Desde que todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas adoptaran en el año 2000 la declaración del Milenio y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ambos se han convertido en un marco de trabajo universal para el desarrollo y en un medio a través del cual colaboran los países en vías de desarrollo y sus socios de desarrollo en pos de un futuro común para todos.
En la actualidad, nos encontramos en un punto equidistante entre la adopción de los ODMs y la fecha límite de 2015. Hasta el momento, nuestro registro colectivo es heterogéneo. Los resultados que ofrece este informe insinúan algunos avances y dan a entender que el éxito sigue estando al alcance de la mayor parte de los países. Pero también enfatizan que aún queda mucho por hacer. Los líderes políticos han de emprender acciones urgentes y coordinadas, de lo contrario, muchos millones de personas no podrán beneficiarse de las promesas básicas de los ODMs.
Los ODMs aún son factibles si actuamos ya. Para ello, se precisará una gestión global acertada, un aumento de la inversión pública, un crecimiento económico, una mayor capacidad productiva y la creación de puestos de trabajo digno. El éxito que algunos países han obtenido demuestra que es factible un progreso rápido a gran escala hacia los ODMs si combinamos un liderazgo gubernamental sólido y unos planes de acción y estrategias prácticas adecuados para mejorar la inversión pública en áreas fundamentales con el pertinente apoyo técnico y financiero por parte de la comunidad internacional.
Para alcanzar estos Objetivos, las estrategias y presupuestos de desarrollo de cada país han de adherirse a los mismos. Todo ello ha de quedar respaldado por una financiación adecuada dentro de la colaboración global para el desarrollo y de su marco de trabajo para una responsabilidad mutua.
El mundo no quiere más promesas. Resulta fundamental que todas las partes implicadas cumplan en su totalidad los compromisos ya formulados en la Declaración del Milenio, la Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo celebrada en 2002 en Monterrey y la Cumbre Mundial de 2005. En particular, la falta de un aumento significativo de la ayuda oficial al desarrollo desde el año 2004 convierte en imposible la consecución de los ODMs, incluso para los países adecuadamente gobernados.
Tal y como deja patente este informe, han de ponerse los recursos adecuados a disposición de los países de una manera previsible, para que puedan planificar de forma efectiva el aumento gradual de sus inversiones. Sin embargo, estas promesas siguen sin cumplirse.
El presente informe es digno de elogio como recurso clave para ayudarnos a mostrar lo que se puede llegar a conseguir y todo lo que queda aún por hacer. Disponer de información fiable y puntual resulta primordial para formular las políticas y estrategias necesarias para garantizar el progreso, controlar el desarrollo y hacer factibles los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
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31 de julio de 2007 |