Girona, España, 4 y 5 de mayo de 2010
Después de más de 50 años de políticas de cooperación, podemos hoy afirmar que el proceso de desarrollo de un pueblo es inseparable de su cultura. El éxito de cualquier política de desarrollo pasa, además, por reconocer y considerar los principios de la diversidad cultural.
Este planteamiento tiene una clara inspiración en los avances que sobre esta materia se han producido en los últimos años en el plano internacional. El Informe sobre Desarrollo Humano 2004 del PNUD denominado La Libertad Cultural en el mundo diverso de hoy, reconoce por primera vez la incidencia en el desarrollo humano de las dimensiones culturales y de la diversidad cultural que caracteriza a nuestras sociedades. En él se admite que la democracia y el crecimiento equitativo no son suficientes para alcanzar un desarrollo pleno, sino que también se requieren políticas multiculturales que reconozcan las diferencias, defiendan la diversidad y propicien la libertad cultural, con el fin de permitir que todas las personas tengan la opción de comunicarse en su propia lengua, practicar su propia religión y participar en la formación de su propia cultura.
Este camino recorrido por las instancias internacionales en torno a la cooperación y la diversidad cultural se concretó en la adopción, en octubre de 2005, de la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, en el seno de UNESCO. En la introducción de dicha Convención se manifiesta, de forma explícita, que la diversidad cultural constituye uno de los principales motores del desarrollo sostenible de las comunidades, subrayando su importancia para la plena realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales, proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. También es conveniente recordar que en dicha Convención se afirma la especificidad de los bienes y servicios culturales como portadores de identidad, valores y significado lo que sitúa a la cultura en el centro de cualquier proyecto social y político sostenible.
A nivel de la Unión Europea, esta Convención se negoció bajo una estrecha coordinación comunitaria, y creó unos lazos que posteriormente, gracias al decisivo impulso de muchas organizaciones culturales de la sociedad civil europea, cuajaron en la Agenda Europea para la Cultura, aprobada en 2007. La Agenda Europea, y el posterior trabajo de varias Presidencias han establecido un primer camino a seguir para promover la diversidad cultural y aprovechar todo el potencial que ofrece la cultura en la generación de creatividad, desarrollo económico y gobernanza. La Presidencia española quiere hacer una contribución a uno de los objetivos estratégicos que establece la Agenda Europea: la potenciación de la cultura en las relaciones exteriores de la Unión, y en particular, en la cooperación al desarrollo comunitaria.
Por ello, y tomando el relevo del exitoso Coloquio “Cultura y Creación, factores de desarrollo” organizado por la Comisión Europea y los países ACP (África, Caribe y Pacífico) el mes de abril de 2009, cuyo resultado fue la adopción de la “Declaración de Bruselas”, España propone ahora profundizar en la cooperación cultural para el desarrollo de la UE con la organización de un Seminario Internacional en Girona, el 4 y 5 de Mayo de 2010, conjuntamente con la Comisión Europea.
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