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JÓVENES Y CULTURA
Mónica Vul.

 

 

Por ser la juventud un termómetro social, es entre los jóvenes donde se manifiesta con claridad y donde irrumpen los efectos del malestar cultural: la fiebre del consumo, el culto a las drogas, la violencia de pandillas, la violencia de géneros, la creciente anorexia y bulimia entre los jóvenes impulsada desde las pantallas televisivas, la desorientación en cuanto a la diversidad sexual, y un gran etcétera parece desbordar los intentos de contención legales e institucionales.

 

Como dijera el cantante Marilyn Manson cuando el entrevistador Michael Moore le pregunta “¿qué les dirías a los jóvenes de Columbine?”, en su documental Bowling for Columbine,  “no les diría nada, los escucharía”. Documental muy actual, dado la dolorosa situación de los últimos acontecimientos en la Universidad Politénica de Virginia Tech, Estados Unidos.

 

Parece importante, para abrir nuestro debate, tomar en consideración algunas afirmaciones de quien fue considerada una de las más originales teóricas en política de los años 70, Hannah Arendth, dice: “es verdad que en todas partes, esta generación parece caracterizarse en términos psicológicos por una valentía inmensa, una extraordinaria voluntad de actuar, y una confianza no menos extraordinaria en la posibilidad de cambio, estas son cualidades y no causas”, y mas adelante agrega “…el progreso tecnológico nos esta conduciendo directamente hacia el desastre, de que las ciencias, tal y como se enseñan y se aprenden en esta generación, no solo se han mostrado incapaces, de rectificar las consecuencias desastrosas de su propia tecnología, sino han llegado a un punto donde resulta imposible encontrar quehacer alguno que no se convierta en guerra.”(Arendth, 1970:20)

 

Sabemos que durante el siglo XX los jóvenes han protagonizado y estado presente en los cambios, en las luchas sociales y culturales. Han participado en la revolución rusa en mayo del 68, en algunos países han sido vitales promotores de reformas universitarias, también víctima de la siniestra situación de la desaparición de personas durante los años de las dictaduras militares principalmente en América Latina.

 

Son, sin duda un instrumento vital, de gran dinamismo y capacidad creativa para promover la cultura y su proyección hacia diferentes espacios socioculturales y constituyen un elemento de valor incalculable en la promoción y transmisión de valores, tradiciones, y otros legados sociales así como en la reformulación y creación continuas de una cultura cuyos ejes bien pueden ser, sobre la base de la contribución juvenil, la diversidad, la solidaridad y la participación democrática.

 

Hoy, los discursos dominantes, aliados a los medios masivos de comunicación tienden, no solo a negativizar su imagen sino a focalizar en ellos la violencia, a considerarlos peligrosos por el solo hecho de su condición subjetiva de jóvenes.

 

Muchas leyes los describen como enemigos nacionales (prohibición de salidas nocturnas, estado de sitio, reunión prohibida a la puerta de las casas colectivas, etc.). Hasta un ministro francés se apoya sobre un documento de investigación psicológica para declarar que la peligrosidad de los niños debe ser detectada antes de la edad de los 4 años, sin ver que esta concepción anula toda posibilidad de educación y demuestra la mentira de las políticas de integración. (Sauret, 2006).

 

TIEMPOS MODERNOS

 

La lógica del lazo social contemporáneo esta dominada por el discurso capitalista, discurso que promete la fabricación del objeto que falta a cada uno: el sujeto acepta estar completado por prótesis , se piensa así mismo como un objeto de la misma naturaleza que su complemento, y es tratado por el discurso de la misma manera: “civilización”, sin nada que pueda despertar al sujeto del aburrimiento.

 

El sujeto joven protesta contra esa reducción a un objeto del mercado como al pensamiento único. Una prueba de esto son las  patologías del consumo: anorexia, bulimia, depresión, actuaciones contra sí mismo, suicidio, adicciones, perversiones diversas, etiquetas que  denuncian la violencia que resulta de la ruptura de los vínculos sociales y del deprimido “ego” incapaz en la competitividad de la sociedad capitalista. 

 

Por un lado el empuje al consumo, y la bulimización generalizada, que produce un sujeto a-ti-borrado, como lo denomina Daniela Aparicio (2003). Por otro lado, el intento anoréxico, de no entrar en la uniformidad de goce homogeneizado de esta época llamada pos modernidad.

La soledad toma un valor nuevo: golpea no solamente a quien la escoge sino también a quien no cuenta más con los medios de la palabra, a quien no es «exitoso» y rentable (Sauret, 2005).

