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Número 0 - Febrero 2002  

Políticas del libro infantil y juvenil:
ningún lugar está lejos

Emilia Gallego Alfonso


Introducción

En su libro El Equipaje del Viajero, José Saramago expresa:

Contrariamente a lo que afirman los ingenuos (todos lo somos alguna vez), no basta decir la verdad. La verdad serviría muy poco en el trato con las personas si no fuera verosímil, y tal vez debiera ser esa su cualidad principal. La verdad es apenas la mitad del camino, la otra mitad es la credibilidad. Por eso hay mentiras que pasan por verdades y verdades que son consideradas mentiras. (1)

Si se aceptara esta reflexión como verdadera, y por tácito convenio la liberáramos de la duda razonable que el mismo Saramago propone, bien podría servir como punto de partida para recomendar que hay que andar con los ojos bien abiertos y someter todo lo que se lee en este mundo a un suspicaz, reflexivo, creador y entonces personal y enriquecedor proceso de aprehensión inteligente y emocional, es decir, a una lectura crítica. Y añadir: esta lectura crítica debe empezar por casa.

En un mundo globalizado como el de hoy, en el que cualquier acto puede calificarse de cultural y confundirse y dimensionarse bajo ese rubro por todas las vías posibles y en todas las latitudes, el riesgo mayor que corre la cultura es precisamente el despojo sutil y encubierto de su identidad que es esencia humana.

Cuando en la “Ronda Uruguay” del GATT, en 1994 se acordó aplicar la eliminación total de todas las barreras aduanales al producto cultural importado y la supresión de cualquier tipo de subvención al producto cultural autóctono, a pesar del noble propósito que inspiró la medida, en la práctica resultó que se abandonó a la despiadada ley de la oferta y la demanda las costumbres, el pensamiento científico, las tradiciones, las creencias, las historias, el libre ejercicio de las ideas, la memoria, los valores, la cultura: lo que fue, lo que es, lo que será.

Reducida a mercancía que carece de razón sin el mercado, negándosele todo valor a lo que no tiene precio, se ha impregnado de egoísmo y de codicia lo sagrado. El peso específico que la cultura tiene hoy en las balanzas de pago, que supera en muchas ocasiones el valor de las importaciones y las exportaciones de las materias primas, ha incidido en profundizar aún más el abismo entre los dueños de la riqueza y los desposeídos.

Los llamados valores intangibles ya no lo son tanto y si no fuera trágico, sería motivo de regocijo, por aquello del reconocimiento y la comprensión aunque sea tardía, el que un cuadro de Van Gogh, muerto de soledad y miseria, se adquiera por un valor que puede oscilar alrededor de los 15 o los 20 millones de dólares y pase a adornar los salones de los dueños de los grandes capitales que ahora así devienen “artísticos”. Los mismos salones donde algún invitado aburrido arroja descuidadamente las cenizas de su habano de marca en la mano disecada de un gorila africano.

Parece increíble pero es verdad, porque también lo es que:

en los mercados de divisa del mundo se intercambian cada día 1,5 billón de dólares, más de 1.200 millones de personas viven en el mundo con menos de un dólar diario, y de ellos, más de 600 millones son niños (...) La quinta parte más rica de la población del mundo disfruta de una porción del ingreso mundial 74 veces superior a la correspondiente a la quinta parte más pobre (...) y según se estima, un 12 por ciento de las personas que viven en los países más ricos del mundo están afectadas por la pobreza. (2)

No es éste el desarrollo humano que aspiramos a alcanzar y que realizándose como cultura en la cultura, se exprese en ella y se traduzca en calidad de vida. Es un agravio a la humanidad la coexistencia de logros tales como la conquista del Cosmos, la alteración deliberada de los códigos genéticos y el manejo de la realidad virtual, con 800 millones de seres humanos hambrientos.

Aún en medio de esta aguda crisis de pobreza y quizás alarmado y estremecido por ella, este mundo que - como señala Eduardo Galeano - nunca ha sido tan desigual en las oportunidades que brinda y tan igualitario en las costumbres que impone, concibe el desarrollo como un proceso multidimensional e integral de factores económicos, sociales, jurídicos, éticos, estéticos, y a la cultura como síntesis propiciadora y depurada de los mejores valores humanos y, en consecuencia, medida suprema de la calidad del desarrollo.

