Este texto publicado en el Diario "El Mundo" el día del Libro
Juan José Fuentes Romero Escritor y profesor de la Facultad de
Humanidades de la Universidad de La Coruña España
La historia, con mayúsculas, empezó en Sumeria
-lo que hoy es la martirizada tierra de Irak- hace unos 5.000 o 6.000 años.
Imaginamos que tras siglos de tentativas más o menos fructuosas o estériles,
de avances y de retrocesos, el ser humano logró entrar en ese mundo siempre
maravilloso y enigmático, sin lugar a dudas, que es la escritura.
Desde el complejo texto cuneiforme sobre una tabilla de arcilla, realizado
con una caña que hace pequeñas cuñas (de ahí el
nombre de esa escritura primigenia), el proceso avanzó de manera espectacular,
con increíbles cambios en el tipo de escritura (los fenicios mejoraron
esencialmente el proceso, pasando de una escritura ideográfica y silábica
al primer alfabeto hasta ahora conocido) y, en no menor medida, en los soportes
sobre los que se escribía y en los materiales diversos que había
que utilizar para ello.
Así se pasó desde la citada lámina de arcilla al papiro
de Egipto y de éste al pergamino (de Pérgamo, en el Asia Menor,
en lo que actualmente es Turquía), hasta llegar, muy posteriormente,
al papel, traído a Occidente por los árabes desde China, donde
fue inventado.
En cuanto a las formas de esos soportes de lo escrito, se pasó desde
el rollo de papiro y pergamino al códice, el formato de libro tal como
lo conocemos y usamos hoy en día. Hasta aquí estamos hablando
de una escritura manuscrita, entendiendo por tal la que se realiza mediante
la mano de quien elabora el texto.
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21 de junio de 2009 |