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Educación | Ciencia | Cultura

La casa no es una escuela / Diez razones en defensa de la escolarización obligatoria


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En el marco del Programa Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación
la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación,
la Ciencia y la Cultura con el apoyo de la Universidad desarrolló un
curso sobre Ciencia, Tecnología, Sociedad y Valores con el apoyo de la
Universidad de Oviedo y del Grupo ARGO. El curso junto a los contenidos teóricos
de CTS hacía una propuesta educativa bajo el nombre de Educar para
Valorar. Educar para participar
que terminaba con unos itinerarios optativos
que se basaban en casos simulados que debía ser usados en el aula.

Más recientemente y con motivo de la puesta en marcha de la asignatura
Ciencias para el Mundo Contemporáneo la OEI con el apoyo de la FECYT
está realizando unas acciones de formación docente sobre el uso
de estos materiales en la red.

Uno de los casos simulados tiene el titulo de La
escuela en la red: Un caso sobre educación, nuevas tecnologías
y socialización
cuyo autor, Mariano Martín Gordillo,
miembro de la Comisión de Asesores de la OEI, propone un caso que se
basa en que numerosas familias de todo el mundo han constituido una asociación
internacional para reclamar el derecho a educar a sus hijos sin llevarlos a
la escuela. Piensan que los estados pueden exigirles la obligación de
educar a los niños, pero no han de imponerles cómo deben hacerlo
y, a su juicio, con el desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías
la educación escolarizada no es ya la única alternativa. Su propuesta
ha encontrado eco entre algunas empresas dedicadas a la educación a distancia
que se presentan ya como una alternativa eficaz a la escuela presencial. Los
sindicatos de docentes y algunos intelectuales han visto en estas iniciativas
desescolarizadoras un grave peligro, no sólo para sus intereses profesionales,
sino para el futuro de la igualdad en la educación de la infancia. En
este conflicto se manifiestan los desafíos que comportan las nuevas tecnologías
para las formas de vida heredadas de la modernidad y se debaten conflictos entre
derechos individuales y deberes sociales en un asunto que, como la educación,
supone un lugar de encuentro privilegiado entre las tecnologías y los
valores.

El diario El País publicó en el día de ayer un reportaje
con el título siguiente: La casa no es una escuela. Este reportaje ahonda
en la temática y entre otras cosas dice:

Más de 400 familias reclaman tener la posibilidad de educar a sus
hijos en el hogar - España defiende que la convivencia entre los niños
es una materia imposible de sustituir

El debate sobre la escolarización en casa se abre paso en España
de la mano del País Vasco, donde el PP y el Defensor del Pueblo defienden
su regulación, y de una realidad marcada por extranjeros que habitan
parte del año en la costa. Buena parte de los socios europeos y EE
UU lo permiten.
¿Es posible aprender en casa todo lo que se enseña en el colegio?
¿Pueden un padre o una madre sustituir a los profesores en la evaluación
de sus hijos? Quienes defienden la educación en casa o homeschooling
sostienen que sí, que los niños pueden formarse en el hogar
como si fuera un aula, que su madre puede ilustrarles sobre las matemáticas
mientras el padre prepara los dictados de lengua, como ocurre en otros países
y como exige un grupo de familias españolas que ha llevado el debate
al Parlamento vasco.
En España la escolarización es obligatoria. Educar en casa -una
opción asociada a élites y a familias antisistema- es ilegal
salvo en tres supuestos: enfermedad del alumno, vida itinerante o residencia
en el extranjero. El resto se equipara al absentismo, un fenómeno sin
cifras oficiales. La Asociación de Libre Educación (ALE) cuenta
unas 400 familias en España. Esta agrupación, que tiene el respaldo
del Defensor del Pueblo, ha conseguido involucrar en su causa al PP vasco,
que presentará una segunda iniciativa antes de Navidad para su regulación.
Los que están a favor defienden que se puede dar una atención
más personalizada a cada niño. Quienes están en contra,
dicen que la socialización se alcanza en la escuela y que ningún
padre o madre es competente en todas las disciplinas.

Seguir
leyendo el reportaje

El reportaje incluye un anáisis de Mariano Fernández Enguita
titulado Escolarizar
es la mejor forma de educar
que les invitamos a leer.

