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La Programación en el período 1999-2002

La Programación en
el período 1999-2002
        

Créditos

¿Qué es la OEI?

O que é a OEI?

Presentación

Apresentação?

Introducción

La Programación en
el periodo 1999 2000

Programas de cooperación

     Educación

     Ciencia

     Cultura

Observatorio de la Educación Iberoamericana

Iniciativas de Integración Iberoamericana

Otros proyectos y actividades

La OEI y los Programas "Cumbre"

Publicaciones, formación a distancia y recursos en red

l Reglamento Orgánico de la OEI define que es una función de su Consejo Directivo considerar y aprobar los proyectos bienales (Programas-Presupuesto) presentados por la Secretaría General.

En el cuatrienio que se analiza fueron elaboradas y desarrolladas dos propuestas marco de actuación bienal: la primera para el período 1999-2000 (aprobada en la 67ª Reunión Ordinaria del Consejo Directivo, celebrada en México en julio de 1999); la segunda correspondiente al bienio 2001-2002 (68ª Reunión Ordinaria del Consejo Directivo, que tuvo lugar en España en marzo de 2001).

Ambas estructuras programáticas, si bien contienen algunos matices específicos, forman parte de una misma estrategia de trabajo y cuentan con objetivos y enfoques comunes. Comparten, asimismo, las líneas programáticas consensuadas en la VIII Reunión Ordinaria de la Asamblea General de la Organización (Chile, noviembre de 1998). Ello permite presentar una Memoria de Programación consolidada que abarca el conjunto del período de gestión 1999-2002.

Líneas programáticas de la OEI

  1. La integración y cooperación económica, política y cultural.
  2. La educación, la ciencia, la tecnología y la cultura como vehículos de democratización, desarrollo y justicia social.
  3. La identidad cultural, y de principios, como consolidación de un espacio propio en el concierto de las relaciones internacionales.

 

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Principios Rectores

Iberoamérica constituye una región amplia y diversa que, sin embargo, posee una definición cultural y lingüística con territorios dispersos, unidos por un océano testigo de un tránsito inacabado de ida y vuelta de personas e idearios, de conocimientos, mercancías y capitales.

En este contexto, el espíritu de cooperación que anima a la OEI es el de colaborar en el proceso de construcción de la integración iberoamericana, que no sólo remite al pasado con sus valoraciones y polémicas, sino que en el presente procura el reconocimiento como próximos, y, sobre todo, fortalece una visión de futuro que alienta a construir un conjunto de relaciones menos asimétricas y más horizontales, y que fortalece las mejores posibilidades de integración de los países iberoamericanos en el mundo.

A partir del proceso de consulta realizado, la estructura de la Programación se define sobre tres ejes transversales que otorgan direccionalidad a todas las acciones: la paz, la equidad y la identidad. Estos constituyen puntos de referencia hacia el futuro, así como premisas a partir de las cuales se pueden formular estrategias que permitan generar las condiciones necesarias para el crecimiento y el desarrollo de nuestras sociedades.

La referencia a la paz encuentra fundamento toda vez que los pueblos han elegido la democracia como "forma de vida", y que ésta requiere una continua atención a las reglas y normas de convivencia. Una sociedad democrática es siempre perfectible (siempre se puede procurar más democracia), lo que implica tener como aspiración un estilo de relaciones sociales basado en el consenso, fundamentado en el reconocimiento del otro, centrado en la solidaridad y la reciprocidad. Aunque en el devenir histórico y en las interacciones cotidianas el acuerdo pleno sea imposible, la utopía del consenso da lugar a estrategias de construcción de acuerdos y procedimientos legítimos para la resolución de conflictos y para la toma de decisiones; es decir, a normas de acción y acuerdos democráticos, y a sociedades en las que las interacciones hagan referencia y sean interpretadas desde la reciprocidad y no desde la disolución de la diversidad de intereses. La paz así entendida no es ausencia de conflictos, sino búsqueda de consenso, tolerancia, diálogo permanente y reconocimiento de "los otros que disienten" como indispensables para la construcción de la comunidad.

No hay paz sin justicia. La equidad implica la referencia a la justicia social como horizonte que opera en las posibilidades reales de opción y en el ejercicio de la libertad. La globalización de factores de la economía, así como de las relaciones internacionales, coexiste con una creciente inseguridad y exclusión social de amplias zonas del planeta, fenómeno al que no son ajenos los países iberoamericanos. El valor de la justicia no puede estar ausente en la elaboración de un marco de referencia colectivo, puesto que la integración y el reconocimiento del otro deben traducirse en la generación de proyectos y estrategias orientados a la reducción de la pobreza, la integración social, la igualdad de género y la consolidación de las oportunidades de crecimiento y desarrollo social. El aumento de la institucionalidad, sobre todo de nivel local de los sistemas educativo, científico-tecnológico y cultural, genera también condiciones para la estabilidad política y sustenta el fortalecimiento de la democracia.

