Publicado el lunes, 11 de junio de 2012, en La Tercera, periódico ABC
«Es importante, por el bien de los países iberoamericanos, pero también por el nuestro, que reforcemos los vínculos entre todos y que manifestemos nuestro reconocimiento, nuestro aprecio y nuestra valoración hacia una comunidad iberoamericana todavía en construcción. Ayudaría mucho a lograrlo si asumimos un compromiso de cooperación equilibrado y sostenible»
Vivimos tiempos de crisis en los que aparecen como indiscutibles determinados ajustes dolorosos que reducen las prestaciones sociales y el bienestar de buena parte de la sociedad. En esta difícil situación, no es extraño que surjan voces que se oponen a que los poderes públicos destinen recursos económicos a la ayuda y a la cooperación con otros países de menor desarrollo económico y social. El mensaje de un sector de la sociedad alemana en relación con los países del sur de Europa -que trabajen más y que gasten mejor- parece que se repite en nuestros países mediterráneos cuando pensamos en países más pobres que los nuestros.
Aunque son visiones comprensibles, considero que hemos de razonar e intentar convencer sobre la opción contraria: en estos tiempos de crisis y a pesar de las dificultades, hemos de seguir siendo solidarios, cada uno según sus posibilidades: el Gobierno, las instituciones, las empresas y los ciudadanos.
Hay tres tipos de razones que avalan este planteamiento. En primer lugar, aquellas relacionadas con la justicia y con la cohesión social. En este mundo globalizado e interdependiente, lo que sucede a aquellos países más lejanos no nos puede dejar indiferentes. Hemos de sentir compasión hacia ellos e intentar compensar con nuestro esfuerzo solidario las escasas oportunidades de partida que muchos de ellos tuvieron. Pero también hemos de ser conscientes de que sus problemas y sus retrasos no permanecerán alejados de nosotros, sino que nos interpelarán en repetidas ocasiones y acabarán por afectarnos.
En segundo lugar, hay razones vinculadas con la educación de las futuras generaciones. La educación en valores solidarios es una exigencia para todas las escuelas y los maestros, pero también para el conjunto de la sociedad. En este campo, poco van a aprender nuestros alumnos en un entorno social en el que la preocupación por los otros no gozara de respeto ni de aliento. Los valores se aprenden a través del conocimiento y la reflexión, pero también y principalmente por el ejemplo, el desarrollo de la sensibilidad y la acción comprometida. Hay que reconocer y agradecer que nuestras escuelas, incluso en estos tiempos difíciles, manifiesten de forma mayoritaria un gran sentido de la solidaridad. Un buen ejemplo se ha manifestado hace pocas semanas cuando la OEl, junto con numerosas fundaciones y empresas, presentó el proyecto Luces para Aprender, cuyo objetivo es llevar electricidad y conectividad a 62.000 escuelas iberoamericanas que aún no disponen de ellas. La respuesta de las comunidades educativas para participar de alguna manera en este proyecto ha sido admirable.
Finalmente, hay que señalar razones institucionales para defender la importancia de la cooperación para el desarrollo. Hemos de recordar que las principales decisiones que afectan a la economía y al bienestar de los ciudadanos se adoptan en organismos y en foros internacionales. No podemos reclamar el apoyo de los demás si no lo manifestamos nosotros ante los retos mundiales, desde iniciativas de paz a las que acude nuestro Ejército hasta catástrofes humanas provocadas por guerras o por desastres naturales. Estas acciones solidarias exigen recursos económicos y sirven para ayudar a los países y a los pueblos, pero, no lo olvidemos, también facilitan el reconocimiento de la presencia activa de España en el mundo.
Estas tres razones tienen un valor y una fuerza especial cuando nos referimos a los países iberoamericanos. Formamos una misma comunidad con una lengua y una cultura común; mantenemos estrechas relaciones entre los diferentes países, lo que nos hace sentirnos con una especial proximidad hacia sus ciudadanos; existen, además, muy amplios vinculos económicos y mantenemos unas relaciones diplomáticas privilegiadas, que se concretan en relaciones bilaterales y multilaterales enormemente fecundas y que se manifiestan en las Conferencias de Ministros y en las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno. Somos, junto con Portugal, los dos únicos países que nos sentimos y somos al mismo tiempo iberoamericanos y europeos, lo que nos ofrece una oportunidad inmejorable para favorecer la relación entre ambas regiones del mundo.
Desde esta perspectiva, no es fácil explicar por qué nuestra cooperación con los países iberoamericanos se ha reducido de forma tan drástica este año, aunque podría entenderse sin dificultad que lo hubiera sido en proporción similar a la sufrida por el resto de los ministerios. Gracias a la ayuda española para la cooperación en años anteriores, la OEI ha podido alfabetizar y garantizar la educación básica a cientos de miles de jóvenes y de adultos; ha impulsado numerosas cooperativas de jóvenes emprendedores para lograr su inserción laboral; ha contribuido a mejorar la calidad de la enseñanza; y ha logrado, finalmente, con la colaboración y el esfuerzo de todos los países, acordar un proyecto común adaptado a la realidad y a la diversidad de cada uno de ellos: «Metas Educativas 2021: la educación que queremos para la generación de los bicentenarios». Un proyecto que está siendo una referencia y un estimulo para el compromiso colectivo y la identidad de los países iberoamericanos.
Este año, en el que Iberoamérica se reúne en Cádiz para conmemorar la primera Constitución española, que asumió compromisos sociales tan importantes como la extensión de la educación primaria a todos los pueblos de la Monarquía española, es un buen momento para el análisis y la reflexión sobre el futuro. Es importante, por el bien de los países iberoamericanos, pero también por el nuestro, que reforcemos los vínculos entre todos y que manifestemos nuestro reconocimiento, nuestro aprecio y nuestra valoración hacia una comunidad iberoamericana todavía en construcción. Ayudaría mucho a lograrlo si asumimos un compromiso de cooperación equilibrado y sostenible para los próximos años, que sitúe el recuerdo de los presupuestos para la cooperación en 2012 como un bache, tal vez ineludible, del que hemos sido capaces de salir entre todos y con el beneplácito de la gran mayoría de los ciudadanos españoles. Es una iniciativa justa y necesaria que nos permitirá sentimos valiosos ante la comunidad iberoamericana y ante nosotros mismos.
11 de junio de 2012
26 de julio de 2012 |