|
La noción de ciudadanía,
con profundas raíces históricas,
se está abriendo camino para articular
en torno a ella la educación moral. Ciudadano,
como escribe Adela Cortina, es el ser humano autónomo,
que hace la vida en común junto a sus iguales,
que no es siervo ni súbdito y que es consciente
de que construye su autonomía en solidaridad
con los otros. Ciudadanía supone libertad,
igualdad, pertenencia, dignidad, respeto y diálogo.
Desde esta perspectiva, la educación
para la ciudadanía se ha convertido en
uno de los ejes principales para incorporar los
valores en la acción educadora de las escuelas.
Sin embargo, su concreción y articulación
en los proyectos educativos no es sencilla. En
primer lugar, porque no se trata sólo de
que los alumnos conozcan sus derechos y sus deberes
sino que los experimenten en la escuela y adquieran
la preparación suficiente para ejercerlos
después en la sociedad. En segundo lugar,
porque no existe un modelo de persona ideal ya
que la sociedad es plural en sus culturas y en
sus valores, lo que provoca en ocasiones controversias
y contradicciones.
Algunos estudios sobre la educación
cívica han diferenciado tres enfoques,
que no pueden ser alternativos sino que han de
ser complementarios: la educación para
la ciudadanía, la educación a través
de la ciudadanía y la educación
sobre la ciudadanía. En el primer caso,
el énfasis se sitúa en la capacitación
de los alumnos para que lleguen a incorporarse
de forma activa y responsable a la sociedad..
Supone, por tanto, asegurar que todos los alumnos
alcanzan los aprendizajes básicos para
vivir en la sociedad actual, lo que incluye la
adquisición de las competencias cognitivas,
comunicativas, de conocimiento del mundo actual,
éticas, etc. que permitan un suficiente
nivel de autonomía y de progreso personal
y profesional. Es el significado más amplio
de ciudadanía pero también el más
exigente, ya que incluye el compromiso de que
todos los alumnos terminen de forma satisfactoria
su educación básica.
La segunda perspectiva, educación
a través de la ciudadanía, se orienta
a que los alumnos aprendan los valores cívicos
por medio de su ejercicio en la escuela. En consecuencia,
la educación en valores y para la ciudadanía
debe tener su concreción en el propio funcionamiento
del centro educativo, es decir, debe impregnar
y transformar el significado y la acción
educativa global de las escuelas, en las que la
participación, el respeto mutuo, la tolerancia
y la solidaridad con los más débiles,
la responsabilidad y la exigencia a los alumnos
de sus deberes sean una guía que oriente
la adopción de decisiones y las iniciativas
de la escuela.
También unas escuelas
inclusivas e integradoras, abiertas a todos los
alumnos, en las que la marginación y la
intolerancia están desterradas, son el
horizonte deseable en el que se ha de concretar
la educación a través y para la
ciudadanía. En este sentido, la integración
de los alumnos con necesidades educativas especiales
en una escuela es una opción de valor con
profundas consecuencias. La convivencia de todos
los niños, sea cual sea su capacidad, aporta
una experiencia enriquecedora y fomenta la comprensión
y la ayuda mutua. La empatía con los más
débiles es uno de los impulsos de la acción
solidaria que se ve reforzado en edades posteriores
por convicciones morales más racionales.
Finalmente, el tercer enfoque
se refiere a la educación sobre la ciudadanía.
La educación moral y cívica debe
completarse a través de la reflexión.
La formación del juicio moral de los alumnos
y el desarrollo de su autonomía moral han
de estar presente en las diferentes materias,
pero posiblemente también debe de existir
un tiempo específico de formación
en una asignatura específica.
Esta triple perspectiva debería
de orientar la acción educadora en este
campo. No es una tarea sencilla ya que debe sortear
no sólo las presiones explícitas
y veladas que se dirigen hacia el sistema educativo
para limitar la inclusión de todos los
alumnos en las mismas escuelas o para no plantear
de forma crítica los valores dominantes,
sino que también ha de tener en cuenta
la presencia de diferentes culturas en las escuelas
y las exigencias que ello comporta. La educación
en una ciudadanía multicultural capaz de
favorecer el cohesión social es el horizonte
necesario.
Junio de 2007
|