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Propuesta pragmatista para una filosofía aplicada a los problemas del entorno natural y humano

José Manuel de Cózar (1)
Universidad de La Laguna (España)

“El mundo en el que te introduce tu profesor de filosofía es simple, claro y noble. Las contradicciones de la vida real están ausentes en él...
De hecho es menos una relación del mundo real que una clara adición construida sobre el mismo, un santuario clásico en el que la imaginación racionalista se puede refugiar del carácter intolerablemente confuso y gótico que presentan los meros hechos. No es una explicación de nuestro concreto universo, es otra cosa distinta, una sustituto, un remedio, una vía de escape.”
William James, Pragmatismo.

Contexto

Durante los últimos años se ha venido produciendo en la filosofía académica un fuerte crecimiento de los estudios y discusiones sobre cuestiones que, de una forma u otra, tienen que ver con la relación humana con el entorno. Las aportaciones llegan desde la filosofía ambiental (particularmente la ética), la filosofía de la ciencia y de la tecnología, la filosofía política o la filosofía aplicada en general, pero también del rescate de las ideas formuladas por pensadores de primer orden pertenecientes a distintas corrientes de la tradición filosófica.

Ese crecimiento del interés filosófico por la naturaleza, en sus diversas manifestaciones y dimensiones (como espacio, entorno, lugar, ambiente, paisaje, etc.), es paralelo al espectacular aumento del esfuerzo que se observa en múltiples disciplinas científicas y técnicas para la resolución de los problemas ambientales, y, por supuesto, no es ajeno a la creciente preocupación social sobre el presente y el futuro de nuestro planeta y de la vida (humana y no humana) en él.

Por desgracia, buena parte de los análisis filosóficos llevados a cabo, que pueden resultar interesantes en sí mismos, no contribuyen de manera significativa a la elucidación y eventual resolución de los problemas reales de la humanidad y del planeta, desde la calidad de la vida en las urbes y zonas densamente pobladas o el futuro del medio rural, a la preservación de las especies en peligro, la integridad de los espacios naturales o las amenazas globales a la biosfera; todo ello sin olvidar las inquietantes transformaciones que están operando las modernas biotecnologías.

Por otro lado, en su búsqueda bienintencionada de nuevas fórmulas para encarar tales problemas u otros de parecida índole, los científicos sociales y otros colectivos de especialistas (arquitectos, ingenieros, técnicos de ordenación del territorio, etc.) acaban cayendo a menudo, cuando se dignan enfrentarse en la palestra filosófica, en discursos más bien burdos, con simplificaciones, confusiones y mixtificaciones que pueden ser revisadas más adecuadamente desde la familiaridad de trato con la tradición filosófica, siempre que no se tenga demasiado apego al escolasticismo. Por ejemplo, encontramos dualismos supuestamente inescapables e irreconciliables, tales como: naturaleza independiente versus construcción social, descripción científica versus experiencia subjetiva, primacía de la toma de decisiones experta versus reivindicación de la sociedad civil, etc.

Lo que se precisa entonces es un enfoque que, sin dejar de ser genuinamente filosófico, pueda servir de guía para formular políticas ambientales mejores y más responsables tanto para los seres humanos como para los seres vivos en general. Se require tomar en serio la noción de filosofía aplicada para que los integrantes de la comunidad filosófica interesados en estos problemas puedan estar en condiciones de participar, en su calidad de especialistas y no sólo como ciudadanos, en la resolución de los problemas ambientales reales.

Propuesta

Consiste en ensayar la aplicación del pragmatismo filosófico como orientación amplia, esto es, como perspectiva ontológica, epistemológica, etico-política y sobre todo metodológica, con el fin de contribuir a la resolución de problemas eco-sociales concretos. Se trata de tomar en serio la obra de los grandes autores pragmatistas clásicos, como Charles S. Peirce, William James o John Dewey, pero también las corrientes pragmatistas recientes, pudiendo incluir, por ejemplo, aspectos de la filosofía más reciente de Hilary Putnam o del neopragmatismo francés de Bruno Latour. No es necesario comprometerse con todas y cada una de las tesis de estos u otros autores, sino de inspirarse en su visión pragmatista de los problemas tratados.

