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Homenaje a Mario Albornoz - Pensar en español


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Quincena Pensar en Español
Sede de la OEI en Buenos Aires
Homenaje a Mario Albornoz
1 de octubre de 2007

Palabras de Mario Albornoz

Quiero dar las gracias a la OEI por un reconocimiento que no esperaba y que no sé si es merecido, pero que en gran medida debe ser compartido por muchos que me han dado la oportunidad de organizar algunos emprendimientos como la RICYT y por muchos otros que me ayudaron a sostenerlos e impulsarlos. Varios de ellos están aquí presentes y los hago partícipes de este reconocimiento. Otros han seguido caminos distintos pero sé que conservan como algo propio y valioso lo que en alguna etapa construimos juntos en el escenario de Iberoamérica.

Agradezco también a Pablo Jacovkis sus cálidas palabras de elogio y amistad.

Mi visión de la cooperación iberoamericana se basa en ciertas convicciones intelectuales pero, sobre todo, se entrelaza con vivencias propias. De estas vivencias surgen algunos de los rasgos que a mi juicio deben caracterizar a esta cooperación.

1. La solidaridad iberoamericana
Hace algo más de 30 años, en 1976, no hubiera imaginado que tiempo después se le podría haber ocurrido a alguien que yo podría ser merecedor de un premio por contribuir a la cooperación iberoamericana. En aquel año llegué a Madrid, dejando en Buenos Aires a mi familia, hasta que pudiera reunirla conmigo. En Madrid no conocía a nadie. Llevaba varias cartas de recomendación que no fueron ni leídas, excepto una: la que me dio Emilio Mignone para un amigo escritor: José Luis Castillo Puche, a la sazón Director de la revista Mundo Hispánico, del entonces Instituto de Cultura Hispánica. José Luis me abrió las puertas rápidamente y me encargó la redacción de una sección de ciencia y tecnología en la revista.

La solidaridad fue la nota dominante en aquella época. Recibí mucha ayuda espontánea. En menos de quince días tenía trabajo y un apartamento en Lavapiés, que unas personas, que ya ni recuerdo quiénes eran, me ayudaron a limpiar. Unos días después se reunía la familia en Madrid. Desde entonces en adelante transcurrió una larga etapa de aprendizaje y creatividad para todos nosotros, que incluyó el nacimiento de Martín, nuestro hijo español.

Klaus Mann, en su novela El Volcán, que ha sido considerada como la gran narración europea sobre el exilio, lo describe en términos de desarraigo y como una vivencia muy dura de lo ajeno.

El exilio es duro. Como emigrante, uno no vale demasiado. No es muy respetado, ni mucho menos. La gente no nos quiere. Apenas hay diferencia en si simpatizan con nuestras ideas políticas…se quejaba en la novela Mme. Rubinstein, una exiliada rusa en París.

Reviso mis recuerdos del exilio en España y nunca sentí algo parecido. Por el contrario, me sentí siempre en mi casa. Hoy tengo allí varios de mis mejores amigos. Si he podido rescatar algo de mi propia experiencia en la tarea de organizar actividades de ciencia y tecnología en el espacio iberoamericano, el rasgo principal ha sido sin dudas el de la solidaridad.

Desde mi primer empleo en Mundo Hispánico hasta el último día que nuestra etapa española, que duró hasta 1984, lo que pude construir en mí mismo fue la certidumbre de la fuerza de la solidaridad y la vigencia de Iberoamérica como identidad cultural, aunque por aquellos años fuera todavía carente de un proyecto común.

2. La fuerza de las instituciones, las utopías y la tolerancia
Llegué a Madrid en los días en que el Rey nombró a Adolfo Suárez Presidente del Gobierno. De hecho, el primer diario español que leí fue El País, en su edición del 8 de julio de 1976, que contenía el famoso texto de Ricardo de la Cierva, en el que señalaba que el Rey se había equivocado y negaba la capacidad de Adolfo Suárez para conducir la crisis.

A partir de entonces viví la encarnación de muchas utopías: la legalización del PCE, el debate de la nueva Constitución, las primeras elecciones democráticas después de la guerra civil, el Pacto de la Moncloa. La noción de ciudadanía -asociada a la discusión constitucional de aquellos días- implicaba unos niveles de participación política, construcción institucional y de equidad social que en mi experiencia de la Argentina de los setenta me resultaban casi desconocidos.

