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EL CAMPUS EUROAMERICANO DE COOPERACIÓN CULTURAL

 

 

La idea de los Campus Euroamericanos de Cooperación Cultural, espacios de encuentro y reflexión sobre el sector cultural en el entorno euroamericano, nació de la “observación sobre la falta de espacios de interacción y de encuentro en el ámbito euroamericano de la cooperación cultural”(1), en un contexto de profundas preocupaciones y expectativas respecto a los sistemas culturales y al potencial de la cooperación cultural internacional para el desarrollo.

 

Se trata, como afirmaba en la publicación del Primer Campus Eduard Delgado, de “un espacio semiformal y convivencial que propicia la relación entre personas cuyos compromisos mutuos se basan en afinidades cómplices e inmediatas más que en los intereses estratégicos de sus organizaciones”. De ahí la elección del nombre Campus para designar este espacio, y no simplemente conferencia, congreso, encuentro o seminario. El objetivo era introducir en el lenguaje del sector cultural, incorporándole nuevas dimensiones de cooperación activa y directa, un concepto que llegaría a ser un equivalente semántico de los términos anteriormente mencionados. Otra de las razones es que el nombre se traduce por igual en una gran mayoría de los idiomas y por eso tampoco causaría problemas en términos de dominios lingüísticos.

 

El Campus se introdujo en un contexto, el de finales del Siglo XX y principios del XXI, en que como consecuencia de los cambios acelerados de la sociedad, el desarrollo y la gestión de las políticas culturales, como otros sectores de la vida social, se enfrentaban a nuevos escenarios emergentes. Las políticas culturales, principalmente orientadas a procesos internos de planificación, gestión y evaluación, mostraban sus propios límites al no abordar sus relaciones con contextos cada vez más amplios. De hecho, a pesar de las obligadas actuaciones de proximidad y de inmediatez, el sector cultural se enfrentaba al reto de integrar y aceptar, de forma proactiva, su necesaria respuesta a los problemas de mundialización. Por otra parte, las reflexiones sobre la importancia de la cultura para otras estrategias, y más concretamente dinámicas de desarrollo económico y social, confirmada por los procesos de cooperación cultural promovidos y apoyados desde agencias internacionales, regionales y nacionales de cooperación,  administraciones públicas, corporaciones locales, tercer sector, ONGs, cuestionaban las lecturas clásicas sobre el papel de la cultura en su entorno.

 

Igualmente, la aparición de nuevos actores, organizaciones voluntarias o mercantiles, que operaban en el campo de la cooperación internacional de forma paralela a los Estados y las instituciones supranacionales, fomentaron una nueva forma de contactos bilaterales y la constitución de relaciones multilaterales y redes culturales. También las organizaciones intergubernamentales empezaban a apoyar programas y proyectos culturales internacionales y transcontinentales.

 

Estos procesos se produjeron en paralelo en Europa y América Latina, con grandes perfiles simétricos de reflexión política y de desarrollo organizativo del sector cultural pero lo que faltaba eran espacios comunes de reflexión e intercambio de ideas y experiencias. Estos servirían para crear alianzas basadas en valores e intercambios creativos y para anudar nuevos lazos entre organismos oficiales transnacionales y los procesos de transnacionalización cultural sobre el terreno.

 

Construir un espacio de relaciones en el sector cultural entre estos dos continentes, que tomaba como punto de referencia el eje Iberoamericano, por ser un puente privilegiado no sólo por razones lingüísticas, resultaba fundamental. De hecho,  América Latina hallaba en Europa su referencia para el crecimiento de las nuevas políticas culturales en la sustentabilidad democrática y el crecimiento económico y Europa hallaba en América  Latina las respuestas a muchas preguntas sobre el marco ético político de la acción cultural, los procesos de socialización de la creatividad  y la relación entre modernización y "seguridad cultural".

 

En este escenario se necesitaba un espacio de actualización temática, conexión de redes de trabajo, intercambio de experiencias y fomento del trabajo cooperativo para organismos intergubernamentales y de cooperación, patrocinio y promoción cultural, redes artísticas y de patrimonio, para todos los actores y operadores del sector cultural de las dos regiones geopolíticas que tuvieran responsabilidades en políticas públicas territoriales o de investigación,  así como promotores culturales independientes, y todas las personas interesadas en el tráfico cultural entre Europa y América Latina, fueran investigadores, docentes, directores de proyectos, consultores, comunicadores culturales, activistas y agentes culturales, gestores o, para aumentar la interdisciplinaridad, artistas, estudiantes, jóvenes, entre otros.

