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Número 3 - Febrero - Mayo 2003  


Ceremonias para un Encuentro

El tema que nos ocupa - como quizás suceda con casi todos hoy en día - no escapa para ser entendido de una mirada poli y trans disciplinaria: es mucho lo que junto y por separado ya se ha escrito de éste en muchas oportunidades y muy bien. Sin embargo uno puede observar que todo ello no ha logrado evadir, sobre todo en nuestra región, lo declarativo, lo genérico propositivo, en muchos casos - sino apocalíptico - bordeando un pragmatismo paralizante y lo que es más, poco transparente y difícil de ser internalizado por decisores y formadores de opinión.

El desafío de este número no propone una mirada utópica, pero sí reflexiones con ánimo práctico, hábiles para ser reinterpretadas por distintos lectores y flexibles para adaptarse a diferentes realidades.

No se nos escapa que esto también ha sido ensayado, pero ciertamente un nuevo intento con fuerte acento creativo permita renombrar cosas ya dichas procurando cautivar a quienes por formación y conductas de razonamiento diferentes no logran ver en el fuerte vínculo entre Educación y Cultura un aliado del desarrollo; concepto que, hoy por hoy, también resulta difícil de definir.

Preceden las experiencias y reflexiones que desde diferentes disciplinas contiene este número. Las siguientes líneas introductoras intentan marcar el espíritu de la misma.

Nos encontramos insertos en un tiempo en el que conviven por un lado grandes acuerdos como la Declaración de los Derechos Humanos y su insistencia en respetarlos, junto a una secuencia de situaciones críticas de orden económico y también político que se han instalado de manera vertiginosa, dejando a los países más dependientes en una desesperada búsqueda de respuestas.

Son millones los seres humanos que están por debajo de la línea de pobreza, es creciente el poder de las transnacionales, existen diferentes tipos de exclusión, reviven los fundamentalismos, la violencia, el terrorismo, se agrava la irresponsable manipulación de la naturaleza, se subraya el desigual acceso a la información… las incertidumbres y las paradojas forman parte de nuestra cotidianidad obligándonos a aprender a caminar entre lo imprevisible y lo desconocido.

Constatamos hoy el indudable carácter homogenizador de las descarnadas leyes de mercado que buscan des-dramatizar la abundancia de conflictos sustituyéndolos con la abundancia de objetos que conllevan a la banalización de nuestras eternas preguntas primeras. El mercado crea hoy sus particulares formas de nombrar y simbolizar, intentando responder con la más pobre de las esperanzas: que ser se convierta en tener, fiesta a la que ni si quiera todos pueden acceder.

La globalización es una realidad inesquivable que ya no permite limitarnos a ponderaciones negativas. Se requiere para su mejor aprovechamiento y tratando de mitigar sus efectos irritantes, acciones tan aceleradas, continuas y profundas como las que la misma globalización genera. Las mismas interdependencias y cercanías que subrayan como nuestros los patrimonios individuales -aunque sean cada vez más colectivos- también las hacen más diversas, múltiples, inagotables, insospechadas y por ello mismo, posibilitadoras de nuevos sentidos, modos de coexistencia que salvaguarden el respeto y la tolerancia.

Los avances científicos y tecnológicos, provocan y seguirán provocando cambios imposibles de pronosticar en lo que hace a nuestra vida en común. No es cosa fácil en estos tiempos, poner en sintonía tan inmensa variedad de conflictos con los bienes éticos que queremos preservar.

Puede parecer sencillo defender cada valor por separado, pero reconocemos al instante que en su multiplicidad frecuentemente se contradigan en la práctica - es ciertamente de extrema dificultad conciliar un bien con otros. Sin embargo puede resultar saludable dar la bienvenida a esta abundancia de "fricciones", como así también a la imprescindible capacidad creativa para aprender a navegar en ella.

Educación y Cultura:

"Entendida en sentido amplio y general, la educación es el proceso mediante el cual los seres humanos van tomando determinada forma y este proceso es el propio de la vida. Nos educamos al existir. Sin embargo, se necesitaría que cada ser recorriera en su vida el acumulado de humanidad y esto sería imposible. Por ello, las sociedades han delegado en la institución educativa la tarea de contribuir al proceso de formación de quienes van llegando al mundo. Todo proceso educativo implica una intención de 'hacer aflorar', y de hacerlo de manera sistemática para lograr tal propósito. No obstante, lo que pretenda la educación, a lo que apunte, depende de la manera como la sociedad a la que pertenece concibe al ser humano.

Que comprendamos la educación como dirigida hacia la formación es ya una opción determinante que nos compromete con la permanente construcción del ser de la persona y, en consecuencia, con el proyecto de humanidad en el que estamos inscritos. Implica necesariamente que la razón de ser de la educación no puede entenderse meramente como imposición de formas, como si lo nuevo ya existiera; ha de concebirse como la construcción del encuentro y del diálogo para la comprensión de los sentidos posibles del ser humano y de sus mundos, buscando contribuir a que puedan ir aflorando las múltiples e insospechadas formas de lo humano." (Restrepo 2001).

Si acordamos que por lo general, en nuestros sistemas educativos estamos enfatizando el adiestramiento técnico en desmedro de la estimulación simbólica, que sin su correspondiente respaldo cultural lo aprendido caerá en terreno estéril y que ello está estableciendo un divorcio no solo entre las necesidades culturales de la gente sino también con la simulación de valores imprescindibles para la convivencia, limitando su capacidad creativa…

Si reconocemos que cuanto mayor sea el poder de asimilación cultural del educando, mejores posibilidades tendrá el educador de hacer atractiva la presencia del alumno en las aulas y que todo ello redundará en un mayor estímulo a la creatividad con sus consecuentes beneficios individuales y comunitarios....

Si estos principios encontraran eco en la sociedad, ciertamente pudiéramos ponernos a trabajar en proyectos que encuentren las vías para revertir los alarmantes datos que nos arroja la realidad, desarrollando métodos que se auto regulen, que puedan construirse de abajo hacia arriba, y en los que la flexibilidad encuentre ámbitos mas propicios.

Debemos asumir que las complejidades del tema que nos ocupa tienen un carácter tan multi-determinado por diferentes causas, que su articulación requiere armonizar acuerdos con muchas disciplinas. Que para lograr ser comprendido por quienes en los más diferentes niveles forman opinión y toman decisiones y cambien los paradigmas sobre los que han construido sus certezas, tenemos que ir a su encuentro esforzándonos por hacer más transparentes nuestros argumentos.

Nos debemos la tarea de crear un puente para que se preste atención con mayor claridad y sutileza a la más amplia gama de señales que aportan otras miradas buscando que se ponga un fuerte hincapié en los aspectos culturales, imbricándolos dentro de los procesos educacionales; no como un mero adorno complementario, sino como un aspecto fundamental de sobrevivencia y por ello, creador de mundos posibles.

Uno de los principios de la propuesta es; atender a la creación como fundamento de la cultura y a la formación como eje de la acción educativa, indagar en las bases que descubran su encuentro en la imaginación, con la esperanza de abrir horizontes comunes para educadores y gestores de cultura.

La invitación es entonces, desglosar y entrelazar cada uno de estos conceptos orientando nuestras reflexiones en un sentido que intente hacer transparente ese cruce fundamental y a la vez estratégico que existe entre cultura y educación. Privilegiar las respuestas a las preguntas de cómo articular en nuestros países el tan esperado desarrollo armónico, sostenible y por sobre todo, democratizador de los logros que el ser humano ha conquistado.

Thomas Lowy