Iberoamérica no se reduce a un espacio de transferencia de capitales, de intercambios comerciales o tecnológicos. Las historias y culturas iberoamericanas pueden ser entendidas como un juego contrastante de identidades puestas en común, con una gran fuerza dinámica que permite pensar en una unidad regional que combina, alienta y fomenta su rica y singular diversidad. Esto lleva a reconocer la diversidad de los sujetos sociales de Iberoamérica y su variedad de lenguas; a evocar y revisar el pensamiento social que cimentó la constitución de las sociedades, y a prestar atención a las voces que hoy se expresan en esta extensa geografía; a dibujar nuevos perfiles y horizontes de sentido que puedan ayudarnos a construir una ciudadanía iberoamericana sobre la base de la diversidad de sus colectividades. La afirmación de estas identidades particulares se realiza dentro de una comunidad global, ya que la convivencia no es posible sin ciertos valores universales compartidos, sin un sentido de pertenencia a una comunidad más extensa. Por eso, la diversidad cultural de Iberoamérica requiere el complemento de su unidad, entendida como una referencia surgida de las interacciones que se va dotando de significados en el proceso histórico.

En Iberoamérica los tres ejes -paz, equidad, identidad- hacen referencia a problemas y cuestiones de distinta caracterización y actualidad. Sin embargo, todos los países se enfrentan a desafíos relacionados con ellos, con implicancias en ámbitos de la vida tales como los sistemas políticos, los modelos de desarrollo y su sustentabilidad. Los campos de la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura generan respuestas y propuestas que modelan a la sociedad.

El avance de la paz, la equidad y el respeto de la diversidad cultural en un marco de unidad, es una tarea colectiva que se presenta como un reto para la región. Por ello, estos ejes transversales recorren toda la Programación de manera más o menos explícita. Sin embargo, el desafío de la misma es lograr su expresión concreta en los proyectos que se diseñen.

 

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La promoción de la educación, la ciencia y la cultura

La inserción en un mundo globalizado se realiza en situaciones de desigualdad, lo cual condiciona el despliegue de las potencialidades iberoamericanas -sobre todo las latino-americanas- en los campos que nos ocupan. Esto se manifiesta de diversas maneras e intensidades, pero es particularmente notable en sectores sociales postergados y en situaciones de injusticia que impiden el ejercicio adecuado de derechos básicos de alimentación, salud y vivienda. Los sistemas educativos, científico-tecnológicos y culturales sufren, entre otras dificultades, insuficiencias presupuestarias, salarios que no se corresponden con la responsabilidad que la tarea conlleva, así como limitaciones en sus alcances y calidad.

La búsqueda de respuestas, en este marco, refuerza el valor de la unidad cultural en la diversidad. Experiencias y saberes múltiples, respuestas diferentes a problemas similares y desarrollos variados que pueden compararse y transferirse, conforman un patrimonio con desigual grado de institucionalización, pero con inmensas posibilidades de presentarse como un "mapa de recursos y potencialidades" para ser compartidos.

El último cuatrienio ha sido rico en reflexiones, evaluaciones y proyecciones motivadas parcialmente por la circunstancia del cambio de siglo. En el campo educativo deben destacarse las diversas Conferencias Iberoamericanas de Educación celebradas (La Habana, 1999; Panamá, 2000; Valencia, 2001; Santo Domingo 2002), así como la Conferencia Mundial de Dakar (2000), en cuya Declaración Final se alienta a los gobiernos a impulsar políticas que aseguren una educación básica para todos los habitantes del planeta, y se insta a la cooperación internacional a ejercer una acción solidaria en ese sentido.

La Conferencia de Budapest (1999), su Marco de Acción, y la Conferencia Regional de Santo Domingo (1999), señalan un hito importante en la definición de las políticas públicas sobre ciencia y tecnología al resaltar el papel central de las decisiones sociales en su definición, así como la responsabilidad social de la comunidad científica no sólo en el grado de avance del conocimiento, sino también en su orientación.

Las Conferencias Iberoamericanas de Cultura han avanzado notablemente en su papel de concertación política y programática, lo que ha llevado a que, en su última edición (Santo Domingo, 2002), se aprobara un Marco de Acción para el desarrollo de la Agenda de Cooperación Cultural Iberoamericana.

