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Calidad, equidad y reformas en la enseñanza // Álvaro Marchesi, Juan Carlos Tedesco y César Coll


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Colección Metas Educativas 2021
Editan Santillana y OEI con el apoyo de la AECID

Aunque se han producido avances importantes en las últimas décadas, no parece previsible que con la misma dinámica pueda lograrse el enorme salto educativo requerido para responder a los retrasos históricos. Son precisos nuevos modelos y estrategias para lograr la transformación de las estructuras educativas y sociales. El presente libro aborda los retos actuales de la educación en Iberoamérica, la orientación de los cambios necesarios, los desafíos que supone la diversidad, la interculturalidad y la equidad, el sentido de los aprendizajes escolares y su evaluación, la centralidad de una educación para la ciudadanía democrática y el papel de la institución escolar.

Índice

Preámbulo, Álvaro Marchesi 7
Introducción, Álvaro Marchesi, Juan Carlos Tedesco y César
Coll 13
Los retos de la educación en Iberoamérica 17
Una nueva meta para la educación latinoamericana en el Bicentenario,
Juan Eduardo García-Huidobro 19
Las metas educativas ante el nuevo panorama social y cultural de América
Latina
, Néstor López 35
Equidad, diversidad, interculturalidad: las rupturas necesarias, Sylvia Schmelkes
47
Las políticas educativas a debate 57
La educación tras dos décadas de cambio. ¿Qué hemos
aprendido? ¿Qué debemos transformar?
Marcela Gajardo 59
Los temas de la agenda sobre gobierno y dirección de los sistemas educativos
en América Latina
, Juan Carlos Tedesco 77
La atención educativa a la diversidad: las escuelas inclusivas, Rosa
Blanco 87
Enseñar y aprender en el siglo xxi: el sentido de los aprendizajes escolares, César Coll 101
Calidad, evaluación y estándares: algunas lecciones de las reformas
recientes
, Alejandro Tiana 113
Educar para la paz y la ciudadanía en América Latina, Fernando
M. Reimers 125
Repensar la escuela como escenario del cambio educativo, Margarita Zorrilla
143
Bibliografía 161
Los autores 169

Preámbulo
Álvaro Marchesi
Secretario general de la OEI

La sociedad y la educación iberoamericanas se enfrentan a un desafío
enorme: asegurar el bienestar
de sus ciudadanos, el desarrollo económico y la cohesión social
en un mundo que vive profundas
y aceleradas transformaciones. No va a ser tarea fácil, porque el nivel
de partida está aún
muy alejado de los objetivos propuestos. La pobreza y la desigualdad están
presentes de forma
acusada en la gran mayoría de los países. Lo mismo sucede en la
educación: el analfabetismo,
la inequidad en el acceso a los bienes educativos, la reducida calidad del sistema
público de enseñanza
y la falta de opciones laborales para un amplio colectivo de jóvenes,
incluso para aquellos
que han terminado sus estudios secundarios, son rasgos comunes de los sistemas
educativos.

Hay que reconocer que en el ámbito educativo, también sin duda
en el campo social, son muchos
los retos pendientes. Por un lado, es preciso universalizar la oferta de educación
inicial, primaria
y secundaria, lograr que todos los niños y jóvenes tengan 12 años
de educación obligatoria, mejorar
la calidad educativa y las competencias de los alumnos en consonancia con las
exigencias
de la sociedad, desarrollar un sistema integrado de educación técnico
profesional y elevar el nivel
educativo y cultural del conjunto de la población. Por otro, es necesario
avanzar en la sociedad del
conocimiento y de la información, incorporar las nuevas tecnologías
en el proceso de enseñanza
y de aprendizaje, diseñar currículos acordes con las competencias
que los alumnos van a necesitar
para integrarse de forma activa en la sociedad y en el mundo laboral, e incorporar
en las escuelas
el progreso científico, la innovación educativa y los nuevos significados
de la cultura.

