El INTA, instituto clave en el desarrollo agropecuario de la Argentina

La producción agropecuaria y agroindustrial constituye uno de los ejes principales de la economía argentina. Desde 2003 el presupuesto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) aumentó un 660 por ciento. Autoridades del INTA, sociólogos e historiadores analizan el papel que dicho organismo cumple en el desarrollo del país.

(Agencia CyTA - Instituto Leloir. OEI-AECID)-. La producción agropecuaria y agroindustrial ocupa un lugar muy importante para la economía de la Argentina. En ese contexto, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) cumple un rol clave para el desarrollo del país.

Con autarquía operativa y financiera, el INTA es un organismo público descentralizado que depende del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. "Esta institución nació en 1956 con un propósito muy claro: impulsar la investigación y la extensión agropecuarias para contribuir a la competitividad y la equidad social, de forma sostenible, en todo el territorio nacional. Para alcanzar esos objetivos, el INTA genera información y tecnologías destinadas a desarrollar diversos procesos y productos y, en suma, conocimiento y know-how que luego, mediante el área de extensión rural, se trasladan al productor. Estos son los ejes inalterables de la política institucional, que se materializan en cada uno de los desarrollos de investigación o extensión del INTA", señaló a la Agencia CyTA Carlos Casamiquela, presidente del INTA.

"En términos estratégicos, el accionar del INTA como organismo dedicado a la investigación y la extensión es fundamental para el desarrollo del país, en un sentido amplio. Los aportes de nuestra institución no sólo implican logros de alto nivel científico, reconocidos internacionalmente, sino que impactan en las diversas cadenas de producción y en lo que hace a la calidad de vida. Por nombrar un ejemplo, puede pensarse la leche funcional con alto contenido de ácidos linoleicos conjugados (una sustancia que elevaría las defensas del organismo, entre otros beneficios) obtenida por técnicos de la institución, que integra las cadenas de soja y leche, y del mismo modo, la tarea que desde hace 20 años se conduce desde el programa Pro-Huerta, promoviendo la seguridad alimentaria de la población y que alcanza a más de tres millones de beneficiarios en todo el país", indicó Casamiquela. Y continuó: "Por otra parte, en términos económicos, a la Argentina le conviene invertir en el INTA: el país puede generar un resultado económico que multiplica largamente esa inversión hecha por el Estado. Y esto redunda, naturalmente, en mayor producción pero también en mayor calidad y valor agregado, mayores puestos de trabajo, mayor innovación en productos y tecnologías que dinamizan al sector y se traducen en aumentos en las exportaciones e ingresos de divisas al país. En este sentido, es posible comprender que el trabajo que lleva adelante esta institución trasciende los laboratorios y los campos para beneficiar directamente a los argentinos."

En cuanto a su organización, el INTA tiene 15 Centros Regionales, con 47 Estaciones Experimentales Agropecuarias y más de 313 Unidades de Extensión que cubren toda la geografía del país, y cuatro Centros de Investigación con 16 institutos. La planta de personal alcanza los 6 657 agentes. De ellos, el 44 por ciento son profesionales, el 31 por ciento son personal de apoyo y el 25 por ciento son técnicos. Asimismo, la institución cuenta con 463 becarios (profesionales de reciente graduación).

Semillas varias
Créditos: INTA

 

Origen histórico

En 1956, el economista Raúl Prebisch, al frente de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), presentó un informe al gobierno de facto "que había derrocado al (general Juan Domingo) Perón, que contenía recomendaciones para enfrentar la situación económica. En lo referido al campo argentino, el 'Plan Prebisch' tomaba como punto de partida el atraso tecnológico del sector agrario y enfatizaba que Argentina había llegado al fin de la fase de dilatación de la frontera agrícola. A partir de ese momento la producción solo podría incrementarse por el aumento de los rendimientos del suelo. Desde esta perspectiva, el informe ponía en el centro de atención el desarrollo de la ciencia y la tecnología agropecuaria. Prebisch recomendaba el establecimiento de un programa intensivo de 'tecnificación' del campo centrado en la creación de un instituto público de investigación y difusión tecnológica que se encargara de promover las innovaciones desarrolladas en el país y en el exterior", señaló a la Agencia CyTA el doctor Diego Hurtado de Mendoza, director del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y de la Técnica José Babini, de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), en Buenos Aires.