La creciente conciencia de que todos tenemos conciencia de pertenecer a una misma raza humana convierte a la relación entre la cultura y el desarrollo en el centro de las reflexiones y, lejos de ser un tema de coyuntura política, es vital y estratégico e involucra a todos y a todo, porque en esa relación se discute y decide el destino de la especie y de su casa planetaria.

En esta compleja relación cultura-desarrollo que al fin concebimos como un sistema, el llamado libro infantil y juvenil existe, en estrecha relación dialéctica, no sólo con el sistema del libro al cual pertenece por definición sino también con otros factores que de manera directa condicionan y determinan la existencia cultural de cualquier sociedad, y en la cual el libro actúa como un indicador veraz del desarrollo porque es a la vez un hecho y un espacio cultural.

Como hecho cultural es una fuerza resultante de otras de carácter social, económico, político que se fusionan en el soporte privilegiado del libro que conserva y traduce la multiplicidad de las conciencias individuales en colectivas, expresando de esta forma todas las manifestaciones de la creatividad humana. Como espacio cultural es un detonante de la lectura en el cual los lectores dialogan, confrontan, aprehenden y asumen sus propias identidades individuales, las de sus pueblos, y la esencial de la especie, y las dimensionan transformándose así el propio hecho cultural, el espacio de su realización y los propios realizadores.

¿Por qué?

Entonces cualquier política del libro infantil que se diseñe, además de centrarse en este producto cultural, lo hará también en sus receptores y en la difusión del respeto de sus derechos a una vida decorosa, integral y verdaderamente humana en la cual puedan desarrollar al máximo sus potencialidades y elegir libremente su propio destino.

De esta forma las políticas del libro infantil y juvenil estarán en mejores condiciones de contrarrestar las políticas genocidas que crean abismos de desigualdad social y sumen en pobreza, ya catalogada de profunda, a millones de seres. Pobreza que es caldo de cultivo para la proliferación de la violencia que, a su vez, engendra racismo, discriminación, xenofobia, prostitución, drogas, SIDA y, en consecuencia, destruye la cultura porque enfrenta a sus creadores.

¿Cómo?

Tanto la elaboración de esta política como su ejecución debe inspirarse en una integración que aúne esfuerzos y voluntades y en cuya concepción y realización regional, nacional y local no debe faltar el concurso de los conocimientos y experiencias que resumen a lo largo de su trayectoria las organizaciones internacionales como UNESCO y UNICEF, las intergubernamentales como el CERLALC, las regionales como la OEI, las no gubernamentales internacionales como IBBY e IFLA, los gobiernos y sus respectivos ministerios de educación y cultura, y las fundaciones como la Germán Sánchez Ruipérez de España, por sólo citar ejemplos.

Este espíritu de concertación democrática podría concretarse en la creación de:

  • un equipo o comisión multidisciplinaria en la cual estén representados organismos internacionales, intergubernamentales, regionales, ONGs, representaciones de gobiernos y personas de prestigio y trayectoria probada seleccionados entre funcionarios y especialistas de la cultura y la docencia; escritores, diseñadores, ilustradores, editores, libreros, bibliotecarios, promotores, investigadores, críticos, psicólogos, sociólogos, economistas; y que tendría como funciones principales elaborar controlar y garantizar la ejecución de la política regional (iberoamericana y/o latinoamericana) y asesorar y apoyar las políticas nacionales y locales (comunitarias, barriales, etc.).
  • un fondo monetario para el desarrollo del libro infantil y juvenil, al cual tributarían los gobiernos, organismos internacionales, grandes casas editoriales, y otros factores involucrados y que, administrados de manera proba y transparente, se contrapongan a la dependencia que tiende a establecerse de los donantes directos. Este fondo, distribuido de manera colegiada y equitativa por la comisión multidisciplinaria, puede contribuir a garantizar el óptimo aprovechamiento de los recursos humanos y materiales y ayudar así al efectivo desarrollo de las políticas en cada caso.