¿Es posible enfrentarse a tal magnitud de problemas con los enfoques
y estrategias utilizados hasta
el momento? El análisis de los resultados obtenidos con las reformas
educativas desarrolladas
en las últimas décadas obliga a dar una respuesta negativa. Es
cierto que se han producido avances
importantes, sobre todo en el acceso a la educación, pero no parece previsible
que con la misma
dinámica impulsada hasta el momento pueda lograrse el enorme salto educativo
requerido para
responder a los retrasos históricos acumulados y para conseguir que la
región pueda competir en
un mundo globalizado. Sería un error tratar de resolver los problemas
existentes con los esquemas
que algunos países utilizaron en el pasado. Tampoco es positivo considerar
que los nuevos
retos que proceden de la sociedad de la información puedan abordarse
como si la situación de
la región fuera similar a la de los países más avanzados.
Hace falta una nueva visión sobre el sentido
de la educación que permita diseñar nuevos modelos y estrategias
de acción y nuevas formas
de cooperación. En el acierto en su definición, acuerdo y puesta
en práctica se cifra buena parte
de las posibilidades de enfrentarse de forma simultánea a todos los retos
presentes y lograr de esta
manera la transformación de las estructuras educativas y sociales.

Es preciso, por tanto, plantearse de nuevo el sentido y la orientación
de los cambios educativos,
sin miedo a aprender de las insuficiencias del pasado y a plantear las respuestas
que vayan a la
raíz de los problemas. Y lo que aparece de forma clara, aunque hay que
reconocer que no es una
formulación nueva, es que la educación no puede con sus solas
fuerzas resolver los problemas de la sociedad, sino que exige para ello que
se produzcan al mismo tiempo determinados cambios
en otros ámbitos de la sociedad. No es suficiente con que la educación
apueste por los valores
democráticos, la justicia, la participación y la equidad, si al
mismo tiempo no existen iniciativas
políticas, económicas y sociales que avancen en la misma dirección.
No es posible una educación
equitativa en una sociedad tan desigual como la iberoamericana. Y tampoco es
posible avanzar en
sociedades más justas sin una educación equitativa, en la que
estén garantizados unos mínimos
comunes de calidad para todos los alumnos.

El énfasis, por tanto, se sitúa en las políticas globales,
capaces de plantear estrategias convergentes
en las esferas económica, social y educativa con el objetivo de avanzar
en la construcción de sociedades
justas, cohesionadas y democráticas. Así y solo así será
posible progresar de forma más
rápida y segura hacia los objetivos propuestos, y los esfuerzos educativos
no se verán frustrados
por la inmutabilidad de las condiciones sociales.

Esta exigencia de un compromiso compartido en la esfera de las políticas
públicas pone al mismo
tiempo de relieve la necesidad de fortalecer las instituciones que desarrollan
dichas políticas,
entre ellas, sin duda, las que gestionan el sistema educativo. Los procesos
de descentralización
desarrollados en la década anterior han puesto de relieve la necesidad
de establecer una eficiente
coordinación entre el poder central y los poderes regionales y locales,
así como la urgencia de
crear un sistema de gestión eficiente y estable, en el que la evaluación,
la supervisión y la rendición
de cuentas sean procedimientos habituales y confiables. Parece necesario, en
consecuencia,
diseñar y desarrollar sistemas de evaluación que permitan conocer
los logros de los alumnos en
la adquisición de sus competencias básicas, pero también
la eficiencia de las instituciones educativas,
la coordinación interinstitucional, el funcionamiento de las escuelas,
el trabajo de los
docentes y la participación social en la actividad educativa.

La importancia otorgada a la orientación y al fortalecimiento de las
políticas y de las instituciones
públicas no debería olvidar que la deseable coordinación
de las políticas públicas en el nivel
gubernamental debe conducir a concreciones específicas en el ámbito
territorial. Las políticas
educativas serán más eficaces en la medida en que participen diferentes
sectores sociales y culturales
y sean capaces de concretar sus iniciativas en proyectos sistémicos e
integrados que se
desarrollen en determinados territorios previamente establecidos.

Todo ello pone de relieve que el sistema escolar necesita de nuevos aliados
para lograr sus objetivos.
Como señala el reciente proyecto de la OEI sobre las Metas Educativas
2021, es necesario que
se incorporen instituciones y actores que puedan contribuir enormemente a fortalecer
su funcionamiento.
Las ciudades, las organizaciones sociales, los voluntarios, las empresas o los
alumnos
universitarios podrían ser algunas de las nuevas alianzas que habría
que construir.