 

Incluso vemos una exaltación de cierta condición “autista” de existencia que tiene sus consecuencias, cultura que responde a un ideal de completitud, abundancia y progreso, donde el valor de intercambio es aquello que cubre el orden de la necesidad, pero no aquello que responde al orden del deseo, del amor y  del lazo social.

 

En una realidad social que privilegia lo imaginario y la ficción, los medios de comunicación se encargan de impartir promesas de felicidad y totalidad. Por medio de una cultura que ofrece ideales de mismidad, belleza, eficiencia y éxito inmediato, sin costos, a condición de que se consuman mensajes ilusorios de imágenes prefabricadas y falseadas. Situación que lejos de asegurar el camino de acceso a la felicidad convoca al malestar individual y social, y provoca insatisfacción, violencia y finalmente, dolor. Discurso de civilización y cultura  que propone “super sujetos” en procura de acceder a la “super abundancia”.

 

Siguiendo esta línea no hay sorpresa en que sean muchos los sujetos  jóvenes de la época contemporánea que estén excluidos y atiborrados de productos, etiquetas, marcas y soledades.

 

Síntomas de malestar y manifestaciones de violencia que se encuentra estructuralmente ligada al lazo social, entendiendo por social,  el vínculo con los otros. Seré enfática en señalar por tanto, que no hay violencia que no se encuentre en relación al lazo social, dado que esta es la manera en que los sujetos se vinculan y viven en comunidad por medio de las relaciones sociales.

 

¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENEN PARTICULARMENTE EN LA JUVENTUD?

 

Hoy en día los jóvenes latinoamericanos se encuentran frente a un destino frágil. Bien lo decía una canción latinoamericana de Mercedes Sosa, lugar común para muchos jóvenes latinos, “que vivan los estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno”, sin embargo desde el año 68, la categoría estudiante había desaparecido del lenguaje, y de la visibilidad mediática.

 

Ahora vuelven a salir al espacio público para manifestarse, mostrar su descontento y eso nos lleva a pensar que hay un problema que los jóvenes están percibiendo y empiezan a pedir cambios estructurales, sociales, políticos y culturales.

 

Si bien América Latina padece de crisis similares, no es un continuo homogéneo y la configuración de movimientos sociales de protesta juvenil, posee características y configuraciones locales muy específicas.

 

En Centroamérica, por ejemplo El Salvador, el 50% de los jóvenes vive en condiciones de extrema pobreza (Regullo, 2006). Para muchos jóvenes de barrios marginales de El Salvador, Honduras o Guatemala la única posibilidad de inclusión, son las “maras”.

 

En la Segunda Encuesta Nacional de Juventud de México, ante la premisa “el futuro es tan incierto que es mejor vivir la vida, día a día”, el 90% decía que no se puede planificar el futuro. (Regullo, 2006)

 

En Costa Rica a partir de los años 90 la sociedad determina a algunos grupos juveniles como causa de alarma social, ya que surgen focos de violencia juvenil con cierta organización en algunas comunidades. Agrupaciones que funcionan como lugar de agregación de quienes buscan refugio, protección y son segregados por el entorno social.

 

A partir de los resultados obtenidos por la Encuesta Nacional de Seguridad en Costa Rica, del año 2004, hay una notable pérdida de confianza de un sector juvenil de la población. Situación que tiene que ver con un profundo desencanto político y una crisis de legitimidad por el deterioro de la democracia y los partidos políticos  como modelo gubernamental.

También en Costa Rica vemos los efectos de circunstancias sociales que aumentan las expectativas sin aumentar las posibilidades de alcanzarlas, incrementan la frustración y generan en los jóvenes, en un sentido, una promesa del orden de lo irreal, y en el otro, la cosificación de las relaciones humanas.

 

Son, sin duda una franja de la población ávida para los ofertadores de esperanza y los vendedores de falsas promesas, situación que provoca en ellos la idea de que son culpables de su propia inseguridad laboral, de no conseguir empleos dignos ni bien pagados, de ser tratados como deshechos, en grandes transnacionales donde si dejan un puesto hay 1000 detrás esperando el mismo lugar. Contratos temporales, breves y removibles a voluntad del amo.

 

Proceso perverso y obsceno al que Baumann llamaría la precarización del yo, o Giorgio Agamben (2006), “proceso mortífero de utopía individualista”, donde “el capitalismo como religión, no aspira a la transformación del mundo sino a su destrucción”(2006: 105), sumado a la polarización social donde un estudiante llega a la Universidad en un BMW, mientras el otro se debate entre pagar el pasaje del bus o comer. Nos encontramos hoy frente a los conectados y los excluidos del todo.

