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Agresividad y violencia en el fútbol - Arturo Isaías Allende Frausto


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Revista Digital Universitaria. 10 de julio de 2005 Vol.6, No.7 ISSN: 1607 - 6079.

Para Darwin (1872, citado por Reeve, 1994) las emociones son un proceso innato cuya función consiste en la adaptación al entorno en el cual se desarrolla cada organismo, así considerada, la agresividad en el Hombre cumple con la función de adaptarse al entorno psicosocial en el cual se desarrolla. La agresividad se caracteriza de otras emociones por ser un evento que prepara al organismo para la lucha y la defensa, lo que le permitiría a los organismos su sobrevivencia, además de garantizar en cierta medida la permanencia ya no tan solo del organismo en sí, sino del organismo como especie.

Según Huizinga (1984) el Hombre ha creado cultura a partir del juego, es mediante esta actividad que el Hombre ha adquirido y desarrollado diversas habilidades psicosociales, como son el lenguaje, la interacción social y por lo tanto la capacidad de convivir con sus congéneres, desarrollando para ello reglas que definen los términos bajo los cuales se han de conducir y efectuar las relaciones interpersonales de acuerdo a cada grupo social y las circunstancias bajo las cuales se encuentran.

El fútbol es un juego reglamentado en el cual se definen las conductas que son permitidas en el terreno de juego y las sanciones a las que se hacen acreedores quienes violan alguna regla de este código de conducta deportiva. Al existir este reglamento formal, el juego del fútbol pasa a ser considerado un deporte.

El deporte es una actividad de carácter voluntaria a la cual se entrega el / la deportista con el fin de lograr un objetivo, romper una marca, vencer a un oponente, para lo cual ha de someter a prueba sus más altas y superiores cualidades, físicas, emocionales y cognitivas. De entre las cualidades emocionales destaca la agresividad.

Definimos el concepto agresividad como toda conducta que tiene por objetivo dañar física o psicológicamente a otro organismo, sin embargo en el contexto deportivo el daño ocasionado a los competidores opositores consiste en vencerlos dentro del marco de los lineamientos establecidos por cada federación deportiva.

En este caso particular diferenciaremos las conductas violentas de las conductas agresivas a partir de la violación de alguna regla socialmente aceptada, por lo que una conducta agresiva en el fútbol podría ser “cargar” al jugador oponente hombro a hombro, en tanto que resulta un acto violento el empujarlo con las manos y brazos extendidos, lo cual está sancionado como una falta en el terreno de juego (y socialmente reprobado en otros escenarios).

Agresión y violencia en el terreno de juego

Las emociones en general podemos definirlas como una predisposición a actuar de manera específica ante situaciones y estímulos específicos. Así considerada las emociones, la agresividad sería una cadena de conductas en las cuales se involucrarían conductas de defensa, ataque, lucha, defensa y huida.

Para Bandura la agresión consiste en una serie de conductas que son aprendidas mediante la observación de un modelo al cual le refuerzan esta clase de conductas, sin embargo, para que ocurran estas conductas se ha de cumplir con las condiciones de oportunidad y capacidad.

La oportunidad se refiere a las circunstancias (el contexto) en el cual se desarrolla la actividad y que facilita la manifestación de alguna conducta agresiva o violenta. La capacidad se refiere a las habilidades que posea el organismo para desarrollar y evocar tales conductas, ya sean agresivas o violentas. Un tiro penal es la oportunidad de anotar un gol, ante lo cual el ofensor tiene la posibilidad de demostrar sus habilidades para dominar y mostrar su superioridad sobre el defensor (el portero o arquero), bien, en la cual el defensor muestra que es superior al ofensor deteniendo o evitando el gol. Estas son conductas agresivas.

Existen diferentes eventos que promueven la aparición o manifestación de estas conductas en el terreno de juego, de las cuales ya se han mencionado dos, sin embargo no podemos dejar de mencionar otros factores predisponentes como es la historia previa de cada jugador o bien la percepción que el jugador tiene en relación con los jugadores del equipo contrario, su actitud hacia ellos, la importancia relativa que le da a vencer en particular al equipo con el que se van a enfrentar, los premios económicos al que pueden aspirar por tal victoria, además la percepción que tienen de sí mismos.

Los días previos a algunos partidos, y muy en particular a los juegos de una final o los denominados “clásicos” son frecuentes las declaraciones de directivos, cuerpo técnico y jugadores, a las cuales los medios masivos de comunicación se encargan de magnificar creando un ambiente de alta expectativa y predisposición para actuar de cierta manera antes, durante y después del juego. Las expectativas están en función de la interpretación que los interesados le den a esas notas periodísticas, y por lo tanto también sus conductas. Los interesados pueden ser los propios jugadores, los directivos y el cuerpo técnico, además del cuerpo arbitral y el público en general. El juego ha comenzado fuera de la cancha.

En las gradas: El jugador “número 12”, el público

La afición en el estadio también juega, y lo hace animando a su equipo favorito a través de los gritos, cantos y porras, o bien ejerciendo presión social en el cuerpo arbitral para que marque alguna falta o insultando o abucheando a los jugadores del equipo contrario durante la posesión del balón.

Se dice que la tradición de animar a los deportistas en competencia surgió de manera accidental durante una competencia de lucha grecorromana y de ahí se extendió a diferentes deportes al observar que el deportista así estimulado se desempeñaba mejor y rendía más (Bakker, et.al.1992).