Se facilitaría con ello la aportación, en las polémicas sobre las actuaciones que se llevan a cabo en los diversos entornos humanos y naturales, de maneras más adecuadas y ricas de comprender los aspectos centrales involucrados, junto a eventuales recomendaciones de utilidad.

A lo que no nos compromete la orientación pragmatista

En su vertiente normativa, la tentación subjetivista es dejada de lado por el pragmatismo, que prefiere trabajar en la colocación de las bases de la responsabilidad individual y colectiva ante el entorno y ante nuestros congéneres.

Posibles tareas

El abanico de tareas que se despliega entonces es variado y para todos los gustos de los igualmente variados talantes filosóficos. A guisa de ejemplo se proponen las siguientes:

En conclusión

Según la concepción pragmatista de la filosofía, ésta no es tanto un estudio del pensamiento filosófico como un estudio de la experiencia vivida. Ahora bien, esta experiencia, nos decía Dewey, ya se encuentra revestida y saturada con los productos de la reflexión de pasadas generaciones y eras. Las interpretaciones se han incorporado a lo que a primera vista parece material empírico fresco e ingenuo. Por consiguiente, una valiosa empresa filosófica es la de detectar ese poso de interpretaciones de la experiencia, constituirse en una suerte de crítica de lo que en cierto sentido podemos considerar “prejuicios”, es decir, juicios previos asumidos acríticamente que pueden ofuscar y distorsionar nuestros planteamientos. La clarificación y la emancipación seguirían así a la detección y destierro de tales prejuicios.

La orientación pragmatista, correctamente entendida, proporciona una amplia y adecuada plataforma desde la que volver a encauzar las inacabables y extenuantes discusiones suscitadas por la defensa de falsos y casi siempre inútiles dualismos.

La orientación pragmatista promueve un pluralismo ontológico y normativo cada vez más necesario en el mundo en el que vivimos, al tiempo que nos anima a buscar una nueva intimidad con las cosas (James).

En definitiva, se invita a realizar un ejercicio riguroso y autoconsciente de actividad filosófica, aplicándola, sin grandilocuencia ni actitudes paternalistas, y en la medida de las posibilidades, a la elaboración de recomendaciones para la resolución de los problemas del entorno en sus dimensiones local, regional y global, problemas que, según todos los indicios, no harán sino agudizarse en el presente siglo.

La invitación es extensiva al conjunto de la comunidad académica ocupada en --y preocupada por-- la situación de nuestro entorno y del papel del ser humano en él.

(Se ruega envíen cualesquiera comentarios que tengan a bien realizar sobre esta declaración de intenciones a jcozar@ull.es)

(1) Nota bibiográfica

José Manuel de Cózar Escalante

Nacionalidad española, nacido en 1962. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia (España). Fue premio Nacional de Terminación de Estudios y Becario de Investigación del Ministerio Español de Educación y Ciencia. Doctor en Filosofía en 1989, por la misma Universidad, con una tesis sobre Epistemología Evolucionista.

Actualmente es profesor titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de La Laguna (Canarias, España), donde imparte docencia en asignaturas de Ciencia, Tecnología y Sociedad e Historia de la Ciencia.

Especializado en las áreas de Filosofía de la Ciencia, Filosofía de la Tecnología y Estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad, ha publicado diversos trabajos en revistas españolas e internacionales dentro de esos campos de estudio. Coautor del libro Tecnología, Civilización y Barbarie, que será publicado próximamente.

Ha realizado varias estancias de investigación en Universidades de Holanda y Estados Unidos (Nueva York y Stanford).

Desde hace algún tiempo trabaja en la aplicación del enfoque pragmatista en cuestiones ambientales, con especial énfasis en el establecimiento de criterios colectivos para la toma de decisiones concernientes a nuestra relación con el entorno natural y humano.

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