Publicada por Educ.ar
Profesor de Educación Física y ex árbitro internacional de fútbol, Horacio Elizondo tuvo una carrera muy destacada como árbitro en los mundiales. Le gusta mucho la literatura, y también escribe. Durante el último Mundial, uno de los diarios más importantes de la prensa alemana –para presentarlo en el país como el árbitro que dirigiría el partido inaugural– publicó tres poesías suyas. “Algo muy gratificante”, dice Elizondo.
Uno de los programas se llama “Tribuna para todos”, donde intentan que a través del juego y de las propias experiencias de los chicos pueden internalizar esos valores. "Algo muy distinto de trabajar este tema en un contexto áulico, donde el docente diserta acerca de algún valor y el alumno trata de incorporar estos valores a través de la palabra".
De ese programa nos habla Horacio Elizondo, un profesional apasionado por todo lo que hace.
Por Verónica Castro
—Este programa de Educación en Valores y Espectáculos Deportivos, de alcance nacional, es importantísimo dada la violencia que se percibe en la sociedad –y en el fútbol en particular– en nuestro país, y por lo que acabo de ver en este encuentro los chicos están muy interesados en estas actividades. ¿Cuáles son sus objetivos principales?
—Lo que estamos haciendo es un trabajo de refuerzo de contenidos que ya figuran en el currículo escolar: los docentes siempre trabajan el problema de la violencia con los chicos. Pero lo que intentamos con este programa es que los chicos incorporen los valores para la no violencia a través del juego, de sus propias experiencias, de lo convivido con esos valores, para que sea más eficaz y verdaderamente internalicen esos valores. Es algo muy distinto de trabajar este tema en un contexto áulico, donde el docente diserta acerca de algún valor y el alumno trata de incorporar estos valores a través de la palabra.
Además, el Programa tiene un efecto multiplicador, porque el objetivo es que los alumnos que ya pasaron por estas experiencias sean el año siguiente los capacitadores de sus propios compañeros de grados inferiores.
Estamos convencidos de que el niño tiene un rol educativo. Porque hoy hemos llegado a un punto tan grande de descreimiento entre los adultos, que cuando un adulto impone un límite a otro adulto en general se encuentra inmerso en un trasfondo de desconfianza y de no creer en el otro. Aunque se sepa que ese límite es justo, se sospecha alguna otra intención por detrás. En cambio, muy distinto es lo que sucede cuando es el niño el que le impone una actitud reflexiva al adulto, lo lleva a que se plantee que muchas veces lo que dicen (los adultos) no es lo que hacen. Algo muy común entre los adultos, que provoca un doble discurso en el niño.
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2 de noviembre de 2007 |