La comisión multidisciplinaria habría de realizar investigaciones previas que le permitan informarse científicamente del estado de:

  • la realidad socio-económico-política en la cual las políticas del libro infantil y juvenil van a insertarse: conocer el por ciento de niños sin posibilidad de acceso a la escolarización básica; el por ciento de analfabetos reales y funcionales, y cuáles de ellos son mujeres porque el adulto, y principalmente la mujer, son intermediarios en la recepción de este tipo de libros; el rango de influencia de las bibliotecas nacionales; el número de bibliotecas escolares y públicas, así como la cantidad y calidad de sus colecciones, particularmente las que existen en zonas rurales y comunidades indígenas. Precisar las áreas más proclives a desastres naturales y a extinción ecológica, así como las afectadas por la guerra en sus diversas modalidades: zonas en conflicto armado permanente o en litigio fronterizo, y las sujetas a bloqueo económico. De igual forma, las zonas más empobrecidas de las grandes ciudades sometidas a, y generadoras de, todo tipo de violencia, forma no declarada de guerra que, como las otras formas abiertas, cobra también sus víctimas entre los más frágiles: los niños y los jóvenes.
  • La realidad de la situación de las políticas vigentes para el libro infantil y juvenil y la promoción de la lectura: ¿cuáles son estas políticas, quién las promueve, qué alcance tienen? ¿Se aplican: cómo, hasta dónde? ¿Se relacionan entre sí: regional, nacional, comunitariamente?
  • La realidad del estado de la publicación, de la distribución y de la comercialización del libro infantil y juvenil. ¿Qué se publica? ¿Cómo se distribuye? ¿Cómo se comercializa? ¿Se tienen en cuenta las necesidades y las posibilidades de acceso de los más desposeídos?

En la valoración de los resultados de las investigaciones anteriores no se debe ignorar, porque se complementan, las de James U. Mac Neal quien a partir de estudios realizados en Estados Unidos y otros tres países altamente desarrollados concluye:

los niños son un mercado primario – un mercado por derecho propio – en el sentido de que tienen dinero propio, necesidades y deseos, y autoridad y disposición para gastar ese dinero en dichas necesidades y deseos (...) un mercado de influencias. Los niños influyen directamente en 130 mil millones de dólares en compras para el hogar e indirectamente en otro tanto (...) un mercado futuro. Es evidente que con la edad los niños se volverán consumidores de todos los productos y servicios (3)

El libro infantil y juvenil no escapa a la revelación de las increíbles verdades que anteceden y que ya se expresan en Latinoamérica en el debilitamiento o desaparición de las pequeñas editoriales nacionales que no pueden competir con las transnacionales del libro; en que ya los editores no deciden lo que se publica porque deben responder a las políticas de los dueños del mercado del libro; en que ya ni los escritores escriben libremente, porque sucumben a las llamadas transversales del libro infantil y juvenil que las grandes editoriales imponen a partir de una temática que les ha resultado exitosa; en que las librerías de nuestro continente se inundan de libros cada vez más iguales en historias y estilos, y en cuyas cubiertas el color de nuestras culturas empalidece apareciendo en el lugar de los colores autóctonos el de la cultura hegemónica que se va imponiendo como la única.

Esta es la globalización, no la de la verdadera cultura con el objetivo de difundirla y colocarla al alcance de todos para su conocimiento y disfrute, sino la globalización que potencia la ignorancia, la tergiversación y el olvido de las culturas nacionales en aras de una homogeneización que resalta lo fenoménico y circunstancial y borra las esencias.

De la misma forma que la humanidad, con contadísimas y conocidas excepciones, ha ratificado la necesidad de proteger a niños y jóvenes - la Convención de los Derechos del Niño así lo demuestra - las políticas del libro infantil y juvenil deben considerar como objetivo principal proteger a este producto cultural singular y trascendente de convertirse en un producto de consumo.

Protección que no quiere decir paternalismo porque éste debilita las capacidades, limita las proyecciones y compromete la libertad, sino protección que garantice que no se coarte a los autores ni a los editores en su acción creativa o de selección; que permita a las editoriales nacionales publicar obras significativas que dimensionen las identidades de sus pueblos y preserven sus culturas; en suma, que contribuyan al empoderamiento de la creatividad y la sabiduría como barrera efectiva ante el poder del dinero.

Protección que no significa censurar por el tratamiento sexista o hasta racista a obras que, escritas en circunstancias histórico concretas diversas, responden a concepciones y a valores que si bien no compartidos, no pueden implicar que un libro se estigmatice porque como bien señala Ana María Machado:

El hecho de que seamos conscientes de la ideología en un libro y revelemos críticamente sus males, no debería llevar a un mundo donde alguien o algún grupo crea tener el derecho de acallar a los demás, utilizando cualquier método para conseguirlo, sólo porque no siguen exactamente la misma ideología. No sería el final del mundo, pero sí llevaría, seguramente, al final de la palabra escrita. (4)

De lo que se trata es de promover y fortalecer la lectura crítica, concibiendo la competencia lectora no como una tarea técnica sino como un proceso social. De esa forma se potenciaría el criterio de unos en la escucha de todos y viceversa, lográndose al valorar criterios y posiciones distintas, arribar de manera consciente a opiniones personales profundas e inteligentes que, devenidas convicciones, sustenten la actitud ante la vida.