 

En este marco nació el Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, impulsado en el año 2000 por la Fundación Interarts, que ya tenía experiencia en la organización de un Campus Euroasiático y varios Campus Euromediterráneos, y asumido simultáneamente por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) para promover la colaboración y la implicación del espacio iberoamericano. El objetivo principal siendo rescatar reflexiones y experiencias significativas desarrolladas en la región euroamericana, y dotar a los participantes de formación profesional y actualización de conceptos. Además, el Campus se propuso ser un espacio propicio para difundir documentos internacionales de referencia, recomendaciones y conclusiones de los principales organismos e instituciones que trabajan en el tema de las políticas culturales desde ámbitos nacionales, regionales o locales, reafirman la actualidad e interés de los procesos culturales en la agenda internacional.

 

Además de las dos organizaciones impulsoras, las ediciones de los Campus Euroamericanos, han contado con los auspicios de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), a través del Programa Acerca que ha constituido un apoyo clave para el desarrollo de este proyecto a lo largo de los años. Al mismo tiempo, cada edición ha visto la presencia de uno o más colaboradores locales, permitiendo plasmar a nivel local la celebración de estos eventos y reforzar los lazos de cooperación cultural, tanto a nivel institucional, como a nivel profesional y personal (Anexo 2).    

  

Como ya se ha anticipado en los párrafos precedentes, los objetivos primarios del Campus son de instituir un espacio de encuentro e intercambio a partir de una reflexión sobre las posibilidades de cooperación cultural y crear las bases para la cooperación cultural internacional. Es decir, impulsar, analizar y fomentar las vías existentes de cooperación cultural entre ambos continentes, pero también innovar y abrir nuevos espacios de diálogo. Asimismo, el Campus busca fomentar la transferencia de conocimiento, intercambio de experiencias, interacción entre los investigadores y construcción de proyectos comunes para crear nuevos imaginarios de cooperación en forma directa y efectiva.

 

Siempre se ha querido promover y ampliar la interacción y la colaboración “transcontinentales”, que llevarían a mutuas ventajas, por ejemplo estimulando la definición de espacios comunes en el campo artístico, educativo, de investigación, económico y político que permita una mayor presencia de programas culturales en las acciones de la Unión Europea de América Latina. Además, no cabe subrayar que favorecer el conocimiento mutuo ayuda al entendimiento entre las diversidades de las culturas de los dos continentes.

 

 

De hecho, el tema de la diversidad cultural aparece varias veces a lo largo de las ediciones del Campus, por ejemplo abordando discursos sobre la diversidad cultural en espacios urbanos, el dinamismo de las identidades culturales o la relación entre derechos culturales y diversidad. Igualmente, a partir de los debates acerca de los derechos culturales y del derecho a la cultura, las instituciones que convocan los Campus pretenden contribuir al objetivo de reconocer y de poner en valor la importancia de la diversidad cultural y lingüística de las sociedades iberoamericanas, que expresan la multiplicidad de identidades nacionales, regionales, locales y comunitarias de las mismas, así como su patrimonio cultural compartido.

           

En el marco del Campus los espacios y procesos locales han tenido cada vez mayor visibilidad. En las conclusiones del IV Campus, por ejemplo, “se apuntó la conveniencia de fortalecer los marcos de cooperación que puedan ejercer el contrapeso entre la debilidad de ciertos espacios locales y el vigor y la influencia del contexto internacional, y se constató la existencia de algunos marcos interesantes de cooperación interlocal, uno de los ejemplos de la necesaria diversificación y democratización de la cooperación cultural y que puede contribuir en particular al intercambio de buenas prácticas”(2). En efecto, una de las prioridades de los Campus es el papel de la cultura en el desarrollo, la piedra fundamental del trabajo de todos nosotros. La celebración del Campus en América Latina en tiempos de desequilibrios económicos y políticos, a los que Europa tampoco es ajena, es un escalón más en el proceso de comprometerse con problemáticas locales.

 

Además, las dinámicas de globalización e internacionalización ponen sus retos a los mecanismos locales y a la formación de los profesionales de la gestión cultural. Este es uno de los ejes de los espacios del Campus que cada vez cobra mayor importancia; dar visibilidad y conectar los procesos locales con otros que de otras formas no tendrían acceso a los canales de información.

