollo. En la conferencia, los representantes mundiales acordaron que las cuestiones de población no atañen a cantidades, sino a seres humanos. En el Programa de Acción a 20 años, aprobado por 179 gobiernos participantes en la conferencia, se afirma que si se satisfacen las necesidades de planificación voluntaria de la familia y salud reproductiva, además de ofrecer otros servicios básicos de salud y de educación, la estabilización de la población ocurrirá naturalmente y no bajo medidas de coacción o de control.

Hay razones valederas para pensar que el logro del objetivo de la CIPD de acceso universal a la salud reproductiva, en combinación con mejoras en la educación de las niñas e igualdad de género, contribuiría a alcanzar los objetivos de salud y desarrollo y, al mismo tiempo, contribuiría a la reducción de las tasas de fecundidad, lo cual, a su vez, ayudaría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el largo plazo. Esas disminuciones de las tasas de fecundidad, por sí mismas—o en combinación con mayor supervivencia maternoinfantil, a la que también contribuyen poderosamente la salud reproductiva, la educación y la igualdad de género—conducirían a cantidades de población inferiores a las previstas en la mayoría de las hipótesis futuras sobre emisión de gases de efecto invernadero preparadas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Frenar el cambio climático

Los gobiernos deben prever las situaciones de estrés que probablemente ha de agregar el cambio climático a las actividades ya arduas de promover el desarrollo, mitigar la pobreza, asegurar el acceso a servicios de educación y salud y avanzar hacia la igualdad de género, y deben prepararse para esas situaciones de estrés. Es mucho más probable que surjan enfoques eficaces para el cambio climático si se logra un desarrollo económico y social sostenible, con respeto por los derechos humanos y la diversidad cultural, si se amplían los medios de acción de las mujeres y si se ofrece acceso universal a los servicios de salud reproductiva. No obstante, las medidas concretas para abordar el problema deben basarse en hechos objetivos, dejando de lado las pasiones.

Es preciso colmar, antes de que sea demasiado tarde, las lagunas en la investigación sobre muchos de los efectos del cambio climático y de las soluciones para éstos.

La compleja naturaleza y el impulso del cambio climático provocado por los seres humanos sugieren tres esferas de acción que es necesario emprender desde ahora para obtener beneficios inmediatos, y también a corto y a largo plazo.

Adaptación, desde ahora y mientras sea necesaria: Las temperaturas mundiales ya están ascendiendo, de manera que no hay otra opción sino adaptarnos desde ahora a los cambios que estamos enfrentando y prever los que pueden esperarse para el futuro. Dado que, según las proyecciones, las temperaturas han de aumentar durante décadas, y el nivel del mar ha de seguir elevándose, tal vez durante siglos, aprender a adaptarse y fomentar mayor resiliencia frente a los cambios en curso del clima, es una tarea tanto inmediata como a largo plazo. No obstante, la adaptación no es algo que los países donantes, o los bancos, o las empresas, puedan de alguna manera legar a los países en desarrollo. Aun cuando la financiación y la transferencia de tecnologías y conocimientos son imprescindibles para esta iniciativa, una adaptación eficaz y duradera debe surgir de las vidas, la experiencia y la sabiduría de las propias personas que se están adaptando.

Mitigación inmediata: Si no se pone fin sin demora al aumento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, para luego pasar rápidamente a reducirlas, la adaptación al cambio climático se transformará en una tarea intermediable— y tal vez, imposible—. El impulso para fomentar nuestra resiliencia frente al cambio climático no puede distraer la atención respecto de la necesidad de reducir las emisiones tan rápidamente como sea posible, a comenzar desde ahora.

Mitigación a largo plazo: Incluso los éxitos iniciales tan críticamente necesarios para reducir las emisiones sólo serán un preludio de una tarea que probablemente ha de preocupar a las personas durante décadas, e incluso, durante siglos: de qué manera fomentar la prosperidad mundial y, al mismo tiempo, impedir que las actividades humanas empujen a la atmósfera mundial y al clima fuera de los límites de la habitabilidad humana.

Fuente: unfpa

Enlaces conexos:

Suplemento de la Juventud
Estado de la Población Mundial 2009
Apoyo a los adolescentes y los jóvenes
Análisis de la relación entre población y cambio climático

 

 

      

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