Cristalografía en la cárcel

“Al igual que el médico puede observar nuestros huesos irradiándonos con rayos X, los cristalógrafos, empleando también este tipo de radiación, somos capaces de determinar cómo se enlazan los átomos y la fortaleza de los distintos enlaces”. Fernando Lahoz, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA), explicaba así la importancia de conocer la estructura molecular de cualquier compuesto en la conferencia que impartió en la semana pasada en el Centro Penitenciario de Zuera, impulsada por la Asociación Ciencia Viva.

Rosa Castro - Aragón Investiga | Aragón “Al igual que el médico puede observar nuestros huesos irradiándonos con rayos X, los cristalógrafos, empleando también este tipo de radiación, somos capaces de determinar cómo se enlazan los átomos y la fortaleza de los distintos enlaces”.

Fernando Lahoz, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH), explicaba así la importancia de conocer la estructura molecular de cualquier compuesto porque “si lo modificamos por dentro, podremos modificar sus propiedades físicas y químicas”.

Sobre este tema y con el título de “”Cristalografía de rayos X: hurgando en la estructura de la materia ” este científico impartió hace unas semanas una conferencia en un contexto nada cotidiano: el Centro Penitenciario de Zuera. Allí, con un lenguaje divulgativo, Lahoz acercó el saber científico a los más de 100 reclusos que asistieron a esta actividad con motivo del Año Internacional de Química, impulsada por la Asociación Ciencia Viva, dirigida por Miguel Carreras.

Esta ponencia se centró en la importancia de la Cristalografía, una ciencia multidisciplinar en la que intervienen disciplinas como la Física, Química, Biología y Medicina, cuyo fin es estudiar y comprender las estructuras cristalinas, adoptadas por cualquier sustancia cuando se forman en condiciones favorables. “Las aplicaciones son múltiples, como por ejemplo en el mundo farmacéutico, donde la mayoría de empresas multinacionales tienen un grupo de investigadores trabajando en Cristalografía”, apuntó este experto que está reconocido internacionalmente por su trabajo en el empleo de distintas técnicas cristalográficas para la determinación de la estructura molecular.

El único método que permite determinar de modo exacto la estructura molecular de cualquier producto, ya sea un fármaco, un mineral, una proteína o, incluso, un virus es la difracción de rayos X. A través de esta técnica se puede conocer la estructura de cualquier sustancia, dependiente de cómo se encuentran organizados los átomos y moléculas, que son las unidades más pequeñas que conforman un material. “Si cambio la estructura, cambio las propiedades”, aseguró Lahoz, que centra su interés científico en el establecimiento de relaciones en la estructura de compuestos con propiedades catalíticas, enfocando su actividad científica en la catálisis, “diseñamos compuestos, centrándonos en su actividad catalítica” o proceso por el cual se aumenta o disminuye la velocidad de una reacción química.

El ISQCH, conjuntamente con el Instituto de Ciencias de Materiales de Aragón (ICMA), cuenta en la actualidad con cuatro difractómetros de rayos X, desde 1987, fecha en que se contó con el primer equipo. Así mismo, en el año 2001 se configuró como Centro de Excelencia de Difracción de Rayos X, junto con la filial española del grupo la empresa Bruker Corporation.
La Cristalografía permite conocer a nivel microscópico la estructura interna de distintos materiales como cristales líquidos, polímeros, minerales, proteínas, fármacos… “A través de este proceso podemos conocer la estructura de la materia y con ella cuáles son sus propiedades magnéticas, eléctricas, catalíticas, etc”, señaló este investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, poniendo como ejemplo la estructura del diamante, conformada por átomos de carbón.

El misterio de los cristales gigantes

Un documental apoyó la conferencia que Fernando Lahoz impartió en la cárcel de Zuera el pasado martes 24 de mayo: “El misterio de los cristales gigantes”. Esta grabación, dirigida por Javier Trueba, es una pieza de divulgación subvencionada por la Fundación de Ciencia, Tecnología y Universidad (FECYT), que permitió a este público no especializado adentrarse en las profundidades de la Tierra, en busca de los más bellos tesoros del mundo mineral, para explicar así uno de los grandes misterios: la formación de cristales gigantes de yeso.
Varios fueron los escenarios que los reclusos de Zuera pudieron visitar a través de la gran pantalla del salón de actos, lugar donde se impartió esta ponencia. En este documental, presentado por el investigador Juan Manuel García Ruiz, se realizó un viaje desde las minas romanas de Segobriga, la geoda más grande de Europa, ubicada en las proximidades de Cuenca; las profundidades volcánicas de la cordillera andina y la grandiosa cueva de los Cristales de Naica, un auténtico palacio de cristal oculto bajo el desierto de Chihuahua (México), que hizo lanzar exclamaciones de admiración entre el público.

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