La participación de los municipios en la acción educadora es
tal vez la contribución más importante
para una nueva concepción de la educación que amplíe el
campo escolar. La ciudadanía
se vive en los barrios y en las ciudades, por lo que el entorno urbano se convierte
en una nueva
estrategia para alcanzar las metas educativas. La planificación de los
espacios urbanos y de los
nuevos barrios, la forma de recuperar los centros históricos, las expresiones
culturales, las bibliotecas
públicas, los lugares de ocio, los centros de salud y tantas otras manifestaciones
que pueden
facilitar la integración intercultural, la coordinación con la
acción de las escuelas, la posibilidad
de experiencias innovadoras, la apertura de las escuelas a su entorno y la relación
entre el aprendizaje
de los alumnos en el aula y en su vida diaria. adversarios. La incorporación
de la cultura de los jóvenes en el proceso de enseñanza y de aprendizaje
constituye una exigencia necesaria si se pretende que encuentren sentido a sus
aprendizajes
escolares, sobre todo aquellos con más riesgo de abandono por su falta
de motivación hacia el
estudio o por su percepción de lejanía de la institución
escolar.

La juventud tiene una especificidad propia en la que sus miembros asumen su
identidad personal
en la medida en que se apropian de los objetos simbólicos colectivos:
formas de consumo, relaciones,
comunicación, rituales, diversión y diferentes tipos de expresiones
colectivas. Las tecnologías
de la información han contribuido enormemente a configurar las culturas
juveniles por las formas
de comunicación y relación que han universalizado, por el tipo
de relación que han orientado
y por el predominio absoluto de la imagen y de los sistemas multimedia. Este
dominio de las TIC
por parte de los alumnos no debe ser vivido como una amenaza para los profesores
con escasa
experiencia en este campo. Debería servir, por el contrario, para aprovechar
las competencias
de los jóvenes e intentar que se comprometan a través de ellas
en proyectos de aprendizaje, en
gestión de actividades, en relaciones con otros grupos o en acciones
de apoyo a alumnos que lo
necesitan o a otros colectivos con menos experiencia. El objetivo, finalmente,
es que los alumnos
sientan que merece la pena aprender, que el aprendizaje está relacionado
con su vida y que abre
múltiples posibilidades futuras.

En este contexto será posible, sin negar sus enormes dificultades, que
el sistema educativo se enfrente
con mayores garantías de éxito a los desafíos y urgencias
que tiene planteados y a los que
ya se hizo mención anteriormente: lograr que todos los alumnos accedan
a una educación de calidad
similar; cuidar determinadas condiciones imprescindibles para el aprendizaje,
como la salud
y la alimentación de los niños; fortalecer la escuela pública;
impulsar políticas que aseguren la
inclusión de todos los alumnos, pero que al mismo tiempo respeten sus
diferencias, especialmente
su lengua y su cultura propia; propiciar la participación de las familias
en el proceso educativo
de sus hijos y elevar al mismo tiempo su nivel educativo y cultural; reducir
el abandono escolar,
educar en valores y para la ciudadanía democrática; mejorar las
competencias de los docentes
y propiciar su desarrollo profesional; reforzar el funcionamiento de la institución
escolar; renovar
los procesos de enseñanza y aprendizaje que los profesores desarrollan
en el aula; e impulsar un
nuevo sistema de educación técnico profesional. Para lograrlo,
hace falta incrementar los recursos
destinados a la educación y asegurar al mismo tiempo su gestión
eficiente

Estas exigencias y responsabilidades suponen también un desafío
para la OEI. Es necesario diseñar
nuevas formas de cooperación que tengan en cuenta los modelos y estrategias
que mejor
pueden transformar de forma rápida la actual situación educativa
y social, y que contribuyan
a reforzar las instituciones públicas, su gestión eficiente, la
estabilidad de los consensos alcanzados,
las iniciativas valiosas emprendidas y el intercambio de las experiencias de
éxito.

Hace falta también establecer cauces de coordinación entre las
diferentes organizaciones internacionales
que trabajan en Iberoamérica para que, respetando su identidad, seamos
capaces de
planificar de forma conjunta nuestras respectivas agendas. Existe, no cabe duda,
una demanda
insistente de los países para avanzar en esta dirección.