 

En los sectores mas carenciados, la mayor permanencia se dá en un ámbito signado cada vez más por la pobreza, el alcoholismo, la violencia y la marginalidad. Algunos núcleos periféricos de la ciudad son el asentamiento de sujetos perseguidos por la desocupación, la lentitud en la efectividad de las políticas sociales y el desalojo por las fuerzas del orden de sus precarias viviendas.

 

Guethos de la miseria que segregan los bordes de las concentraciones urbanas. Allí se encuentran jóvenes, que viven y duermen en las calles porque carecen de empleo, o el salario mínimo no les permite alquilar una habitación, entonces hacen su casa, su lugar, en cartones y se agrupan en algunos barrios.

 

Se los denomina “cartoneros”. Esta violencia económica y social se traduce por la exclusión del lazo social sobre un modo diferente del proletario de ayer, resultado de la venta de su fuerza de trabajo. Marx vio muy bien que en la sociedad de hoy, somos todos proletarios, no porque seamos obreros, sino, porque vendemos nuestra fuerza de trabajo.

 

Por otro lado, las casas y los barrios enteros están totalmente protegidos por rejas, guardias de seguridad privada, barreras que piden cada vez más identificación para entrar a una casa de visita y ni así se está protegido, “bajonazos”, asaltos a cualquier hora, “secuestros express”, la mayoría de la población civil, anda armada, por supuesto para protegerse de la ola de violencia generalizada que azota el país y la región en general.

 

El documental costarricense Doble Llave y Cadena, ganador de cuatro premios en la muestra del 2005 de cine y video costarricense ofrece una magnífica radiografía del encarcelamiento y el miedo en el que viven las familias. Miedo sin duda acrecentado por los medios de comunicación. Debido a eso cada vez más gente viaja en coches con sus armas, o las tiene en sus propiedades.

 

Eso es exactamente lo que Moore señala muy bien en su documental Masacre en Columbine, hay que armarse para defenderse, defenderse de los otros que siempre generan peligro. Poner rejas, tener armas cargadas prontas para disparar; el peligro acecha, pueden ser abejas africanas, negros con cabello afro, tatuajes y aretes, dulces puestos para repartir en Haloween, no importa.

 

 Lo verdadero, lo cierto es que lo siniestro, lo ominoso viene de afuera e irrumpe en cualquier momento. El Otro nos amenaza, y ese lugar de Otro amenazante es ocupado por los jóvenes.

 

¿CAMBIO EN EL ESPÍRITU DE LA ÉPOCA?

 

Resulta de vital importancia hacer un viraje de posición, estudiar esta situación y la forma en que incide en los jóvenes para abrirse a la circulación de nuevos saberes y no a un fortalecimiento de la criminalización, el  autoritarismo, como reacción a los cambios de valores e ideales en el mundo contemporáneo.

 

Al respecto dice Martín Barbero (2006) “Una de las transformaciones más de fondo que pueda experimentar una sociedad es aquella que afecta los modos de circulación del saber… y ese saber puede circular por fuera de los lugares sagrados que antes lo detentaban y de las figuras sociales que lo administraban.”(Barbero, 2006: 8)

 

Para pensar la subjetividad relacionada a las diferentes épocas es necesario hacer la relación del sujeto al saber, en este caso, el de la ciencia y sus efectos en la tecnología, tal como lo produce la modernidad. 

 

El desafío pareciera ser convocar al deseo y la voluntad del sujeto joven e interpelarlo como un sujeto protagonista y activo en procesos y situaciones vinculadas con el “deseo de saber”, de “conocer”, y con la posibilidad de formularse preguntas cuyas respuestas circulen en otros lugares que no sean solo los académicos.

 

Por eso no podemos dejar de tomar en cuenta los espacios de agregación, (versus la des-agregación en que avanza el mundo) en que los jóvenes que son segregados, se unen para dar cabida a algo de la subjetividad creadora como modalidad resistencial, por ejemplo: el graffiti, el hip hop, incluso hasta el llamado “botellón” que aunque aparezcan como modos lógicos de  inciudadanía, sería necesario pensarlos también como una manera de reformular la cultura en la creación de nuevas formas culturales que son a la vez nuevas modalidades de relación con los otros, o como dice Jesús Martín Barbero, nuevos modos de estar juntos.

Pelo largo, tatuajes, pearcings, figuras acrobáticas, patinetes para moverse de un lugar a otro, que remiten a una forma de resistencia al discurso dominante y para éste, a la continua negativización de su imagen y la criminalización de su conducta, mediante la estigmatización y la imposibilidad de acceso al nombre propio, pandilleros, marihuanos, desviados o delincuentes, son las nominaciones para ese lugar de resto,  que ocupan en el imaginario  social.