A pesar de la diversidad existente, las sociedades iberoamericanas se encuentran frente a algunos retos comunes. La incorporación de nuevos actores (asociaciones, sindicatos, empresas) en la gestión de las políticas públicas; la búsqueda de la eficacia y la eficiencia más allá de criterios economicistas; el avance de los procesos de descentralización o desconcentración -según los casos- y la renovación de las funciones de las instituciones; el reconocimiento de la diversidad cultural (y lingüística) en un marco de integración y promoción de la ciudadanía plena; la búsqueda de experiencias externas y su rápida adaptación a la realidad local; el papel central de los medios masivos de comunicación en la gestación y difusión de ideas y conocimientos; la mundialización de los vínculos a través de los nuevos medios electrónicos; el ingreso de contenidos culturales y educativos en lenguas extrarregionales; la necesidad de ampliar la base comunicativa entre hablantes del portugués y de la lengua castellana; la reorientación del accionar de los centros científicos en búsqueda de soluciones a problemas relevantes junto con la necesaria inserción en el marco internacional; la renovación pedagógica como aspiración de los integrantes de las comunidades educativas, etcétera.

Los límites financieros y de las capacidades de la Organización obligaron a centrar las temáticas prioritarias en la contribución a la modernización y fortalecimiento de la especificidad de la educación, la ciencia y la cultura. Ello implica, por una parte, la referencia a los ejes antes señalados-paz, equidad, identidad-; por la otra, la definición de campos de atención preferencial que tomen en cuenta el conjunto de los desafíos comunes en los sistemas, que constituyen los criterios verticales en los cuales encuentran fundamento y sustento los Programas de Cooperación:

a) Integración y participación de todos los actores sociales en los sistemas de educación, ciencia y cultura.
b) Vinculación y transferencia de conocimientos basados en las experiencias y desarrollos científicos y tecnológicos, como base de los procesos de modernización y desarrollo sustentable.
c) Fortalecimiento de la formulación y ejecución de las políticas públicas gestadas en los distintos ámbitos de los sistemas señalados.

 

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La cooperación, un nuevo enfoque

El proceso de integración de la Comunidad Iberoamericana de Naciones no es nuevo. Reconoce antecedentes en numerosas propuestas subregionales, por ejemplo las iniciativas de integración de América Latina en los movimientos de la independencia; también en ciertas corrientes nacionalistas y desarrollistas durante todo el siglo XX, así como en expresiones tales como el Parlamento Latinoamericano, el Mercosur, la Comunidad Andina, el Mercado Común Centroamericano. Los países de la Península Ibérica han llevado a cabo un proceso de integración con otro eje -la Unión Europea-, que es ejemplar en este tema.

Este proceso ha conocido un impulso decisivo en la última década a partir de la creación de las Cumbres Iberoamericanas, que, al abordar en cada edición una temática de interés para los máximos mandatarios de la región, constituyen un foro político del más alto nivel, al tiempo que se han convertido en un instrumento básico de cooperación. Las Cumbres presentan enfoques e instrumentos de cooperación que implican la transformación de los viejos paradigmas. Por un lado, plantean que la cooperación -en sus diversas modalidades- debe dar respuestas a los desafíos derivados del actual escenario internacional, caracterizado por los nuevos problemas transnacionales originados por los procesos de globalización. Pobreza, exclusión social e inequidad son algunos de los puntos focales en los que los distintos agentes del sistema de cooperación están poniendo su atención.

La experiencia europea, más que ninguna, señala la importancia de que los procesos de integración sean amplios y profundos, con idearios comunes que reúnan a sociedades antes separadas. La situación que vive hoy la mayor parte de nuestros países obliga a una actitud de búsqueda y desarrollo de vías orientadas a reducir la inestabilidad, la inseguridad y la exclusión social; a la puesta en marcha de alternativas creativas y complementarias al progreso e inserción económica; al fortalecimiento de la paz, el desarrollo de la democracia y las nuevas formas de cultura política, basadas en la construcción de consensos y en el respeto de los derechos humanos.

En nuestro caso, la cooperación puede contribuir efectivamente a esos procesos en la medida en que ayude, también, a forjar la utopía iberoamericana. Una utopía implica un sentido no fragmentado del mundo, un punto de referencia a través del cual los pueblos -a partir de las experiencias- se reconocen y se afirman a sí mismos en tanto Comunidad Iberoamericana de Naciones. Por ello, esta utopía encuentra su necesario complemento en la idea de una ciudadanía iberoamericana, sin duda una noción y significado en construcción, que supone la existencia de sujetos solidarios y corresponsables del futuro no sólo de una nación o un Estado (el propio) sino del amplio espacio de la colectividad o la comunidad. Así, la cooperación también es concebida como un imperativo ético que orienta la acción en dirección a la construcción de las sociedades, teniendo en cuenta este horizonte utópico. En el marco de la OEI, el ejercicio de tal tarea se realiza basándose en los valores y las ideas que dan fundamento al conjunto de la Programación, de sus proyectos y múltiples actividades. Eso supone una estrategia de cooperación horizontal que complementa la propia acción de los gobiernos, lo que exige establecer relaciones basadas en el respeto y en el reconocimiento de las diferencias. La renovación y el crecimiento de la cooperación requieren un nuevo esquema organizativo y de gestión de los programas, que debe adecuarse a criterios de participación en la formulación, ejecución y evaluación de los mismos; coordinación interinstitucional; programas integrales y multidimensionales, y ofertas de cooperación contextualizadas y adaptadas a cada medio particular.