En México se atribuye el nacimiento de las porras durante un encuentro de fútbol americano entre los Pumas de la UNAM y los Burros Blancos del Politécnico, extendiéndose posteriormente a otros deportes, la característica común era que quienes animaban al equipo eran familiares y amigos de los jugadores, a los cuales poco a poco se les fueron agregando simpatizantes del equipo, lo que también acarreó que algunos de ellos crearan cánticos y porras que no ya tan solo apoyaban al equipo en cuestión, sino que ofendía y provocaba a los aficionados del equipo contrario, por lo que en su momento se les denominó “porros”.

Durante el mundial de Inglaterra en 1966 surge un grupo de aficionados simpatizantes del equipo Inglés. Cabezas rapadas y torsos desnudos, además de cánticos injuriosos al equipo contrario y lanzarles objetos a la cancha eran algunas de sus principales características: son los temidos hooligans.

Su origen es difuso, Cancio (2002) menciona que un periodista inventa a un personaje de nombre Patrick Hooligan, cuyas características sobresalientes son el ser alcohólico y pendenciero, sin embargo el autor lo atribuye al líder de una banda que asolaba la campiña irlandesa a fines del siglo XIX, cuyo apellido era Hooley por lo que a este grupo se le conocía como la banda de Hooley (Hooley´s gang).

Este grupo cobra mayor notoriedad a partir del enfrentamiento entre el Liverpool y el Juventus en la final de la copa de campeones celebrada en 1985 en el estadio Heysel en Bruselas, Bélgica. El saldo es de 39 muertos y al menos 200 heridos. Su aparición es constante en los juegos de la liga inglesa, la violencia es su firma.

En Argentina surgen las Barras bravas. Su nacimiento se la atribuye a un inmigrante de origen italiano de nombre José Barrita (Cancio,op.cit.) quien siendo niño con su familia vive en el barrio de La Boca, en una casa ubicada en la calle de Olavarria. En 1994 es sentenciado por encontrársele culpables por la muerte de dos seguidores del River, al salir de la cárcel, dos meses después muere a la edad de 48 años el 11 de febrero del 2001. En vida comandó a la barra más brava y pendenciera del fútbol argentino, La 12.

Se pueden considerar como factores facilitadores para la manifestación de conductas agresivas y violentas la presencia de miles de aficionados, la ingesta de bebidas embriagantes, la presencia de simpatizantes del equipo contrario, la importancia del juego, además de las necesidades personales de cada individuo miembro de estos grupos, tales como las necesidades de afiliación, pertenencia, carencias económicas, afectivas y sociales.

En cuanto a las necesidades afectivas cabe mencionar que la sociedad actual tiende mucho al aislamiento social, generando una sociedad en la cual se viven soledades compartidas, como ejemplo se tiene la supercarretera informática, la cual al no saberse utilizar y depender de ella arrastra a las personas a ese proceso de aislamiento y poca interacción social. La imitación de las conductas de los líderes como un medio de identificación con el más fuerte (quien en realidad puede ser el más débil) es otro de los factores facilitadores para que surja la violencia en los estadios, la cual cada vez es más frecuente y más dañina socialmente.

Obviamente estos no son los únicos factores presentes, pues además de procesos psicológicos también están los factores de corte social, político y económico que también influyen para que se emitan comportamientos agresivos y violentos, ya no tan solo en los estadios, sino también en las calles. Recientemente una diputada ha declarado que al interior de los grupos de animación de algunos equipos de fútbol se han infiltrado personas pertenecientes a grupos claramente delictivos como es la Mara Salvatrucha (Impacto, 2005).

Las sanciones por parte de las autoridades correspondientes para controlar las conductas agresivas y violentas han incluido el veto a los estadios, multas económicas a los dueños de los equipos, suspensión a jugadores, y sanciones administrativas a los participantes en reyertas o penas corporales dependiendo de la gravedad de las acciones cometidas. También se han considerado algunas medidas preventivas tales como la colocación de cámaras de video en los accesos al estadio y tribunas, incremento de vigilancia, sobre todo en los juegos de finales o los llamados clásicos, principalmente.

Conclusiones

No se puede afirmar que todos los integrantes de los diversos grupos de animación o de respaldo a los equipos de fútbol que asisten a los estadios sean personas con problemas de adaptación social, sin embargo, es importante considerar que algunas variables de carácter psicosocial sí influyen en la manifestación de conductas agresivas y violentas en los diferentes escenarios deportivos, en los cuales es probable que al considerar la posibilidad de permanecer anónimos algunos individuos aprovechen la ocasión para manifestar su rechazo y resentimiento social agrediendo física y verbalmente a otros, siendo esos otros los simpatizantes e incluso los actores del equipo contrario (jugadores, y cuerpo técnico). El problema no es simple, su complejidad exige de una solución de carácter multidisciplinario que atienda cada uno de los posibles orígenes del mal.

Bibliografía

BAKER, F.C.; H.T.A. WHITING y H. VAN DER BRUG. Psicología del Deporte; Conceptos y Aplicaciones. Madrid, Ediciones Morata, 1993.

CANCIO, Miguel. “Sociología de la violencia en el fútbol”

GOLDSTEIN, J. Agresión y delitos violentos. México, El Manual Moderno, 1978.

HUIZINGA, J., Homo ludens. Madrid, Alianza Editorial, 1984.

“Maras en las barras”. Impacto, El diario. México, D.F., 2005. No. 142. pp.37. Miércoles 1 de junio.

LORENZ, K. y P. LEYHAUSEN. Biología del comportamiento. Raíces instintivas de la agresividad, el miedo y la libertad. México, Siglo XXI Editores, 1981.

STORR, A. La agresividad humana. Madrid, Alianza Editorial, 1984.

REEVE, J. Motivación y Emoción. México Ed. McGraw-Hill, 1994.

18 de agosto de 2007

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