Número 2 / Enero - Abril 2002
Artículos


Penélope revisited: la empresa red como organización que aprende y desaprende. El nuevo orden emergente de las cualificaciones informacionales recombinantes

Ricardo Alonso Maturana


Ricardo Alonso Maturana es Licenciado en Filosofía Pura y doctorando de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España.


Indice

1. ¿Época de cambios o cambio de época?
2. Características formales de la empresa informacional
3. Implicaciones para las organizaciones
4. La empresa informacional y el trabajo informacional
5. Internet como espacio integrador de tecnologías, objetos, información y personas
6. La empresa-red como nuevo paradigma de la producción informacional
7. Jerarquías, redes, capital social y aceleración del aprendizaje organizacional
8. Funciones de inteligencia y aprendizaje en la empresa informacional
9. Sentido polisémico de la palabra red como atributo de empresa
10. Especialización cultural y fragmentación de la empresa informacional
11. Trabajar y aprender: la empresa-red como sujeto inteligente que aprende
12. Competición basada en la competencia
13. La empresa-red como sujeto inteligente que desaprende
14. Las cualificaciones digitales como cualificaciones recombinantes con identidad profesional difusa
15. Desaprendo, luego existo: La cuestión del sentido del trabajo humano en la empresa-red
16. Tecnohumanidad y cualificaciones recombinantes: la lógica binaria de la sociedad digital
17. Información exuberante y perplejidad informada: el desafío formativo de la sociedad informacional
18. Bibliografía
19. Notas


¿Época de cambios o cambio de época?

Por utilizar la clase de contundentes y a menudo simplificadores eslóganes de uso corriente en el management contemporáneo: no estamos viviendo en una época de cambios, sino en un cambio de época(1). Esta idea se ha convertido en un lugar común a lo largo de la última década. Y si esta percepción se ha convertido en parte del acervo popular del último cuarto del siglo XX es porque, en ese corto espacio de tiempo, han concurrido, o se han hecho explícitas, cuatro grandes innovaciones que han tenido y seguirán teniendo un impacto fundamental sobre los estilos de vida y las agrupaciones de intereses de las personas y sobre la estructura económica de las sociedades avanzadas. La primera innovación fue la de la microelectrónica que posibilitó (2) un desarrollo espectacular de las telecomunicaciones y también (3) un desarrollo inédito y una integración sin precedentes de sistemas automáticos de almacenamiento y procesamiento de la información que han hecho posible (4) el desarrollo de la ingeniería genética y de la biotecnología.

Estas cuatro grandes innovaciones están convergiendo y actuando sinérgicamente para producir un nuevo espacio social y mental donde las personas se representan el mundo de una forma radicalmente nueva. Sin embargo, por utilizar la expresión de Cornellá, “la fiesta todavía no ha empezado; estamos escuchando la música desde lejos, pero nos vamos acercando al festival”(2). Trataremos de elucidar las razones por las que esto es así y de qué manera, cuando llegue la fiesta de verdad, los modos de producir y estar de las personas y de las organizaciones se verán conmovidos.

Características formales de la empresa informacional

A modo de introducción, con el fin de fijar el campo de juego, empezaremos por ofrecer una visión sistemática de la empresa informacional o empresa-red.

Lo que aparece como característico de la sociedad de la información, lo es de sus instituciones más íntimas, como es el caso de la empresa capitalista. Blondin, al igual que Echevarría entre nosotros(3), ha teorizado sobre la emergencia de un nuevo paradigma que afecta a toda la actividad humana, si bien desde un punto de vista menos general y más pegado a las consecuencias e impacto que, para la actividad económica humana, se han derivado de la extensión y casi universalización de las nuevas tecnologías. El cuadro siguiente muestra las características diferenciales entre el viejo paradigma y el emergente según este autor.

VIEJO PARADIGMA

NUEVO PARADIGMA

Analógico

Transistores

Tratamiento de datos

Máquinas de calcular

Softwares cerrados

Ordenadores aislados

Multimedia

Saturación informativa

Continentes

Gamas estables de productos

Productos con servicios

Coste

Mercados basados en la oferta

Mercados nacionales

Mercados de masas

Creación-producción-difusión

Culturas nacionales

Jerarquías

Digital o numérico

Microprocesadores

Tratamiento de la información

Máquinas de comunicar

Softwares abiertos

Redes de ordenadores

Plurimedia

Agentes inteligentes

Contenidos

Evolución rápida de los productos

Grupos virtuales

Valor

Mercados basados en la demanda

Mercados globales

Mercados segmentados

Creación-difusión-producción

Culturas mestizas

Redes

Fuente: Blondin, 1999(4)

Implicaciones para las organizaciones

El cuadro de Blondin se centra en las implicaciones que la tecnocultura que subyace a algunos atributos de lo que Javier Echevarría ha denominado Tercer Entorno o E3, tales como la capacidad de operar a distancia, el carácter representacional y simbólico del marco, la inestabilidad y globalidad asociadas con su instalación y desarrollo, su capacidad para desarrollar una memoria autónoma de la humana y su impacto sobre procesos culturales de fondo que implicarían una especie de tecnolenguaje universal (integración semiótica), tienen sobre las tecnologías y su renovación, los mercados y las relaciones que los actores económicos pueden desarrollar en este nuevo espacio.

Cartier (5) por su parte, a partir del análisis del cuadro diferencial de Blondin identifica lo que le parecen ser los principales rasgos del nuevo paradigma en lo que hace a su instalación en las organizaciones, a saber:

A estos tres rasgos generales del nuevo paradigma deberían añadírsele estos otros tres que propone Cornellá(6), característicos de un modelo de sociedad cuya identidad más básica y esencial radica crecientemente en la fluencia de información y que serán discutidos más adelante:

En este contexto, las organizaciones se enfrentan con los siguientes tres grandes desafíos:

Como resultado del incremento de la velocidad del ciclo de la innovación y de la difusión de la misma, está emergiendo en los países más avanzados un nuevo modo de organizar y valorar el trabajo que afecta:

La mayor parte de estas ideas, si bien no todas, han devenido en un lugar común de la literatura sociológica, económica y relativa a la gestión empresarial en los últimos años de los noventa del siglo XX. Puede encontrarse uno o varios o, a veces, todos los rasgos señalados en cualquier revista económica, artículo de prensa y, naturalmente, en miles de sites más o menos especializados de Internet.

La empresa informacional y el trabajo informacional

Las empresas son uno de los espacios formativos más determinantes en esta fase de capitalismo informacional, no sólo en la medida en la que sus interacciones determinan el espacio de los flujos de bienes, personas, información, conocimiento, la formación de los mercados y en buena medida las formas de organización y ocupación del espacio físico y la estructura social, sino porque han devenido en espacios de creación, socialización y difusión del conocimiento, a la par que los modelos de gestión avanzados han generado en su interior un espacio de aprendizaje e incorporación de conocimiento a las personas de carácter crecientemente formal.

Y las empresas son cada vez más lugares en los que se aprende porque en buena medida el trabajo informacional consiste en aprender. Esta función, que antaño se realizaba de manera más informal y fundamentalmente a través de estrategias de aprendizaje y de socialización en el trabajo (learning by doing), ha venido a situarse en el corazón de la estrategia de las organizaciones más en la frontera de sus respectivos conocimientos sectoriales. En consecuencia, la socialización a través del trabajo incluye un componente de trabajo intelectual que trasciende el antiguo concepto de cualificación profesional. Como se verá, las cualificaciones profesionales cada vez son más digitales en un sentido que precisaremos, lo que en parte quiere decir que en todos los casos incluyen una apropiación intelectual, de carácter muy simbólico y abstracto, de los procesos sometidos al control de las máquinas y la programación. En el mismo sentido, las tecnologías blandas o de gestión requieren de las personas comportamientos socialmente exigentes que implican el dominio de destrezas sociales vinculadas con competencias que se adquieren en un ambiente social cognitivamente rico que, hasta hace no mucho, estaban circunscritas al ámbito de las élites gerenciales y a los mandos intermedios.

En este nuevo contexto, la empresa, a través de las estrategias de formación continua que lidera y desarrolla, se suma al conglomerado de instituciones sociales que amplían la base social del conocimiento y hacen posible que el ciclo de la innovación tecnológica pueda ser socialmente interiorizado, apropiado y reutilizado de formas no obvias ni predeterminadas, ampliando de ese modo su alcance inicial hasta alcanzar al conjunto de la sociedad.

Internet como espacio integrador de tecnologías, objetos, información y personas

El resultado más espectacular del desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) es Internet (Web Wide World). Internet es un espacio integrador de tecnologías, objetos y contenidos y, probablemente, una parte crecientemente importante del espacio social mismo. Tentativamente, cabe afirmar que la sociedad de la red representa y lo hará aún más en el futuro, una proporción mayor de la sociedad de la información. En Internet se está produciendo la convergencia de las NTIC con las viejas TIC (teléfono, televisión, radio y otros sistemas de almacenamiento de sonidos e imágenes) y también con otras tecnologías anteriores procedentes de la Segunda Revolución Industrial, la que se produjo entre 1860 y 1900 (mecánica, hidraúlica, electricidad, electrónica). Como resultado de estos procesos emergen fenómenos como la teleformación, el telemantenimiento y control de máquinas y procesos, el telecontrol de presos y ciudadanos sometidos a restricciones en su libertad, la telemedicina, la teleformación y el teletrabajo, entre otras.

En el actual estado de desarrollo tecnológico de la red y de las infraestructuras que la soportan ninguna de estas formas de “acción a distancia” se muestra capaz de abolir las interacciones humanas cara a cara o de desplazarlas a un espacio puramente recreativo. Más bien al contrario, requieren de operaciones de coordinación que refuerzan la necesidad de relaciones humanas en otro nivel. Sin embargo, cuando en el futuro converjan en ese nuevo espacio los cuerpos animados a través de sus representaciones animadas, lo real y lo virtual pueden llegar a diluir sus fronteras hasta un punto difícil de imaginar, generando posibilidades de relación humanas inéditas, ricas y complejas(8).

La empresa red como nuevo paradigma de la producción informacional

Considerado el cambio desde el punto de vista de las organizaciones, la empresa informacional o empresa-red es la principal consecuencia del desarrollo del ciberespacio como nuevo espacio de sociabilidad, intercambios y comunicación.

La empresa-red constituye el nuevo paradigma organizativo del capitalismo informacional/global; su naturaleza íntima consiste en estar conectada y su éxito en la arena global depende de su capacidad para generar redes robustas y estables o, lo que es lo mismo, generar retebilidad o potentes efectos-red(9).

Comienza a resultar un lugar común el considerar que las claves del éxito de la empresa-red residen en su capacidad para procesar información masiva, generar a partir de ella conocimiento diferencial y proyectar eficientemente esa transformación en forma de innovación de producto o servicio, o bien en forma de propuesta de colaboración o alianza, sobre un entorno donde lo realmente escaso es el tiempo y la atención de las personas que consumen(10). En este sentido, como señala Castells, “la empresa red materializa la cultura de la economía informacional/global: transforma señales en bienes mediante el procesamiento de conocimiento”(11).

Jerarquías, redes, capital social y aceleración del aprendizaje organizacional

La preeminencia de las redes en el nuevo contexto informacional ha determinado que las estrategias públicas y privadas dirigidas a mejorar la innovación de las empresas se hayan orientado en buena medida a incrementar el capital social, interrogándose por las condiciones en que se produce y tratando de reproducir esas condiciones precisamente(12). Desde el punto de vista de las empresas, el objetivo de muchas de ellas en la frontera ha sido el de insertarse en un medio donde ya exista esa clase de substrato. Sin embargo, es imposible disfrutar de las ventajas de un entorno social rico derivadas de la participación en redes sociales informales, dinámicas y potentes cuando las relaciones de producción y los métodos de coordinación no están basados en una cultura de alta confianza(13) que promueva la autonomía de las personas(14), el trabajo en equipo y un compromiso flexible con el propósito y objetivos de la compañía(15). El logro de ese medioambiente organizacional y la inserción en esa clase de ambientes sociales ricos caracterizados por la proximidad geográfica y la proliferación de lazos débiles entre personas de diferentes empresas y, por ende, por la permeabilidad de las organizaciones(16) se consideran en el contexto del ascenso del informacionalismo como intrínsecamente aceleradores del aprendizaje y, por ello, se han convertido en la piedra de toque, tanto de muchas empresas en la frontera como de todas las políticas públicas orientadas a incrementar el aprendizaje y la innovación de las organizaciones.

Funciones de inteligencia y aprendizaje en la empresa informacional

La característica más sobresaliente de la empresa informacional es que tiene hipertrofiadas dos funciones: la función de inteligencia(17) y la función de aprendizaje. Una de las tendencias emergentes observables desde el punto de vista de la gestión de las organizaciones es la integración de las funciones de inteligencia y aprendizaje en un nivel superior(18). Las redes de aprendizaje organizacional(19) representan ese nivel superior que, una vez establecido, orientan de forma irreversible a la organización hacia el conocimiento. La palabra conocimiento en este contexto designa tanto los procesos de gestión y la calificación técnica de las personas, como el marco cultural de la organización y las disciplinas humanas que deben dominarse para enfrentar los retos derivados de la aceleración del ciclo de la innovación tecnológica(20).

Si bien la idea de Drucker según la cual las corporaciones son los grandes vertebradores de la vida social parece desconsoladoramente adecuada al guión del “pensamiento único”, el hecho es que las organizaciones son un espacio social extraordinariamente relevante considerado desde el punto de vista de la creación y difusión del conocimiento social; además, en la medida en la que, en el contexto del trabajo informacional y cognitivo emergente, articulan y ordenan el trabajo social y secundariamente distribuyen las compensaciones asociadas con la posición de los actores en ese proceso, desempeñan un papel relevante en la asignación de roles y posiciones sociales de las personas en el nuevo contexto informacional y en la conformación de la estructura social(21).

La fusión de inteligencia y aprendizaje como concepto (Intelearning), designa una estrategia orientada a la integración de las funciones de inteligencia y aprendizaje en un entorno de red. Ello ha modificado la arquitectura de las organizaciones, pues ha supuesto la integración de los procesos de gestión del conocimiento(22) con los de vigilancia tecnológica(23) e inteligencia de negocio(24). Desde un punto de vista operativo, semejante modificación ha supuesto la integración de los procesos de descubrimiento de conocimiento, conversión del conocimiento en productos y servicios y, frecuentemente, en ambas cosas a la vez, así como los orientados a la modificación de los comportamientos (educación) y sus tecnologías asociadas(25). El conjunto de innovaciones referido es el responsable del cambio emergente en los roles de las personas en el proceso de producción y, por ende, de los que de allí se derivan con relación a la posición que ocupan dentro del propio entramado social de la empresa y de la comunidad. Esta profunda modificación de la estructura organizativa y de los paradigmas de control sobre los flujos de información de las empresas más orientadas a la innovación es la que, en última instancia, ha determinado una variación de los pesos relativos asociados con las jerarquías y las redes en el seno de tales organizaciones en beneficio de éstas últimas; variación que resulta adecuada al estilo de producción en pequeña escala, orientado a satisfacer necesidades y gustos locales, programable, en definitiva ajustado (lean production) adecuado a la instalación de la economía informacional en las organizaciones(26).