 

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Objetivos de la programación

La Programación comprende tres niveles de objetivos vinculados en una secuencia lógica, que va desde los propósitos normativos de la OEI hasta aquellos aspectos más operativos que establecen las opciones programáticas del período 1999-2002.

Objetivos institucionales

Los referentes normativos de la OEI, tanto el contenido del cuerpo estatutario y reglamentario como los distintos pronunciamientos de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno y de las Conferencias Iberoamericanas de Educación y de Cultura, constituyen los objetivos de largo plazo que dan marco a la Programación.

En el primer caso, y en lo que se refiere a aspectos programáticos contenidos en los Estatutos, el propósito fundamental de la OEI es el desarrollo y el intercambio educativo, científico, tecnológico y cultural de sus Estados miembros, con el objeto de contribuir a elevar el nivel cultural de sus habitantes como personas, formarlos integralmente para la vida productiva y para las tareas que requiere el desarrollo integral, y fortalecer los sentimientos de paz, democracia y justicia social (Reglamento Orgánico, artículo 2).

En el segundo caso, referido a los foros de cooperación iberoamericana, existen tres principios inspiradores que se han ido desplegando en las correspondientes instancias. Estos son:

  • La consolidación de la democracia y la apertura de nuevos espacios para la participación ciudadana.
  • El desarrollo sustentable, es decir, el crecimiento económico y social en condiciones de equidad y sin destrucción del medio ambiente.
  • Los procesos de integración cultural, de carácter tanto regional como subregional.

La propuesta de acción de la OEI se sustenta en el convencimiento de que la educación, la ciencia y la cultura conforman los ejes prioritarios de cualquier estrategia de desarrollo que apunte decididamente a la inclusión social, al bienestar de la población, al fortalecimiento de la democracia, a la igualdad de oportunidades, al entendimiento y a la paz entre los pueblos, así como a la integración regional.

Objetivos estratégicos

La Programación bienal aprobada por el Consejo Directivo se inserta en un ciclo programático de mediano plazo correspondiente al período 1999-2002. Los ejes estratégicos de dicho período, definidos por la VIII Asamblea General, son:

a) Promoción de las capacidades vinculadas al desarrollo social, cultural y económico.
b) Fomento de la cultura de la convivencia y la ciudadanía.
c) Fortalecimiento de la identidad en los procesos de integración.

Objetivos pragmáticos

Con el referente de los niveles normativo y estratégico enunciados, y teniendo como base las opciones de intervención para contribuir a ellos -seleccionadas a partir del proceso de evaluación y consulta-, se definieron los siguientes objetivos programáticos para el período:

a) Situar en un lugar privilegiado de la agenda de trabajo el análisis y apoyo a las políticas educativas, explorando para ello estrategias innovadoras orientadas a la valoración continua de avances, problemas y obstáculos.
b) Generar un ámbito de elaboración de pensamiento aplicado, de investigaciones, reflexión y análisis de políticas, que permita un conocimiento más preciso y actualizado de la situación de los sistemas educativos, así como una permanente alimentación del conjunto de la Programación.
c) Contribuir a incrementar la calidad de los sistemas educativos, al tiempo que a preservar y estimular los procesos relativos a la equidad.
d) Generar ámbitos que promocionen y alienten los procesos de integración regional y el fortalecimiento de las identidades, sobre la base de políticas y estrategias que impliquen el fortalecimiento de la diversidad y el fomento de la identidad en común.
e) Fortalecer en forma paulatina los espacios propios de ciencia y cultura, y propiciar la articulación y trasvase entre los sistemas de educación, de ciencia y tecnología y de cultura.
f) Promover el desarrollo de una visión iberoamericana de la educación, la ciencia y la cultura sobre la base del estudio de problemas propios y comunes, y del aprovechamiento y difusión de las potencialidades y soluciones generadas en el espacio iberoamericano, con apertura al necesario análisis comparativo de las ventajas que pueden acarrear las modalidades y expresiones diferentes en otras latitudes.
g) Reforzar el papel de la OEI en las acciones derivadas de las Cumbres Iberoamericanas, incrementando su participación y colaboración con las mismas.
h) Fortalecer las opciones de cooperación interinstitucional, procurando la coordinación de objetivos y acciones.
i) Avanzar hacia la consolidación de una cooperación entendida como un proceso abierto y de complejidad creciente, reforzando el papel de la OEI como agencia animadora, catalizadora y facilitadora de cambios.
j) Incorporar modelos de intervención adecuados a la satisfacción de las demandas y necesidades específicas de los países, combinando tanto las tendencias comunes como aquellas que expresan la diversidad y peculiaridad iberoamericana.

