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El enfoque de género en la construcción de conocimiento científico - Hilda Eugenia Rodríguez Lored


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Revista Digital Universitaria [en línea]. 10 de julio
2008, Vol. 9, No. 7.

Inicio

La equidad entre los sexos es uno de los objetivos actuales del derecho universal.
Las contribuciones realizadas para analizar, proponer y evaluar los significados,
propuestas y acciones que favorecen las relaciones equitativas, incluyen a autoras
y autores de diversas disciplinas y países; cada una de estas contribuciones
ofrece elementos para estudiar y transformar las desigualdades que muestran
mujeres y hombres, tanto en la esfera pública como en la privada.

La generación de conocimiento no está excluida de esta discusión1
en particular, las aportaciones que mencionan la necesidad de incluir la perspectiva
de género en la construcción del conocimiento científico
(véanse Pérez, 2000; Blázquez, 2008; Brandan, 2005; Graña,
2004; UNESCO, 2002) señalan la importancia que tienen los contenidos
y las formas de transmisión del saber en la reproducción de los
sesgos de género. La poca presencia de las mujeres en la construcción
de las ciencias formales y las naturales más ligadas a éstas,
así como en su puesta en práctica, restringe, por una parte, las
posibilidades de desarrollo intelectual de las mujeres tanto como sus oportunidades
de participación en los diferentes ámbitos de la sociedad y, por
otra, la inclusión de miradas diferentes que enriquecen la discusión,
la observación y la definición de nuevos problemas en la investigación.

El objetivo de este escrito es examinar el significado de la incorporación
de la perspectiva de género en las ciencias caracterizadas por contar
con un objeto de conocimiento abstracto. Hasta hace poco tiempo, se creía
que las mujeres no tienen la capacidad de pensar de manera abstracta y que su
pensamiento siempre está ligado a la experiencia corpórea (Schiebinger,
2004) lo que explicaba la menor presencia de las mujeres en estas áreas
de conocimiento, mientras que la participación de las mujeres en las
ciencias sociales y algunas naturales (como la biología) ha sido más
amplia y la incorporación del género como categoría analítica
dentro de los estudios de estas disciplinas, data de los años ochenta.
La mayor participación de las mujeres y la incorporación de la
perspectiva de género, han generado propuestas teóricas y conceptuales
muy valiosas para el abordaje de los objetos de estudio y el avance de las ciencias
sociales y la biología. Es importante mencionar que el análisis
de las condiciones de las mujeres es anterior aún, pues el movimiento
feminista se convirtió en un referente social que evidenciaba la situación
de las mujeres y exigía de las ciencias sociales y de la salud, análisis
históricos, descriptivos y explicativos.

En las disciplinas sociales y la biología, el objeto de estudio facilita
incorporar la perspectiva de género que permite examinar las diferencias
por sexo de los diferentes fenómenos que se analizan aunque, hasta el
momento, no ha significado su plena integración en todas las dimensiones
de análisis y de aplicación que implican a cada una de esas disciplinas.
En las ciencias denominadas formales y algunas naturales (matemáticas,
ingenierías, física y química) la perspectiva de género
tiene como límite el objeto de estudio y son los sujetos quienes la instalan
en su quehacer científico al aplicarlas a otras ciencias (medicina, economía)
y actividades (salud, alimentación, comunicación).

Eulalia Pérez (2000) menciona que “la división sexual del
trabajo en la ciencia […] produce una organización genérica
de las comunidades científicas y de la propia ciencia” que, desde
mi punto de vista, hacen invisibles la participación de las mujeres dentro
de ellas y construyen y aplican conocimiento sin considerar los impactos diferenciados
por sexo. Este artículo hace referencia a la incorporación de
la perspectiva de género en las ciencias formales, la física y
las ingenierías, con el fin de aclarar sus posibilidades de aplicación
en sus aspectos puros y como ciencias aplicadas.

La perspectiva de género

Se concibe como un recurso metodológico que permite el análisis
de los diferentes fenómenos económicos, sociales, políticos
y culturales a partir del reconocimiento de las diferencias de comportamientos,
oportunidades, creencias, responsabilidades, roles, asignadas a cada uno de
los sexos (Lamas, 1996; Lagarde, 2005). El uso de la perspectiva de género
ha favorecido la configuración de nuevos desarrollos teóricos
y enriquecido el saber científico en sus áreas sociales y de la
salud. Las aportaciones que se han realizado desde que el enfoque de género
se incorporó a las tareas académicas indican que es una categoría
que rinde frutos para la formulación de nuevos problemas y nuevas soluciones
(véase el caso de la ciencia económica en Borderías et
al., 1994).