Sentido polisémico de la palabra red como atributo de empresa

Después de lo dicho creo que puede establecerse un ideal-tipo de empresa-red basado en un triple sentido de la palabra red:

  1. La empresa-red se caracterizaría por la riqueza de sus conexiones conscientes en forma de alianzas, sistemas de retroacción con los clientes, sistemas de conexión en red con el objetivo de buscar, descubrir y procesar con sentido información y conocimiento, conexión con los sistemas de educación formal y continua, etc...
  2. En segundo lugar, la empresa-red es la que ha adoptado un estilo de producción ajustada, basado en la potenciación de la responsabilidad de las redes sociales de la empresa en las operaciones de control en detrimento de las jerarquías. En este sentido, la empresa red responde a una tipología empresarial caracterizada por la horizontalidad.
  3. En tercer lugar, la empresa-red es aquella establecida sobre una estructura social vinculada a un territorio, caracterizada por una alta densidad de interacciones sociales. La empresa-red sería aquella capaz de vincularse significativamente con esos flujos a través de las interacciones informales de sus miembros con otros del exterior a fin de capturar el conocimiento que se produce en la frontera, casi siempre de carácter tácito, internalizarlo y convertirlo en producto(27). Una de las aparentes paradojas de las redes es que, a la vez que en apariencia abolen la distancia física generando un mundo sin profundidad, ni altura o anchura en el que, casi de manera literal, todo puede estar a la vez en cada parte o al menos accesible desde cada una de las partes, el contacto físico, las relaciones personales en un medio socialmente rico aparecen como los motores y los aceleradores de la innovación. El lema High tech high touch, alta tecnología alto contacto refleja adecuadamente esta compleja interacción entre desarrollo de las redes y del sector cuaternario, patrones de ocupación del territorio de la actividad económica y alta densidad de relaciones sociales presenciales.

Algunas de las consecuencias más relevantes de la preeminencia de las redes sobre las jerarquías en las organizaciones más en la frontera tienen que ver con el énfasis que es observable con relación al fortalecimiento de aquellas variables estructurales más inmarcesibles y difusas, y también más “personales”, tales como la comunicación y sus procesos, la cultura de la empresa y sus valores asociados, el clima sentimental y emocional que debe reinar en el grupo y que, a la postre, parece ser determinante con relación al grado de implicación y asunción de responsabilidades y desafíos de los trabajadores, el sistema de recompensas intangible, que ahora incluye diseños de carrera profesional, ceremonias de reconocimiento del esfuerzo y el trabajo intelectual y, también, perspectivas y oportunidades de carrera asociados con la posibilidad de alcanzar importantes presupuestos para el desarrollo de ideas nuevas(28).

Especialización cultural y fragmentación de la empresa informacional

Se dice que una idea se transforma en innovación cuando es reproducible a gran escala y a costes razonables. Si la idea tiene la suficiente importancia como para impactar y modificar severamente los estilos de vida (como en el caso del teléfono, el automóvil, el aeroplano o el ordenador digital) entonces hablamos de innovación básica. Esta clase de innovaciones tiene la capacidad de crear una nueva industria o modificar la existente(29).

Desde el punto de vista de la ingeniería, cuando una idea pasa a convertirse en una innovación lo que ocurre es que confluyen en ella diversas “tecnologías de componentes” en un conjunto nuevo. Estos componentes provienen de desarrollos aislados en diferentes áreas de investigación y configuran gradualmente un conjunto de tecnologías fundamentales para su mutuo éxito. Mientras ese nuevo conjunto no se forme, la nueva idea no será posible. Esta forma de entender la innovación en el área industrial, como empaquetamiento y agregación de tecnologías preexistentes, en origen aisladas, pero a la postre compatibles, ha pasado a convertirse en la forma que la innovación ha terminado por tomar en todos los sectores de producción, incluidos los servicios. Esta es la idea, al menos, que expone Kevin Werbach(30) tomando como referencia lo que ocurre en la industria de los contenidos y el entretenimiento (periódicos, revistas, TV...) y proyectándola sobre negocios que funcionan en red. A su juicio la sindicación, entendida como “la venta del mismo bien a muchos clientes, que lo integran con otros y lo distribuyen”(31), podría llegar a ser, de continuar la expansión de Internet, “la estructura subyacente de los negocios”(32).

Veamos como funciona la sindicación y cómo convierte la escasez en abundancia. Dentro de la industria de Internet cabe distinguir tres grandes tipologías de empresas. Por un lado, estarían las productoras u originadoras de contenidos, que, frecuentemente, pueden ser, profesionales, asociaciones de los mismos. La idea de contenido utilizada en este contexto, denota algo más amplio que texto o imágenes; en la práctica, como señala Werbach, “cualquier cosa que pueda existir como información –desde productos y servicios a procesos de negocio o divisiones de una corporación- puede ser sindicado”(33). En segundo lugar, tenemos los ensambladores o empaquetadores (o sindicadores, en terminología inglesa) que son los que agrupan contenidos “a través de formatos y contratos estándar”, añadiendo valor por el camino al evitar que los distribuidores, que son la cara que el cliente final ve, tengan que negociar con docenas de productores o buscar por su cuenta los contenidos más adecuados. Finalmente, los distribuidores, partiendo de paquetes prefijados, los agrupan en función de las demandas explícitas o, si se trata de un nuevo proyecto, latentes del mercado de manera que resulten útiles.

La sindicación no es outsourcing, ni tampoco un modelo que funciona sólo con contenidos tradicionales (textos, gráficos, dibujos, fotografías, animaciones, vídeos o música). Entre los ejemplos de sindicadores que propone Werbach, Screaming-Media respondería a la tradicional idea de empaquetador o agencia que agrupa contenidos y los distribuye aprovechando la tecnología Internet (en este caso utilizando una combinación de software de filtrado que hace llegar a cada distribuidor los contenidos en función de sus intereses y de editores humanos), sin embargo en el caso de Linkshare lo que se empaqueta es comercio y no contenidos. En este último caso, más de 400 tiendas virtuales han establecido un contrato con Linkshare para que administre sus programas de afiliados, programas que permiten alcanzar un determinado sitio web desde otros emplazamientos en la red a cambio de una pequeña comisión en la venta que se realice. Linkshare, al agregar todos estos programas en su sitio, provee de, por así decirlo, una ventanilla única, de lugares afiliados. En este modelo, las tiendas virtuales son los originadores o productores que sindican sus conexiones desde otros espacios de la web en Linkshare, el empaquetador que provee de la tecnología para seguir la traza de las operaciones y asegurar el pago de las comisiones a los afiliados; los lugares de contenidos son, finalmente, los distribuidores. Linkshare cobra una tasa por estar en su servicio y una comisión sobre las ventas que canaliza.

A menudo los diferentes roles se solapan o agrupan en estrategias de empresa ambiciosas. Werbach menciona el caso de Amazon, que ha pasado de ser un sitio de libros, de hecho la librería más grande del mundo, a lanzar un agresivo programa de afiliación tendente a sindicar su almacén, que le ha permitido estar presente en más de 400.000 sitios de la red (a cambio de perder parte del control sobre el proceso de ventas y de recortar sus beneficios entre un 5% a un 15%, la comisión que paga a sus afiliados, por unidad vendida). Más recientemente, ha sindicado su base de clientes desarrollando un servicio de hospedaje en el que se han establecido cientos de pequeños proveedores. Al hacerlo, cada pequeña tienda gana un mercado potencial de 13 millones de clientes y se beneficia de las sofisticadas tecnologías desarrolladas por Amazon para relacionarse con ellos; a cambio, debe abonar a Amazon una tasa y una comisión por cada venta. Como señala Werbach “al comportarse como sindicador y distribuidor a la vez, Amazon ha convertido la amenaza derivada de la ausencia de escasez característica de la red en una ventaja”.

Werbach opera sobre la idea de que cualquier cosa cuya naturaleza sea digitalizable (y todo puede llegar a ser reducido a información en el marco del nuevo paradigma) puede tratarse a los efectos como un contenido y en consecuencia puede ofertarse como un servicio, sin las constricciones de localización, almacenaje y montaje características del mundo económico no digital. Dado que la red puede generar casi indefinidamente espacio de red, la información puede ser replicada y recombinada de maneras potencialmente infinitas y ser distribuida a cualquier lugar en cualquier momento, la amenaza fundamental para las empresas que no dispongan de una buena red de sindicación y una estrategia acorde no proviene de la escasez, sino de la abundancia que hace que el ciclo de producto y las ventajas competitivas devengan extraordinariamente cortas. “Las compañías necesitan –escribe Werbach- (...) buscar y ocupar los nichos más valiosos en las redes de sindicación, aquellos que les permitan maximizar el número y la fortaleza de sus conexiones con otras y con los clientes. Y dado que esas conexiones están cambiando permanentemente, incluso la más exitosa de las estrategias de negocio difícilmente puede permanecer por mucho tiempo”(34). Vemos de nuevo de qué modo la economía digital de la red ha incorporado revoluciones a la centrifugadora de Schumpeter y cómo los servicios del futuro consistirán en empaquetamientos originales de servicios preexistentes, que a los efectos funcionan aquí de manera análoga, pero sin las restricciones características del mundo físico, a como las tecnologías de componentes lo hacían con relación a los procesos de innovación tecnológica de naturaleza material.

La naturaleza de los empaquetamientos y su éxito dependerá de que las agrupaciones realizadas se correspondan con relaciones significativas, si bien latentes, en el mundo social de los usuarios; en resumen, de que resuelvan mejor un problema o que satisfagan más adecuadamente alguna clase de necesidad latente de naturaleza no sólo digital. El problema está en encontrar los códigos que posibiliten la combinación adecuada de los componentes en función de una percepción adecuada de las tendencias emergentes en el espacio de las necesidades humanas. La economía digital será una economía del conocimiento en la medida en la que sea capaz de generar empaquetamientos codificados y adecuados a ese mundo inexpreso y latente, de la información digitalizada. A título de ejemplo podemos imaginar la siguiente situación. La información que envían los 200 chips tontos de cualquier coche de última generación podría hacerse llegar a un concesonario de la marca o bien a un taller cuyo servicio es, de momento, el mantenimiento preventivo. Es posible que el usuario disponga de varios vehículos, por lo que le resultaría mucho más cómodo que una empresa de telemantenimiento preventivo, y sólo una, le enviara a su correo electrónico las operaciones que debe hacer, y cuándo, de todos ellos. Sin embargo, podría resultarle interesante que fuera la misma empresa la que se ocupara del telemantenimiento preventivo de los electrodomésticos y del sistema de seguridad de su casa y que, a la vez, gestionara los seguros de la vivienda y vehículos, que se benefician de importantes descuentos en función del telemantenimiento preventivo realizado, los sistemas de seguridad implantados, etc.

El resultado de todo ello es una revolución estructural sobre la innovación, la estructura de las empresas y su cultura. Aparte de esta primera razón de índole digital, Werbach apunta una segunda, igualmente importante, a la hora de considerar la sindicación o empaquetamiento codificado de servicios digitales como el futuro de la empresa informacional. Según ésta, la sindicación de servicios permitirá a las industrias y empresas generar valor concentrándose en aquello que saben hacer mejor. Tradicionalmente, los contenidos han sido muy caros y costosos de crear. La aportación de Werbach sugiere que en el futuro la industria de contenidos, entendida ésta en el sentido amplio y digital en el que aquí utilizamos ese término, operará con el mismo concepto de tecnologías de componentes agregadas y compatibles con el que trabaja el sector de fabricación industrial(35).

Una de las ideas sugeridas en el artículo de Werbach, a saber, que las empresas caminan por una senda de especialización cultural, fue el objeto sustantivo de un artículo de John Hagel III y Marc Singer, considerado el mejor artículo de management del año 1999 publicado en la Harvard Business Review(36), y que podría titularse algo así como “Desmantelando la organización”. Según los autores, el modelo de empresa en la industria de los ordenadores de los 70 caracterizado por una férrea integración vertical y que paradigmáticamente representaban corporaciones como IBM, Burroughs o Digital Equipment, fue sometido a una dura prueba cuando una pequeña compañía, Apple Computer lanzó el Apple II en 1.978. El Apple II fue el resultado de agregar componentes desarrollados por pequeñas empresas especializadas de hardware y software. De inmediato, como señalan los autores, “las ventajas de los generalistas –tamaño, reputación, integración- comenzaron a declinar. Las nuevas ventajas –creatividad, velocidad, flexibilidad- pertenecían a los especialistas”(37). La explicación del fenómeno tiene que ver con una vieja idea que Coase expuso en su célebre artículo La naturaleza de la empresa según la cual la forma integrada y vertical de la empresa industrial venía determinada por la limitación estructural que imponían los costes de transacción en el estadio de desarrollo tecnológico e informacional del industrialismo(38). Coase preveía que la disminución de tales costes acabaría con el dominio de las grandes corporaciones integradas. Los costes de transacción hacen referencia al tiempo y dinero que las compañías gastan en intercambiar bienes y servicios. Hagel III y Singer amplían y ponen al día el concepto al referirse a dichos costes como costes de interacción, que no sólo incluyen los costes de los intercambios formales entre compañías y entre éstas y los clientes, sino que incluyen los costes derivados de intercambiar información e ideas aquellos derivados(39).

La idea fuerza del artículo de Hagel III y Singer es que toda empresa es el resultado de la combinación de tres “negocios” básicos: uno de generación de nuevos productos (I+D), otro de operaciones o producción y, por último, un tercero de relaciones con el cliente. Lo relevante para nuestro propósito es que los factores de éxito, las competencias y las pautas culturales de cada uno de ellos son diferentes. Esta diferencia, empero, no está asumida por parte de la cultura gerencial dominante. Como señalan los autores, “los directivos se refieren a sus actividades clave en términos de <<procesos>>, más que como <<negocios>>, porque, salvo raras excepciones, asumen que las actividades deberían coexistir. Cerca de un siglo de teoría económica avala la idea convencional de que clientes, innovación e infraestructuras deben combinarse en una sola empresa”(40), pues, se cree firmemente, los costes de coordinación inherentes a la desagregación de los negocios excederían a las posibles ganancias en flexibilidad y creatividad. Por esa razón, las grandes compañías se han pasado las últimas décadas inmersas en complicados proyectos de reingeniería de procesos, sólo para constatar finalmente que las pautas de gobierno de cada uno ellos entra en conflicto con las de los otros(41).

