¡¿Aulas anexas?! Aunque el nombre aún causa duda en algunos, basta una breve explicación para que el asombro pase de inmediato. Se trata de los escenarios pedagógicos ubicados en fábricas, empresas u otras entidades, donde los estudiantes de los politécnicos comienzan a familiarizarse con los distintos procesos productivos.
De tal manera se suple la carencia de la base material de estudio —tanto técnica como bibliográfica— existente en los planteles educacionales, así como de especialistas necesarios para garantizar la calidad en la formación de los futuros técnicos medio y obreros calificados que exige el desarrollo económico del país.
Desde el curso 2009-2010, momento en que comenzaron a implementarse las transformaciones en la Enseñanza Técnico- Profesional (ETP), se han creado en el territorio matancero 158 espacios de esta índole, con la incorporación de 279 profesores y tutores.
En los politécnicos de la provincia se concentra una matrícula superior a los 12.500 alumnos; de ellos 7.544 se graduarán como técnicos medio y 4.220 como obreros calificados. Otros 748 lo harán a través del curso para trabajadores.
Loables ejemplos
Mariannys Quintana Hoyos realiza sus prácticas como obrera calificada en el taller de Hilatura y Tejeduría, de la Empresa Textil Eddio Tejeiro (Bellotex), en la ciudad de Matanzas. Ella transita el primer año de esta especialidad en el Politécnico de la Construcción Antonio Maceo.
Y aunque nada tiene que ver su labor con una cuchara de albañil o una pala, y en lugar del casco protector lleva un simple pañuelo en la cabeza, la idea de ubicar en dicho centro a los dos grupos que se forman en la actividad responde a su cercanía y a la urgencia de contar con el relevo para dicho oficio en el propio territorio.
“Es muy bueno estar vinculadas al taller porque hemos aprendido mucho. Por ejemplo, a mezclar la fibra, a empatar el hilo con la cinta de manuar en la hilatura... ”
El sentir de Mariannys, compartido por el resto de las muchachitas, guarda estrecho vínculo con la responsabilidad asumida por quienes actúan como profesores o tutores. Así, pues, Yohenni Medina, técnico textil en Hilandería, asegura que a esta altura del curso ya están en condiciones de enfrentarse a cualquiera de los equipos.
Y hablando de confecciones textiles nadie pone en tela de juicio la capacidad de enseñanza de los docentes. Durante una década Mayra Martínez se desempeñó como directora técnica productiva en la Bellotex y ahora, luego de jubilarse, decidió transmitir sus experiencias.
“Que los tutores y maestros sean los mejores trabajadores y los que acumulan mayor experiencia fortalece la relación existente entre la escuela y las entidades, a la vez que potencia la calidad de la educación”, aduce.
De nada sirvieron las intentos de su madre para que Yoel Álvarez Álvarez desistiera de continuar sus estudios de Soldadura y optara por otra especialidad, en el también yumurino Instituto Politécnico Ernest Thälmann.
La perseverancia del chico tampoco es casual. Así lo corrobora Digna Castellanos, capacitadora de la Empresa de Extintores y Cilindros para Gas Faustino Pérez (más conocida por EXCILGAS), al frente de la brigada compuesta por 72 alumnos, entre obreros calificados y técnicos medio.
“No es el único caso en esa situación. Aquí nos preocupamos porque ellos salgan bien preparados en la labor que van a desarrollar en sus puestos de trabajo y eso los hace sentirse motivados. De ahí que transiten con la misma responsabilidad de un obrero por los diferentes procesos: planta de cilindros reparados, hermeticidad, puesta de válvula, pintura y prueba de engargolado.”
Bienvenido Ávila, profesor de Soldadura, advierte sobre el cuidado y la dedicación que ofrecen a los muchachos. “Les exigimos el empleo de los medios de protección para que no ocurran accidentes”.
También en la Cooperativa de Producción Agropecuaria 17 de Mayo, los alumnos del politécnico Leonor Pérez, de Pedro Betancourt, que cursan la carrera de Agropecuaria, complementan lo aprendido en las asignaturas Información Técnica y Práctica de Oficio, y Técnica Básica Agropecuaria.
Aprenden escarde, hacen semilleros, transplantan hortalizas u otros cultivos, enyugan bueyes, y conocen casi todo sobre la cría de conejos y carneros. Con la fabricación de abonos orgánicos, lombricultura y compost se adentran, además, en las prácticas agroecológicas.
Las jimaguas Nailén y Naileni Delgado Castro, de primer año, aseguran que les resultó un poco difícil “pero nos adaptamos. Antes a uno le daba pena, me preguntaba con qué ropa ir al campo, y si la gente me criticaría, pero ya me gusta lo que hago.
“Ahora sabemos cosas interesantes como transplantar, sembrar y lombricultura. Mi hermana y yo tenemos un jardincito en casa y con lo asimilado aquí está muy bonito”.
Cuestiones pendientes
Eliécer Estupiñán Leyva, jefe del Departamento de ETP en la Dirección Provincial de Educación, reconoce que todavía quedan cuestiones por perfeccionar.
“Como nueva modalidad al fin, ha encontrado barreras, pero, poco a poco se van superando. La familia debe imbricarse más, pues, los hijos ya no están recibiendo solo la influencia educativa de la escuela, sino también de una entidad productiva que a veces no cuenta con la formación pedagógica requerida. De ahí que la preparación de los profesionales sea el primer reto que enfrentamos.
“De igual modo urge explotar más las potencialidades de este nuevo ámbito de aprendizaje, organizar los procesos de rotación por las diferentes áreas productivas. De la preocupación y el concurso de todos dependerá que los estudiantes se gradúen a tono con las exigencias de cada entidad y de la sociedad en sentido general.
Fuente: CubaEduca. Portal Educativo Cubano
1ro de marzo de 2012 |