La perspectiva de género es una categoría de análisis
que permite describir las características de las experiencias vitales
que comparten y diferencian a las mujeres y los hombres. El punto de partida
es el reconocimiento de la diferencia entre sexo y género que claramente
define Lamas: “El sexo es una característica biológica,
resultado de determinantes genéticos universales que definen dos categorías
en nuestra especie: hombre y mujer. El género es una característica
social, resultado de la asignación de roles diferentes a los hombres
y a las mujeres. Las normas y valores de cada sociedad definen para hombres
y mujeres los comportamientos adecuados, las esferas de actividad, el acceso
a infraestructuras y servicios, incluidos los relacionados con la educación
y la salud, al poder personal, social y político” (Lamas, 1996).

El género como categoría de análisis significa poner
atención en los papeles asignados a las mujeres y a los hombres para
desarrollar estudios con mayor precisión. El análisis de la ciencia
con esta perspectiva indica que las mujeres no tuvieron acceso a ella durante
cientos de años por prohibición expresa de entrar en espacios
considerados masculinos, y en los últimos años, por la reproducción
de la división del trabajo tradicional según la cual las mujeres
continúan como responsables casi exclusivas de las labores domésticas
y el cuidado familiar, así como por la falta de participación
en los espacios de decisión dentro de las instancias del conocimiento
científico.

Los estudios científicos con enfoque de género

El conocimiento que se adquiere y desarrolla en los espacios de educación
superior comenzó a adquirir nuevas características a partir de
la incorporación de la perspectiva de género en su estudio, aplicación
y evolución. Este enfoque ha sacudido las bases teóricas y conceptuales
de la mayor parte de las ciencias sociales, de las biológicas, así
como de las humanidades y las artes. En el conjunto de esas ciencias hay comunidades
de mujeres que discuten, cuestionan y proponen nuevas teorías que revolucionan
el saber.

Producto del movimiento feminista y de la discusión de académicas
comprometidas con la democracia de género, las universidades y diversos
organismos internacionales han promovido que el enfoque de género sea
considerado en los programas y planes de estudio. Desde los años ochenta
en las universidades se empieza a observar la inquietud de contar con argumentos
que expliquen las características de los lugares sociales, políticos,
históricos, económicos, familiares, individuales de las mujeres
y los hombres, sin embargo, esto no se ha llevado a cabo dentro de las ciencias
formales y naturales, que se consideran ajenas a tales objetos de estudio.

La importancia de introducir el género en toda currícula universitaria
tiene tres aristas: una es que hace visible la participación de las mujeres
en las carreras que se estudian, otra es que hace visibles las aportaciones
de las mujeres en las mismas y, la última, que construye conocimiento
nuevo. Los tres aspectos continúan sin desarrollo en varias disciplinas.

Análisis históricos sitúan la participación de
las mujeres en la tecnología incluso desde la prehistoria, no obstante,
Tremosa (2007) menciona que como el conocimiento ha evolucionado, la técnica
empieza a incorporar cálculos y estudios teóricos, que producen
lenguajes especializados y la convierten en actividad académica e inaccesible
para las mujeres. A pesar del analfabetismo y la formación elemental
con que contaban en el pasado y aún en la actualidad, las mujeres resolvieron
la necesidad de crear formas de producción y transformación de
materias primas (tecnologías). Este hecho muestra que su acercamiento
era totalmente práctico y no requerían de las teorías para
aplicarlas.

Siguiendo este razonamiento bien podría decirse que el aparente divorcio
de las mujeres y la tecnología tiene sus raíces en una doble
división del trabajo, por una parte la división sexual que hizo
que las mujeres, a medida que la organización social avanzaba hacia
el modelo actual, quedaran como especialistas de la reproducción (parir
hijos y la multiplicidad de los trabajos domésticos) y, por otras,
la división entre trabajo manual e intelectual que alejó a las
pocas mujeres que tuvieron acceso a la cultura de un tipo de desarrollo como
es el técnico, resultado de la articulación de los conocimientos
prácticos con los científicos (Tremosa, 2007).