El negocio de la innovación se concentra en servir a los empleados, sin pensar en ningún momento en los clientes. En I+D la palabra clave sería speed. Es necesario anticipar la innovación, intuir cuáles son las demandas latentes en el cambio social y articular una respuesta antes que nadie en un entorno caracterizado por la complejidad. En este contexto la retención del talento y la capacidad de creación lo son todo. En producción la palabra clave es scale, lo que significa que gana el que produce a menor coste por unidad de producto, pero para ello es preciso establecer standards. La cultura de producción, a diferencia de la innovación o ventas, es impersonal. No le interesa nada, excepto racionalizar al máximo las operaciones de manera que los costes unitarios decrezcan. Por último, en el negocio de relacionarse con los clientes la palabra clave es scope, el cliente es el que manda y la empresa es la encargada de satisfacer sus particulares deseos; desde esta óptica de servicio, la cultura de ventas propende naturalmente a ofertar al cliente tantos productos y servicios como sea posible.

“Bajo la presión combinada de la desregulación de los mercados, la competencia global y las posibilidades de las tecnologías avanzadas, un importante número de industrias se está fracturando a lo largo de las líneas de falla abiertas entre la gestión de las relaciones con los clientes, la innovación de producto y la gestión de las infraestructuras”. Según los autores, las tensiones derivadas de la coexistencia en el seno de la organización de culturas tan diferentes obligarán a las empresas a desmembrase en función de las diferentes subculturas. Tenemos aquí proyectada a una escala estructural la división de Werbach entre creadores de contenidos o componentes (I+D), empaquetadores o productores (los que trabajan con lo que hacen los creadores sobre el paradigma de las economías de escala) y, por último, los distribuidores que difunden y adecuan lo que hacen los productores a las exigencias del cliente.

Este proceso de desmantelamiento ya es observable en las empresas de comunicación periódica y, comienza a serlo, en la farmacéutica y en las de las tarjetas de crédito tales comon VISA o Mastercard. Más en general, los autores observan, de manera concurrente con Werbach que “para ver el futuro de las organizaciones de negocios, sólo se precisa echar un vistazo a cómo se están organizando hoy las que operan en Internet. Portales de negocios como Yahoo! están centrando crecientemente su actividad en la gestión de su relación con los clientes, mientras, por un lado, delegan en otras compañías la provisión de productos y servicios innovadores con base en la red y, por otro, la gestión de las infraestructuras. Mucha gente sigue pensando en Yahoo! como en un buscador, cuando lo cierto es que su servicio de búsqueda es provisto por otra compañía, Inktomi, una empresa innovadora cuyo conocimiento experto en procesamiento y computación en paralelo permiten a su buscador revisar millones de páginas Web prácticamente de manera instantánea. También ha forjado relaciones con los grandes proveedores de acceso a Internet, como AT&T, que, a su vez, manejan una parte importante de las infraestructuras de Internet. Yahoo! queda libre, en consecuencia, para concentrarse en atraer clientes, reunir información sobre ellos, y conectarlos con anunciantes y vendedores. [Yahoo!] está llamada a posicionarse como lo que nosotros denominamos un infomediador –una empresa cuyo rico almacén de información sobre clientes le posibilita controlar el flujo de comercio en la Web”(42).

Internet funciona aquí como avanzadilla de la economía informacional debido, como reconocen los autores, a los bajos costes de interacción característicos de la actividad económica de la red; por eso resulta natural que sus empresas se concentren en una sola actividad. Pero en la medida en que esa avanzadilla representa el futuro de la actividad económica y, en este sentido, la senda de la fragmentación y especialización cultural parece ser la que recorrerán la mayoría de las empresas a medida en que las NTIC penetren más profundamente en sus actividades a la par que incrementen la interconexión e interacción entre ellas, disminuyendo dramáticamente los costes de transacción.

Trabajar y aprender: La empresa-red como sujeto inteligente que aprende

Cada vez en mayor medida, las empresas son consideradas como sujetos que aprenden, y que lo hacen para poder evolucionar, adecuarse y responder a las exigencias de un entorno cultural caracterizado por la inestabilidad, la fluencia, la virtualidad y la multiplicidad de expectativas, que demanda de ellas una extraordinaria destreza adaptativa.

En su formulación más básica y, por tanto, vacía de todo contenido empírico, cabe considerar a la empresa informacional como una comunidad o grupo humano cimentado sobre un proyecto de cooperación estable basado, en primer lugar, en las capacidades de sus miembros y en el plusvalor que son capaces de producir a partir de ellas en función de la riqueza e intensidad del marco de relaciones que sean capaces de establecer(43) y, en segundo lugar, en las posibilidades de transformación de los comportamientos inherentes a los procesos intensivos de aprendizaje; el fin último de todo ello sería el de permanecer como grupo con independencia de la actividad concreta que en cada momento de la vida de la comunidad realice. Como ha dejado escrito Castells “Todo intento de cristalizar la posición en la red como código cultural en un tiempo y en un espacio particulares sentencia [a la organización] a la obsolescencia, ya que se vuelve demasiado rígida para la geometría variable que requiere el informacionalismo. El “espíritu de informacionalismo” es la cultura de la “destrucción creativa”, acelerada a la velocidad de los circuitos optoelectrónicos que procesan sus señales. Schumpeter se encuentra con Weber en el ciberespacio de la empresa-red”(44)

Esta abrumadora descripción de los requerimientos de supervivencia de la empresa-red está delineando algunas funciones claves cognitivamente exigentes que, en general, tienen todavía un carácter emergente como pueden ser las de vigilancia tecnológica y descubrimiento del conocimiento y de mercados, la vigilancia y fidelización de los clientes utilizando para ello poderosas tecnologías de relaciones (Customer Relationship Management o CRM) que hacen posible utilizar la información que proporcionan áquellos en una segunda vuelta de los negocios, las de gestión de la información(45), las de notificación de la información y gestión del conocimiento y la de formación por competencias, de gestión de la formación y de formación con base en la red (Web-base-training o WBT) o e-learning. Todas ellas ejercen una presión de carácter selectivo sobre la fuerza de trabajo al incidir definitivamente en la organización y gestión de la misma y, como consecuencia, en las relaciones de trabajo y en las condiciones en las que éste se realiza. En buena medida, en el contexto informacional, para las empresas que operan en la frontera del conocimiento de su sector trabajar es aprender en un sentido que deberemos precisar.

En definitiva, debido a la presión creciente del conocimiento en red sobre el ciclo de innovación de las empresas, las funciones de inteligencia y aprendizaje han adquirido una relevancia estratégica de la que hasta hace poco carecían al estar situadas ambas en la cadena secundaria de valor (no ser aquello por lo que paga directamente el cliente). Semejante acontecimiento está empezando a ejercer una presión notable sobre los sistemas que proveen de la base social del conocimiento y sobre la posición relativa de las personas dentro de la estructura social de las empresas, posición que se está redefiniendo en relación con su nivel de funcionalidad en las nuevas condiciones que están generándose. De forma cada vez más evidente los temas relativos a educación, formación profesional reglada y continua, formación superior, formación de base e instalación y generalización de la sociedad de la información se mezclan de manera intrincada en los media, a la vez que aparecen como prioridades explícitas en la agenda política. Con frecuencia, todo ello adolece de un exceso de ideología puesta al servicio de un proyecto político pocas veces explicitado, de cuyas consecuencias dualizadoras y exclusoras nadie, sino “la extraordinaria originalidad de los hechos”, parece hacerse responsable.

Competición basada en la competencia

Un lugar que empieza a ser común en el discurso del management informacional es el que asegura que las ideas parecen haber sustituido al capital en su función de generador de riqueza. El talento es lo que mueve el capital. “Hoy, el realizar cosas imaginativas con la información es la vía de amasar fortunas”(46). Según esto, el poder de la mente domina en las organizaciones modernas o, por decirlo con las acertadas palabras de Castells, “por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no sólo un elemento decisivo del sistema de producción”(47).

Pero las empresas no están interesadas en comprar cualquier clase de conocimiento, sino uno empaquetado o codificado de manera muy característica. Las empresas desean competencias. Las competencias profesionales son mucho más que conocimiento general; son conocimiento utilizable en un contexto organizacional y de trabajo específicos. En este sentido, el concepto de competencia incluye tres aspectos: una base de conocimiento teórico que subyace a las realizaciones que el trabajador debe desarrollar con arreglo a los requerimientos de su función, una parte importante de conocimiento aplicado o saber hacer que es la que permite al trabajador dotar de un carácter funcional al conocimiento teórico que atesora y, por último, un espacio de aplicabilidad o logro determinado por los objetivos que la organización desea alcanzar, tomando como base la colección de competencias que acumula. En la práctica, una organización puede concebirse como un acumulador de competencias codificadas, en cierto modo original, que es el que dota de identidad institucional a la empresa.

En general, suelen distinguirse dos clases de competencias, las técnicas y aquellas otras que tienen que ver con la educación del carácter y las aptitudes sociales de las personas. Las primeras son entrenables y las segundas educables. La empresa informacional, en la medida en que se representa a sí misma cada vez en mayor medida como un espacio de alta densidad social, desea una mezcla adecuada de ambas. De hecho, lo que desde hace relativamente poco se denomina inteligencia emocional es ya considerado, en esta época en la que el cerebro es la principal herramienta de producción, como una de las claves de éxito de la empresa informacional.

Cuando se dice que la explotación y transformación de la información en conocimiento parecen haberse convertido en la única fuente de competitividad sostenible para las organizaciones lo que en realidad se quiere decir es que la conversión de la información en competencia es el objetivo de las organizaciones informacionales, para ello precisan que ese conocimiento esté codificado de una manera adecuada y empaquetado en las personas del modo pertinente a sus objetivos. La idea-fuerza del nuevo discurso subraya que la competición se basa en la competencia, esto es, en una mezcla de conocimientos teóricos, experiencia, capacidades cognitivas superiores, sentido común, talento para resolver problemas y para generar valor cognitivo agregado a partir de interacciones sociales intensas, tales como las que se producen en una organización en un ambiente permanentemente ansiógeno. De nuevo aparece aquí la idea de competencia asociada con la capacidad de las personas para resolver problemas en un contexto cultural nuevo que enaltece el trabajo en equipo.

La empresa-red como sujeto inteligente que desaprende

Antes, la competencia organizacional, entendida como el agregado de competencias de los trabajadores en un contexto organizativo que posibilitaba que el resultado fuera más que la simple agregación de lo que cada individuo por separado pudiera llegar a hacer, gozaba de cierta estabilidad; la mayor parte de las veces la competencia organizacional variaba levemente en el curso de una generación. La idea de cualificación profesional resultaba entonces adecuada a este estado de cosas; al fin y al cabo la cualificación no era sino un empaquetamiento típico de competencias, con frecuencia sancionado normativamente. Los trabajadores apenas necesitaban de una formación teórica rudimentaria, porque daban por supuesto que a lo largo de la vida laboral apenas iban a conocer otro escenario tecnológico que aquel en el que se insertaban. Por su parte, las empresas podían tomarse el trabajo de formar la competencia de los trabajadores, sin preocuparse mucho del modo y tampoco del coste de la incompetencia, a sabiendas de que el medio social de trabajo haría lo suyo si se le dejaba el tiempo suficiente y de que el retorno diferido sería muy superior a la inversión. Había tiempo para todo ello porque había estabilidad.

Sin embargo, una vez que la centrifugadora de Schumpeter comenzó a tomar revoluciones, convirtiendo a la información que utilizan las empresas como base de su competencia en un bien fungible, la cuestión que se hizo evidente que debía afrontarse con urgencia fue ésta: ¿cuáles eran las condiciones que debían reunir las personas, los grupos y las organizaciones para distinguir la información útil de la de rebajas, dotarla de sentido intencional, convertirla en competencia, instalarla en las personas y difundirla a lo largo de toda la organización y, por fin, utilizarla funcionalmente en las exigentes condiciones que requería el nuevo entorno? En el mundo de la empresa-red, donde la información y sus transformaciones se han convertido en el activo más valioso, en particular en el entorno cultural de sus funciones de aprendizaje y adaptación al cambio, una tonadilla que se empieza a tararear con frecuencia incluye en el estribillo una palabra que comienza a nimbarse con un halo mágico: desaprender. ¿Qué significa con precisión esta palabra?

Las organizaciones en la frontera del conocimiento comienzan a sentir que deben renunciar al éxito para sobrevivir. Kevin Kelly aconseja expresamente renunciar al éxito para sobrevivir y crecer. ¿Le va a usted muy bien? Perfecto, preocúpese, es lo que parece decir. Este hecho supone una ruptura radical con la función tradicional de todas las instancias sociales de aprendizaje, incluida la empresa. Antaño, su función era la de preservar y transmitir una saber valioso, sin excluir de ese concepto de saber aquellas operaciones o saber hacer que era transmitido a través del aprendizaje y de los sistemas de formación profesional. ¿Acaso nos hemos quedado sin ninguna clase de conocimiento aplicado que transmitir entre generaciones?

Ya hemos señalado que Schumpeter consideraba que el capitalismo consistía esencialmente en un proceso de “destrucción creativa”. Era cierto en los treinta. Ahora no lo es más, sólo ocurre que en la actual fase informacional del capitalismo el ciclo destrucción -creación se ha acelerado. O sea, que ahora es verdad en menos tiempo. De manera más precisa, por destrucción debe entenderse destrucción del éxito. Las empresas más conscientes pueden provocar artificialmente crisis de éxito con el fin de explorar las nuevas oportunidades ocultas en las tendencias subyacentes en el cambio social que, en una economía de la abundancia de base tecnológica, el dinamismo económico propicia incesantemente(48).