Instrumentos de cooperación
Convenios y proyectos interinstitucionales

Existe una constante demanda de los países a los organismos de cooperación que operan en la región para que favorezcan una mejor coordinación de las acciones de cooperación desarrolladas. En este sentido, a lo largo del cuatrienio la OEI ha realizado un esfuerzo significativo, concretado en diversos convenios, para mejorar el conocimiento de los Programas desarrollados por las distintas instituciones y fortalecer la relación con las mismas.

Con ello se pretende garantizar una definición de campos de actuación que no represente una superposición con el espacio de actuación de otros organismos multilaterales, a la vez que establecer una coordinación interagencial permanente que evite innecesarias redundancias y duplicación de esfuerzos.


 

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Estrategia de intervención

Los elementos principales de la estrategia de intervención diseñada para el período hacen referencia a la estructura programática y a criterios operativos, a los modelos de intervención utilizados y a los procedimientos de diseño, seguimiento y evaluación.

Estructura programática

La Programación desarrollada forma parte de un ciclo cuatrienal que corresponde al mandato de la actual Secretaría General (1999-2002). En la permanente búsqueda de pertinencia y eficacia, esta Programación retoma elementos del pasado inmediato, los actualiza e intenta anticiparse y renovarse. Así, anteriores preocupaciones, temas y modos de intervención son complementados con nuevas temáticas y modalidades, a las que se intenta canalizar a través de fórmulas de cooperación adecuadas para promover efectos susceptibles de una mayor permanencia en el tiempo.

La Programación se ha estructurado en torno a siete Programas de Cooperación -cinco en el campo de la educación, uno en ciencia y uno en cultura-, un área de desarrollo institucional denominada Observatorio de la Educación Iberoamericana, tres Programas de Alfabetización y Educación Básica de Adultos y cuatro Iniciativas de Integración Iberoamericana.

Los siete Programas de Cooperación definen los ámbitos de actuación para el período. Cada uno implica una secuencia lógica que procura la atención a necesidades y prioridades, a través del logro de determinados objetivos (generales y específicos) y la puesta en marcha de un conjunto coordinado de procedimientos expresados en sus principales componentes. Se trata del nivel de Programación que sostiene la estructura programática cuatrienal.

El Observatorio tiene como propósito lograr y difundir conocimiento acerca de la realidad socioeducativa de Iberoamérica. Se diferencia de los Programas de Cooperación en razón de su función, primordialmente orientada al análisis, reflexión y comunicación, realimentando la Programación por cuanto recibe, procesa y genera insumos de y para la misma.

Los tres Programas de Alfabetización y Educación Básica de Adultos son respuestas a uno de los mayores retos: la existencia de sectores de adultos que no tuvieron oportunidad de acceder a la formación básica en el momento adecuado, y que requieren una atención prioritaria. Dos de ellos han iniciado su segunda fase, y el tercero se encuentra en su etapa inicial, tomando como modelo las experiencias anteriores. Las Iniciativas de Integración Iberoamericana son acciones especiales que se concentran en determinados temas de carácter regional, y que apoyan el fortalecimiento de la institucionalidad y la generación de redes estables de cooperación, en el marco del impulso de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Los proyectos expresan el desarrollo operativo de cada Programa. Su formulación y ejecución se llevan a cabo en espacios de coordinación entre los países y la OEI, a través de sus Oficinas Regionales y de la Secretaría General. Los criterios comunes en los que se asienta la concepción y el desarrollo de la Programación son:

a) Incrementar el nivel de ajuste entre la Programación y las necesidades de los países para lograr una mayor pertinencia de las acciones, mediante la institucionalización y el establecimiento de mecanismos de participación en su formulación y gestión.
b) Ampliar y optimizar las capacidades instaladas en la región, a través de la puesta en mar cha de estrategias de cooperación horizontal. Lo anterior supone, además, la definición de campos de actuación que no representen una superposición con los de otros organismos multilaterales, junto con el propósito de establecer una coordinación interagencial.
c) Avanzar en diseños flexibles con modalidades ágiles y abiertas, que incorporen en el curso de la ejecución los cambios ocurridos en los campos de actuación de los Programas, a la vez que permitan participar con otras agencias en propuestas no previstas en el momento inicial de la planificación.
d) Incrementar la capacidad de análisis aplicado para el conocimiento de los resultados, efectos e impactos de la acción programática. Para ello es necesaria la incorporación progresiva de procedimientos e instrumentos de diseño, seguimiento y evaluación que resulten funcionales a las características programáticas e institucionales de la OEI.