El proceso de formulación del proyecto de instituto fue conflictivo, indica Hurtado de Mendoza. "Se discutieron más de cuarenta borradores. Finalmente, en diciembre de 1956, se creó el INTA, a partir de las 28 estaciones experimentales de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, que se habían comenzado a crear desde 1910, y de los terrenos disponibles para el Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias (CNIA) que había creado el gobierno de Perón. Al año siguiente se sumaron otras 9 estaciones para cubrir zonas del país sin asistencia. El INTA comenzó a funcionar en 1957", subrayó. Y agregó: "La autarquía del INTA tuvo su condición de posibilidad en la fuente principal de sus recursos: un impuesto del 1,5 por ciento sobre las exportaciones de productos agropecuarios, que se canalizó a través de un Fondo Nacional de Tecnología Agropecuaria. La creación del INTA fue motivo de polémicas. Principalmente desde la las facultades de agronomía y veterinaria de distintas universidades del país. La crítica más importante se enfocaba en el peligro de que esta nueva institución monopolizara la experimentación agropecuaria, relegando de esta manera las actividades de investigación que ya existían en las universidades."

En ese contexto se elaboró un documento de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que proponía una alternativa: "La creación de un 'Consejo Nacional de Investigaciones Agropecuarias' para financiar a las instituciones ya existentes. A pesar de todo, en los primeros años, el INTA tuvo cierto éxito en el desarrollo de variedades locales y en la adaptación de la oferta tecnológica disponible en el escenario internacional a la agricultura de clima templado", subrayó Hurtado de Mendoza.

Cultivo de girasol
Créditos: INTA

 

Aportes de una institución clave

El INTA es una institución clave del complejo científico-tecnológico por estar vinculado al sector más dinámico de la economía argentina. "A lo largo de su historia realizó aportes importantes, como la vacuna oleosa contra la aftosa o su intervención en la solución del problema del 'mal de Río Cuarto', una enfermedad en cultivos de maíz sembrados en la zona de Río Cuarto, al sur de la provincia de Córdoba. En los años setenta, el aporte del INTA fue particularmente importante en el desarrollo de híbridos, especialmente de variedades de trigo a partir de la incorporación de germoplasma mexicano (recordemos que el germoplasma es el genoma de las especies vegetales silvestres y no genéticamente modificadas de interés para la agricultura). Con el retorno a la democracia, son importantes los esfuerzos del INTA por vincularse con los pequeños productores en regiones extra pampeanas. Sin embargo, como señalan Katz y Bercovich en un trabajo clásico de 1993, el INTA se encontraba muy atrás de la frontera internacional en materia de biología molecular y genética", puntualiza Hurtado de Mendoza.

A juicio del especialista, el INTA "para entonces, ya había perdido su lugar frente a la oferta de las grandes empresas privadas en materia de novedades genéticas. En los noventa, tuvo algunas intervenciones cruciales, como ocurrió con la aparición del mal de la 'vaca loca' (encefalopatía espongiforme bovina). Ante los primeros casos de la enfermedad detectados en Inglaterra, con apoyo del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), se conformó en el INTA un grupo de investigadores que desarrolló la tecnología para demostrar, no solamente que en Argentina no se había radicado esta enfermedad, sino que logró también que fuera categorizada por la Organización Mundial de Sanidad Animal entre los países de menor riesgo, junto con Australia y Nueva Zelanda."

Por otra parte Hurtado de Mendoza destaca que fenómenos como la expansión de la llamada siembra directa, responsable de gran parte del incremento de la producción de soja, girasol y maíz, y de las condiciones de aplicación capaces de asegurar la sustentabilidad ambiental no podrían entenderse "sin la colaboración entre productores privados (especialmente a través de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa), el INTA y las universidades. Estos ejemplos muestran la indudable importancia estratégica del INTA."

Por su parte Pablo Pellegrini, investigador en sociología de la ciencia y la tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, en Buenos Aires, considera que el INTA ha logrado desarrollar tanto la investigación como la extensión. "Esas dos líneas -el interés por producir conocimientos originales y la búsqueda de dar solución a las necesidades inmediatas del sector agropecuario- siempre estuvieron en tensión, pero su coexistencia habilita la posibilidad de estar en contacto con las oportunidades y necesidades del sector, y producir y utilizar conocimientos en consecuencia. Esa doble misión llevó al INTA a desplegar una extraordinaria presencia territorial, a la vez que desarrolla investigaciones científicas pensando en su utilidad de un modo más concreto de lo que suele ocurrir en otras instituciones científicas", destacó.