Naturalmente, la mayor parte de la gente y de las empresas a las que les va muy bien se pueden preguntar por qué poner en cuestión aquellos valores, comportamientos e ideas que les han convertido en ganadores. Al fin y al cabo ¿por qué deberían imaginar un mundo en el que no resulten tan necesarios en lugar de imaginar otro en el que se les necesite aún más? La respuesta tiene que ver con el modo en el que se desarrolla la innovación y la creación de servicios en la economía informacional, no tanto creando ex novo algo que no existía, cuanto integrando en una nueva plataforma servicios que ya existían, dotándolos de ese modo de una funcionalidad superior, y añadiendo a la par algo nuevo a todo ello, con frecuencia derivado de las nuevas relaciones generadas entre sus componentes. De esto ya hemos hablado. Lo que interesa anotar aquí es que, en la práctica, la canción de desaprender acota uno de los motores sobre el que descansa el dinamismo de la economía informacional: aquel que considera que el éxito puede resultar el mejor antídoto para la creatividad y para la adaptación de las organizaciones a largo plazo. Un gran éxito hace que las organizaciones se muestren renuentes al cambio y, cuando éste llega, “el entramado de competencias que les proporcionaba sus ventajas, se convierte en una desventaja”(49)

El espíritu del informacionalismo parece consagrar el cambio como una forma de cultura permanente, un modo de vida deseable, como un fatum individual y colectivo. La cultura de lo efímero, en la que aparece inserta el capitalismo informacional, exige que los trabajadores sean multifuncionales y altamente flexibles con relación a sus condiciones de trabajo y a los requerimientos cognitivos y operacionales del mismo. Para satisfacer semejantes exigencias, el capitalismo informacional anima a su tropa de trabajo a olvidar las viejas lealtades de clase basadas en una compresión del mundo compartida y les conmina a vivir inserta en un proceso permanente de formación que les haga posible, por así decirlo, reinventarse individualmente en cada ocasión que sea preciso.

Ese proceso, que afecta al núcleo del saber obrero tradicional, a la experiencia profesional y a los conocimientos operativos vinculados con manipulaciones y otras rutinas corporales, es un proceso ya en marcha. En algún sentido bastante preciso, la vieja dignidad obrera basada en el trabajo físico y los conocimientos operativos asociados, todo ello teñido de un profundo azul Vergara y envuelto en aromas de taladrina, aparece en el mega-discurso de superficie del managament y la economía informacional como una especie en vías de extinción. Las empresas, entendidas como sujetos activos en el espacio unitario de la red cuya función más característica es aprender, están sometidas al mismo proceso de reforma y formación, de codificación y recodificación permanentes(50).

Descendamos al problema específico del aprendizaje organizacional como medio de desaprender y cambiar. Sobre el problema del aprendizaje organizacional la obra fundacional y todavía de referencia esThe Fifth Discipline: The Art and Practice of Learning Organization de Peter Senge(51). Pero debemos Chris Argyris una distinción seminal entre dos clases posibles de aprendizaje(52). Aprendizaje 1 o aprendizaje de un solo bucle sería aquel centrado en resolver problemas específicos sobre la base de premisas existentes. Por premisas entiende el autor aquellos esquemas cognitivos que conforman una cierta arquitectura mental y un cierto modo de entender el mundo (paradigmas, esquemas, creencias, modelos mentales). Se trata, en definitiva, de resolver problemas dentro de un mundo de convenciones establecido y asumido que constituye la cosmovisión del grupo, de la organización y, probablemente de la sociedad. El aprendizaje 1 está por tanto relacionado con la resolución de problemas en un marco de convenciones. No es en este sentido de resolución de problemas el que tiene que ver con lo que Senge entiende por cambio organizacional. En esta operación está comprometido otro tipo de aprendizaje de carácter mucho más autoalusivo el Aprendizaje 2 o aprendizaje de doble bucle. Éste sería aquel que propende al establecimiento de nuevas premisas (nuevos paradigmas, nuevos esquemas, nuevos modelos mentales, nuevas perspectivas) que invalidan las existentes y por tanto tiene una incidencia crucial sobre los valores, normas, convenciones y otros patrones culturales que dan cohesión y sentido a la organización. Con el aprendizaje 2 las organizaciones tratarían de generar un nuevo mundo de convenciones, en definitiva, de dar un salto que situaría los problemas en un nuevo nivel. En este caso el aprendizaje está directamente conectado con el cambio, la innovación y con la gestión de ambas cosas.

Nonaka(53), primero y Nonaka y Takeuchi(54), después, han teorizado largamente con relación al problema de creación de conocimiento organizacional. Tanto en un caso como en otro los autores tratan de superar la visión tradicional que consideraba a las compañías como un mecanismo engranado jerárquicamente, en beneficio de una visión compleja de carácter organicista que introduce los problemas derivados de la complejidad social y del gobierno en el corazón mismo del problema del conocimiento y su creación. A propósito de esto Nonaka escribe: “una compañía no es una máquina, sino un organismo viviente y, a semejanza del individuo, puede tener un sentido colectivo de identidad y propósito. Se trata del equivalente empresarial del autoconocimiento, una comprensión compartida de los objetivos de la compañía...”(55) Las organizaciones inteligentes son capaces de generar más conocimiento que el que podría generar cada individuo por separado o el derivado de la suma aritmética de los talentos individuales que la componen, incluso si éstos fueran extremadamente brillantes. Esta constatación coloca a los individuos agregados alrededor de un proyecto de empresa en una situación explícitamente reticular que deben ser capaces de gestionar. Desde esta perspectiva, las jerarquías aparecen con frecuencia como un freno a la creatividad organizacional. El conocimiento entendido como creación se asocia, por el contrario, con dinámicas autoorganizativas en entornos caracterizados, según Nonaka, por la fluctuación y el caos. Desde esta perspectiva, como ya hemos apuntado, el conocimiento no se identifica con competencia técnica, sino que incluye facultades complejas y difíciles de definir que tienen que ver con el carácter de las personas y con la educación y socialización de las mismas en un marco social determinado (el de la empresa, pero también el de la escuela o la familia antes, etc...) así como con su capacidad para poner en cuestión sus convenciones, patrones culturales, modelos cognitivos, creencias y paradigmas.

La idea sociológicamente relevante oculta detrás de la idea de desaprender es que las personas deben estar permanentemente disponibles, lo que probablemente atenta contra la necesaria estabilidad del tiempo humano y de la sociabilidad humana. Por otro lado, la idea de desaprender en tanto tarea colectiva que implica el establecimiento de nuevos consensos, la aceptación de nuevas convenciones, la interiorización de nuevos valores, la asunción de nuevas perspectivas en un marco social caracterizado por la complejidad, la ambigüedad y el desorden revaloriza las habilidades sociales y emocionales de las personas, las otras inteligencias, en tanto que serían las que posibilitarían la creación de conocimiento en el sentido preciso de hacer posible el paso al compás de los grupos organizados en empresa con los exigentes requerimientos de la centrifugadora de Schumpeter.

Las cualificaciones digitales como cualificaciones recombinantes con identidad profesional difusa

En una investigación dirigida por Saul Meghnagi(56) para la Comisión Europea, desarrollada por un equipo italo-español en el marco de un Proyecto Leonardo, cuyo objetivo era acotar el campo de lo que entonces era un concepto emergente, el de competencia transversal, se descubrieron algunos movimientos de fondo que estaban afectando de manera probablemente definitiva al desempeño profesional y a las complejas agrupaciones de intereses que éste había propiciado en el pasado, así como al soporte institucional que servía para gestionarlos y darles cobertura. En aquella ocasión, se procedió a un análisis del campo semántico de los términos de referencia considerados clave, entre ellos los de cualificación y competencia, en una serie de documentos de carácter normativo tanto españoles como italianos(57). Uno de los resultados de la investigación fue la constatación de la creciente obsolescencia del concepto de cualificación como definición del desempeño profesional o como empaquetamiento característico de una determinada gama de funciones asociada con el ejercicio de una ocupación característica.

En efecto, el equipo español constató que, en los documentos referenciados, aparecían recursivamente un par de ideas, entre otras, en relación con el concepto de cualificación que aquí nos interesan:

1. Una primera parecía mostrar que se estaba produciendo un cierto deslizamiento del concepto de cualificación hacia el de competencia profesional.

2. Con relación al problema de dónde y cómo se adquiere la cualificación, una de las dimensiones clave del problema junto con la del reconocimiento que es el que propicia su circulación social, se apuntaban dos posibilidades que, en ambos casos, consideraban a la empresa como lugar cualificante:

(a). La idea de que la empresa es un lugar cualificante si bien produce cualificaciones sumergidas.

(b). La idea de que la empresa propende crecientemente a considerar la cualificación, en especial aquella que se adquiere en su entorno, de un modo adelgazado (lean-qualification) La cualificación que ha de incorporarse a la empresa desde su propio dinamismo, al igual que el resto de los procesos productivos, no ha de producir desperdicios. Este enfoque propende a vincular estrechamente instalación de competencia en los RR.HH con amortizaciones rápidas de esa inversión en el marco de una actividad productiva informacional que “consume” las competencias y, por ende, desfigura los perfiles de cualificación a una velocidad crecientemente acelerada.

Como se ve, las dos ideas están fuertemente vinculadas. (2.b) apunta al hecho de que, desde el punto de vista de la empresa, el concepto de cualificación se confunde con el de competencia, si bien por razones entendibles: la función de la empresa es producir y no cualificar, en especial cuando el valor de dichas cualificaciones, por efecto de la velocidad de la instalación del cambio (tecnológico, organizacional...), es aceleradamente decreciente. Esta idea es la que implícitamente aparece en (2.a) [el coste del proceso de validación de las cualificaciones adquiridas y, probablemente el tiempo, sería imposible de asumir o, por estas o tal vez otras razones, resultaría indeseable hacerlo] (1) ofrecería un marco sobre el que completar este diagnóstico en la medida en que esa confusión obedeciera estratégicamente a las necesidades de recambio de cualificación de las empresas. (2.b) también se refiere a la naturaleza de las competencias instaladas desde la empresa.

Básicamente, la investigación pone de manifiesto que la gestión del conocimiento y de su empaquetamiento típico en cualificaciones sobre la base de las competencias es el equivalente de la gestión de la innovación y de la información sobre la tecnología de componentes. De hecho, las competencias posibilitan una aproximación al problema de la manipulación del saber profesional radicalmente nueva e informacional.

El viejo saber profesional de carácter unitario, organizado en torno a una cualificación entendida como el reconocimiento de la colección de competencias que conjuntamente componen una ocupación, reconocimiento con frecuencia sancionado mediante un acto administrativo que hacía de la cualificación algo socialmente transparente al acreditar públicamente la capacidad, queda arrumbado y crecientemente suplantado por las nuevas figuras profesionales susceptibles de ser constantemente recodificadas. Las cualificaciones informacionales basadas en la tecnología de componentes del conocimiento (la tecnología de competencias) son en realidad cualificaciones recombinantes sin una identidad profesional precisa o con una identidad profesional difusa, si se las compara con el sentido que la palabra cualificación tenía en el no tan antiguo orden industrial. La posibilidad de polivalencia que se les supone radica precisamente en las posibilidades de recodificación de las competencias que las componen, esto es, en su naturaleza ajustada, digital y recombinante.

¿En qué consiste desaprender en este nuevo contexto? En la capacidad que debe mostrar la fuerza de trabajo para recodificar sus figuras profesionales al ritmo que marca la centrifugadora de Schumpeter, lo que inevitablemente lleva a un adelgazamiento de la cualificación en el viejo sentido, junto a una pérdida de su valor social, al menos de las más estándar o que menos competencias de frontera atesoren. Las agrupaciones de competencias, y las competencias mismas, en el contexto de la economía informacional, carecen de una forma estable en el tiempo hasta el punto de convertir en algo problemático el propio concepto de cualificación.

¿Qué es lo que hace posible la recalificación permanente de la competencia y la generación de cualificaciones recombinantes y polivalentes, despojadas de una identidad profesional neta y por tanto difusas características del ascenso del informacionalismo? A mi juicio, la respuesta a esta pregunta es doble.

En primer lugar, lo que hace posible este hecho sin precedentes es que buena parte de la información sobre la que se construye la competencia y que es sobre la que la competencia opera para realizarse como tal, es ya de naturaleza digital. Con el término de cualificaciones digitales nos referimos, no a las nuevas cualificaciones que han emergido en los últimos 20 años y que están en el centro de lo que se conoce como nueva economía, sino a la naturaleza que están adquiriendo las cualificaciones “tradicionales” en el nuevo contexto de la sociedad de la información y la economía del conocimiento. La idea de cualificación digital apunta una tendencia: la progresiva sustitución de las operaciones manuales y rutinas corporales que en la sociedad industrial constituían el núcleo de la mayoría de las cualificaciones, por la manipulación digital de teclados, que son el interface informacional con el que se comunican las máquinas con las personas y que permiten a éstas hacer cosas con aquellas, y el dominio abstracto de los procesos subyacentes. Según creo, esta sustitución resulta inexorable, pues está inscrita en la misma evolución del trabajo humano y de la técnica(58).

La idea de cualificación recombinante y digital responde al trabajo prevalente de este estadio del desarrollo de la técnica y de evolución del trabajo humano y tiene una consecuencia imposible de eludir: la mayoría de las cualificaciones profesionales industriales desaparecerán en los próximos años, tal y como las conocemos. Las habilidades motoras precisas serán en la mayoría de los empleos más parecidas a las de un pianista o un administrativo que a las que caracterizaron a los empleos industriales. La diferencia estará en lo que cada persona tenga dentro de su cerebro y en su capacidad para reprogramar el conjunto de sinapsis cerebrales del mismo al ritmo del cambio; porque, en la medida en que las personas operan con máquinas reprogramables y que la tecnología de componentes basada en la codificación de información digitalizada está en condiciones de acelerar el ritmo de producción de objetos, relaciones y, por ende, de diversificar el trabajo humano hasta límites inimaginables, el ejercicio básico asociado con el trabajo consistirá en un ejercicio de reprogramación mental que, en su forma más banal, consistirá en aprender cómo utilizar una nueva utilidad de un programa o un nuevo sistema operativo y en su forma más dramática puede consistir en cambiar patrones de comportamiento, revisar un sistema de creencias o dar por obsoleto un determinado mundo de convenciones y, de ese modo, olvidarnos en cierto sentido de quiénes somos.

Antes hubo oficios, luego cualificaciones y ahora lo que, provisionalmente, hemos denominado cualificaciones recombinantes y digitales; por su naturaleza recombinante resultan adecuadas para responder a la capacidad de integración de funciones productivas que resulta característica del estilo de producción informacional, a la vez que a la diversificación de la tarea humana asociada con su extensión y penetración en los procesos materiales de producción y distribución.