 

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Estructura de programación


Estrategias de intervención
Descentralización de la Programación

A lo largo del cuatrienio la Secretaría General de la OEI ha desarrollado un nuevo modelo de administración y gestión que puede definirse a través de dos variables principales que combinan, por un lado, la implantación de una estructura de gestión descentralizada, y, por otro, la opción de una lógica de cooperación estrechamente ligada a las demandas de los países. Este nuevo modelo ha supuesto una renovación importante en la cultura y en los estilos de trabajo tradicionales de la OEI, así como en la distribución de competencias y la organización interna.

La descentralización de la Programación implica situar la responsabilidad de la identificación de necesidades, del diseño de los proyectos y actividades, y de su ejecución en las Oficinas Regionales. En este contexto se definen los planes de acción subregionales, en donde las acciones de cooperación toman cuerpo político, técnico y presupuestario, con base en el conocimiento de la realidad concreta y de las prioridades específicas de la subregión.

Con este modelo de descentralización programática se pretende satisfacer una doble finalidad: incrementar la calidad técnica de la cooperación a través de una identificación de necesidades más pertinente y próxima a los beneficiarios, y mejorar su acción programática mediante una ejecución de proyectos y actividades estrechamente ligada a las demandas.


 

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Modelos de intervención

Paralelamente al proceso de adecuación de la Programación a las demandas concretas de los países, se ha promovido la diversificación de las modalidades de intervención en los distintos Programas de Cooperación.

De esta forma, junto a los modelos más clásicos de intervención, se han diseñado nuevas iniciativas basadas principalmente en el uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, así como en el desarrollo de estrategias de cooperación en red.

Modalidades de intervención
Acciones presenciales: sensibilización, formación y asistencia técnica

Los Programas de la OEI incluyen, entre sus actividades, espacios de debate y acciones divulgativas, con el objeto de propiciar el intercambio de experiencias y la difusión de conocimientos en Iberoamérica. Se trata generalmente de acciones que se desarrollan a nivel iberoamericano y que adoptan la forma de congresos, conferencias, simposios, foros, etcétera.

En cuanto a las acciones formativas, se desarrollan principalmente a nivel subregional y nacional. Se trata de cursos, seminarios temáticos, talleres, etc. En concreto, con el objeto de favorecer iniciativas de cooperación horizontal, se promueve el desarrollo de pasantías que incluyen, además de un componente formativo, una experiencia in situ del trabajo llevado a cabo en otro país.

A demanda de los países, los equipos técnicos de los Programas pueden desarrollar asistencias técnicas, que van desde la realización de visitas preparatorias de diagnóstico, a asesoramiento en temas específicos vinculados con el apoyo y seguimiento de planes nacionales.

Para la realización del conjunto de asistencias técnicas y asesorías especializadas, se han ido conformando equipos técnicos pluridisciplinares de carácter iberoamericano en el marco de los distintos Programas. Estos equipos acompañan acciones de cooperación en los diversos ámbitos de actuación a través de reuniones técnicas y de consulta; conformación de grupos de trabajo, coloquios, encuentros, etcétera.

A partir de este tipo de actividades, y de la propia consolidación de los equipos técnicos, se van generando redes de expertos -nacionales, subregionales y regionales- que puedan llegar a funcionar de forma autónoma en un futuro próximo, y que garanticen la difusión del conocimiento y del pensamiento iberoamericano en los ámbitos de la educación, la ciencia y la cultura.

En este sentido, cobra especial protagonismo la creación y articulación de cátedras de formación e investigación. Estas cátedras conllevan la generación de redes universitarias y de especialistas, contando con la participación de los ministerios. Desde ellas se atiende la formación de docentes e investigadores en diversos ámbitos, así como la generación de espacios y redes para favorecer la investigación local. De este modo, se tiende a crear condiciones de sostenibilidad en el marco de los Programas desarrollados.

La difusión programática de las actividades de la OEI a través de su página web ha tomado, durante este período, un nuevo impulso. La incorporación de información, de documentos, boletines, bases de datos bibliográficas, enlaces de interés, y el relevamiento de información a través de instrumentos específicos, ha dado la posibilidad de ampliar el campo de acción de la OEI consiguiendo ofrecer nuevos servicios y más información a un mayor número de usuarios.

