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No podemos dejar pasar esta oportunidad histórica, que contribuiría,
en palabras de Gabriel García Márquez, a que las estirpes condenadas
a cien años de soledad tuvieran por fin y para siempre una oportunidad
sobre la tierra.
Como dijo recientemente Enrique Iglesias, éste puede ser el momento
de Iberoamérica. Su capacidad de gestión macroeconómica
de la crisis actual, impensable hace sólo dos décadas, el incremento
de su PIB hasta situarse en un tercio del de Estados Unidos, su enorme biodiversidad
y el liderazgo mundial de alguno de sus países, como Brasil, reconocido
y relanzado por grandes acontecimientos deportivos en los próximos años,
permite intuir que la región hispanoportuguesa puede llegar a ser una
referencia en los debates planetarios.
Pero junto a los logros, aún persisten enormes y dramáticas carencias
y desigualdades. La pobreza alcanza al 40% de la población y el número
de personas que viven en una pobreza extrema se sitúa en torno a los
100 millones.
La región muestra la mayor desigualdad del mundo, lo que se manifiesta
también en el ámbito educativo. Hay cerca de 30 millones de analfabetos
y 100 millones de personas no han terminado la educación primaria, pertenecientes
la mayoría de ellos a los sectores populares. Los miembros de la clase
alta tienen un promedio de escolarización cercano a los 12 años,
similar al de los países desarrollados, mientras que el 20% más
pobre no llega a permanecer cuatro años en la escuela. Además,
según los datos de Unicef, alrededor de dos millones de niños
cada año, sobre todo de los colectivos más vulnerables, no son
registrados, lo que supone la negación de sus derechos cívicos.
En este contexto, los ministros de Educación y los jefes de Estado y
de Gobierno han impulsado durante los dos últimos años un proyecto
enormemente ambicioso denominado "Metas Educativas 2021: la educación
que queremos para la generación de los bicentenarios". Se trata,
en síntesis, de impulsar una tarea colectiva en torno a la educación
que contribuya al desarrollo económico y social de la región y
a la formación de una generación de ciudadanos cultos y libres
en sociedades democráticas e igualitarias.
La década de los bicentenarios de las independencias de la mayoría
de los países iberoamericanos es el momento histórico adecuado
para lograrlo, empujados por el ansia de libertad que recorrió América
hace 200 años y que hoy podemos canalizar hacia la fuerza transformadora
de la educación. Una década que ha de suponer también un
impulso definitivo para garantizar los derechos de los colectivos tanto tiempo
olvidados y marginados, en especial las minorías étnicas, las
poblaciones originarias y los afrodescendientes.
El proyecto se articula en torno a tres ejes fundamentales: los objetivos y
la financiación que cada país compromete; los programas compartidos
para trabajar juntos en la consecución de las metas; y el Fondo Solidario
para la Cooperación Educativa, cuya función es coordinar el esfuerzo
extraordinario que realicen los países más desarrollados, los
organismos internacionales y las instituciones interesadas para completar los
esfuerzos de los países más pobres de la región en el logro
de las metas acordadas.
Hemos de reconocer que los astros se han alineado de forma positiva en este
año 2010 para enfrentarnos con decisión a estos retos descomunales:
2010 es el año central de los bicentenarios; España preside en
el primer semestre la Unión Europea y la Cumbre de Presidentes de la
UE y de América Latina y el Caribe; hay un proyecto en marcha desde hace
dos años para transformar la educación en Iberoamérica;
y la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno se celebra en Argentina, con una
presidenta, Cristina Kirchner, que manifiesta una gran sensibilidad hacia los
colectivos desfavorecidos y que ha incluido el proyecto de las Metas Educativas
como objetivo central de la Cumbre.
España, su Gobierno, sus instituciones, sus empresas, sus ciudadanos,
hemos de sentirnos responsables y solidarios con este proyecto porque lo que
afecta al continente iberoamericano nos afecta a nosotros, y los sufrimientos
y anhelos de aquellos pueblos son nuestros sufrimientos y nuestros anhelos,
pues ellos somos cada vez más nosotros.
Las palabras del presidente Zapatero, quien subrayó la trascendencia
del proyecto Metas Educativas 2021 en el acto institucional español en
relación con los bicentenarios, animan al optimismo. No podemos fallar.
Álvaro Marchesi es secretario general de la Organización de Estados
Iberoamericanos (OEI) para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Publicado en EL País el 16 de enero de 2010
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