Desaprendo, luego existo(59): La cuestión del sentido del trabajo humano en la empresa-red

Pero si desaprender u olvidar se ha convertido en una tarea y en un objetivo preciso de aprendizaje para las organizaciones y las personas, ¿qué clase de conocimiento queda cuando al conocimiento, que en una persona tiene un carácter unitario y continuo, le despojamos de los aprendizajes derivados de la experiencia y el trabajo estrictamente profesionales? ¿Cuál es la naturaleza del conocimiento que en el nuevo contexto informacional permite afrontar con éxito las tareas de desaprender y reaprender y cuáles son las condiciones sociales, los modos de vida y el mundo de emociones que posibilita afrontar esa tarea sin merma de alguna clase de identidad que permanezca más allá de la vorágine del cambio?

En la medida en la que una suerte de no-identidad definida se convierte en la seña de identidad cultural más preciada todas las memorias deben ser arrumbadas, pero entonces aparece la cuestión del sentido. Desde el ámbito de la empresa, se habla de necesaria desorganización(60), de la promoción activa de situaciones de fluctuación y caos(61), de ir más allá de las jerarquías, propugnando formas de relación social vinculadas al trabajo más ágiles, autoorganizadas, reticulares y desburocratizadas. En el extremo se llega a afirmar que “la organización es la estrategia”(62) o que “el ejercicio esencial de la dirección gira en torno al significado”(63), o bien que el problema de las organizaciones es dotar a su función de “un sentido de continuidad, un sentido de conexión y un sentido y dirección”(64).

La cuestión del significado y del sentido, de las fuentes culturales, en el entorno del trabajo informacional emergente es, sin duda, una de las más relevantes, como lo es la que se interroga acerca de las condiciones culturales y sociales que deberán satisfacer las personas y corporaciones que aspiren a ser actores en el espacio unitario de la red de redes. Se trata en definitiva de identificar las fuentes de lo que Castells ha denominado el “espíritu de informacionalismo” y su impacto sobre las profesiones y las condiciones de profesionalidad del nuevo espacio económico informacional.

El ascenso del informacionalismo y el nuevo espíritu de los tiempos no es neutral con relación a las formas culturales e institucionales preexistentes asociadas con el capitalismo industrial y postindustrial, de manera que el resultado arroja un saldo de perdedores y ganadores. La clase de cualificación hasta cierto punto vacía de contenido empírico, extremadamente digital (en el doble sentido de que las operaciones manuales utilizan como interfaz el teclado de un ordenador y operan sobre el proceso de producción a través de herramientas informáticas), no vinculada permanentemente a ningún repertorio de tareas o rutinas, ni tampoco necesariamente con personas más allá de los equipos de trabajo o proyecto que se crean ad hoc, requiere una contextura personal y un espacio de socialización que exige, para la vieja clase trabajadora que pervive, desaprender algo más que rutinas: les obliga a olvidar aquellos modos de vida y de relación que la identificaban como sujeto colectivo, a la par que dotaban a sus miembros de una identidad personal de la que poder sentirse orgullosos; requiere, en definitiva, dar por concluido el conflicto de clases.

El concepto de desaprender en el ascenso del informacionalismo y de la formación permanente de redes, organizaciones e identidades laborales resulta menos paradójico a la postre de lo que a simple vista parece. Por un lado la idea de desaprender incluye como núcleo sustancial el conjunto de competencias que hace posible que una persona pueda adecuar su paso al ritmo del cambio tecnológico marcado por la obsolescencia de los medios de producción (que pueda saltar de una herramienta informática a otra, de un sistema operativo a otro, de una tecnología operativa a otra, etc...), en definitiva la clase de competencias que se adquieren en la escuela o en la enseñanza formal académica; por otro, desde un punto de vista cultural, desaprender significa olvidar el sistema de valores que subyacía al sistema de cualificaciones y formación profesional del pasado caracterizado por el estatismo, el mecanicismo y las vastas agrupaciones de intereses.

Este sistema de cualificaciones que posibilitaba la inserción laboral de las personas, a la par que su inclusión social en una determinada clase en función de la naturaleza de su contribución al trabajo social, es la que ha quedado arrumbado por el ascenso del informacionalismo, aún cuando en la realidad perviva en numerosos espacios industriales como una cultura sólida. Pero se trata de un espejismo, su existencia actual, aún cuando pujante en muchos casos, ¿es el reflejo de las formas de organizar el conocimiento y la sociabilidad del trabajo del futuro o el del pasado?.

Tecnohumanidad y cualificaciones recombinantes: la lógica binaria de la sociedad digital

El ascenso del informacionalismo ha determinado una relación entre el hardware capitalista –la tecnología desarrollada en función del lucro- y su software humano, esto es, el paradigma antropológico que hace operativo al primero, lo que significa que la sociedad informacional/global debe adquirir, cuando no lo ha hecho ya, un perfil diferente al de la sociedad en su etapa capitalista industrial. ¿Cuál es el tipo humano funcionalmente adecuado a las nuevas exigencias del capitalismo informacional? Heinz Dieterich Steffan lo ha bautizado con el nombre de “hombre semiótico”, una clase de persona básicamente socializada en el ciberespacio con una alta capacidad de recodificar sus códigos culturales y de adquirir nuevas capacidades tecnológicas(65). La tesis que tratamos de defender aquí es sencilla y, según creo, se deriva de todo lo dicho: la idea de desaprender significa de hecho el triunfo de una clase de competencias sobre otras, de una clase de saber sobre otro, de una clase de cultura sobre otra y, probablemente, de un principio de estratificación sobre otro. Significa el triunfo de aquella clase de competencias inespecíficas, intrínsecamente reprogramables y recodificables, capaces de mantener su valor en escenarios laborales y sociales caracterizados por la diversidad, esto es, significa sencillamente el triunfo de los logaritmos (cuyo conocimiento es imprescindible para programar un torno de mecanizar de control numérico) sobre treinta años de experiencia en un torno de mecanizado. En el segundo caso, lo más probable es que el trabajador posea la competencia de evaluar la calidad de una pieza a ojo, sin necesidad de calibrarla, pesarla, etc... en el primero, sin embargo, ninguna habilidad motora está comprometida, lo único que se precisa es comunicarse en el lenguaje simbólico de la máquina. En definitiva, significa el triunfo de una clase de adiestramiento específico: el que proporciona la enseñanza formal académica. La centrifugadora de Schumpeter precisa para seguir rotando cada vez a mayor velocidad de más destreza cerebral reprogramable.

La cuestión que queda por resolver es la que se interroga por la clase de papel que juega el sistema educativo en esa clase de socialización, cuál es la naturaleza de las oportunidades que provee en el nuevo contexto y de qué modo las distribuye, esto es, de qué modo la gestión social del conocimiento y la institucionalización de la creación de la base social del mismo, cuestiones en última instancia de naturaleza política, impactan sobre los fenómenos de estratificación, fragmentación y exclusión sociales característicos de esta fase del informacionalismo.

La versión apocalíptica de las implicaciones derivadas del ascenso e instalación del informacionalismo supone que los procesos de innovación están operando de acuerdo con una lógica absolutamente snob. Desde esa perspectiva, la lógica binaria con la que operan los ordenadores y las redes se proyectaría a nivel social. Desde esta óptica, la ruptura y la distancia social se estarían acentuando; finalmente por un lado quedarían los unos (1), que son el grupo de los capaces de asumir culturalmente el cambio acelerado, y por el otro los ceros (0), aquellos que resultan incapaces o bien, como ha señalado Steffan Diderich, aquellos que resultan excedentes o superfluos. ¿Las estrategias de diversificación características de los sistemas sociales de provisión de conocimiento de base ocultan una estrategia orientada a la producción de personas excedentes? O, dicho de un modo más directo, en el nuevo contexto informacionalista, ¿Existe un sistema y una estrategia de formación de la sociedad vinculada con el sistema educativo que propende a educar personas para la excedencia social?

La respuesta a esta pregunta no está tecnológicamente determinada o, dicho en un lenguaje que en cierto modo suena antiguo, la lógica propia de las formas de producción no son por sí mismas capaces de determinar el cambio económico y, como consecuencia del mismo, todo el cambio social. Si bien, como ha señalado Schumpeter, esta proposición esencial de la sociología marxiana no deje de contener una cantidad muy apreciable de verdad, muchos de los problemas que suscita su aplicación al análisis histórico podrían solucionarse admitiendo “cierta medida de interacción entre la esfera de producción y las demás esferas de la vida social”(66), en particular la esfera política.

Detengámonos un momento en la noción de infoestructura. Esta noción debe considerarse desde una doble perspectiva: desde el punto de vista de los requerimientos tecnológicos necesarios para su instalación y desarrollo y desde el de los requerimientos culturales que las organizaciones y las personas (los actores sociales) deben satisfacer para que esa instalación tenga un sentido intencional. Físicamente, la infoestructura está constituida por “el conjunto convergente de tecnologías de la microelectrónica, la informática (máquinas y software), las telecomunicaciones/televisión/radio y la optoelectrónica”(67), esto es, una red de comunicaciones capaz de conectar hardware y software informático sofisticado que integra en un nivel superior funciones de inteligencia (orientadas a la comprensión intencional de la información del entorno) y funciones de aprendizaje (orientados a la difusión, comunicación y al cambio de los comportamientos). Pero, por otro, la instalación y el desarrollo de una potente infoestructura informática depende dramáticamente de la previa consolidación de una cultura social y organizacional solventes basadas en un propósito compartido, una misión trascendente a los individuos, unas metas bien definidas y un modelo de gestión de todo ello avanzado. En definitiva, de un sistema de valores y creencias. Es importante notar aquí que los procesos tecnológicos no son neutrales con relación a los valores, creencias, los modelos y esquemas mentales de comprensión de la realidad y viceversa. Quizá por eso no existe un modo determinado de realizar la sociedad de la información a pesar de que, por defecto, se haya difundido la sospecha y con ella la desazón e incertidumbre para muchas personas, de que un solo futuro, derivado de la generalización de un solo presente, es posible.

Información exuberante y perplejidad informada: el desafío formativo de la sociedad informacional

La sociedad de la información precisa llegar a ser una sociedad del conocimiento generalizado. Como he tratado de mostrar, el conocimiento y no la información es la condición de sostenibilidad de la empresa-red y de la lógica de la innovación subyacente. Sin embargo, el sentido de sociedad del conocimiento con frecuencia se ha asociado con la capacidad del sistema de ciencia-tecnología para llevar el conocimiento de frontera un poco más allá. A lo largo de estas páginas, he tratado de mostrar algo bastante simple, pero que a menudo se olvida: la sostenibilidad de este modelo de sociedad depende del conocimiento banalizado que sean capaces de movilizar las personas para utilizar la innovación, difundir el conocimiento y apropiarse de paradigmas, modelos mentales y esquemas que ahora pertenecen a un exiguo grupo de gente. Todo lo cual debe encontrar un reflejo en la base social de conocimiento que es la que, en realidad, cuenta con la capacidad para movilizar la sociedad de la información. Por eso, los movimientos en esa base social deben reflejar de manera fehaciente la cantidad, calidad y naturaleza de la actividad cerebral asociada con el informacionalismo y sus posibles instalaciones.

En segundo lugar, en la sociedad del conocimiento las infoestructuras generan un efecto aumentador de las capacidades humanas para comprender y relacionarse, en definitiva, un efecto aumentador de su capacidad para dotar de sentido a lo real y para generar redes humanas basadas en una weltanschaung compartida o, lo que viene a ser lo mismo, comunidades humanas estables de intereses. Desde esta perspectiva, la sociedad del conocimiento es una construcción cultural con base en la tecnología, lo que es mucho más que una tecnocultura basada en un sistema tecnocientífico que, en sí mismo, carece de ninguna clase de aliento humano.

Y he aquí que nos encontramos con la última paradoja de una serie ya larga: esta época de información exuberante es también, por utilizar la expresión de Castells, una época de “perplejidad informada”. La avalancha real de información y la consideración mental de la que potencialmente se puede generar sumen en la perplejidad a cualquiera. Una de las amenazas más reales para aquellas personas y organizaciones que carezcan de una sólida cultura y de una robusta tecnología del conocimiento, y de recursos cognitivos suficientes es, como ha señalado Cornellá, la infoxicación, una suerte de envenenamiento producido por la incapacidad para gestionar intencionalmente información masiva, que está empezando a abrir una brecha de una profundidad difícil de evaluar todavía entre aventajados y desaventajados informacionales y, como consecuencia, está creando un ejército cada vez mayor de desaventajados sociales, con frecuencia políticamente olvidados.

Los procesos de desinformación informacional tienen consecuencias sociales. Una de ellas es la que Anthony Giddens ha descrito como estado de “incertidumbre inducida”. Mucha información de calidad produce más desorientación en muchas personas y organizaciones que la “ignorancia” del pasado. En realidad, mucha información sin la adecuada capacidad para procesarla y convertirla en conocimiento funcionalmente útil genera en las personas y colectivos una sensación de desamparo y riesgo de la que antes adolecían. Al parecer, la información masiva produce inseguridad social en ausencia de robustos sistemas de protección, cuya naturaleza se hace preciso elucidar siquiera sea por vía negativa. Sabemos que hay razones por las que ciertas personas y colectivos pueden ser consideradas como personas o grupos de riesgo, pero es urgente establecer las razones de ese estado de cosas.


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Notas:

(1) Montaner, 2001

(2) Cornellá, 2001

(3) Javier Echevarría ha teorizado sobre la emergencia de un nuevo espacio social, posibilitado por el desarrollo de las NTIC, al que ha denominado tercer entorno (E3) Nuestras actividades humanas se están adaptando al tercer entorno, que debe comprenderse como una ampliación del espacio social y económico humano y no, como en ocasiones ocurre, como un espacio virtual. Al contrario, E3 en tanto que espacio donde se desarrolla “realmente” la vida de los humanos y donde éstos se relacionan entre sí es un espacio real, aún cuando uno de sus atributos sea su carácter intangible y simbólico. Para entenderlo debemos precisar las características diferenciales de este tercer entorno (E3) en relación con el primero (la naturaleza, E1) y con el segundo (las ciudades, E2). Sobre este particular, véase Echevarría, 1999.

(4) Blondin, 1999; citado y traducido por Escorsa y Maspons, 2001: 3.

(5) Cartier, 1999; citado y traducido por Escorsa y Maspons, 2001: 2.

(6) Cornellá, 2000a y Cornellá, 2000b

(7) Cornellá, 1994.