 

En este contexto, entre otros, la acción de los Campus ha sido marcada por favorecer la constitución, la promoción, y el trabajo de las redes, por todas las ventajas que esto comporta para los que forman parte de ellas. “No son las culturas que se dialogan sino las personas” dijo Alfons Martinell. Para poder fomentar, formalizar y dar visibilidad a la cooperación cultural la creación y fortalecimiento de las redes culturales y artísticas es imprescindible. Uno de los retos del Campus es buscar nuevas alianzas y complicidades.

 

Asimismo,  la actividad del Campus se compromete para desarrollar formas de cooperación en la formación en el campo de la cooperación cultural internacional a partir de seminarios y cursos. Por ejemplo, en los Campus se ha dado lugar a la puesta en marcha de actividades formativas en materia de políticas culturales y gestión cultural en América Latina, como postgrados o diplomados, cursos o programas de formación activados en las diversas universidades del entorno euroamericano.

 

Para lograr estos y muchos otros objetivos, la forma adoptada por el Campus es la de un encuentro presidido por aportaciones teóricas, conferencias plenarias, sobre el espacio cultural euroamericano y talleres de debate específico sobre los diversos temas destacados en cada edición, como por ejemplo las condiciones de la cooperación en las áreas de investigación, políticas y redes, presentación de proyectos, información sobre programas intergubernamentales. Con el tiempo se han desarrollado también debates, mesas de experiencias y foros abiertos a redes, grupos de trabajo, encuentros y procesos de proyectos de cooperación, además de la disponibilidad de documentación, bibliografía y cooperación electrónica.

 

La metodología del Campus Euroamericano también prevé la alternancia de los continentes como sede de las ediciones. Esto facilita la participación de actores procedentes de los distintos países, permite una representación equitativa de ambos espacios geopolíticos y tiene repercusiones positivas sobre todo para aquellas zonas caracterizadas por culturas menos prolijas o con más dificultades en el acceso al los mecanismos culturales globales.

Esta es precisamente la finalidad del Campus Euroamericano, permitir a personas que trabajan en todos los ámbitos del grande y multifacético sector cultural y en áreas geográficas muy distintas y lejanas no sólo en un sentido espacial, encontrarse y compartir, también y sobre todo a nivel informal,  información, experiencias, ideas, que puedan llevar a la creación de proyectos de cooperación, o que otorguen, a quienes los necesiten, los instrumentos para acceder a todos los recursos que existen y que a veces se quedan desconocidos por los demás.

 

Se podría concluir que el Campus se describe como un espacio donde se busca la sabiduría de las preguntas más que el conocimiento de las respuestas. Es un “think tank” destinado primordialmente a sus propios protagonistas aunque sus elaboraciones pueden ser de provecho para eventuales observadores y escuchadores. Se trata de un espacio con vocación de desembocar en la acción: un lugar donde el privilegio de pensar se une a la responsabilidad de actuar.

 

Por lo tanto, se nutre de la diferencia en un ejercicio ético tácito por el que cada cual aporta lo más original de su pensamiento y lo más elaborado de su duda. También aporta lo más fresco de su información y lo más cálido de su amistad. Un Campus es un espacio ético donde se trata de cooperación, donde se entiende que el principio de la equidad debe presidir cualquier intercambio en la cultura y las artes (como en toda actividad humana) sabiendo que puede haber medidas para la igualdad pero la equidad solo se mide en el sentimiento común.

 

Es, en definitiva, un espacio privilegiado donde se confunden por unos días lo lejano con lo cercano, sin mistificaciones de distancia ni derechos de proximidad. Es la mejor contra-metáfora de la mundialización; no se trata de una dispersión de lo puntual sino de una implosión de lo global, ejercicio de reducción del número de cosas verdaderamente importantes. Las que nos conciernen a todos.

 

Finalmente, el Campus acoge en cercanía a una gran familia, es un lugar en el que ésta se encuentra y lo hace más allá de sus diferencias lingüísticas y culturales. Por eso, una de las características esenciales de este espacio sigue siendo poder contar con la calidad humana e intelectual de sus participantes, de muy grato recuerdo para todos. Eso representa, sin duda, la parte más enriquecedora de los Campus.

 

NOTAS

 

1. Introducción al IV Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, OEI, Madrid, 2005.

 

2. Informe final del IV Campus, 2005.

 

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