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Monografías virtuales
Ciudadanía, democracia y valores en sociedades plurales

Línea temática: Medios de comunicación y valores democráticos 

ISSN 1728-0001

 Reflexiones

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Estilos de vida y consumo televisivo 1

Miquel Martínez2
Universidad de Barcelona

Cómo aprender a utilizar responsablemente la televisión y construir un estilo de vida que nos permita regular de manera autónoma y crítica su consumo? En este artículo, el autor nos ofrece algunas reflexiones para dar respuesta a esta interesante pregunta, de tal manera que, desde el contexto familiar se pueda asumir una actitud congruente con el fin que perseguimos.

La sociedad en la que vivimos y en la que crecen y aprenden nuestros hijos e hijas es una sociedad de la información y de las tecnologías en la que la televisión ocupa un lugar destacado ya sea como receptor de las diferentes programaciones de cada vez un número mayor de canales o como monitor a través del cual podemos reproducir películas en formato vídeo analógico o digital. Difícilmente podemos oponernos a esta realidad y mucho menos conveniente es negarla. La realidad que conforma nuestras maneras de hacer y de ser está influida por la televisión, la infancia también. Sin embargo, podemos aprender a hacer un uso responsable de ella y, sobre todo, podemos crear condiciones para que nuestros hijos aprendan a construir un estilo de vida capaz de regular de forma autónoma y responsable el consumo televisivo.

Se trata no tanto de analizar los aspectos negativos, que sin duda pueden estar presentes en el medio y en los contenidos de los mensajes que pueden observarse a través de la televisión, sino de identificar las mejores pautas y condiciones que hagan de este potente medio de aprendizaje y conformación un factor de educación y maduración. Sin embargo, la tarea de padres y madres o de las personas que hacen sus funciones encargándose del cuidado y atención de sus hijos en los momentos de ocio y de consumo audiovisual no es fácil y requiere constancia y aguante. Los modelos de vida que pueden observarse en la televisión integran estilos de comportamiento y valores que en la mayoría de las ocasiones no coinciden, o incluso son opuestos, a los que como padres y madres deseamos para nuestros hijos. Precisamente por eso conviene disponer de algunas pautas que nos ayuden a intervenir de forma adecuada, nos hagan sentir más seguros como educadores y contribuyan a incrementar nuestra perseverancia.

Una de las necesidades que el mundo actual nos está planteando es la de saber organizar nuestro tiempo. Una de las causas más frecuentes de ansiedad y de falta de eficacia en el desempeño de nuestras tareas es precisamente la falta de habilidad en este terreno. El consumo indiscriminado de productos que suponen inversión de tiempo genera aprendizajes inadecuados para mejorar nuestras habilidades en la gestión del tiempo. La televisión puede ser una fuente de consumo indiscriminado de productos audiovisuales o, por el contrario, una buena herramienta para aprender a seleccionar con anticipación, escoger y disponer de nuestro tiempo en función de aquellos programas que nos resulten mas atractivos. Esta es una pauta que sin duda puede colaborar a hacer un buen uso de este medio y que a la vez permite que organicemos nuestro tiempo de forma cada vez más autónoma y responsable. Educar a nuestros hijos en la selección previa de programas y limitar sin concesiones el tiempo máximo de exposición televisiva es una buena práctica de educación familiar. Esta práctica debe iniciarse a partir de los primeros años de vida y debe continuar para que nuestros hijos aprendan a relacionarse con la televisión.

Los procesos de aprendizaje y maduración que acompañan el crecimiento en la infancia y la adolescencia requieren diferentes escenarios en los que interactuar con amigos, compañeros y hermanos y espacios en los que mostrar nuestras capacidades creativas y relacionales. Estos escenarios y espacios son posibles, si en los espacios de ocio combinamos de forma equilibrada momentos para la lectura, la conversación, el juego individual, el juego entre iguales, escuchar música, practicar deporte, etc. Un exceso de consumo televisivo dificulta y a la larga impide disfrutar de nuestro tiempo de forma rica y variada. Un estilo de vida adicto a la televisión no permite un desarrollo equilibrado e integral de la persona. El tiempo de juego o de lectura de cuentos perdido en nuestra infancia no se recupera; el tiempo excesivo ante la pantalla en lugar de salir con amigos, practicar un deporte o simplemente charlar, tampoco. Ayudar a nuestros hijos a organizar su tiempo de ocio de forma variada desde el jardín de infancia y en especial a partir de los diez o doce años es una forma de estimular actividades que permitan aprender a convivir y a jugar en escenarios diferentes, del espacio televisivo e incluso más tarde del hogar familiar y de la compañía de los padres. La sensación de seguridad que generan estos espacios naturales de acogida y bienestar debe ser complementada con escenarios donde la novedad, lo desconocido y la convivencia entre iguales suponga niveles de socialización más allá del núcleo familiar y televisivo. La práctica deportiva, especialmente en equipo, las actividades de carácter artístico y musical, el excursionismo y la participación en las actividades propias de los movimientos de educación no formal y de tiempo libre son ejemplos de recursos alternativos y motivadores que pueden colaborar en el logro de un ocio diverso y rico.