(8) Un avatar es una máscara digital que uno se pone para identificarse y adoptar una actitud, en pantalla completa, en los nuevos entornos de 3D creados en línea con los nombres de Alphaworlds y Words Away. Estos mundos son generados mediante potentes sistemas de diseño gráfico. Su creación ha sido posible gracias al desarrollo de una herramienta de programación que se ejecuta en Internet llamada VRML (Virtual Reality Markup Language). A diferencia de lo que ocurre con los grupos de discusión y los chats, en estos mundos los participantes seleccionan un avatar (humano, animal o alienígena) y navegan por entornos virtuales para conocer y charlar con otra gente. Los participantes hablan en tiempo real mediante micrófonos incorporados al ordenador. Los avatares que están más cerca se oyen más fuerte. Estos mundos pueden llegar a ser muy estables y soportar comunidades de larga duración. Los pioneros pueden establecer una serie de reglas para regular su crecimiento, así como para establecerse en ellos. Se pueden diseñar espacios, edificios y lugares con una apariencia física y calidad sensorial muy alta, dentro de los cuales se pueden “hacer cosas”, pero que en realidad son espacios generados en un entorno de programación. Son un paso más allá de los juegos de rol, porque el participante puede introducirse en él e interactuar en tiempo real con un alto nivel de realismo sensorial.

Muchos usuarios pueden llegar a crear personas on-line, avatares de sí mismos, y tal vez no uno sólo sino varios. Este mundo nuevo socava nuestra noción convencional de un yo real y unitario estrechamente conectado con la idea de identidad personal. Probablemente la identidad personal del futuro incluya de manera más explícita que en la actualidad una colección de yoes sucesivos, alternantes o divididos (sobre este particular véase Elster, J. (1997): Egonomics, Barcelona: Gedisa, obra en la que el autor explora la posibilidad de un mundo económico que, a diferencia del tradicional, está habitado por agentes irracionales, no egoístas ni unitarios. Los egonomics se basan en la idea de la existencia de múltiples yoes. Esa idea, que Elster encuentra eficaz para entender la naturaleza de los intercambios económicos tal y como éstos se producen realmente, puede resultar aún más determinante en el futuro cuando cada yo múltiple pueda adquirir una identidad cuasi-corpórea y desarrollarse en un cuasi-espacio virtual).

La simulación avanzada de entornos humanos plantea serios desafíos a nuestra concepción habitual de lo que es real cuando este concepto se entiende en el sentido restringido de material. De hecho, plantean la posibilidad de alcanzar un estado de hiperrealidad basado precisamente en la desmaterialización del sujeto humano y del entorno material que le rodea. La distancia entre la representación y lo representado se acorta hasta producir la ilusión de que desaparece. Pero la ilusión puede llegar a ser, a su vez, tan real que deja de serlo. En ese espacio, la prueba cartesiana que posibilita distinguir la realidad del sueño o la ficción se desdibuja hasta tal punto que, pensado en los términos fundacionales del racionalismo moderno, el nuevo mundo puede llegar a convertirse en el espacio donde se desarrolla la tragedia cartesiana. Sin embargo, no por ello la certeza desaparece, simplemente se amplía a un mundo de experiencia tan real desde un punto de vista, como virtual desde otro.

Para entender todo esto, imaginemos la siguiente escena probable: El Media-Lab-Alphaworld del MIT es un espacio RV que recrea un espacio urbano con un edificio central que recuerda mucho la arquitectura-arqueológica de los antiguos video-juegos tipo Tomb-Raider. Varios profesores del MIT han ido creando sus aulas dentro de él sobre una estructura básica predefinida que incluye accesos, ventanas y corredores. Gustavo Pérez decidió hace tiempo optar por una de las plazas para el curso de “Sistemas de traducción automática de lenguajes naturales” que el profesor Hugo Venter oferta cada año. A diferencia de lo que ocurre con la profesora Silvia de Luca de la asignatura de Etnopsicología, a la clase de Venter no es necesario acudir con una simulación corporal de uno mismo, ni tampoco desnudo. Por eso Pérez decide utilizar el avatar del Pato Lucas y sintetizar la voz de Bogart. En el itinerario a la clase se encuentra con simulaciones de personas, algún dinosaurio y varios personajes de ficción e históricos, entre ellos uno que representa a Augusto tal y como aparece en sus innúmeras representaciones esculturales. Cuando, por fin, atraviesa el umbral de la clase de Venter se encuentra de pronto flotando hacia el techo. Resulta que Venter ha decidido dar su clase con gravedad cero.

Un pequeño impulso contra la pared para ocupar su espacio le arroja contra Cruela de Vil que le rechaza como puede y le arroja contra la ventana, desde donde puede contemplarse una simulación muy buena de los jardines de Versalles unos 12 pisos más abajo. Afortunadamente Venter aclara que cuantos quieran pueden saltar por la ventana porque ese espacio también funciona con gravedad cero. Así que Cruela abre la ventana y da un paso, pero sólo para estamparse contra el suelo. Venter se muere de risa; es un personaje que tiene un sentido del humor extraño. Una simulación de Mickey Rooney le dice a Pérez que el año pasado fue la misma broma. Al cabo de un rato, Cruela entra hecha una furia por la puerta, con tanto impulso que se estampa contra el techo. Pérez se desternilla, como todos, pero, como queda el más cercano a ella, le tiende una mano para que se aproxime al círculo que han formado alrededor de Venter y que les ha llevado más de veinte minutos equilibrarlo.

Cruela le comenta con la voz de Nicole Kidman que esta se la pagan. Venter le llama la atención y les dice que la presentación ha terminado y que se aproximen al suelo todo lo que puedan porque van a entrar en gravedad cero. Cuando acaba la clase, Pérez sale corriendo a la clase de De Luca. Teme llegar tarde porque Venter se ha retrasado y todavía tiene que ponerse su avatar personal. La clase de De Luca ha comenzado cuando llega Pérez. Afortunadamente, no es el único, después de él entra una chica preciosa, a juicio de Pérez. Cuando De Luca le pregunta por su nombre Pérez piensa “¡Cruela!. “Señorita, desenchufe el sintetizador, por favor, usted no es Nicole Kidman” le reprende De Luca. Pérez se acerca a ella, un poco avergonzado de su aspecto, con todos esos michelines acumulados gracias a una vida frente al ordenador con las gafas de 3D puestas. Haciendo acopio de valor, Pérez se presenta: “Hola, soy el Pato Lucas con la voz de Humphrey”. “¡Hola!”, responde Cruela. Según sale de la clase de De Luca, Pérez decide mejorar su forma física y se larga corriendo al gimnasio. Allí se encuentra con Clara, una vecina fanática del fitness. “¡Caramba, tú por aquí!”, exclama extrañada. Pérez le dice que quiere mejorar su forma física a toda pastilla y Clara le propone una tabla de ejercicios y una dieta draconianas. Cruela aprecia el sentido del humor de Pérez y, gracias a su mejora física, cada vez más su aspecto, porque Pérez no es nada feo. Pérez sabe que se está enamorando de ella, pero, debido a la estrecha relación que la mejora física de su avatar requiere, ha empezado a salir con Clara.

Un día, a la salida de la clase de De Luca, Cruela le propone visitar su site, un pequeño Alphaworld privado donde organiza fiestas, se reúne con sus amigos “y todas esas cosas, ya sabes ¿me llevarás algún día al tuyo? Me encantaría conocerlo”. Pérez piensa con razón que Cruela está forrada y le dice que, de momento, no tiene pasta para tanto dispendio en programación. “Eres encantador y tan...excéntrico”, le dice Cruela. “Este sábado celebro una fiesta, ¿vendrás? No es nada formal, sólo una reunión de amigos”, le propone Cruela, pero algo le dice a Pérez que no tiene nada que ponerse para esa fiesta tan poco formal. Así que se va a todo correr a Favorites, una tienda de ropa para avatares de lo más chic. Se deja una pasta en programación de Versace que los costureros deberán ajustar “para que fluya”, como literalmente le dice la dependienta. Estará para el viernes. Finalmente, el sábado acude hecho un pincel a la fiesta de Cruela, dejando a Clara con un enfado monumental, una disculpa muy débil y la mosca detrás de la oreja. Desde luego Cruela está forrada, el site simula un rancho tejano en medio de un jardín que Pérez reconoce de inmediato: es el Monasterio de Piedra. “¿Te gusta? Es un diseño de Virtual Gardeners, ¿No lo encuentras ideal?”. Esa es la palabra justa, piensa Pérez, mientras mentalmente hace cuentas de la pasta que se han ganado los propietarios del Monasterio de Piedra vendiendo los virtual-rights de su propiedad y de la que se ha gastado Cruela en las miles de horas de programación de su ranchito. El lunes Pérez encuentra a Clara de morros. “¿Sabes lo que me parece, cretino? Que tienes un lío ¿Dónde coño estuviste el sábado? Pérez no se inmuta al responder: “En una fiesta con los de la uni, pero no ligué nada. ¿Por qué te mosqueas? Al fin y al cabo no somos novios...”

Las posibilidades que ofrecen estas tecnologías en todos los campos del trabajo social de naturaleza esencialmente interactiva, esto es, en aquellos donde las personas deben hacer cosas con palabras las dejo al albur del lector, pero imagínense su impacto en todo lo referente a comprar y vender, contrastar el aspecto o la calidad de un producto probándolo a través de su simulación, etc... En este futuro todos los trajes serían a medida, todas las relaciones, personales y el mundo emocional un caos, al menos de acuerdo con los estándares actuales.

Sobre avatares, telepresencia y otras formas de identidad virtual vid: De Kerckhove, 1999/1997: 72 y ss.

(9) Castells propone la siguiente definición extremadamente abstracta de empresa-red: “aquella forma específica de empresa cuyo sistema de medios está constituido por la intersección de segmentos autónomos de sistemas de fines. Por lo tanto –añade- los componentes de la red son tanto autónomos como dependientes frente a ella, y pueden ser parte de otras redes y, por ello, de otros sistemas de recursos dirigidos a otros objetivos. Luego la actuación de una red determinada dependerá de dos atributos fundamentales: su capacidad de conexión, es decir, su capacidad estructural para facilitar la comunicación libre de ruidos entre sus componentes; y su consistencia, esto es, el grado hasta el cual se comparten interesen entre los fines de la red y los de sus componentes” (cfr. Castells. M., 1997/1996: 199)

A mi juicio, los atributos de red que menciona Castells están demasiado orientados a describir y comprender de qué modo funciona una red, pero no de qué manera se crean, conectan entre sí y amplían. La retebilidad sería el atributo que haría posible esta clase de aproximación genética.

Se entiende por red, desde el punto de vista económico, un mercado cautivo, es decir, un mercado en el que el cliente paga un coste de salida. Este coste de salida (switching cost) depende del mecanismo de bloqueo (llamado también de fidelización o de captura) por el cual la empresa de sistemas se asegura su exclusividad en la red. Por ejemplo, Telefónica -cuando era monopolio- imponía un bloqueo técnico, económico y reglamentario. Para el usuario el coste de salida era infinito. Este tipo de bloqueo se encuentra también en otras utilidades como el agua, la electricidad o los ferrocarriles que, sin embargo, pueden tener unos costes de salida menores en la medida en que existan alternativas.

En el caso de un operador bancario también se produce efecto-red. La histórica relación cliente-banquero refuerza la eficacia de la prestación bancaria. Para optimizar su margen y minimizar su riesgo (en la venta de un crédito, por ejemplo), el banquero debe conocer lo mejor posible los antecedentes del cliente, lo cual inevitablemente se produce a lo largo de una relación de proximidad que lleva tiempo e involucra al mundo de las emociones y los afectos. Por tanto, la transmisión de estas informaciones y de la relación misma a otro banco supone un coste para el cliente (coste de transmisión, pérdida de eficacia bancaria) De ahí el efecto-red. En la banca, hasta ahora, las redes se basan en infraestructuras físicas (las ventanillas) y relaciones personales.

En otros servicios se puede hablar de bloqueo informático. Este bloqueo es un proceso dinámico que se enriquece con todas las relaciones entre el cliente y el suministrador de servicios, ya que el proveedor es capaz de valorizar estas informaciones adicionales en ventas adicionales y retrocesión de ventajas al cliente.

La retebilidad que han demostrado tener Microsoft o Napster es muy alta, por ejemplo. Es importante comprender que el proceso de destrucción creadora en el que consiste, según Schumpeter, el mecanismo de difusión de la innovación que es la base del sistema capitalista resulta tanto más difícil cuanto más masivo y resistente es el activo a destruir. El proceso de creación/destrucción de redes aparecido en las telecomunicaciones -caducidad de las redes históricas basadas en la transmisión de voz a través del hilo de cobre coaxial e irrupción de redes alternativas- constituye el paradigma de las dinámicas competenciales abiertas en la economía digital. Una de las respuestas de las viejas redes eléctricas, de autopistas o de ferrocarril ha sido la de reutilizar sus infraestructuras como autopistas de la información, incrementando de ese modo su retebilidad en el nuevo mundo de oportunidades abierto por el ascenso del informacionalismo.

La retebilidad es, pues, un factor clave del éxito de un producto en la economía digital y uno de los atributos de la definición más restringida de empresa-red, junto con los de capacidad de conexión y consistencia propuestos por Castells. Formalmente la retebilidad podría definirse como la capacidad para mantener la capacidad de conexión en el tiempo.

(10) “¿Por qué la empresa red es la forma organizativa de la economía informacional/global? –se pregunta Castells- (...) Esta eficiencia parece estar en concordancia con las características de la economía informacional: las organizaciones de éxito son aquellas capaces de generar conocimiento y procesar información con eficacia; de adaptarse a la geometría variable de la economía global; de ser lo bastante flexibles como para cambiar sus medios con tanta rapidez como cambian los fines, bajo el impacto del rápido cambio cultural, tecnológico e institucional; y de innovar, cuando la innovación se convierte en el arma clave de la competencia” (Castells, Op. Cit.: 199-200)

Sobre este mismo particular escribe desde una perspectiva más aplicada Cornellá: “<<Ganarán>>, se me permite la expresión, aquellas organizaciones que tengan mejor información del entorno (básicamente, aquellas que sepan detectar mejor qué pide el mercado –o sea, que respondan a las necesidades del market pull- y qué nuevas posibilidades ofrecen las tecnologías para el desarrollo de nuevos productos y procesos –o sea, que respondan a las posibilidades del technology push). Aquellas que, además, sepan desarrollar métodos, procesos y formas culturales que permitan combinar esa entrada de información con la información generada en el interior , con el fin último de generar conocimiento diferencial, propio de la organización, el activo distinguidor respecto a los competidores. Aquellas organizaciones que, finalmente, sepan proyectar información sobre sus actividades hacia el entorno, ya sea a través de sus productos (el principal contenedor de información de la empresa, al fin y al cabo) o de su imagen de marca (el posicionamiento en la mente de los consumidores es, para muchas empresas, el principal activo de futuro)” (cfr. Cornellá, 2000c: 5)

(11) Castells, Op. Cit. 200.