 

Como mínimo todos ellos  tienen un rasgo, el del rechazo al vínculo social imperante. Como dice Michel Maffesoli (1997) “paradoja contemporánea”, que frente a la globalización del mundo, frente a la sociedad del bienestar, del desarrollo tecnológico, surge la necesidad del vacío, de lo inmaterial, así como el rechazo del sentido y de la ideología.

 

Paradoja que según el autor constituye el cambio de espíritu de la época, el fin de la modernidad.  Seria necesario pensar  cómo estos síntomas y otros constituyen también soluciones para alojarse en el campo social moderno, distintas maneras de agruparse contra un extranjero, un diferente, así como en la horda primitiva, lo social antes del lazo social.

La lectura del momento histórico actual que hace el sociólogo francés es que “Ellos, a fuerza del rechazo y aparente indiferencia, pugnan por una experiencia creadora y fundante de lo que quizás sean pronto las formas de socialidad que abrirán paso a nuevos modos de ser comunitarios”(Maffesoli, 2002) 

 

Tenemos por un lado una exacerbada individualidad que surge del deseo de “ser alguien”, aunque sea pagando con la vida y por otro, una necesidad y reivindicación del grupo y el colectivo, encuentros musicales, sectas, bandas, nacionalismos, fiestas raves, segregaciones sin objetivos políticos, ni ideológicos como los de otras épocas.

 

Nuevas formas de estar con otros, ante un cambio de época  de la que nos debemos dejar enseñar y aprender a escuchar. Son los jóvenes, como suele suceder,  quienes están cambiando las cosas.

 

La naturaleza de la violencia sugiere que, a pesar del atiborramiento que el mercado ofrece, el sujeto nunca esta saciado y no abandona su protesta que  testimonia de lo insostenible.

Por eso resultan tan vanas las campañas millonarias de prevención generadas por organismos humanitarios y gobiernos de turno, (prevención de la violencia, en sus múltiples manifestaciones, juvenil, escolar, de género, del suicidio, de la depresión, etc.).

 

Podemos deducir que la subjetividad de nuestra época es la de un sujeto joven frustrado, que no dispone de los medios de la simbolización, y que quiere todo inmediatamente, que pasa al acto. Esta frustración es la marca del deseo: el sujeto quiere siempre otra cosa. El capitalismo explota esta frustración para alimentar el mercado con nuevos valores vendedores, sin ver los nuevos síntomas que demuestran que el sujeto quiere aquello que  no se encuentra en el comercio. Nuestros jóvenes saben muy bien de eso.

 

Por eso, cuanto más puedan ejercer como sujetos autónomos, más capaces serán para ser actores sociales, circular en el mundo que les tocó vivir, hacer lazo social y saber leer los mensajes con los que son bombardeados permanentemente. Se hace necesario, entonces, apelar  a nuestra singular experiencia subjetiva en la apuesta a que el deseo no desaparezca en la lógica del discurso de la globalización, “del todos iguales y homogéneos”, sino que apunte a producir otra cosa.

 

Atender los deseos de la juventud implica una apuesta al porvenir. La contribución de los jóvenes en la promoción de la cultura debe ser analizada para que reciba un mayor y más claro reconocimiento en las políticas educativas y de orden cultural de la sociedad contemporánea, así como las políticas sobre juventud deben tomar en cuenta los cambios culturales.

 

Es importante reconocer aquellas áreas donde se proyecta naturalmente la juventud (recreación, deportes, aventura, música, danza y otras artes expresivas) y estimular la apertura de espacios donde se conjuguen los valores culturales preponderantes con las propuestas juveniles, aprovechando y  favoreciendo la capacidad dinámica y creativa de los jóvenes.

 

Imprescindible será entonces que los estudios y análisis de la contribución de los jóvenes, se realicen con su plena participación, buscando conocer de su parte los elementos socio-culturales de su preferencia, y el potencial para promover y fortalecer la cultura general de su sociedad, así como  la invención de nuevas formas y espacios culturales mediante los cuales la juventud tome la palabra ,(que de hecho ya la tiene), la iniciativa y la inmensa capacidad de  inventiva.

 

Dejémonos  enseñar por ellos, sabiendo de su potencial y desconfiemos de los discursos que prometen satisfacción absoluta, para todas las necesidades a costa del borramiento de las subjetividades y diferencias. Hagamos de alguna manera que los jóvenes puedan contar con cada uno de nosotros.  

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