Hemos presentado dos pautas u orientaciones para aprender a hacer un uso razonable de la televisión. Pensamos que son pautas fáciles de integrar en la educación familiar , pero dudamos de su eficacia al igual que de la eficacia de otras posibles pautas al respecto, si los estilos de vida de los padres ante la televisión son contradictorios con lo que hasta aquí hemos comentado. Los modelos de vida de los padres son imitados en general por los hijos y, especialmente, en aquellos aspectos negativos cuando se trata de la televisión. Si somos dependientes de ella, reproduciremos modelos de comportamiento similares a pesar de que nos propongamos pautas adecuadas. Es decir que la primera pauta es mostrar como adultos y de forma habitual un estilo de vida ante el consumo televisivo moderado, austero, basado en la selección de programas que nos resulten de interés y compartido con otro tipo de consumo cultural, actividad deportiva o forma de disfrutar de nuestro ocio.

Pero además, y la siguiente no es tarea fácil aunque necesaria, como educadores los padres y madres debemos aprender a estar con nuestros hijos ante el televisor. No es tan importante que expresemos nuestras opiniones como que facilitemos que ellos expresen las suyas en relación con los programas que han escogido y que manifiesten los sentimientos tanto positivos como negativos que están viviendo. Esta actitud de escuchar más que hablar debe ir acompañada de una posición crítica por parte de los padres ante los contenidos, que ayude a relativizar el mensaje televisivo y que ayude a conocer otras formas u opiniones sobre el tema del que trate. Conviene, en definitiva, evitar que los más pequeños y los no tan pequeños estén solos ante el televisor, en silencio o sin alguien con quien conversar. Conviene potenciar la comprensión critica de los medios y en especial la de los mensajes controvertidos aprovechando los mismos para poder conversar sobre temas que sin la televisión quizás nunca hubieran sido motivo de encuentro y debate en familia.

Ciertamente la televisión con todos sus aspectos susceptibles de crítica debe ser considerada también un medio de aprendizaje y educación potente que puede generar cambios de actitudes, eliminar prejuicios y mostrar maneras de ser y estar en nuestra sociedad acordes con los valores que deben regular la vida en sociedades plurales y diversas. Un ejemplo evidente de lo que estamos afirmando podemos encontrarlo en algunas de las telenovelas que, por ejemplo, " Televisió de Catalunya " produce y en las que se presentan y refuerzan modelos de vida basados en la no exclusión, el respeto a la diferencia y la convivencia en contextos sociales diversos tanto generacional como culturalmente.

En síntesis , aprender a organizar nuestro tiempo ante el televisor , combinar de forma equilibrada el consumo televisivo con otras formas de invertir nuestro tiempo, aprovechar los contenidos televisivos para conversar y comprender críticamente la realidad son pautas que nos deberíamos aplicar a nosotros mismos como adultos y que pueden ejercer efectos pedagógicos saludables en la infancia y la adolescencia que nos rodean.

Por último una consideración que a mi juicio es de especial importancia: desde un punto de vista pedagógico y en el período que va hasta los ocho o diez años de edad no es tan importante el tipo de contenido televisivo que nuestros hijos ven como el tiempo que lo están viendo. Es evidente que determinados contenidos son del todo inadecuados tanto pedagógica, como incluso cultural y estéticamente. Sin embargo, la gravedad de la cuestión es mayor en función del tiempo de exposición. El tipo de estímulos auditivos, cinéticos y visuales que acompañan a la mayoría de programas infantiles y, en especial, a las series de dibujos animados y a la publicidad, generan una dependencia que puede producir en edades posteriores un condicionamiento ante la pantalla que limite nuestras capacidades para mostrar un estilo de vida autónomo y responsable al respecto.

Notas:

1 Este artículo es tomado de la Revista Exclusiva. Publicación del Grupo Catalana de Occidente. Nº7. Verano 2002, págs. 28-29. Se reproduce bajo el permiso del autor.

2 Miquel Martínez es catedrático en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona y miembro del Grupo de Investigación en educación en valores y desarrollo moral (GREM) de la misma Universidad. Colabora desde 1993 en el Programa de Educación en Valores de la OEI. Actualmente es Director del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona.

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