En el caso simulado y entre los distintos materiales ficticios hay un artículo
que reproducimos a continuación:

Diez razones en defensa de la escolarización obligatoria

Sócrates Freire*

Me piden que exponga algunas razones para defender el deber de escolarizar
a los niños. Razones, en suma, a favor de la escuela. Y me pregunto por
qué tenemos que empezar a defender aquello que aún no ha acabado
de construirse. Ojalá fuera cierto que todos los niños del mundo
asistieran a una escuela. Ojalá todos los padres sintieran la obligación
moral y legal de escolarizar a sus hijos y tuvieran posibilidades de hacerlo.
Ojalá todos los gobiernos garantizaran el derecho de todos los niños
a recibir educación, velando por el cumplimiento de la obligación
de escolarizarlos.

La Declaración de Derechos del Niño dice en su principio séptimo
que "el niño tiene derecho a recibir educación, que será
gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales". Hace más
de cuarenta años que las Naciones Unidas proclamaron este derecho que
sigue sin existir para millones de niños en el planeta. Y, sin embargo,
todo esto no escandaliza. Que no vayan a la escuela todos los niños del
mundo no es lo que provoca el debate y compromete a los políticos de
todos los países. No, el debate es otro. El debate es si en los países
ricos pueden ya prescindir de su escuelas y educar a sus niños a través
de los ordenadores. Al margen de cuál fuera la respuesta a tan curioso
dilema, hay que señalar que ese interrogante no afecta a millones de
niños en el mundo. Mientras las familias de los países ricos dudan
entre enviar a sus hijos a la escuela o dejarlos a cargo de un ordenador en
sus propias casas, muchos otros niños no tienen una escuela a la que
acudir y, por supuesto, ignoran lo que es un ordenador, incluso muchos de esos
niños ni siquiera tienen una familia que les proteja. ¿Quién,
entonces, se ocupará de ellos? ¿quién puede ayudarles a
ser felices como niños y a aprender a ser felices como adultos? La respuesta
es nadie. No hay esperanza para ellos, porque su única esperanza podría
estar en una escuela, pero para ellos la escuela no existe.

Pero, como digo, el debate no es ese. El debate no es cómo conseguir
que todos los niños del mundo puedan ir a una escuela, sino si se deja
que los que ya tienen escuela prescindan de ella. En este asunto pasa como con
la comida. Mientras millones de personas se mueren de hambre, en los países
ricos el problema es cómo adelgazar. Y lo peor es que en ambos casos
el escándalo de la penuria queda silenciado por los pseudoproblemas de
la opulencia. Insisto, es lamentable tener que defender la escolaridad obligatoria
cuando todavía no ha llegado a existir para todos. Es triste tener que
recordar que los derechos a la educación son iguales para todos los niños:
para los niños ricos y para los niños pobres. Quizá esto
mismo demuestre que hace falta más educación. Si todavía
hay que enseñar que los derechos de todos los seres humanos deben ser
los mismos es que hace falta más educación, mucha más educación.

A pesar de todo, intentaré defender razonadamente lo que debería
ser obvio. Intentaré dar razones para conservar lo que se ha conquistado
con tanto esfuerzo a aquéllos que ahora lo desprecian. Intentaré
defender a la escuela, a la escuela pública y obligatoria.

1.- ¿Para qué sirve la escuela?

