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La educación artística debe estar garantizada
para todos los individuos tanto en el contexto de la
educación formal como no formal. Aunque comenzar
este texto con una afirmación tan categórica
puede causar cierta prevención al lector, nuestra
intención es anular, desde el principio, todas
aquellas tibias consideraciones en las que la educación
artística es apreciada en cuanto fomenta la creatividad
y proporciona disfrute, pero no se valora como objeto
de conocimiento.
Las artes son un componente esencial en la formación
de los individuos. Desde la danza y la música
al teatro, las artes visuales o las nuevas modalidades
de arte digital, todas las artes proporcionan a los
niños y las niñas formas de expresión
únicas, permitiéndoles explorar nuevas
ideas, acercarse desde distintas perspectivas a la realidad
y participar, conocer y respetar su propia cultura y
las de los demás. La educación artística
no sólo posibilita a los estudiantes una mejor
comprensión del mundo que les rodea, sino que
también amplía su perspectiva para enfrentarse
a nuevos problemas, para crear y expresarse desafiando
al intelecto.
Si el arte ha sido, desde tiempos inmemoriales, un
elemento básico e insustituible en el desarrollo
integral y la formación de las personas, actualmente
podemos afirmar que lo es incluso más ya que,
como afirma Jason Ohler en un artículo publicado
en el año 2000, "es la cuarta competencia
básica en esta era digital [...] y se está
convirtiendo rápidamente en el nuevo alfabetismo
de nuestro tiempo [...] Ya no podemos detenernos en
la discusión de si el arte debe ocupar un lugar
central y permanente en los programas escolares; debe
hacerlo. En la era digital, las destrezas en arte no
son solamente buenas para el alma sino que además
proporcionan, en palabras de Elliot Eisner (1988), acceso
al capital cultural y, en última instancia, acceso
al empleo".
Aunque la educación artística forma parte,
con más o menos fortuna, de la mayoría
de los currículos iberoamericanos, la calidad
de la enseñanza que recibe el alumnado sigue
sin estar garantizada. Esto se debe, en mi opinión,
al menos a dos razones: por una parte, a que los responsables
políticos y la sociedad, en su conjunto, siguen
creyendo que la competencia cultural y artística
no es realmente una competencia básica, en igualdad
de condiciones con otras con más "tradición";
por la otra, a que esta convicción ha llevado,
durante mucho tiempo, a descuidar la formación
inicial y permanente del profesorado de artística.
Asegurar la presencia de la educación artística
en todos los sistemas educativos y propiciar espacios
para la formación artística en el ámbito
de la educación formal, así como comprometerse
con la formación del profesorado deberían
ser dos factores a tener muy en cuenta en las metas
educativas 2021.
Partiendo de esta idea, propongo debatir en este foro
cómo debería ser la formación inicial
y permanente del profesorado para garantizar una educación
artística de calidad.
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