Hoy, las mujeres tienen acceso a la educación superior de manera semejante
a los hombres. En la UNAM la mitad de la matrícula son mujeres, sin embargo,
existe una segregación disciplinaria que concentra a las mujeres en las
ciencias sociales, las humanidades y las ciencias biológicas y de la
salud (véase Buquet et al., 2006); en las matemáticas, ingenierías
y física tienen una participación relativa menor, por lo que el
acceso a la educación superior no es suficiente para incluir a las mujeres
en las tareas del progreso tecnológico2.

En relación con las ciencias físicas, un trabajo de la UNESCO
(2002) sobre la función de estas ciencias en el desarrollo de los países
y el bienestar de la población menciona que juegan un papel fundamental
en el entendimiento del mundo en que vivimos debido a que contribuyen al conocimiento
y a obtener la capacidad para resolver problemas. En el texto se anota que el
conocimiento de la Física es una parte importante de la cultura general
que apoyaría a todos los ciudadanos a comprender la realidad y plantear
soluciones. Las mujeres tienen todas las capacidades para contribuir con el
avance y el bienestar de la sociedad a través de la Física pues
su punto de vista ofrece elementos que quizá no habían sido considerados.
“Únicamente cuando las mujeres participen plenamente como investigadoras
y directoras científicas en los laboratorios, como profesoras y, además,
tomando decisiones al más alto nivel, se sentirán socias de pleno
derecho en la sociedad tecnológica” (UNESCO, 2002). Para garantizar
la participación de las mujeres, UNESCO propone que todas las instancias
de decisión en estas áreas de conocimiento deben contar con un
comité o grupo de trabajo responsable de estos temas de manera que se
presenten recomendaciones en ese sentido.

La experiencia de las mujeres y los hombres que estudian física muestra
que unas y otros presentan las mismas dificultades para avanzar en su preparación.
En la UNAM las proporciones de quienes concluyen son similares en ambos sexos,
asimismo, las mujeres que deciden continuar un posgrado mantienen la misma proporción
(Brandan, 2005), lo que sería importante es fomentar la mayor participación
de jóvenes en esta área de conocimiento con el objetivo de dar
mayor dinamismo al avance tecnológico del país y, dentro de este
grupo, el incremento de la proporción de mujeres.

Aún con el mayor conocimiento alcanzado acerca de la necesidad de que
las mujeres contribuyan con el desarrollo del país a través de
la puesta en práctica de su capacitación y preparación
profesional, falta tomar medidas más eficientes que garanticen esta participación,
lo que significa que estudien carreras científicas y tecnológicas
que les abran opciones diferentes de empleo y no las tradicionales. Las implicaciones
que tiene lo anterior es la discusión de asuntos tales como la educación
y la capacitación, las políticas de empleo con perspectiva de
género y las medidas que disminuyan las tensiones entre las responsabilidades
familiares y las laborales. Sin embargo, aún no existe una difusión
amplia de este conocimiento y hoy debe ser prioridad la capacitación
y sensibilización en el tema de género de los funcionarias/os
y tomadoras/es de decisiones con el fin de que se sumen a las acciones para
incrementar la participación de las mujeres en el desarrollo. Como señala
la OEA, “es necesario realizar una campaña para promover una mayor
concientización sobre la dimensión de género en todos los
aspectos de la ciencia, la tecnología y el desarrollo. Esta campaña
identificaría los problemas surgidos como consecuencia de dejar de lado
la dimensión de género y propondría formas para superarlos”
(CIM, 2004).

La incorporación de la perspectiva de género en las ciencias
formales y naturales, como la química y la física, tiene que ver
con su aplicación en la tecnología para la producción económica,
así como en el diseño de productos relacionados con el bienestar
de la población, por tanto, el método de investigación
y de estudio que atañe a cada una de ellas, vinculado al objeto de estudio,
está en función del suceso, producto, problema o dato que se quiere
analizar y la categoría género podrá ser incorporada en
la medida que ese objeto de investigación tenga que ver con la población.
Por otra parte, la relación entre sujeto y objeto de conocimiento o de
estudio involucra las miradas del sujeto en las que, si la categoría
género está integrada, el procedimiento de aproximación
contará con otros recursos para presentar nuevos planteamientos y problemáticas.