(12) Sobre la relación entre capital social, redes de individuos de diferentes empresas conectados sobre un pasado educativo común y una historia profesional paralela, fusiones, adquisiciones entre empresas, movilidad de personal entre empresas, proximidad geográfica y creación de ventajas regionales y, por último, aceleración del ciclo de innovación véase, Fukuyama, 2000/1999: 265-268. Un exámen exhaustivo del caso de Silicon Valley y de la carretera 128 que circunvala Boston puede encontrarse en Saxenian, 1994; una ampliación de los casos estudiados por Saxenian y un análisis de la génesis y de la participación, papel y sinergias desarrolladas con el sector privado por parte de los poderes públicos en albores en ella puede localizarse en Castells y Hall, 1994. Sobre la importancia de la proximidad geográfica y de las relaciones personales cara a cara basadas en interacciones repetidas generadoras de una cultura de alta confianza basada en la reciprocidad y, como consecuencia de todo ello, concentración geográfica de la actividad económica y del capital social véase Porter, 1998a.

(13) Una cultura de “alta confianza” es una cultura que acepta la fuerza de los “lazos débiles”. Por lazos débiles se entiende un cúmulo de relaciones informales entre las personas basadas en sistemas de valores, educación y trayectoria profesionales compartidas. Sobre este particular véase Granovetter, M.S., 1973. En contextos de fuerte clusterización del conocimiento, éstos intercambios informales aceleran su flujo y difusión haciendo con ello que la frontera del conocimiento sectorial esté cada vez más allá en menos tiempo. Esto ocurre de manera muy especial en las industrias del sector cuaternario como demuestra Porter (Op. cit.)

(14) Womack, J.P., Jones, D.T. y Roos, D. relatan los problemas que atravesó la planta de la empresa que Ford había establecido en Inglaterra en los albores de la Primera Guerra Mundial. Aunque los motivos políticos (Ford era un ferviente aislacionista, una postura que, en el contexto inglés de la Gran Guerra, fue considerada como pro-germanista) y las maniobras administrativas de los competidores forzando al gobierno a promulgar un impuesto sobre la energía y los caballos que perjudicaba al modelo de Ford tuvieron mucho que ver con la pérdida de la moral de los empleados, lo cierto es que el estilo y la cultura de la dirección tenía aún un efecto más perjudicial. “Ninguno de los directivos ingleses tenía un concepto de la gestión compatible con la producción en masa (...) No querían verse envueltos en el piojoso cometido de hacer funcionar nada, sino que aspiraban a delegar los detalles operativos, al igual que hicieron con el imperio” (Womack, Jones y Roos, 1995/1992: 206). La obra citada ha sido la de referencia a la hora de caracterizar los estilos gestión y los cambios culturales precisos para transitar de la vieja forma de producir en masa de filiciación taylorista a un estilo de producción adecuado al informacionalismo.


En los ochenta, en plena crisis de la otrara gran industria de la automoción americana, los ingenieros y responsables de planta comenzaron a peregrinar a las instalaciones de Toyota y otras empresas japonesas en busca de la solución tecnológica a sus problemas. Lo que después ha dado en llamarse Sistema de Producción Toyota u Ohnismo, en honor a Taiichi Ohno, Director de Producción de Toyota desde principios de los años 50 y promotor del sistema, no eran un conjunto de tecnologías blandas replicables mecánicamente, sino un estilo de gobierno de la empresa anclado sobre una sólida base cultural que favorecía el empleo de herramientas de gestión y producción que claramente disminuían los costes de transacción (véase Ohno, 1991). Como los autores mencionados no se cansan de repertir a lo largo del libro la producción ajustada (lean production) no es lo mismo que producción “a la japonesa”, sino más bien el modelo de producción industrial ajustado al ascenso del informacionalismo.


Básicamente, en la producción ajustada hasta cierto punto la organización adelgaza la jerarquía y expande las redes de manera que, por utilizar las palabras de Fukuyama “la autoridad no desaparece, sino que se interioriza de un modo que permite la autoorganización (...) Este tipo de autoridad –prosigue Fukuyama- sólo puede delegarse con tranquilidad en determinadas condiciones: la mano de obra tiene que estar bien preparada para asumir las tareas de gestión que antes realizaban los directivos medios, y debe poseer sentido de la responsabilidad para usar su poder a fin de lograr los objetivos colectivos en lugar de los individuales” (Fukuyama, Op. cit.: 264)
Sobre los resultados de la peregrinación a Hiroshima, Womack et al escriben a propósito de lo que acabamos decir: “De vuelta a los EE.UU., la severa crisis de Ford -que en 1982 amenazaba la supervivencia de la compañía- estaba acabando con modos antiguos de pensar e intereses atrincherados. De pronto, los empleados a todos los niveles de la compañía estaban dispuestos a dejar de pensar en sus carreras o en los intereses de sus departamentos y a comenzar a pensar en cómo salvar a la compañía. Esta situación es la definición de una auténtica crisis creativa y las noticias de los peregrinos a Hiroshima llegaron en el momento oportuno.


Durante los años ochenta, Ford fue capaz de poner en práctica muchos elementos de la producción ajustada y los resultados se dejaron ver pronto en el mercado” (Womack et al., 1995: 212-213) Coriat ha dado con una expresión afortunada para describir la posición de los individuos que opera como motor de la clase de organizaciones horizontales y desburocratizadas a las que nos venimos refiriendo: autorregulación por implicación (Coriat, B., 1992). Sería esa clase de autorregulación la que haría posible la autoorganización y, en definitiva, la posibilidad de control sin jerarquías.
La implicación hace posible la autonomía y, ésta, la horizontalidad. El resultado final de todo ello es que la información local se procesa mucho más cerca de su origen, con lo que se evita la torpeza tradicional con la que lo hacen las organizaciones muy burocratizadas, gestionadas por elites cerradas que “juegan a las soluciones sin volver los ojos a la realidad” (Croizier, M. 1996: 26) Sin embargo, los sistemas basados en la potencia de las redes para ejercer formas de control informales basadas en la confianza, la implicación y la responsabilidad y otros determinantes culturales tienen, a juicio de Fukuyama, un limite por tres razones: 1. Porque no puede darse por sentada la existencia de redes y de su capital social, y donde no existen puede que la jerarquía sea la única forma de organización posible; 2. Porque las jerarquías, en algún grado, pueden ser funcionales para que la organización logre sus objetivos; y 3 porque a la gente “le gusta por naturaleza organizarse en jerarquías” (Fukuyama.: Op. cit.: 281). Sobre el problema del gobierno basado en redes, relaciones horizontales, autonomía y flexibilidad aplicado a las instituciones de educación y a su reforma véase Alonso Maturana, 1997: 155-173.

(15) Sobre las relaciones entre flexibilidad, polivalencia, trabajo en equipo y movilidad de los trabajadores conviene esta cita de los autores de La máquina que cambió el mundo: “La mayor parte de los trabajadores occidentales –han escrito Womack et al- conceden un gran valor al hecho de tener una capacitación portátil –algo que uno puede llevarse consigo si las cosas no van bien en una compañía determinada. Este concepto está ligado muy estrechamente a los sistemas de educación occidentales que favorecen la individualización de las competencias y certifican que los estudiantes han conseguido las certificaciones. Esta preocupación por la especialización es muy similar a la mentalidad de los artesanos cualificados que estaban –y están- obsesionados por mantener su especialidad portátil, aunque los trabajadores profesionales en Occidente raramente se dan cuenta de este paralelismo.


En cambio (...) para que el sistema de producción ajustada tenga éxito es necesario que haya una voluntad generalizada de aprender muchas especialidades y aplicarlas en un trabajo en equipo (...) El problema (...) es que el funcionamiento brillante del equipo cualifica a los trabajadores para un trabajo más extenso y mejor en el mismo equipo, pero les hace cada vez más difícil abandonarlo (...) Si las compañías occidentales quieren llegar a ser ajustadas –concluyen Womack et al- habrán de pensar más cuidadosamente en los sistemas de personal y en el desarrollo de las carreras de lo que creemos que nadie lo ha hecho hasta la fecha”[Womack et al, op.cit.: 225]

(16) “Son los individuos que se apartan de la norma –ha escrito Fukuyama- a caballo de varias comunidades distintas, quienes suelen introducir ideas heterodoxas, necesarias a la larga para que el grupo se adapte a los cambios de su entorno” (Fukuyama, F. Op. cit.: 259) Desde un punto de vista empírico Porter estudió más de 100 empresas en 10 países diferentes y descubrió que eran forasteros o alguien conectado con ellos los que normalmente introducían las innovaciones relevantes en las empresas. Esto pone de manifiesto la importancia del capital social y de las redes múltiples de confianza (Porter, 1998b: 197 y ss]

(17) La función de inteligencia incluye el que la organización actúe con un propósito deliberado (de acuerdo con ciertos fines explícitos y conocidos) se autoatribuya una misión y elabore una visión definida del futuro deseable y, por ende, de los pasos que deben darse para alcanzarlo, evaluando para ello las consecuencias de posibles alternativas; en segundo lugar implica que sea capaz de emitir señales intencionales y de dirigir la atención de sus interlocutores hacia los objetos que sean de su interés. Incluye, por tanto, aptitud organizacional (que implica a todo el modelo de gestión) para adoptar la perspectiva del otro, sea éste de naturaleza individual o colectiva y de responder eficientemente a sus necesidades y deseos.

(18) Un buen resumen del estado del arte sobre este particular puede encontrarse en Escorsa, y Maspons, 2001; una aportación fundacional en al ámbito español puede encontrarse en Cornellá, 1994 y también Cornellá, 1996. En Cornellá, 2000b puede visitarse la aportación más reciente e influyente al campo de la inteligencia de negocio basada en la gestión de la información.

(19) La idea de organizaciones que aprenden o de aprendizaje organizacional se la debemos a Senge, 1990. El significado básico de una organización que aprende es el de una organización que expande continuamente su capacidad de procesar intencionalmente información masiva para crear futuro. Para Senge, aprender, desde el punto de vista de la organización, supone el someterse de forma continua a la experiencia del mundo, a la vez que el ser capaces de transformar esa experiencia en un conocimiento accesible a toda la organización y pertinente a su propósito.


Existen otras definiciones de aprendizaje organizacional, pero con independencia del énfasis, el conjunto de todas ellas recogen seis dominios sobre los que actúa el aprendizaje en el entorno de las organizaciones: 1. Marco o entorno, sería el espacio de la actividad, de captura de información, de promoción de la organización y de generación de relaciones, provee de la experiencia primaria que se constituye en la base del aprendizaje; 2. Información, entendida como el conjunto de datos relevantes capturados y procesados en el marco exterior y en los procesos internos; 3. Conocimiento, supone la transformación intencional de la información de acuerdo al propósito de la organización; 4. Experiencia, la conversión del conocimiento tácito u oculto en el saber hacer de las personas y en las estrategias personales de resolución de problemas en conocimiento explícito, formalizado y transmisible culturalmente; 5. Comportamientos, alude a la dimensión de cambio en las conductas de las personas de la organización derivados del proceso de aprendizaje, éstos pueden ser de naturaleza técnica (cambio de los comportamientos técnicos u operacionales) o actitudinales (cambio en los modos y estilos de relación social derivados de los cambios en los estilos de gestión, en la gestión de la producción, en las relaciones con los clientes, etc...); y 6. Innovación, entendida como el precipitado natural del proceso de aprendizaje sobre lo que hace la organización, la innovación tiene como objetivo modificar las relaciones de la organización con el marco mediante la explotación de nuevas oportunidades puestas al descubierto a través del proceso de aprendizaje.

(20) Sobre el problema del aprendizaje organizacional la obra fundacional y todavía de referencia es la de Senge, 1990 y, también, la de Nonaka, 1991.

(21) En un libro de extraordinaria influencia en el mundo de la producción industrial del País Vasco Alfonso Vázquez escribe sobre el papel de vanguardia del cambio social que les corresponde a las organizaciones informacionales. Dice así: “Los sistemas de educación y enseñanza operan hoy, en su inmensa mayoría, en clave del siglo XIX, como lo hacen nuestras instituciones socio-políticas. Ni entienden ni es fácil que entiendan, dada su situación protegida ante los huracanes que anuncia el futuro, los rasgos emergentes de la nueva sociedad (...) Pero las interconexiones entre empresa, educación y ámbito sociopolítico son intrincadas, profundas y complejas. No puedo, pues, por menos, de dejar un interrogante en el aire: ¿Deben y pueden nuestras empresas –y sus hombres y mujeres, claro está, trascendamos el carácter anónimo del término- influir e, incluso, encabezar el cambio social necesario para entrar en la nueva era? Para mi desesperación, no vislumbro hoy otra fuerza de vanguardia que no sean las empresas del modelo emergente con el potencial humano que sostiene su revolución” (cfr. Vázquez, 1998: 74-75).

(22) Los procesos de gestión del conocimiento entendido en un sentido restringido incluirían la mensajería de colaboración, los sistemas de groupware o trabajo en equipo y los sistemas de clasificación, catalogación y búsqueda de la documentación y archivos que constituyen el conocimiento formal de la organización. Se entiende que ocupa a la gestión del conocimiento la implementación de estrategias tendentes a convertir en conocimiento organizacional el conocimiento que anida en las mentes y comportamientos de las personas (conocimiento tácito).

(23) La vigilancia tecnológica incluye los procesos de búsqueda de información relevante en el exterior para el propósito de la organización. Esta información relevante puede referirse a diversos dominios, tanto duros (los que afectan al producto y a su tecnología), como blandos (los que afectan a los procesos de gestión, relación con los clientes, estrategias de posicionamiento de marca, etc...).

(24) La inteligencia de negocio dota a los procesos de vigilancia y de gestión del conocimiento de unidad de propósito, pues es la función encargada de definir la estrategia organizacional considerando toda la información relevante disponible.

(25) Sistemas de gestión por competencias, de gestión de la formación y de formación a distancia con base en la red (Web based training o e-learning).

(26) En las organizaciones actuales coexisten redes y jerarquías. Las organizaciones muy jerarquizadas se caracterizan por un alto grado de normas formales orientadas a garantizar los procesos de coordinación. Concentran el conocimiento y el poder en la cabeza. Las redes, y en particular las redes de aprendizaje, propenden a generar un espacio de normas, valores y conocimientos compartidos y en ocasiones informales que garantizan las funciones de coordinación y el orden organizacional, a la vez que, en la medida en que pueden estar conectadas a través de alguno de sus miembros con personas del exterior, pueden extenderse más allá de la estructura social de la empresa, actuando como membranas de permeabilidad de la organización a través de las cuales ésta captura conocimientos e ideas del exterior.