Es preciso, finalmente, formular proyectos de largo alcance que sean significativos
para la región
y que sirvan de estímulo para el compromiso de los países. Conviene,
sin embargo, no olvidar
su diferente realidad social, cultural y educativa. Vivimos en una región
con lazos históricos, culturales y lingüísticos que le otorgan
una identidad propia. Pero también existen profundas
diferencias entre los países, e incluso dentro de ellos, lo que obliga
a adaptar los proyectos generales
a las posibilidades de cada uno.

En este contexto hay que situar el proyecto que la OEI está impulsando
de acuerdo con la voluntad
expresa de los ministros de Educación iberoamericanos en su Conferencia
celebrada en 2008
en El Salvador, quienes aprobaron acoger la propuesta “Metas Educativas
2021: la educación que
queremos para la generación de los Bicentenarios” y comprometerse
a avanzar en la elaboración
de objetivos, metas y mecanismos de evaluación regional, en armonía
con los planes nacionales.

El proyecto surge cuando varios países se preparan para celebrar el
bicentenario de su independencia
y se formula con un amplio horizonte, el año 2021, porque es el momento
en que otros
tantos países vivirán una conmemoración similar y porque
los cambios educativos exigen un
tiempo prolongado. Un proyecto que busca situar a la educación en el
centro del debate social
que se producirá en la década de los bicentenarios y aprovechar
y canalizar de esa forma el deseo
de cambio y de progreso que vivirá con especial fuerza la sociedad iberoamericana.
Un proyecto,
finalmente, que aspira a la formación de una generación de ciudadanos
cultos, y por ello libres,
en sociedades justas y democráticas.

El proyecto se concreta en objetivos, indicadores y niveles de logro específicos
en diferentes campos
de la educación, desde la gobernabilidad de las instituciones y los proyectos
educativos y
sociales integrados (objetivo primero), hasta el incremento de la financiación
y su gestión eficaz
(objetivo undécimo y último). En medio de ellos se encuentran
otros nueve relativos a la mejora
de la educación inicial, básica y profesional, al acceso equitativo
de todos los alumnos a la educación
y al incremento de su calidad, al fortalecimiento del desarrollo profesional
de los docentes,
a la mejora de los aprendizajes de los alumnos, y a un especial cuidado en la
incorporación de la
lectura, las TIC, el conocimiento científico y la educación artística
en los sistemas de enseñanza
y en el tiempo escolar.

Las Metas Educativas 2021 incorporan también un conjunto de programas
de acción relacionados
con los objetivos propuestos. Su función es colaborar con los países,
sobre todo con aquellos
que tienen más dificultades, para progresar en los objetivos propuestos
y para generar una dinámica
de apoyo mutuo entre los países que, por una parte, sirva de estímulo
y, por otra, contribuya
a reforzar la conciencia del valor de pertenecer a la comunidad iberoamericana
de naciones.

Junto a los programas de acción, se establece la posibilidad de crear
un fondo económico solidario
para la cohesión educativa al que contribuyan los países ricos,
las organizaciones internacionales
y los diferentes donantes públicos y privados. El objetivo es ayudar
y completar el esfuerzo
financiero que realicen los países con mayores dificultades para que
sean capaces de alcanzar las
metas propuestas, especialmente aquellas que hayan establecido como prioritarias.

Un proyecto de estas características no puede reducirse a un acuerdo
entre los gobiernos, por
fundamental que sea. Es imprescindible al mismo tiempo provocar un amplio debate
y reflexión
social que contribuya a modificar y mejorar la propuesta inicial y que otorgue
al conjunto de la
sociedad, a sus instituciones, a los profesores, a las universidades, a las
asociaciones familiares,
a los colectivos profesionales y a todos aquellos sectores interesados el protagonismo
que ellos
merecen y que el proyecto necesita. Aquí se encuentra la finalidad principal
de esta colección
de libros, cuyo primer número dedicado a las reformas, la calidad y la
equidad educativa ahora se presenta. Con estas publicaciones se pretende ir
más allá de la literalidad de los objetivos
e indicadores propuestos en la formulación de las Metas Educativas 2021,
dotarles de un profundo
sentido educativo e intentar atraer al mayor número de personas e instituciones
a la noble
tarea de transformar la educación y la sociedad.

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libro en PDF

ISBN: 978-84-7666-195-6

17 de agosto de 2011

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