Harding (2002) en su discusión sobre la existencia de un método
feminista menciona que las dificultades que surgen de este problema no se limitan
a tratar la ignorancia de las contribuciones de las mujeres científicas,
ni a agregar mujeres como sujetos de conocimiento, ni al estudio de la situación
de las mujeres como víctimas del patriarcado, sino a la recuperación
de la experiencia de las mujeres como seres sociales tanto en su papel de sujetos
como de objetos de estudio, lo cual no excluye la consideración de las
experiencias masculinas, sólo que es fundamental distinguirlas.

La equidad en la participación de las mujeres y los hombres en las ciencias
formales significa, entonces, que en el proceso de abstracción, elemento
básico del pensamiento matemático y lógico que se lleva
a cabo para analizar y presentar la realidad, deberán considerarse las
diferencias entre mujeres y hombres cuando la población sea afectada
por los modelos que se construyen, esto es, la equidad ofrece posibilidades
de enriquecer la calidad del conocimiento que contribuye al desarrollo científico
y tecnológico.

El desarrollo de las sociedades

El estudio de las ciencias y la tecnología es elemental para el desarrollo
de las sociedades. Actualmente se pude observar que el estudio científico
que ofrecen las universidades está en peligro debido a la falta de criterios
basados en una política de desarrollo y de educación. El modelo
de desarrollo implementado desde hace 30 años en nuestro país
da prioridad a la importación de tecnología y desdeña la
preparación de la población en ciencias y técnicas que
abran las puertas, en un futuro y gracias a los conocimientos que nos aportan,
a nuestro propio desarrollo tecnológico, para crear una condición
de vida mejor a través de nuevos descubrimientos y la prolongación
de una vida en condiciones saludables.

La generación de novedades funcionales para la producción y el
bienestar de las poblaciones es tarea necesaria que requiere la formación
en ingenierías, física, química y matemáticas, áreas
que debieran tener los más grandes apoyos económicos en las instituciones
de educación superior, pero además los más grandes para
la participación de mujeres y hombres por igual ya que significa el enriquecimiento
de las discusiones y la creación científica. La dependencia científica
y tecnológica que padecen las sociedades de América Latina tiene
que ser resuelta, en parte, con la incorporación equitativa de mujeres
y hombres que proporcionen soluciones viables para los problemas de empleo,
dependencia económica, pobreza, migración, violencia.

Los recursos que requieren las naciones para formular y activar estrategias
de desarrollo se sustentan en las aportaciones de la ciencia, la tecnología
y las innovaciones que con ambas se diseñan, por este motivo deben estar
“integrados en los planes nacionales y regionales estratégicos
de desarrollo, con el objetivo fundamental de disminuir la pobreza en el Hemisferio,
según lo especificado en los acuerdos de la Cuarta Reunión Ordinaria
de la Comisión Interamericana de Ciencia y Tecnología ”(CIM,
2004).

Las instituciones de educación superior, y la UNAM en particular, tienen
la gran responsabilidad y la oportunidad de cumplir con sus objetivos de mejorar
las condiciones de vida de la sociedad al ofrecer los conocimientos y la infraestructura
educativa que facilite la formación de científicas/os agregando
además la visión de género que favorezca tanto el incremento
de la participación de las mujeres en las ciencias formales, química,
física e ingenierías, como la observación de la experiencia
de las mujeres en el diseño de sus descubrimientos.

Según estudios de la Secretaría del Trabajo en México,
las carreras que alimentarán al mercado de trabajo en el futuro son precisamente
las arriba mencionadas ya que la economía y el desarrollo se basarán
en las nuevas tecnologías de las comunicaciones; así también,
hay grandes retos impuestos por los problemas alimentarios, lo que hace de la
química y las demás ciencias las fuentes del conocimiento útil
para atender estas necesidades. La perspectiva de género favorece la
inclusión de visiones conceptuales y metodológicas diferentes,
visiones críticas y constructivas de la participación de las mujeres
y los hombres en la generación del conocimiento y exige entonces el fomento
de la inclusión más amplia de las mujeres a estas áreas,
pues de otra manera se reproducirán los modelos de participación
tradicionales en el mercado de trabajo y en el ejercicio del poder.

