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Participación

Las propuestas de Arte Comunitario (o acciones basadas en las relaciones humanas que se promueven, reconocen y celebran en una comunidad determnada), colaboran en la construcción de un relato colectivo basado en los acontecimientos, símbolos y expresiones de vida que concurren en la escula infantil como celebración de encuentros posibles en un singular "entramado de biografías". Esta manera de plantear el arte en comunidad se hace visible mediante acciones asadas en la participación, la integración y el compromiso que se sirve de las manifestaciones artísticas como facilitadoras de los pocesos de los procesos necesarios para un convivencia creativa.

Las propuestas de arte comunitario en contextos escolares pueden servir como transmisión de valores, cultura y afectos. El lugar donde se representan y desarrollan estas experiencias es el espacio de la vida. El arte toma forma y sentido a través de las acciones que promueve y realiza una comunidad, y esto ocurre en la escuela cada día, tan solo hace falta reconocerlo como importante.

El arte como contexto de vida y relación

Algunas manifestaciones del arte contemporáneo pueden ser integradas en la escuela infantil para la innovación educativa y como modelo de desarrollo comunitario. Hablamos entonces en la escuela de una forma de arte que nos conecta y cuyo principal valor reside en la calidad de las relaciones humanas que promueve, reconoce y celebra. Esta manera de plantear el arte en comunidad, se manifiesta mediante acciones o proyectos que involucran en su propia dinámica a un colectivo. Acciones comunitarias basadas en una participación creativa que se sirve del arte como facilitador de procesos para identificarse con la vida, la elaboración de sentido y la afectividad.

El arte se convierte entonces en un compromiso para aprender de nosotros mismos y de los demás, siendo el resultado de estas acciones colectivas, la representación de encuentros posibles y la creación de las mejores condiciones para el intercambio y la calidad de vida escolar. El arte que reconoce la estética de las relaciones se basa en conceptos como la democracia cultural, la participación inclusiva de toda la comunidad educativa, el diálogo para el consenso y la gestión del conflicto, etc. El producto artístico se valora entonces desde el crecimiento personal y comunitario que supone el enriquecimiento de la escuela vivida como contexto social y cultural. Esta idea del arte, como estado de encuentro con el otro, también se basa en relaciones de confianza mutua, pues cada aportación se considera valiosa por ser original y única. El arte comunitario puede ser, de esta manera, motor de transformación social y educativa ya que los modelos cooperativos replantean necesariamente el concepto de lugar, el sentido de pertenencia, las estructuras simbólicas que comparte una comunidad, el concepto de identidad basado en procesos de vida de sujetos en continuo tránsito, etc.

 

Construir un relato compartido a través del arte

Las propuestas de arte comunitario se manifiestan de diversas maneras, muchas de ellas, mediante acciones efímeras y sutiles que se viven en el día a día para construir las narraciones del “estar juntos” en la escuela. Narrativas que se corresponden, tanto con los momentos extraordinarios como también las rutinas, sirviendo para reconocer lo verdaderamente importante y para presentar a los demás las conexiones que se producen en ese entramado de biografías que es la escuela infantil (aunque éstas acaben apenas de comenzar en el caso de los niños y niñas más pequeños). También se pueden representar estos relatos de vida de manera permanente y comunicable. La documentación puede ser una manera de conocer y comprender mejor estas acciones, pero también la instalación como forma de fijar un suceso reconocible en el tiempo y en el espacio escolar. Asimismo, las propuestas performativas a través del juego espontáneo y libre, consideran la vida como el mejor escenario para representarse a sí misma (la performance en la escuela entendida como forma de hacer visible el aprendizaje), también es una manera de pensar que el futuro es una historia compartida que comenzamos a imaginar desde la infancia. Éstas y otras formas del arte comunitario como proyecto escolar, nos permiten profundizar en el entretejido esencial de la construcción social del conocimiento como experiencia dialógica, entendiendo que somos creativos en el reconocimiento de la creatividad de los otros y como acto generoso de servicio a la comunidad. Así, el arte descubre relaciones inéditas entre los acontecimientos y las personas que conviven en el espacio escolar, constituyendo al mismo tiempo, revelación y conexión con el mundo.

