Parece ser que la extinción de multitud de especies animales es un
hecho que a estas alturas es difícil de evitar. Ni la "generosidad"
de la que alardea la raza humana ha conseguido reducir los números que
corroboran este hecho. En septiembre de 2007, La Unión Mundial para la
Conservación (UICN) elaboró por primera vez una "Lista Roja"
de animales en peligro de extinción: nada más y nada menos que
41.415 especies amenazadas, 16.306 de la cuales en vías de extinción.
Además, y según la UICN, el ritmo de pérdida de la biodiversidad
está aumentando a pasos agigantados. En resumen, una de cada tres especies
corre el peligro de desaparecer.
Pero al mismo paso firme que van desapareciendo especies aparece una nueva
conciencia humana que, por fin, parece tener en cuenta la preservación
de las mismas. El punto débil de esta nueva conciencia, sin embargo,
es que nace del fruto del propio egoísmo humano, del anhelo de salvaguardar
la salud y el bienestar de las personas. Ni la belleza de los animales ni su
propio derecho a la existencia por el hecho de existir nos ha hecho pensar en
ellos hasta que no le hemos visto una utilidad clara a su conservación:
los fármacos naturales para vivir mejor nosotros mismos.
Sustancias analgésicas, antibióticas o antifúngicas son
extraídas de animales y plantas que en estos momentos se encuentran en
peligro de extinción y que provienen principalmente de zonas exóticas.
La extinción de gran parte de la biodiversidad lleva consigo, por tanto,
la extinción de posibilidades farmacológicas con procesos de producción
más baratos y un menor impacto medioambiental (se pueden sustituir los
procesos de síntesis química, altamente contaminantes).
Imperio humano
El ser humano siempre se ha medio considerado medio fuera del mundo natural
en el que vive. Quizás por este motivo no nos damos cuenta de las cosas
hasta que no podemos remediar el fracaso. Y andamos ciegos no sólo ante
los cambios, sino ante un posible fin del cual estamos convencidos nunca llegará
nuestro turno. Y no sólo hemos vivido fuera de esta parte natural que
en el fondo somos nosotros mismos, sino que hemos sido capaces de modificar
sus características físicas, químicas, biológicas.
Ahora, en nuestra propia incesante búsqueda de bienestar, es cuando vemos
que nuestra salud depende de la salud y el buen funcionamiento del ambiente
natural.
Es una excusa perfecta para preservar la biodiversidad. Una lástima,
pero es un recurso ideal para futuros reclamos solidarios: "salva a los
animales, salva a tu salud". Se me ocurre otra: "extinción
de los animales, extinción de los fármacos". Se trata de
justificar la buena salud de los animales en peligro de extinción con
soluciones a corto plazo: los animales serán una gran ayuda para el cáncer,
para enfermedades degenerativas hasta ahora incurables y hasta para el SIDA.
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14 de mayo de 2008 |