Una escuela sirve para aprender a ser humanos. La mayoría de los animales
no tienen que aprender su condición, su código genético
ya ha programado todas las conductas que les convierten en lo que son. Sin embargo,
los humanos nacemos tan desvalidos que, sin la compañía otros
seres humanos, no acabamos de serlo del todo. Los casos de niños salvajes
criados por otras especies muestran que la cualidad de lo humano no es algo
con lo que se nace, sino que se aprende en compañía de otros.
El lenguaje, ciertas costumbres, el afecto y muchas normas se aprenden en la
familia en la que cada ser humano viene a este mundo. Pero, como nuestra vida
se desarrollará en un entorno social mucho más amplio que el familiar,
es necesario que aprendamos otras muchas cosas que la familia no puede enseñarnos.
Para eso sirve la escuela. Para acabar de hacernos humanos. Para continuar la
educación iniciada en el entorno familiar antes de que nos integremos
plenamente en la sociedad como ciudadanos libres y autónomos. Algunos
dicen que ciertos programas informáticos pueden encargarse de ello. Que
la escuela ya puede ser sustituida por los ordenadores. Pero educar a un niño
es humanizarlo, no informatizarlo. Igual que los niños salvajes no acababan
de ser del todo humanos y quedaban atados a la condición animal en la
que se habían criado, los niños para los que se pretenda que los
ordenadores sustituyan a la escuela pueden acabar pareciéndose más
a las máquinas con las que han crecido que a los seres humanos con los
que deberían convivir en el entorno escolar.

2.- ¿Es lo mismo educar que enseñar?

No, no es lo mismo. Educarse supone aprender muchas cosas que deben ser enseñadas,
pero tener una educación no se reduce a saber muchas cosas. Si educar
a alguien fuera tan sencillo como enseñarle ciertos conocimientos o destrezas
no habría nada que objetar a los programas de educación a distancia
por ordenador. Pero no es así. Cuando una persona busca sólo aprender
determinadas destrezas que necesita para su vida profesional utiliza los recursos
formativos a su alcance, entre ellos los telemáticos. Sin embargo, ello
ya presupone dos cosas. La primera, el deseo de aprender algo concreto, y la
segunda, la conciencia de qué es lo que se pretende aprender. Sin embargo,
en la educación de los niños las cosas no son tan sencillas. Por
eso, la formación a distancia puede ser útil para enseñar
saberes determinados para quien los precise, pero resultara insuficiente si
de lo que se trata es de educar de forma integral a un ser humano. A través
del ordenador pueden llegarle informaciones, datos y cuestionarios, pero no
le llegarán las actitudes, valores y normas que se aprenden en la convivencia
con otros compañeros y un profesor. Estos otros contenidos educativos
sólo pueden adquirirse en la convivencia cotidiana que se da en los espacios
escolares.

3.- ¿Dónde se aprende a adquirir autonomía individual?

La familia es un entorno que proporciona seguridad al niño y esa seguridad
es básica en las primeras etapas de la maduración infantil. Sin
embargo, en cierto momento es importante que el niño aprenda a tener
autonomía, a convivir con otros de su misma edad sin la vigilancia y
protección de sus padres. Incluso que vaya aprendiendo a separarse de
ellos y a tener una vida propia y autónoma. En la escuela los maestros
garantizan la existencia de ciertas reglas básicas que permiten la convivencia
entre los niños, pero sin que cada uno de ellos se sienta el centro del
universo, como suele ocurrir en el entorno familiar. La convivencia en el patio
de una escuela durante el recreo enseña al niño a ser autónomo
en sus relaciones con los demás. Un niño cuya formación
se lleve a cabo sin salir de su entorno familiar, tendrá, sin duda, problemas
para la adaptación social y para asumir con autonomía las riendas
de su vida. Precisamente, esa carencia en la formación de la autonomía
personal es la que le puede hacer fácil víctima de creencias y
supersticiones que anulan el criterio individual y acaban suplantando eficazmente
el papel protector de las familias en aquellos individuos que no han sido suficientemente
escolarizados.

4.- ¿Dónde se aprende a cooperar?

Si la escuela es el primer escenario en el que el niño aprende a valerse
por si mismo en ausencia de sus padres, la escuela es también el lugar
para el aprendizaje de la solidaridad y la cooperación. Los trabajos
en equipo en el aula, los juegos colectivos en el patio y hasta la solidaridad
de los alumnos frente al profesor (cuando quien sabe la respuesta a una pregunta
del examen se la deja copiar al compañero), son buenas pruebas de que
la interiorización de los lazos que permiten la solidaridad y la cooperación
sólo se consigue en los espacios escolares. De hecho, la escuela es,
en muchos lugares, una isla en la que se aprende a colaborar con el otro y a
ayudarlo en medio de un océano social en el que la insolidaridad, la
competitividad y el individualismo son dominantes. Si se prescinde de esa isla
y se sustituyen las escuelas por terminales informáticas individualizadas
el naufragio social está asegurado.