En un intento de realizar acciones de formación alternativas a las ya existentes, la OEI ha venido explorando las posibilidades de la educación a distancia. En tal sentido, se están desarrollando programas de postgrado con universidades, se han establecido convenios de colaboración con iniciativas en red ya existentes y se ha diseñado una plataforma virtual de formación propia.

También se ha desarrollado, en los últimos años, una importante labor editorial con la finalidad de contribuir a la mejora del conocimiento respecto a la realidad iberoamericana, difundiendo a través de sus publicaciones las opiniones más destacadas de Iberoamérica sobre temas de especial relevancia y sobre proyectos y experiencias innovadoras llevadas a cabo en diversas áreas del conocimiento.

Modalidades de intervención
Financiamiento y sostenibilidad de las acciones

Junto a la definición de nuevos modelos de intervención que, aun suponiendo un significativo aumento del esfuerzo de cooperación, garanticen la sostenibilidad de las acciones desarrolladas en los países, la Secretaría General ha promovido importantes iniciativas a lo largo del bienio en el ámbito de la gestión de los recursos, con el objeto de garantizar un mayor raciocinio en la ejecución del gasto y de favorecer la identificación de nuevas fuentes de financiación.

En este sentido, debe destacarse la creación de una Dirección General específicamente ligada a la obtención de recursos para la cooperación, cuya labor consiste principalmente en garantizar, por un lado, que ese mayor esfuerzo en cooperación, promovido por la Secretaría General, vaya acompañado de un similar aumento de los ingresos a través de las distintas fuentes de financiación manejadas por la Organización, y, por otro, en desarrollar los mecanismos e instrumentos necesarios para mejorar el control presupuestario y la gestión de los recursos.

Entre los objetivos prioritarios de la Organización para el cuatrienio se planteó la consolidación de su programa editorial, fortaleciendo las publicaciones periódicas y las colecciones ya existentes, y creando otras que permitan difundir en la región iberoamericana las contribuciones más actuales y significativas realizadas desde la investigación en los ámbitos de la educación, la ciencia y la cultura.

Para abordar este nuevo esfuerzo la OEI ha actualizado su línea editorial, que incluye tres nuevas colecciones con los títulos genéricos de "Temas de Iberoamérica", "Cuadernos de Iberoamérica" y "Papeles Iberoamericanos", en las que se publican trabajos de relevancia sobre los principales aspectos relacionados con el quehacer, el avance y las grandes potencialidades de la región en materia científica, cultural y educativa.

 

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Seguimiento y evaluación

La aplicación progresiva de procedimientos de seguimiento y evaluación ha permitido contar con mecanismos sensibles que ayudan a conocer el rumbo de la acción de cooperación, su impacto y los resultados esperados y, en su caso, su adecuada reconducción.

Como producto de la revisión de lo actuado durante etapas anteriores, y con el propósito de consolidar el crecimiento experimentado por la Organización, se han profundizado algunas prácticas e introducido innovaciones en lo que respecta a la gestión de la Programación en su conjunto.

En primer lugar, se ha reforzado el trabajo a través de proyectos, como unidades básicas de la Programación. Esta noción de proyecto trae aparejada la posibilidad de generar respuestas adecuadas a la complejidad creciente de los sistemas, a través del diseño y ejecución de acciones pluriprogramáticas en donde convergen los esfuerzos de varios Programas simultáneamente, dando una respuesta más efectiva e integral a las demandas nacionales o subregionales.

Por otra parte, se ha avanzado en el seguimiento de las acciones desde el punto de vista programático y financiero, lo que ha proporcionado mayor y mejor información sobre la marcha y ejecución de la Programación. El seguimiento técnico, así como la profundización de las prácticas evaluativas, han supuesto la revisión y perfeccionamiento de los criterios metodológicos que permiten mejorar la capacidad de analizar y valorar la pertinencia, los resultados y los impactos de las acciones; es decir, el potencial transformador de la Programación y las modificaciones estructurales a las que contribuye. Por ello, se ha mejorado la calidad de los soportes técnicos para la recolección sistemática de información y su consiguiente valoración.

Evaluación de la Programación 1999-2002

La OEI, para su presentación en la IX Asamblea General (Salamanca, 2002), ha realizado una evaluación externa de su Programación, en la que se tratan los procesos de diseño, desarrollo y desempeño de la misma durante el cuatrienio 1999- 2002.

El Informe Final de dicha evaluación muestra una descripción sintética del proceso completo de la Programación de la OEI; la metodología adoptada para preparar el Informe (basada fundamentalmente en la aplicación de métodos y técnicas de carácter cualitativo); la valoración del proceso de elaboración de la Programación; la valoración de la gestión de la Programación, y las principales conclusiones que se extraen de la evaluación realizada.

Por último, el Informe se completa con unas recomendaciones acerca de la Programación, que han sido tenidas en cuenta a la hora de diseñar el Plan de Cooperación de la Organización para el período 2003-2006.