En este ejercicio democrático el niño y el joven deben ser escuchados, no sólo porque no son pocas las verdades que pueden decir, algunas inverosímiles y que los adultos desconocen o tratan de encubrir, sino también y principalmente porque respetándoseles su derecho a ser oídos se contribuye a que aprendan a respetar la opinión ajena, fundamento del entendimiento y la comprensión entre los pueblos y sustento proteico de la paz.

En consecuencia, las políticas del libro infantil y juvenil deben inspirarse y dirigirse a la creación de las condiciones necesarias y suficientes para que este libro se pueda desarrollar como un verdadero producto cultural, sin menoscabo de su calidad ni de su función social, y cuya publicación y existencia se fundamente en la calidad y la garantía de expresar las distintas identidades que conforman lo humano, potenciándose así en el libre acceso a su lectura sus posibilidades de contribuir a formar un receptor crítico.

Con el propósito de lograr los objetivos anteriores, y a partir de:

  • precisar el conjunto de problemas que requieren solución priorizada a corto, mediano y largo plazo;
  • definir las responsabilidades de los gobiernos, las organizaciones regionales, las internacionales e intergubernamentales internacionales las no gubernamentales, es decir, de todos los factores del gobierno y la sociedad civil que se encuentran involucrados;
  • contribuir a crear las condiciones idóneas para que estos factores puedan ejecutar sus acciones y realizar sus tareas con una visión de unidad regional que no desconozca las diferencias, desprejuiciada, coherente y solidaria;

Se sugieren, entre otras, las siguientes acciones:

Regionales

  • Creación de un Acervo que rescate las obras significativas de cada país y universales y que mediante la promoción de coediciones que jerarquicen líneas de publicación que privilegien el multilingüismo característico de la región en la cual prevalecen el español y el portugués, preserve las identidades nacionales, únicas en lo diverso.
    • El proyecto, “Podemos leer y escribir” del CERLALC constituye un punto obligado de referencia, así como la sostenida labor que en este sentido ha venido realizando Banco del Libro y Ediciones Ekaré de Venezuela, por citar dos ejemplos.
  • Creación de una biblioteca iberoamericana de la infancia y la juventud que, además de centrar las funciones inherentes a este tipo de institución, articule un mecanismo de información rápida y de largo alcance que no olvide el desfasaje tecnológico de buena parte de los países de la región. Esta biblioteca puede además coordinar y potenciar así, mediante el otorgamiento de becas, el desarrollo de cursos, seminarios, entrenamientos, la actualización de los conocimientos relacionados con el libro infantil y juvenil y la lectura.
  • Garantizar y multiplicar las oportunidades de acceso a la lectura a través de las bibliotecas públicas y escolares, la elaboración de planes emergentes de lectura privilegiando los fondos de libros para niños discapacitados, y los de los centros de reeducación de menores, hospitales de rehabilitación, entre otros.
  • Apoyar y promover las ferias del libro infantil y juvenil como lugar de encuentro y de conocimiento mutuos que den cabida a diversas formas editoriales que incluyan maneras casi manufacturadas de hacer.
  • Garantizar la retroalimentación de las políticas realizando investigaciones periódicas que informen acerca de la situación del libro infantil y juvenil, tanto nacional como regionalmente, apoyándose en los circuitos y mecanismos ya establecidos y creándolos en donde sea necesario, tratando de mantener un contacto permanente con las zonas más alejadas.
  • Promover concursos que permitan conocer y divulgar las investigaciones y las reflexiones acerca del libro infantil y juvenil y la lectura, así como el rescate del conocimiento y las historias de personajes reales, vivos o no, que constituyan símbolos de cada pueblo:
    • Un premio de ensayo y un premio de biografía novelada podrían contribuir a lo anterior.
  • Apoyar las iniciativas de selección de los mejores libros nacionales e importados que sirven como indicadores de calidad y diversidad y orientan la adquisición y publicación por parte de las instituciones involucradas en este proceso en sus distintos niveles.
    • Las listas de los mejores libros publicados anualmente, confeccionadas sistemáticamente por la Fundación del Libro Infantil y Juvenil de Brasil, el Centro de Estudios de Promoción del Libro Infantil de Venezuela, Fundalectura de Colombia y la Organización Española para el Libro Infantil y Juvenil de España, entre otras, constituyen ejemplos que deben seguirse y divulgarse.
  • Promover la cooperación a partir de afinidades y necesidades comunes, mediante programas de hermanamiento de países, ciudades, instituciones, comunidades, etc.
  • Apoyar por todos los medios posibles los eventos que promueven la reflexión y el intercambio acerca del libro infantil y juvenil y la lectura.
    • Congresos nacionales como el “COLE” de Brasil, el Nacional de Colombia y el internacional “Para leer el XXI” de Cuba, convocados y/o auspiciados por las secciones nacionales respectivas de IBBY, merecen priorizada atención.