Riego por pivot
Créditos: INTA

 

Algunos desafíos

Para la historiadora de la UBA Cecilia Gárgano, becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) e investigadora del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini-UNSAM, desde sus orígenes existió en el INTA una visión orientada a lograr una mejora en los rendimientos "en desconexión con las grandes problemáticas sociales y económicas del sector, que fue adquiriendo manifestaciones diversas en sintonía con las transformaciones políticas y económicas del país. Durante los '90, como señalan algunos de sus propios investigadores, el INTA estuvo muy cerca de convertirse en una suerte de consultora científico-tecnológica de validación y testeo de tecnologías extranjeras, y transferencia de tecnología a grandes productores capitalizados. Esta tendencia no ha sido totalmente des-andada, y en este sentido es posible reparar en la 'prudente' distancia que mantuvo el organismo en relación al reciente debate público sobre el esquema productivo anclado en el monocultivo sojero, y sus implicancias sociales, económicas y ambientales."

Asimismo Gárgano señala que "la contracara de la modernización capitalista del agro ha implicado (e implica) profundas dislocaciones en la estructura social agraria y la crisis de buena parte de las economías regionales." En este contexto, de acuerdo con la investigadora el INTA "aún tiene pendiente una evaluación crítica del modelo tecnológico vigente, y un accionar más comprometido frente a la realidad social y económica del agro argentino."

Por su parte, Pellegrini opina que a pesar de ser la institución más importante del país en investigación en temas agropecuarios, el rol del INTA en los debates públicos "es casi inexistente. Si bien ocasionalmente algunos de sus investigadores participan de organismos estatales de regulación sobre aspectos agropecuarios, muy rara vez se involucran en temas de discusión en la agenda pública. En un país donde las cuestiones agropecuarias son tan importantes, cada tanto las controversias y conflictos en estos temas toman un estado de discusión pública, y el INTA se abstiene de participar en ellas. Más allá de la poca disposición que en general tienen los científicos para comunicar sus puntos de vista en espacios de otra naturaleza, en el INTA esto se ve acentuado por su propia estructura jerárquica: es un organismo mixto, gobernado por representantes de instituciones públicas pero también por representantes de las distintas asociaciones de productores rurales". Y continua: "Mantener ese delicado equilibrio entre intereses tan diversos se logró limitando o sacrificando algunas actividades. Eso ha pasado con algunos intentos puntuales de desarrollos tecnológicos en el INTA, y ocurre de un modo general en lo que se refiere a su rol en la experticia. Así, con frecuencia sus investigadores no se involucran en los debates públicos para evitar generar crisis o malestar dentro de la institución".

"A mi juicio, el principal problema del INTA es compartido con otras instituciones de investigación y desarrollo: la asignación de un papel claro y objetivos vinculados a un proyecto de país y a una política de ciencia y tecnología que responda a este proyecto. Si bien creo que se trata de un tema complejo, sobre el que se avanza de forma positiva, hoy podrían remarcarse algunos interrogantes sobre los que habría que trabajar: ¿para quién debe producir conocimiento el INTA?, ¿se protege la propiedad intelectual del conocimiento producido en este instituto?, ¿los sectores de la economía que se benefician con este conocimiento participan activamente en el incentivo y sostenimiento de sus laboratorios?", concluye Hurtado de Mendoza.

De acuerdo con Casamiquela, presidente del INTA, el principal desafío de dicho organismo es sostener la presencia y el prestigio institucional como un organismo del Estado que actúa e interviene para promover el desarrollo económico y social. "Por otro lado, debemos maximizar las potencialidades que existen en nuestra institución en la mayor escala posible, para lo cual el INTA cuenta con una ventaja: la pluralidad. Trabajar con todos los estratos de productores, a lo largo y ancho del país, da una fortaleza institucional casi única dentro de los organismos del Estado. Y luego, las políticas de desarrollo rural y de la pequeña agricultura familiar, también vinculadas con el desarrollo y la transferencia de tecnología, son sin lugar a dudas cuestiones prioritarias", afirma y destaca que desde 2003 el presupuesto del INTA aumentó un 660 por ciento, es decir "que pasó de cien millones de pesos en 2002 a mil millones en 2009-2010. Esto se debe a decisiones del gobierno, vinculadas con decisiones políticas. Cuando en alguna época se quería privatizar el INTA, hoy le estamos poniendo seis veces su presupuesto. Cuando en una época se pensaba que la extensión debía estar separada, hoy creemos que la gran fortaleza institucional es trabajar con investigación y extensión y todo el proceso de desarrollo que esto involucra. Y hubo, en cuanto a los recursos humanos, dos efectos muy importantes; el primero es que en el período mencionado se ha duplicado la planta de personal. Esto genera un impacto dentro de la institución e inevitablemente se detecta porque se genera mayor inversión: la inversión del INTA en los últimos siete años es 20 veces mayor respecto de la inversión del período 1995-2002. Entonces, los impactos son doblemente importantes: hay una masa presupuestaria más grande y hay una asignación presupuestaria para recuperar espacios perdidos de inversiones institucionales en equipamiento e infraestructura", enfatizó Casamiquela.