5.- ¿Cómo se ayuda a las mujeres a incorporarse a la vida
laboral?

Aunque no sea su función principal, la escuela permite a las familias
garantizar la custodia y el cuidado de los niños durante el tiempo en
que los dos padres trabajan. La familia convencional en la que el padre trabaja
fuera de casa y la madre queda relegada al cuidado del hogar y de los hijos
está siendo superada en un mundo en que las mujeres empiezan a conquistar
sus derechos a la igualdad con los hombres y, entre ellos, el derecho al trabajo.
Sin embargo, la incorporación de las mujeres al trabajo no debería
suponer su renuncia a tener hijos. Para que la igualdad laboral entre los géneros
pueda ser compatible con la posibilidad de tener hijos es necesario que las
familias puedan contar con las escuelas como lugar seguro en el que educarlos
mientras los padres están trabajando. La idea de una educación
de los niños sin salir de casa parece pensada para un modelo social que
reduzca el papel social de las mujeres al reproductivo y maternal, ya que sólo
es posible que los niños se queden todo en día en sus casas aceptando
que alguien cuidará de ellos a tiempo completo. Y ese alguien será,
con toda probabilidad, su madre. Las anteriores cinco razones en favor de la
escuela pretenden defender la utilidad de la misma en un momento en que comienza
a ser cuestionada. En ellas se trata de reivindicar el valor de la escuela como
derecho al que deben tener acceso todos los ciudadanos. Sin embargo, hasta ahora
podría parecer que no se han dado buenas razones para que ese derecho
se convierta también en un deber social: que la educación escolar,
además de ser un derecho sea a la vez un deber. Las siguientes razones
pretenden mostrar por qué la escolarización debe ser obligatoria.

6.- ¿Cómo se garantiza una formación básica
igual para todos?

La justicia social sólo es posible cuando todos los ciudadanos de una
sociedad tienen acceso en condiciones de igualdad a los instrumentos básicos
que les permiten el desarrollo individual como personas, es decir, cuando pueden
acceder a la cultura. Esa igualdad en la formación básica de todos
los ciudadanos de un país dependerá de que se establezca la obligación
de todos los niños de asistir a la escuela. Si no se definen las capacidades
básicas que permiten el efectivo ejercicio de todos sus derechos como
ciudadanos y no se facilita su desarrollo en las escuelas, la desigualdad social
entre los individuos seguirá siendo una realidad. Por su procedencia
social, muchos niños no necesitan que nadie se encargue de garantizarles
unos mínimos formativos: sus familias se los proporcionarán sobradamente.
Pero para otros muchos niños su única oportunidad de acceso a
esos mínimos educativos, que hacen posible el ejercicio de sus derechos,
depende de que sean escolarizados. La obligación de la educación
básica para todos los ciudadanos en las escuelas es la condición
para hacer posible el progreso y la justicia social.

7.- ¿Cómo se evita la exclusión social?

La convivencia de todos los niños en las mismas escuelas, sea cual sea
su origen social, es la condición para que los más desfavorecidos
puedan integrarse en la sociedad y para que los demás sean conscientes
de las dificultades en que viven algunos de sus conciudadanos. Cuando un niño
con una minusvalía se integra en una escuela aprende a superar sus dificultades
enfrentándose a los mismos problemas que los demás y a encontrar
compañeros con los que relacionarse superando su problema individual.
Pero para los demás niños, la integración de ese compañero
que tiene dificultades es una oportunidad para entender su mundo, para comprender
los problemas con los que se enfrenta a diario y para aprender la necesidad
de ayudar en todo aquello que le permita vivir como los demás. Cuando
el problema no es físico o psicológico sino que quien se integra
pertenece a un colectivo diferente al de la mayoría (por etnia, cultura,
religión...) se aprenden esos mismos valores de respeto al otro, pero,
además, se ponen las bases para hacer posible la tolerancia en la convivencia
social. Si se pretende una sociedad integrada y tolerante se ha de comenzar
por hacer posible que todos los niños vayan juntos a las mismas escuelas.

