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GLOCALIZACIÓN Y CULTURA. EL NEXO GLOBAL-LOCAL Y LAS POLÍTICAS CULTURALES URBANAS
Eric Corijn.
Director del Centro de Investigación Urbana Cosmópolis y responsable de POLIS (Postgrado en Artes en las Culturas Urbanas Europeas).

 

 

Lo urbano es la condición de vida de la mayoría de la humanidad. La urbanidad puede ser considerada como una mentalidad: la cultura de la globalización, entendida como una ampliación de la nacionalidad o una cultura de un mundo posnacional. Así mismo, la urbanidad es hoy por hoy el componente principal de la glocalización, el nexo entre lo global y lo local. En este sentido, la ciudad es el cruce más importante para la reconstrucción política y social y, por ello, el escenario principal para el diseño de un nuevo tipo de democracia participativa.

 

¿Qué tipo de democracia urbana debemos inventar? La democracia, la forma política que legitima el poder de la soberanía popular, supone la posibilidad de representación. La soberanía popular está representada en la nación, construida alrededor de una idea de identidad y tradición. La comunidad está basada sobre una historia común, y por ello está representada por una cultura identitaria.

 

En cambio, la ciudad no es un país: la ciudad implica convivir con extranjeros, combinar actividades diversas, compartir espacios multifuncionales. Los ciudadanos no comparten el pasado o la historia, sino que tienen identidades diversas; por ello, la tradición no alcanza a ser una base suficiente para ser comunidad.

 

Sin un pasado compartido, los ciudadanos solo tienen en común un destino, un futuro. Así, la cultura urbana es un proyecto híbrido que debe construirse a través de la participación; de esta manera se diferencia de una cultura dada y reproducida, como puede ser la cultura nacional. Por lo tanto, este escenario sobre el cual pretendemos construir un sistema democrático puede ser denominado como una ciudad creativa.

 

El proyecto sobre el cual debemos avanzar ha de tener un carácter transversal y multisectorial. Debe contemplar los cambios que llevaron desde una construcción jerarquizada a una fórmula tripolar, en la que intervienen el sistema mundial, el Estado-nación y las ciudades; fórmula en la que el glocalismo es un elemento importante, alimentado por el trabajo en red. El mismo componente de cambio debe ser contemplado en la relación también tripolar entre el gobierno y sus políticas, la sociedad civil y la población.

 

En este sentido, el gobierno urbano no puede ser la autoridad garante de la tradición y de la integración en la identidad histórica. Muy por el contrario, el gobierno urbano es el encargado de la dirección del escenario, la animación del proyecto y la mediación entre los actores que intervienen en la construcción de la cultura urbana.

 

Por lo tanto, se puede hablar de una nueva gestión basada en una coalición entre la sociedad civil, el gobierno y la población; trabajando conjuntamente en torno a un programa urbano concreto. Hablamos de una democracia participativa, en la que la sociedad civil y el gobierno aportan conjuntamente su visión y su misión, para la construcción de un proyecto dirigido a la población.

 

La concepción de un programa urbano concreto ayuda a contemplar la recuperación de la polis, a través de una relación tripolar entre la globalización, el Estado-nación y la población. La globalización y el Estado-nación están unidos por el sentido de la urbanidad como cultura; en su relación con la población, la primera aporta una visión cosmopolita, traducida en la sociedad civil, mientras que el segundo contribuye con una visión de la ciudad traducida en políticas urbanas. La interacción de todos estos elementos constituye lo que anteriormente mencionamos como proyecto urbano.

 

Este proyecto debe contemplarse en términos de cultura urbana, en la que se mezclan los elementos que la componen —como los proyectos urbanos y la participación— con los elementos de la cultura nacional —como la identidad, la tradición y la representación—.

La mezcla de ambos elementos permite un desarrollo sostenible de la sociedad y la preservación de la democracia y la diversidad.

 

Dado el carácter heterogéneo y multipolar de la cultura urbana, su gestión requiere de diversos actores y profesionales específicos.

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