EL INTA DURANTE LA ÚLTIMA DICTADURA

Al igual que otros organismos de Ciencia y Tecnología, durante la última dictadura (1976-1983) el INTA fue intervenido. "Un antecedente inmediato fue una intervención previa, en mayo de 1975, durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, período en donde comenzaron a circular las primeras 'listas negras' dentro del Instituto. A poco de producido el golpe, la Marina designó un interventor militar (Alberto Rafael Heredia), y luego uno civil (David Arias), quien en un informe presentado en 1978 afirmaba que el Instituto había iniciado un 'camino de adecuación institucional en beneficio del agro argentino'. La 'adecuación' comenzó con un operativo militar en el Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias del INTA, que culminó con la detención de técnicos, investigadores y personal de campo, situación que también sufrieron integrantes de las distintas Estaciones Experimentales del organismo; que aún no ha reconstruido la lista de su personal detenido y desaparecido", afirmó la historiadora de la UBA Cecilia Gárgano, becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) e investigadora del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini -UNSAM

En ese período cientos de trabajadores del INTA fueron dejados cesantes por "razones de seguridad", y muchos otros continuaron trabajando en un marco de autocensura, destaca Gárgano. "En 1976 el decreto 3369/76 suprimió la autarquía financiera de la que disponía el Instituto. Las actividades de posgrado en Economía agraria y Extensión rural desarrolladas en la Escuela para Graduados en Ciencias Agropecuarios fueron canceladas, se interrumpieron investigaciones en materia de genética aviar y ecología, y estudios que se proponían intervenir en los grandes problemas económicos y sociales del agro. Muchos militantes gremiales fueron perseguidos, como así también aquellos técnicos e investigadores que trabajaban junto a cooperativas agropecuarias y organizaciones campesinas, orientación que, por otra parte, nunca fue prioritaria a nivel institucional", subraya la investigadora.

En sintonía con la intensificación del proceso de concentración y centralización de capital en el agro y la reprimarización de la economía, la investigación se concentró en desarrollos tecnológicos ligados a la agricultura pampeana de exportación, y en la generación y transferencia de paquetes tecnológicos de los cultivos clave. "El Instituto orientó sus actividades hacia la investigación básica, centrada en la provisión de los recursos genéticos fundamentales para desarrollar nuevas variedades, mientras que las fases posteriores fueron concentradas en manos de empresas privadas. Así, investigaciones científicas y tecnológicas en áreas estratégicas realizadas en el ámbito público, terminaron financiando y asegurando la rentabilidad de capitales privados. Las prioridades se vincularon en muchos casos a incrementar la productividad de los grandes productores de granos localizados en la Pampa Húmeda, exponentes de la fracción más concentrada de la clase dominante nacional. El área de extensión también fue una de las más afectadas y reducidas. Se reorientaron las actividades en función de promover la transferencia de tecnología a grandes productores capitalizados, para lo que fueron incorporados extensionistas acordes al nuevo perfil", puntualizó Gárgano.

El discurso que acompañó las actividades buscó fomentar la "capacidad empresarial" y se alejó del contacto directo con las comunidades rurales y sus problemáticas, a pesar de que la retórica institucional continuó proclamando el trabajo con la "familia rural", afirma la historiadora. Y agrega que de ese modo se inició "una etapa de fragmentación y mercantilización del conocimiento producido, que habría de profundizarse en las décadas posteriores."

Para estudiar el INTA durante esa etapa, Gárgano y sus colegas acudieron a las fuentes disponibles. "Las fuentes son variadas y muy ricas, pese al estado de dispersión en el que se encuentran. Fundamentalmente, consisten en documentos internos de trabajo, publicaciones de los departamentos del organismo, memorias institucionales y técnicas, entre otras. También trabajamos relevando la información referida al INTA en los principales medios gráficos del período, y con entrevistas a integrantes y ex integrantes del Instituto, que constituyen un elemento clave para la reconstrucción y análisis de la dinámica histórica del pasado reciente en las áreas de Ciencia y Tecnología", subraya la investigadora.

 

 

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