(27) Como ha dejado escrito Fukuyama: “Las redes informales son básicas para el desarrollo de la tecnología (...) Gran parte del conocimiento es tácito y no se puede reducir con facilidad a un bien que pueda comprarse y venderse en un mercado de propiedad intelectual” (Fukuyama, Op. cit.: 266) Para cuando los ecos de cualquier innovación sustantiva llegan a la empresa a través de sus sistemas formales de vigilancia tecnológica y descubrimiento del conocimiento probablemente ya sea tarde. Estos sistemas precisan, para encontrar, que la innovación se haya sustanciado en literatura científica, patentes, etc... En este sentido, pueden resultar algo lentos para identificar las innovaciones en tiempo real, aunque son muy útiles para detectar señales débiles o ecos cuando éstos no se producen en el entorno de red social en el que está la empresa.

(28) Sobre éste particular véase Von Gizycki, R., Ulrici, W.U. y Rojo, T., 1998/1988: 76. Allí se comparan las características generales de seis grandes empresas relacionadas con el apoyo a la innovación (Chipco, Polaroid, General Electric Med Systems, Honeywell DMGS, Southern Insurance y MeridianTelephone). Las cuatro primeras son las más innovadoras y las dos últimas las menos. Las primeras, en el momento en el que se realizó la investigación (1983) disfrutaban de una situación de crecimiento continuado, salvo Polaroid; las dos últimas se encontraban en crisis. En las 4 más innovadoras el cambio de productos o tecnologías, de modelos de gestión o incluso de personas era considerado como algo normal, en las menos innovadoras el cambio se identificaba con crisis y era vivido como un shock. La estructura organizativa también presentaba notables disimilitudes; en las primeras solía ser matricial y descentralizada o mixta, mientras que en las segundas era de naturaleza divisional, con jerarquías unitarias dentro de cada división y con algunos servicios centrales. Los flujos de innovación eran libres en las más innovadoras con un marcado énfasis en la comunicación horizontal, por el contrario en las menos innovadores era limitado y la comunicación vertical.


En general, la cultura de las organizaciones más innovadores era clara y consistente y en algunos casos en ella residía el verdadero orgullo de la compañía; las menos innovadoras presentaban una cultura mucho más idiosincrática y dependiente de la dirección y sus cambios. Todo ello se reflejaba en el clima sentimental, mucho más inclinado hacia el orgullo de pertenencia en las más innovadoras que en las menos, donde reinaba un clima caracterizado por la baja confianza, la incertidumbre o, en el caso más extremo, la confusión. Las recompensas eran mucho más abundantes en las más innovadoras que en las menos; en las primeras incluían toda una pléyade de reconocimientos y posibilidades de futuro de carácter intangible pero muy apreciadas.


Los más escépticos pueden concluir que las empresas a las que la cuenta de resultados les va muy bien o sólo bien son más proclives a la innovación y a la experimentación social en el ámbito de la empresa, también a la revisión y modificación de su modelo de gestión y la repartición del poder dentro de la organización. Pero lo más probable es lo contrario. En el contexto del ascenso del informacionalismo, una sólida cultura organizacional orientada a la innovación y basada en la promoción de las redes organizacionales, gestionada desde un modelo consistente con ese propósito, son los verdaderos responsables de que la empresa vaya bien en la cuenta de resultados.

(29) Por tecnología entiendo, siguiendo a Harvey Brooks, Daniel Bell y Manuel Castells “el uso del conocimiento científico para especificar modos de hacer cosas reproducible”. Citado Por Castells, 1997: 56, que toma la cita prestada de Bell, 1994/1973: 29, el cual, a su vez, lo hace de un texto de Harvey Brooks de 1971 sin publicar.

(30) Werbach, 2000.

(31) Op. cit.: 86.

(32) Op.cit.: 91.

(33) Op. cit.: 87

(34) Op. cit.: 91

(35) El 20 de enero de 2000 Paul Romer pronunció una conferencia en la Universidad Politécnica de Cataluña donde desarrolló algunas de las posibilidades incluidas en el artículo de Werbach. Esta es la glosa de Alfons Cornellá de aquella intervención: “En su intervención de hoy, Romer ha utilizado una idea muy original, que ha presentado a base de una serie de analogías, en su mayor parte biológicas. La idea consiste en que la generación de riqueza se fundamenta en la combinacion de una serie de componentes según una determinada receta. Utilizando un símil químico, ha dicho que combinando los elementos químicos de la tabla periódica se pueden producir unas 2 elevado a 100 nuevas sustancias (o sea, unas 10 elevado a 30), cuando, por ejemplo, el número total estimado de átomos en la naturaleza es de "sólo" 10 elevado a 17.
¿Podemos tan siquiera imaginar la cantidad de nuevas sustancias que podremos generar cuando dispongamos de fábricas combinatorias de elementos químicos básicos? ¿No es acaso la revolución genómica un eslabón en esa dirección? Tenemos en este sentido que recordar que nosotros mismos no somos átomos (cada átomo de nuestro cuerpo se renueva cada no sé cuantos días), sino simplemente código, una serie de instrucciones sobre cómo estamos hechos. Sin extenderme más, Romer ha señalado que tenemos delante de nosotros una cantidad enorme de oportunidades, un gran número de combinaciones posibles de todos los componentes de nuestra economía. Y que la clave está justamente en encontrar las recetas adecuadas”.

(36) El premio de la McKinsey Foundation for Management Research al mejor artículo publicado en la Harvard Business Review en 1999 fue a parar a Hagel III y Singer, 1999.

(37) Hagel III y Singer, 1999: 133.

(38) Coase, 1973

(39) Hagel III y Singer, op. cit.: 134 y 141, nota 1.

(40) Hagel III y Singer, op. cit.: 135

(41) Hagel III y Singer, op.cit.: 136.

(42) Hagel III y Singer, op. cit: 138-139.

(43) Prahalad y Hamel, 1990

(44) Castells, M.: Op. Cit.: 227

(45) La gestión de la información puede considerarse desde la perspectiva de una función de las empresas o de una función social vinculada con la producción de la vida material. La perspectiva que podemos inferir de Castells-Werbach-Hagel III, al considerar la red como el verdadero sujeto económico del informacionalismo, permite subsumir ambas perspectivas. Las empresas pueden subcontratar sus procesos de gestión de la información o realizarlos por sí mismas, en cualquiera de los dos casos los subprocesos resultantes son funciones de la red. En todo caso, el sector o función de gestión de la información incluiría a todos los trabajadores que tienen una relación específica con el manejo de la información. Podríamos distinguir tres subsectores o subfunciones: productores de información (investigadores, científicos, artistas, escritores, consultores...); procesadores de información, serían los profesionales que utilizan, combinan y aplican la información (el espíritu del informacionalismo incluiría aquí a todos los trabajadores que no están en el anterior grupo, ni en el siguiente, habida cuenta de la abolición entre trabajadores de cuello azul y blanco asociado con el ascenso su ascenso); distribuidores de información, sería el grupo compuesto por aquellos que difunden la información al tiempo que modifican su contenido mediante estrategias hipertextuales, tales como los profesores y formadores en general, periodistas [vid. Gizycki, Ulrici y Rojo, op.cit: 61-63]

(46) Ridderstrale y Kjell, op. cit.: 98

(47) Castells, 1997: 58. Que la actividad mental ha sido siempre un elemento decisivo del sistema de producción capitalista, que probablemente está en el establecimiento de posiciones industriales originales desde siempre y que, por tanto, en estos sentidos nada relevante ha cambiado es algo que conviene subrayar aquí, pues, a menudo y debido a toda una “iconografía” ideológica de filiación marxista muchas veces asumida de manera implícita, probablemente debido a la elegancia de sus idealizaciones, es algo que, todavía hoy, tiende a pasar desapercibido.

Conviene dejar anotado aquí que fue Schumpeter el que más claramente puso de manifiesto el papel de la inteligencia o el poder de la mente en los procesos de acumulación capitalista primitivos. Así, por ejemplo, cuando discute la poco exigente, en términos intelectuales, refutación de Marx de la teoría según la cual los capitalistas habrían llegado a serlo por su superior inteligencia y capacidad. La idea de Marx de que semejante afirmación no sería sino “un cuento de niños” le parece a nuestro autor un hábil regate de un político genial capaz de desviar la atención del público con una buena ocurrencia. En contra de este parecer, Schumpeter considera que “la inteligencia y la energía por encima de lo normal conducen en el noventa por ciento de los casos al éxito industrial y especialmente a la fundación de posiciones industriales” (cfr. Schumpeter, 1984/194: 41) Más adelante, en nota a pie de página y a propósito de una discusión con Marx sobre el papel del ahorro en el establecimiento de posiciones industriales originales, escribe: “en los siglos XVII y XVIII había más de una fábrica que no era más que un cobertizo que un hombre podía construir con sus propias manos y que sólo necesitaba para funcionar el equipo más simple. En tales casos lo único que se necesitaba era el trabajo manual del capitalista en perspectiva, más un reducido fondo de ahorros, y cerebro, naturalmente” (Schumpeter, op.cit.: 42, nota 9)

(48) Las metáforas eco-biológicas explican mucho mejor el desarrollo y evolución de los procesos típicamente asociados a la economía informacional que las metáforas de origen mecánico que están en el corazón de la ortodoxia económica, y que constituyen su paradigma, desde el siglo XIX. La idea clave sobre la que operan los nuevos modelos es que aunque el orden y la estabilidad pueden resultar confortables y el desorden poco deseable desde el punto de vista de la racionalidad económica convencional porque resulta demasiado derrochador y estresante, la naturaleza funciona en un equilibrio bastante precario entre orden y caos. “La naturaleza biológica de la nueva economía –escribe Kelly- supone que la desintegración repentina de los ámbitos establecidos es tan segura como la aparición de lo nuevo” (Kelly, K. Op. cit.: 157) Las especies en general suelen ser aplicadas a la hora de reproducirse. Pero a veces no, y el resultado es una mutación (errores en el copiado de la secuencia genética) que trae consigo novedades. Las novedades aprovechan oportunidades sin explotar, como ocurre en el mundo económico con las innovaciones, y a su vez crean otras nuevas, como ocurre en el mundo económico con las innovaciones. Y, cuanto más rápido gire la rueda, como en el caso de los retrovirus, más oportunidades, aunque menos estables. Muchas de esas mutaciones fracasarán, pero otros encontrarán un hueco. La idea de las organizaciones en la frontera es la emular esta clase de comportamientos pero sin apostar todo a una sola jugada, de hecho la naturaleza tampoco lo hace.

(49) Kelly, 1999: 159

(50) “En consecuencia –ha escrito Alfonso Vázquez- admitiendo que la tecnología hard se autocancela como fuente de ventaja competitiva, debemos entender la organización como un conjunto de capacidades que se interrelacionan entre sí y, sobre todo, con las existentes en su entorno para recrearse, crecer y desplegar dinámicas de potencial desconocido hasta la fecha” (cfr. Vázquez, op.cit.: 84)

(51) Senge,1990

(52) Véase Argyris, 1977; Argyris, 1986; por último en Argyris, 1991, puede encontrarse una poderosa argumentación que muestra de qué modo los cuadros más altos y preparados son los más renuentes al aprendizaje o, de dicho de modo inverso, a olvidar quiénes son y de dónde vienen; lógicamente, también lo son al cambio de comportamiento que todo verdadero proceso de aprendizaje impone. Todo lo cual sitúa el análisis de Argyris en la línea de análisis de filiación kuhniana que hemos desarrollado pues, al fin y al cabo, la naturaleza social de todo verdadero proceso de aprendizaje conspira contra los equilibrios de poder establecidos y sus tradiciones.

(53) Nonaka, 1991

(54) Nonaka y Takeuchi, 1995

(55) Nonaka, Op. cit.: 313

(56) Meghnagi, S. (Cood), en prensa. En la medida en la que fui uno de los miembros del equipo español utilizo en este punto los materiales que procesamos conjuntamente. Las ideas aquí puestas por escrito sobre cualificación no remiten a la investigación tal cual fue publicada, sino que son exclusiva responsabilidad del autor de este trabajo.

(57) En el caso español éstos fueron: la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de octubre, de ordenación general del sistema educativo (LOGSE), el Real Decreto 631/1993, de 3 de mayo, por el que se regula el Plan Nacional de Formación e Inserción Profesional; el Real Decreto 676/1993, de 7 de mayo, por el que se establecen directrices generales sobre los títulos y las correspondientes enseñanzas mínimas de formación profesional; el Real Decreto 797/1995, de 19 de mayo, por el que se establecen directrices sobre certificados de profesionalidad y los correspondientes contenidos mínimos de formación profesional ocupacional; el Acuerdo de Bases sobre la política de Formación Profesional de 19 de diciembre de 1996; el II Acuerdo Nacional de Formación Continua de 19 de diciembre de 1996 (BOE de 1 de febrero de 1997); Nuevo Programa Nacional de Formación Profesional de 18 de febrero de 1998; el XI Convenio General de las Industrias Químicas; el Convenio de Laboratorios Fotográficos de Barcelona y su Provincia; el Convenio Colectivo de la empresa Erkimia, S.A.; el Libro Blanco sobre la educación y la formación. Enseñar y aprender, hacia una sociedad europea, de 29 de noviembre de 1995; la Decisión del Consejo de 6 de diciembre de 1994 por la que se establece un programa de acción para la aplicación de una política de formación profesional de la Comunidad Europea (Programa Leonardo da Vinci); y, por último, la Propuesta de Decisión del Consejo por la que se establece la segunda fase del programa de acción comunitario en materia de formación profesional Leonardo da Vinci. Por parte del equipo italiano se reviso una documentación de características similares. El conjunto ofrecía un panorama impresionante sobre el uso de los términos de referencia de la investigación.

(58) Véase Habermas, 1992: 61-62

(59) Desaprendo, luego existo es un aforismo inteligente que debemos, como tantos otros, a Alfons Cornellá.

(60) Peters, 1992

(61) Esta es una de las ideas-fuerza, y una de las cinco condiciones que hacen posible la creación de conocimiento organizacional, que articula la obra de Nonaka y Takeuchi, 1995

(62) El aforismo es de Waterman y es citado por Vázquez, 1998: 94.

(63) Hoebecke, 1997

(64) Handy, 1996/1994: 247

(65) Dieterich, 1999: 143 y ss.

(66) Schumpeter, op.cit.: 38

(67) Castells, op. cit.: 56