Si algo aprendí de aquellos años fue que la lucha por las utopías es compatible con la tolerancia y que la construcción de instituciones sólidas es un emprendimiento que transforma a los pueblos. Hoy creo que la cooperación iberoamericana debe apuntar a consolidar estos valores en nuestros países.

3. La modernización, la innovación y la tecnología
A finales de los setenta, descubrí a Schumpeter y me volqué a leerlo, como muchos de los españoles. Eran los años de la reconversión industrial y de la innovación tecnológica. España se preparaba para ingresar a la Unión Europea y relanzaba su economía. El proceso de modernización era impresionante y su impacto sobre la calidad de vida de los españoles lo era todavía más.

En 1983 acompañé a Francisco Fernández Ordóñez -Ministro de Suárez y después de Felipe González- a visitar Argentina para tomar contacto con dirigentes de la inminente etapa democrática.

En una reunión, uno de los economistas argentinos aseguró que en Argentina no había problemas económicos de base. Dijo que bastaba con la democracia para que se levantaran las persianas de las fábricas cerradas durante el proceso militar. Le pregunté si era suficiente; si después de ocho años no estarían tecnológicamente obsoletas. Me miró con sorpresa y me dijo "No, ¿por qué lo pregunta?". Quizás, porque ocho años eran mucho tiempo y el mundo, la economía y la tecnología habían cambiado muy profundamente en aquellos años.

Si algo de todas aquellas vivencias impregnó mi visión de la cooperación y de las relaciones internacionales fue la necesidad de levantar las persianas, si, pero de la mente, para mirar el mundo y tratar de pensar nuestra inclusión en él, sin ideas anquilosadas.

La consolidación de la democracia en Argentina ha sido más dependiente de los avatares de la economía -entendida como la creación y distribución de la riqueza- que de muchos otros factores. La experiencia española debió servirnos, pero esto hemos tardado muchos años en entenderlo. Hoy la cooperación iberoamericana debe ser un instrumento para estimular la innovación y mejorar la capacidad competitiva de las economías de la región.

4. La cooperación científica y las asimetrías
Con la llegada del PSOE al gobierno tuve la oportunidad de colaborar en el Gabinete del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y acompañar la política de transformación de este organismo en un instrumento para el desarrollo español. Si de alguna manera valoro aquella experiencia fue como la de pensar y actuar sin estar sujetos a atavismos. Y si en algo se hurgaba en el pasado era para recuperar la racionalidad perdida durante los años de la posguerra civil.

En 1984, de vuelta en Argentina, me hice cargo de la Dirección de Centro Regionales del CONICET. También me tocó organizar la primera convocatoria de proyectos de investigación (PID). El gobierno militar había dejado varios cascarones vacíos. El Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) en Ushuaia era uno de ellos. Con Jesús Sebastián, vicepresidente del CSIC imaginamos y pusimos en práctica un programa de cooperación para contribuir a darle vida.

Aunque no pudo continuar en el tiempo -dejé la dirección de Centros Regionales del CONICET en 1985 y en este país muchos de los proyectos son extremadamente dependientes de las personas- aquella experiencia fue ejemplar en muchos sentidos. Cada tanto con Jesús nos lamentamos de no haber escrito las crónicas de aquel esfuerzo.

Aprendí de aquel esfuerzo que las asimetrías no impiden la cooperación, sino que la hacen necesaria. Comprendí también que, no sólo en el amor sino también en la cooperación internacional, 1 + 1 es más que dos. Que la sinergia de la cooperación permite multiplicar la capacidad científica de los países iberoamericanos.

5. El vínculo de la universidad con el sector productivo
El último trabajo que hice en España en 1984, antes de volver a Argentina fue un estudio acerca las relaciones del sector de la industria agroalimentaria con los centros de investigación del CSIC y de las universidades. El estudio fue el documento de base para la discusión de un plan de concertación entre la I+D generada en los centros públicos y los sectores de la producción. En aquellos años, las universidades españolas creaban sus primeras unidades de transferencia de resultados de la I+D a las empresas.