8.- ¿Dónde se transmite la cultura de un país a las
nuevas generaciones?

La escolarización obligatoria es también la única garantía
de que los ciudadanos de un país reciben la formación cultural
que les identifique con él. La historia, la geografía, el arte,
la literatura y las demás manifestaciones culturales propias de un país
forman parte de los contenidos que se enseñan en las escuelas. El control
estatal de la enseñanza en las escuelas es la única forma de conseguir
que todos los ciudadanos de un país reciban ese acervo cultural del que
son herederos. Si las propuestas desescolarizadoras prosperan y los estados
permiten que los contenidos que aprenden los niños sean establecidos
por las empresas multinacionales que diseñan los programas de educación
a distancia, no será posible garantizar que la ciudadanía se eduque
en su propia cultura. La escuela obligatoria de todos los ciudadanos es la principal
defensa que un país puede oponer a los intentos de colonización
cultural de los pueblos por parte de las culturas dominantes en las tecnologías
de la información globalizadas.

9.- ¿Dónde se aprende a participar en democracia?

Igual que la organización democrática de las sociedades no es
algo natural, sino una construcción histórica que requiere numerosos
esfuerzos para su constitución y conservación, así también
la ciudadanía democrática no es algo innato al individuo sino
el producto de un proceso de educación para la participación social.
Los sistemas autoritarios que niegan la participación libre de los individuos
en las cuestiones políticas no esperan mucho de la escuela. Para obedecer
es mejor no pensar, porque cuando se aprende a pensar se acaban pidiendo razones
al poder. Pero la democracia, para estar viva, necesita de la participación
activa de los ciudadanos y esa participación debe aprenderse en las pequeñas
comunidades que se forman en las escuelas. La escuela en las sociedades democráticas
es, para los niños, la antesala que les prepara para la vida social.
Como la propia sociedad, tiene normas que a todos obligan, pero también,
como en la sociedad democrática, el fundamento de esas normas está
en la negociación y el consenso entre las voluntades de quienes forman
parte de la comunidad. Los alumnos saben que tienen que cumplir muchos deberes,
pero también saben que tienen derechos que han de ser respetados. Las
normas educativas están escritas y son iguales para todos y, dentro de
cada escuela, esas normas pueden ser cambiadas para mejorarlas y adaptarlas
a las nuevas necesidades de cada comunidad educativa. La escuela es a la sociedad
democrática lo mismo que el niño que se educa al ciudadano que
participa. En ambos casos, lo primero es condición para lo segundo. ¿Qué
futuro aguardaría a la democracia si los niños dejaran de ir a
las escuelas?

10.- ¿Dónde se aprende a ser feliz de forma integral?

Para aprender ciertas habilidades concretas quizá no sea imprescindible
la escuela. Los saberes instrumentales que se necesitan para la vida quizá
puedan aislarse y adquirirse separadamente en cursos a distancia. Ayer el niño
aprendió desde casa a manejar un simulador de vuelo, hoy está
aprendiendo con un programa que le ayuda a construir oraciones subordinadas.
Mañana otro simulador le enseñará a... Pero ¿qué
simulador puede prepararle para tener una vida feliz? Puede que alguien pueda
engañarle haciéndole creer que la suma de las pequeñas
destrezas y saberes le convertirá en un ser humano feliz. Pero no es
así. Hoy sabemos que las sociedades que más tienen no están
necesariamente habitadas por los seres humanos más felices. El consumo
de objetos, igual que el consumo de cursos a distancia, no aporta la verdadera
felicidad. Ésta aparece, más bien, cuando los seres humanos nos
vamos haciendo recíprocamente mejores los unos a los otros. Aprender
a ser una persona es aprender con las demás personas y de las demás
personas. ¿Dónde mejor que en las escuelas para hacer posible
esa humanización recíproca de los seres humanos en que consiste
la educación? Y si eso es así, ¿podemos permitir que algún
niño quede fuera de la escuela?, ¿debemos acabar con la escolarización
obligatoria allí donde ya se tiene o, más bien, debemos luchar
para que se haga realmente universal? De la respuesta que demos a estas preguntas
puede depender la felicidad de los seres humanos en el futuro.

23 de octubre de 2008

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