Nacionales

  • Apoyar a los gobiernos y sensibilizarlos con la imperiosa necesidad de crear la Ley del Libro en sus respectivos países, brindándoles a través de los organismos e instituciones pertinentes la asesoría que necesiten si así lo demandan.
    • La Guía para el trabajo de campo de Alvaro Garzón constituye una referencia de utilidad conceptual y metodológica.
  • Apoyar los programas nacionales de lectura, donde los haya, y contribuir a su fomento donde no existan.
    • Programas nacionales de lectura como el de Cuba, que descansa en una previa Campaña de Alfabetización y en la enseñanza gratuita y obligatoria hasta el 9no grado y el del PROLER de Brasil, entre otros, constituyen experiencias que por su importancia deben divulgarse.
    • Programas como “Tambogrande”, Premio IBBY-Asahi del 2000 y otros similares expresan el poder de las comunidades en todo lo referente a la preservación de la memoria cultural y el respeto a las identidades. Su trabajo alrededor del libro infantil y juvenil y la lectura debe divulgarse porque constituye fuente de inspiración y sugerencias para otras realidades similares.

En cualquier caso, tanto las políticas regionales como las nacionales, deben dirigir sus acciones hacia las comunidades (rurales, indígenas, barriales), porque ellas, como espacio donde se resume y se potencia la vida ciudadana, constituyen el lugar de realización de dichas políticas.

  • Sensibilizar a las cadenas televisivas y en particular a las de servicio público y canales específicos culturales, educativos y de programación infantil para que colaboren en la divulgación de títulos y autores de prestigio, y resalten el interés por la lectura.
  • Contribuir a la presencia y divulgación de revistas infantiles y juveniles y teóricas sobre temas afines al libro y la lectura en cada país y en la región.

¿Para qué?

Con independencia de que las sugerencias de propuestas de política anteriores u otras similares puedan realizarse, demostrando en la práctica el acierto y la importancia de sus objetivos así como la validez de sus acciones, siempre quedará un lugar para inquirir sobre qué libro infantil y juvenil se debe privilegiar; qué deben leer los receptores que ocupan, en última instancia, el centro y la atención de estas políticas.

Un libro capaz de convocar al diálogo fecundo con un lector universal, y provocarle reflexiones acerca de tantas y diversas incógnitas y razones vitales; un libro como aquel Diario que escrito por una adolescente judía en una situación límite - el apogeo del Holocausto - mantiene viva la urgencia de su apelación a lo mejor de lo humano, la confianza de que a pesar de todo no estamos solos, su fuerza conmovedora:

(...) “Porque, en el fondo, la juventud es más solitaria que la vejez”. Esta frase, leída en ya no recuerdo qué libro, se me ha quedado en la cabeza, porque la encuentro justa.

¿Es posible que nuestra permanencia aquí resulte más difícil a los mayores que a los jóvenes? No. Indudablemente, eso no es verdad. Las personas de edad ya tienen formada opinión sobre todo, y no tienen esta vacilación ante sus actos en la vida. Nosotros, los jóvenes, tenemos que hacer doble esfuerzo para mantener nuestras opiniones, en esta época en que todo idealismo ha sido aplastado y destruido, en que los hombres revelan sus peores taras, en que la verdad, el derecho y Dios son puestos en duda.

Quien pretenda que los mayores del Anexo afrontan una vida mucho más difícil, no comprende sin duda hasta qué punto nosotros somos asaltados por los problemas..., problemas para los cuales acaso seamos demasiado jóvenes, pero que no dejan de imponérsenos (...)