La experiencia española también marcó mis pasos posteriores en estos temas. La creación de la empresa de tecnología de la UBA (UBATEC) en 1991 tuvo su inspiración en esta experiencia. En este campo, la cooperación iberoamericana ha alcanzado resultados muy importantes. La Asociación Latinoamericana e Iberoamericana de Gestión Tecnológica (ALTEC), que acaba de realizar en Buenos Aires su duodécimo congreso, con centenares de contribuciones llegadas de todos los países, es uno de los buenos ejemplos de que algo nuevo está pasando en la región.

6. Los liderazgos horizontales
La más valiosa de mis experiencias es, sin embargo, la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT), creada hace doce años en el marco del Programa CYTED, tanto por su extraordinario éxito en materia de resultados, como por la participación de académicos y de los órganos de ciencia, tecnología e innovación de todos los países de Iberoamérica y también de los países americanos angloparlantes.

La RICYT ha cubierto la necesidad de información cuantitativa sobre ciencia y tecnología en Iberoamérica, pero además ha hecho posible que en forma conjunta se reflexione sobre los nuevos temas que van surgiendo en las relaciones entre la ciencia, la tecnología y las demandas sociales. Esta experiencia, cuya historia un día deberá ser narrada, muestra por sobre todo la ventaja de las redes y la conveniencia de que los liderazgos sean horizontales, potenciando el avance del conjunto, sin que nadie trate de imponer un modelo determinado.

7. La participación ciudadana
Mi colaboración con la OEI data de 1999, cuando Juan Carlos Toscano y José Antonio López Cerezo me contactaron en Viena, durante la Conferencia de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Tecnología.

Con ellos pude participar, casi desde sus inicios, del programa de ciencia, tecnología y sociedad, uno de cuyos ejes principales es el de la democratización de la ciencia y la participación ciudadana en cuestiones que tienen tanto que ver con la calidad de vida, con la salud de la economía y con los riesgos de ciertos estilos de desarrollo.

Como fruto de esa relación el Centro REDES edita conjuntamente con la OEI y con la Universidad de Salamanca la revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), que ahora comenzará a aparecer en formato virtual, adecuándose a la nueva era de revistas de acceso abierto.

El vínculo con la OEI hizo posible las experiencias comparativas en materia de encuestas de percepción pública de la ciencia y en la elaboración de una norma iberoamericana para estos estudios. En el próximo mes de febrero, la OEI, conjuntamente con la FECYT y el Centro REDES están organizando un congreso de carácter iberoamericano que se realizará en Madrid, sobre Ciudadanía y Políticas Públicas de Ciencia y Tecnología.

8. Las tareas futuras
El tema que está hoy en la agenda de la cooperación iberoamericana es la creación del Espacio Iberoamericano del Conocimiento. Este espacio, todavía de contornos imprecisos, aspira a ofrecer el marco adecuado para fortalecer la cooperación en ciencia, tecnología y sociedad.

En el marco del Espacio Iberoamericano del conocimiento se discutirá la semana próxima en Madrid la organización de un programa de política científica y tecnológica para la cohesión social y la ciudadanía en Iberoamérica.

Algunos de los ejes propuestos para ese programa son los de vincular la ciencia y la tecnología con las políticas sociales, impulsar la difusión social de los conocimientos, fomentar la participación ciudadana y utilizar la cooperación como estímulo a la cohesión social.

El mundo de la cooperación Iberoamericana está en pleno movimiento y evolución. He tenido la suerte de ser un testigo privilegiado y de haber podido participar en algunas acciones. Si algo quisiera compartir en este momento es la satisfacción de que esto haya sido así, y la de haber logrado transmitir este impulso a algunos otros amigos y colegas que hoy también se están involucrando en un proceso tan importante para el futuro de nuestros países.