La disponibilidad de esta información ha permitido iniciar procesos de evaluación externa de la Programación, que permiten no sólo incrementar el conocimiento sobre la pertinencia de las acciones de cooperación y la consiguiente mejora de la toma de decisiones, sino la incorporación paulatina de una cultura evaluativa en todos los niveles asociados a la gestión programática.

La estructura organizativa de la OEI ha contado durante este cuatrienio con dos direcciones generales encargadas de poner en marcha y desarrollar instrumentos que permitan incrementar la calidad del proceso de gestión, seguimiento y planificación de la Programación: la Comisión Permanente de Planificación (CPP) y la Dirección General de Programación (DGP).

La CPP constituye sobre todo una instancia de coordinación de acciones en el seno de la Organización. Está integrada por el Secretario General, la Secretaria General Adjunta, los Directores Generales, los Directores Regionales, así como por asesores designados por el Secretario General. Tiene a su cargo, en colaboración directa con las Oficinas Regionales, la identificación de las demandas y prioridades de los países. Asimismo, le corresponde la coordinación de los procesos de consulta previos a la planificación y elaboración de los Programas-Presupuesto bienales. La CPP realiza su labor a través de consultas internas continuas con la Secretaría General y con las distintas Oficinas Regionales, y mediante Mesas de Cooperación subregionales con los países. Con todo ello se desarrolla un trabajo de análisis, reflexión y coordinación, no alejado de la ejecución de las acciones. La Dirección General de Programación (DGP) es responsable del diseño y seguimiento técnico de los proyectos y actividades realizados en el marco de la Programación. Los esfuerzos de la DGP a lo largo del período se han centrado en dos campos concretos: por un lado, velar por la calidad técnica del desarrollo de la Programación aprobada por la Asamblea General y el Consejo Directivo, y, por otro, acompañar a las Oficinas Regionales en un diálogo continuo con los ministerios de la región, favoreciendo así la adecuación de los proyectos de cooperación a las necesidades específicas de los países.

Mecanismos e instrumentos
Mesas de Cooperación

Las Mesas de Cooperación tienen por objeto apoyar el proceso de planificación del Programa-Presupuesto, que, de acuerdo a los Estatutos de la Organización, tiene carácter bienal.

Las tres primeras Mesas se celebraron en 1999 con objeto de preparar la actual Programación. En el transcurso del mes de noviembre del año 2000 se celebraron las relativas a la planificación del proyecto del Programa-Presupuesto 2001-2002, para su consideración por el Consejo Directivo en Valencia (España) los días 26 y 27 de marzo de 2001. En total se realizaron cuatro Mesas con formato subregional (Centroamérica, Cono Sur, Países Andinos, y Península Ibérica) y se celebraron también reuniones de consulta con Cuba, República Dominicana, Guinea Ecuatorial y México.

Para el diseño de la Programación del cuatrienio 2003-2006 se han organizado reuniones de consulta similares.

Las Mesas de Cooperación se desarrollaron bajo una modalidad de diálogo abierto, centrado en tres momentos o aspectos:

  • Análisis y valoración de las actividades realizadas en el marco de la Programación de la OEI en cada país y en la subregión correspondiente.
  • Identificación de las temáticas más importantes, así como de las prioridades subregionales, dentro de la Programación vigente.
  • Presentación de propuestas y sugerencias de innovaciones o mejoras de los modos de intervención

Con la finalidad de atender apropiadamente a cada uno de estos campos, se ha realizado un importante esfuerzo para diseñar e implementar procedimientos y mecanismos novedosos de gestión interna, particularmente necesarios en el marco actual de descentralización programática, orientados a dotar de un mayor rigor y precisión los distintos momentos de toma de decisión en el ciclo de la Programación.

Por otro lado, como parte del seguimiento técnico desarrollado, se realizan de forma periódica reuniones de coordinación, que cuentan con la participación del equipo técnico de la DGP y de los Coordinadores de Programación de las Oficinas Regionales. Estas reuniones permiten garantizar la dimensión iberoamericana de los Programas, fortalecer la armonía entre los mismos y analizar las interrelaciones entre proyectos, favoreciendo redes, sinergias y acciones compartidas. Asimismo, constituyen espacios técnicos de discusión para el desarrollo de estrategias comunes, confrontar necesidades emergentes y facilitar la coordinación operativa.

Una mayor participación de los países en la identificación de demandas y propuestas de acción requiere garantizar una Programación flexible, que permita la adecuación constante de los proyectos a los requerimientos de los países. En este sentido, la Dirección General de Programación promueve el diseño de planes de acción subregional que son establecidos y atendidos desde las Oficinas Regionales.

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