Las ciencias que representan la oportunidad de los países atrasados
para avanzar en términos tecnológicos se encuentran lejos de representar
una mayor incorporación al empleo remunerado para las mujeres, por lo
que resulta fundamental transformar los requisitos y mecanismos de participación
en el interior de esas áreas de conocimiento.

La educación de niñas y niños con contenidos de igualdad
de oportunidades, sin menoscabo de sus capacidades, es el punto de partida para
despertar el interés de ambos en la formación científica.
Las políticas de igualdad de oportunidades en la educación han
buscado garantizar tanto la participación de las mujeres y los hombres
por igual, como la reflexión sobre los estereotipos sexistas en sus contenidos
y, hasta el momento, esta política ha tenido resultados en la participación
cuantitativa dentro de la matrícula, sin embargo, ha mantenido sin cambios
importantes la dirección que toman mujeres y hombres en sus formaciones
profesionales o laborales. Por tanto, es fundamental elaborar nuevos materiales
didácticos para la educación primaria, nuevos textos que no reproduzcan
la actual división sexual del trabajo, nuevas formas de enseñanza-aprendizaje
que no subordinen a las mujeres y capacitar a las/os docentes en perspectiva
de género, para que, de esta manera, se cuente con los elementos necesarios
que realmente ofrezcan oportunidades semejantes de elección a las mujeres
y los hombres. Por lo anterior, será preciso diseñar un programa
de acciones que tiendan a asegurar las fuentes de empleo necesarias para esta
población de futuras mujeres y hombres científicas/os.

Además, será necesario que las familias formen parte de este
plan de transformación social a través de la mayor incorporación
de las mujeres a las ciencias formales y naturales, lo que requiere de la formulación
de programas de sensibilización para madres y padres de familia que incluyan
información tanto de la importancia de las ciencias y las técnicas
para el desarrollo nacional como de la importancia de la participación
de las mujeres en éstas. En particular, se requiere de iniciativas que
proporcionen a las madres y los padres las formas de estimular a sus hijas/os
en los primeros tres años de vida para que estudien ciencias y técnicas
que sustenten el avance de las naciones (CIM, 2004).

Desde el siglo XV se cuestiona la poca presencia de las mujeres en las actividades
científicas y técnicas (Pérez, 2000) y aunque los motivos
de esta escasa participación ya no son los mismos, en 2008 permanece
la inquietud no sólo por explicarla, sino por revertir esa tendencia.
El momento es favorable pues estamos frente al reconocimiento abierto de los
derechos humanos dentro de los que se incluyen los de las mujeres. El desarrollo
social sería una de las consecuencias esperadas pues la propuesta de
incorporar por igual al conocimiento científico a mujeres y hombres no
solo tendría efectos en la participación de las primeras en actividades
antes limitadas para ellas, lo que redundaría en su inclusión
en ocupaciones de tradicional predominio de hombres, sino que los efectos también
se observarían en la disminución de la pobreza y de los diferentes
problemas económicos y sociales que se viven en la actualidad.

Las instituciones de educación superior en México deben sumarse
a los esfuerzos de los organismos internacionales y participar en el conjunto
de iniciativas y programas elaborados para proponer y dar seguimiento a la presencia
de las mujeres en las actividades científicas y tecnológicas (CIM,
2004). El desarrollo de indicadores de género en estas áreas,
así como de estudios que aborden temáticas nuevas dentro de un
análisis del género en la ciencia y la tecnología tienen
la finalidad de favorecer la inclusión de las mujeres en las labores
científicas, facilitar su contribución en estas áreas y
hacerlas partícipes de los beneficios que genera la implementación
de sus adelantos.

Conclusiones

La inclusión de la perspectiva de género en la construcción
de conocimiento científico hace referencia a cuatro aspectos: el primero
es el reconocimiento a las contribuciones de las mujeres al desarrollo científico
y tecnológico; el segundo, a la necesidad de ampliar la participación
de las mujeres en las áreas de conocimiento relacionadas con este desarrollo
(física, ingenierías, matemáticas); el tercero, a la identificación
de las dificultades de las mujeres por participar en áreas de conocimiento;
y, por último, al procedimiento que hace visible como objeto de estudio,
por parte de las actividades científicas y tecnológicas, a la
población de mujeres y hombres con diferentes necesidades y resultados
del conocimiento científico.

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14 de agosto de 2008

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