Buenos Aires, 1 de octubre de 2007

Palabras de Pablo Jacovkis

RECONOCIMIENTO A MARIO ALBORNOZ

Estimados amigos:

Me siento muy honrado por ser responsable de la presentación del Profesor Mario Albornoz en este acto de reconocimiento a sus contribuciones a la cooperación e integración iberoamericanas en el ámbito científico-tecnológico, acto organizado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Conocí a Mario hace más de veinte años, cuando él era el Secretario de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires, y yo era el Director del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad. La Universidad acababa de salir de la oscuridad de la dictadura militar, y había que empezar todo de nuevo, en particular en lo referente a ciencia y tecnología, dado que había sido una política sistemática de la dictadura alejar a la Universidad de todo cuanto pareciera investigación y de todo cuanto pareciera cooperación e integración con cualquier otro país o grupo de países - y muy en particular iberoamericanos. En algún sentido, era necesario crear, o recrear, una cultura de investigación en la Universidad, con condiciones de contorno que no eran óptimas, para decirlo de alguna manera: bajos presupuestos, pérdida de cultura de investigación, desconfianza incluso de muchos profesores no comprometidos con la dictadura. La influencia de Mario fue inmensa: como Secretario de Ciencia y Técnica fue responsable de la planificación de las actividades de investigación científica en el conjunto de la Universidad, de la elaboración de estudios para orientar las estrategias a largo plazo, y de la gestión de los programas de formación de recursos humanos en investigación, equipamiento científico, subsidios, cooperación científica internacional y transferencia de conocimientos. En particular, su participación en la formación de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo fue extremadamente activa; y durante el período 1990-1994, en que el CONICET estuvo en estado catatónico, podemos decir que la actuación de Mario fue fundamental para sostener la investigación científica en el área metropolitana de Buenos Aires, área con la mayor concentración científica del país. Y no puedo dejar de mencionar su participación, durante 1993 y 1994, como representante del Consejo Interuniversitario Nacional en la Subcomisión Mixta y en la Comisión ad-hoc para Ciencia y Tecnología, con la Unión Europea, así como su participación, durante 1991 y 1992, en el Comité Internacional de Evaluación del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED). Había participado también en esa época en la evaluación de la experiencia de los Núcleos de Investigación o Formación sobre ciencia y tecnología en Brasil (1987).

Cuando Mario dejó la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires en 1994, toda la experiencia ya adquirida en cooperación e integración iberoamericana, tanto durante su gestión como Secretario como durante su actividad en España durante su exilio, además de durante su desempeño en posiciones de gestión anteriores en Argentina, pudo canalizarse en diversos proyectos y desempeños: entre 1994 y diciembre de 1996 fue Director del Centro de Estudios e Investigaciones de la Universidad Nacional de Quilmes, con funciones de Secretario de Cooperación e Intercambio Internacional de la Universidad; desde 1996 es Coordinador de la Red Iberoamericana de Indicadores en Ciencia y Tecnología (RICYT) del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED); también trabajó activamente en cooperación e integración iberoamericana como Director del Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, de la Universidad Nacional de Quilmes entre 1996 y 2002, y como Coordinador del Observatorio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECYT) entre 2003 y 2007. (En realidad, en todos los cargos de gestión en investigación y desarrollo que ocupó participó activa y exitosamente en tareas relacionadas con cooperación e integración iberoamericanas.)

Es importante mencionar además su actividad como editor de revistas relacionadas con la comunidad científica y tecnológica iberoamericana y su impacto en las respectivas sociedades civiles. Fue director de la revista REDES, de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, editada por la Universidad Nacional de Quilmas, entre 1994 y 2002; en dicha revista colaboraron importantes personalidades del mundo intelectual iberoamericano. Es actualmente codirector de CTS - Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, editada por el Centro REDES, la Universidad de Salamanca y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI); es miembro desde 2005 del Consejo Asesor de la revista Science and Public Policy; es editor regional para Sudamérica del International Journal of Foresight and Innovation Policy; es miembro del Consejo Editorial de la Revista de Administraçao da Universidade de Sâo Paulo (RAUSP), desde 1998. Integró el Consejo Editorial de RECITEC, Revista de Ciência e Tecnologia-Política e Gestão para a Periferia, editada por la Fundacão Joaquim Nabuco, Recife, en 1997.