En estos proyectos de arte relacional, cada niño o niña, educador o familia, realiza aportaciones que siempre se consideran valiosas por ser únicas e irrepetibles. Así, cada mínimo gesto, imagen o significado, pueden ser el hilo invisible que sirve para tejer el sentido de la narración escolar que se comparte después en elespacio educativo, entendido también comoimportante contexto socialy lugar simbólico para la celebración del “nosotros”. Así, los objetos, las imágenes y las palabras, por ejemplo, sirven para la re-presentación y memoria de estos procesos.

Mediante estas iniciativas, la comunidad educativa se reconoce a través de acciones significativas que favorecen el sentido de pertenencia a un colectivo. El reconocimiento de las manifestaciones de la cultura escolar a partir de historias cotidianas, narran los procesos de vida en común que se ayudan también de la simbología de los ambientes o espacios (la forma circular, por ejemplo, es una representación “democrática” de la inclusión, la igualdad y la aceptación en el grupo). También la configuración del espacio educativo es un dispositivo estético que favorece el desarrollo comunitario abordado a través de un proyecto que debe ser siempre visible y comunicable. De esta manera, el arte que promueve el intercambio y la comunicación entre las personas que conviven en el contexto escolar, presenta los sucesos del día a día en una dimensión estética (y por lo tanto, ética) de la participación. Gracias a estos escenarios de la diversidad, es posible la gestión de un modelo de escuela integrada en un contexto social que propone nuevas formas de relación y entendimiento mutuo.

 

 

Espacio circular de juego para la representación simbólica de la “forma comunitaria”. Los niños y niñas transforman el espacio promoviendo nuevos órdenes y significados en la realización, colaboración y gestión de un mismo proyecto de juego. (Foto e instalación: Javier Abad)

Así, las acciones de arte comunitario en la escuela infantil se pueden generar desde diferentes propuestas colaborativas del arte contemporáneo (proyectos de arte, instalaciones o performances comomaneras de fijar los sucesos en el tiempo y el espacio) que posibilitan una situación de reconocimiento de los vínculos que conllevan la transformación compartida del espacio, la construcción en la escuela de una identidad propia y la elaboración dialógica del mensaje que se pretende transmitir con la implicación activa de toda la comunidad educativa. En definitiva, las formas del arte comunitario descubren relaciones inéditas entre los acontecimientos y las personas, constituyendo al mismo tiempo, visión y conexión con una misma realidad.

Estas diferentes propuestas sirven también como transmisión de los valores que se manifiestan en el espacio escolar como verdadera metáfora de vida. Esto es, el arte toma forma y sentido a través de las acciones que promueve y realiza una comunidad, existiendo la posibilidad de un crecimiento colectivo que emana siempre de las mejores condiciones para el intercambio humano y con la consiguiente mejora de la calidad de vida escolar (no solo para la infancia, sino también para los adultos). Hablamos entonces de una manifestación del arte que nos conecta y cuyo principal valor reside en la calidad de las relaciones humanas que promueve, reconoce y celebra en esta participación creativa.

Arte comunitario en la escuela infantil para:

  • Celebrar que estamos y aprendemos juntos en la escuela.
  • Ingresar en una cultura de símbolos.
  • Crear encuentros en un contexto de relaciones.
  • Entender el arte como experiencia significativa.
  • Ofrecer visibilidad al proyecto educativo y la cultura escolar.
  • Manifestar valores humanos.
  • Reconocer el  juego compartido como metáfora de vida.
  • Crear el sentido de pertenencia a una comunidad.
  • Recoger las narraciones de la escuela.
  • Presentar un espacio de reconocimiento e identidad compartida

 

     
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