Asombra que yo no haya abandonado aún todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata del hombre. Me es absolutamente imposible construirlo todo sobre una base de muerte, de miseria y de confusión. Veo el mundo transformado de más en más en un desierto; oigo cada vez más fuerte, el fragor del trueno que se acerca y que anuncia probablemente nuestra muerte; me compadezco del dolor de millones de personas; y sin embargo, cuando miro el cielo, pienso que todo eso cambiará y que todo volverá a ser bueno, que hasta estos días despiadados tendrán fin, y que el mundo conocerá de nuevo el orden, el reposo y la paz.

En la espera de eso trato de poner mis pensamientos al abrigo y de velar por ellos, para el caso en que en los tiempos venideros quizás pudieran todavía ser realizables. (5)

La tarea parece compleja y difícil pero, si bien se lee, no lo es tanto. Basta el libro preciso en el momento necesario; el niño, el joven y el adulto que puedan leerlo y compartirlo; el acceso libre y democrático a una lectura íntima y quizás comentada después, en el afán de responderse las infinitas preguntas que un libro propone. Porque un libro no es el mejor, ni el más recomendable cuando dice toda la verdad, o la verdad de todo, y ni tan siquiera una. Lo es cuando en la conversación que propone podemos acercarnos a la verdad del otro, en el afán de encontrar la nuestra; cuando aunque no nos prometa un exitoso y feliz viaje por el Valle del Cuzco, nos aliente y equipe para sobrevivir en el Desierto de Atacama.

Todo libro propone una conversación y conversar es empezar a conocer. Conocer es un buen camino para tolerar, tolerar es un paso de avance para comprender, y comprender es colocarse en el lugar de nuestro semejante, y conmoverse con su pesar o su alegría: la mejor manera de acercársele y amarlo. Amor, palabra relegada a las novelas rosa, impensable en los documentos oficiales o en las políticas, y sin la cual es imposible aspirar a poseer el sentido más importante de todos, el de la responsabilidad.

Porque el niño o el joven que conozca y comprenda la extraordinaria maravilla que es y encierra su propio cuerpo, luchará por protegerlo de las drogas, la prostitución, la violencia; el que se sienta parte de la naturaleza que lo rodea y lo ampara, cuidará de ella porque la sentirá como su casa.

Sentido de la responsabilidad que hace al ser humano sentirse no más que un soplo - ¿por qué no? – divino, y que ese soplo como ser individual y único ya era en la necesidad, el deseo y el amor de sus progenitores, y como ser colectivo y social ya era también en la memoria del primer estallido del Bing-Bang.

Lectura crítica de nosotros mismos y del mundo que nos compulsa a responder quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, las interrogantes que tanto preocupan a la identidad.

Ejercicio del criterio sólo realizable en libertad porque es inteligencia, emoción, valoración, juicio y voluntad humanos, sin el cual el sentido de la responsabilidad que nos humaniza en familia, comunidad y naturaleza como identidades comunes y, a la vez, únicas en la multiplicidad infinita de la diversidad, no tendría sentido.

Sentido, pues, de la vida que alienta también en el libro y da significación a todo y a todos los demás, al ayudarnos a asumir la vulnerabilidad devastadora e insoportable de la responsabilidad de saber que cuando se corta una leve y frágil flor en lo más escondido del pulmón amazónico, una estrella, quizás ya desaparecida, lo sabe y se estremece en el límite de la Nebulosa de Andrómeda.

Notas

1 Saramago, José. “No sabía que fuera necesario”, en El equipaje del viajero. Universidad Nacional Autónoma de México, 1994, p. 43

2 UNICEF, PNUD. “Informe sobre Desarrollo Humano 1999”, en Estado Mundial de la Infancia 2000. UNICEF, 2000, p. 22

3 McNeal, James U. Marketing de productos para niños. Ediciones Granica, Barcelona, 1993, p. 40

4 Machado, Ana María. “Ideología y libros infantiles”, en 24º Congreso internacional del IBBY de literatura infantil y juvenil. Memoria. Organización Española para el Libro Infantil y Juvenil, Madrid, 1994, p. 382

5 Frank, Ana. Diario (Cartas a mi muñeca). Zarco, México, 1955, p. 218-219

Estudios y experiencias

Emilia Gallego Alfonso