Mario también ha participado en consultoría iberoamericana sobre temas científicos y tecnológicos. En 1995 integró el Grupo de Reflexión "Agenda 2004 del Programa CYTED", conjuntamente con otros expertos iberoamericanos; fue consultor de UNCTAD para la realización de una evaluación de experiencias de vinculación universidad - empresa en América Latina (1994 y 1997); integró también el Grupo de Consultores Latinoamericanos del FORO CINDA - COLUMBUS sobre Políticas Universitarias (1998); y del Comité Internacional de Evaluación de las Oficinas Regionales de UNESCO en América Latina (1999). Coordina la representación argentina en la Comisión Temática sobre Sistemas de Información Científica y Tecnológica, de la Reunión Especializada en Ciencia y Tecnología del MERCOSUR (entre 1996 y 2000 y desde 2002 hasta el presente). Coordinó el equipo de consultores internacionales responsables del proyecto: "Diseño del Modelo de Monitoreo y Evaluación del sistema Nacional de Innovación" de Chile, para el Programa Bicentenario de Ciencia y Tecnología. Llevó a cabo numerosas actividades de consultoría contratado por el Departamento de Asuntos Científicos de la OEA, para asesoramiento en materia de política científica y tecnológica. En tal carácter, asesoró para el establecimiento del plan estratégico, elaborando un documento de diagnóstico acerca del desarrollo científico y tecnológico en la región (1999). Desde 1984 hasta 1993 fue consultor de OEA ante el Instituto Nacional de Tecnología y Normalización de Paraguay y ante la Dirección de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación y Ciencia del Uruguay. En 1991 y 1992 fue también consultor de OEA para la organización del Mercado Común del Conocimiento Científico y Tecnológico. En 1997 fue consultor de ONUDI para el desarrollo de un programa latinoamericano sobre prospectiva en ciencia y tecnología. Como consultor de UNCTAD realizó un relevamiento sobre experiencias de vinculación universidad - empresa en América Latina en 1994 y 1997. Durante 1991 y 1993 fue Coordinador del Programa de Cooperación Científica, Tecnológica y Universitaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional en la República Argentina. Desde 1987 realiza actividades como consultor contratado por UNESCO (Oficina Regional de Ciencia y Tecnología para América Latina y el Caribe/ORCYT). Integró el Comité Internacional de Evaluación del Programa ALFA de la Unión Europea (1998). Tuvo a su cargo la evaluación in situ de las instituciones participantes de Italia, España, Argentina y Chile. Ha participado en la evaluación de las Conferencias Regionales y la cooperación de UNESCO para ciencia y tecnología en América Latina.

Por otra parte, es relevante mencionar su enorme actividad como panelista, moderador, ponente y organizador de reuniones iberoamericanas sobre ciencia, tecnología y sociedad; un listado de sus actividades al respecto llevaría mucho más tiempo del que me propongo utilizar para esta reseña de la actividad de Mario; comentaré solamente, dado que es un evento que se llevó a cabo la semana pasada, que presidió el Comité Científico del XII Seminario de Gestión Tecnológica de la Asociación Latinoamericana de Gestión Tecnológica (ALTEC).

En resumen, Mario es un experto en política y gestión de actividades de política científica y tecnológica con amplia experiencia en el país y en América Latina. Desde 1969 ha desarrollado actividad académica y de investigación y se ha desempeñado en cargos públicos. Es Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas. Es docente de grado y postgrado en diversas universidades, en temas de ciencia, tecnología y sociedad, así como en metodologías de gestión de la actividad científica y tecnológica. Ha dirigido proyectos de investigación y publicado importantes artículos sobre los temas de su especialidad. Ha creado y gestionado centros de investigación, programas internacionales, revistas especializadas y unidades de transferencia de conocimientos al sector productivo. Es Director del Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica (CAICYT), dependiente del CONICET. Dirige también el Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior (REDES).

Pero sobre todo es un convencido defensor del desarrollo científico y tecnológico coordinado e integrado entre los países iberoamericanos; espero que mi reseña haya dado cuenta cabal de su notable actividad en ese sentido. De lo que no ha dado cuenta mi presentación es de las calidades humanas de Mario, y aprovecho la ocasión para concluir estas palabras mencionando que el éxito que Mario ha tenido en sus contribuciones a la cooperación e integración iberoamericana se debe, en no menor medida, a su estilo medido, criterioso, de búsqueda de consensos, racional. Dado que, además, Mario es mi amigo personal, se pueden imaginar la satisfacción que siento al poder presentarlo. Muchas gracias.

1 de octubre de 2007

6 de octubre de 2007

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