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Una mirada a las tendencias actuales del analfabetismo - María Roxana Solórzano Benítez - 8 de septiembre de 2007 Día Internacional de la Alfabetización


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En las condiciones actuales del capitalismo globalizado han disminuido en cifras globales las tasas de analfabetismo, por las propias necesidades del sistema de preparar a los individuos en el manejo de nuevas tecnologías ante la revolución industrial y los nuevos adelantos de la época. A pesar de esto, es en este sistema donde las causas y las consecuencias sociales del analfabetismo se agudizan, por el aumento demográfico, la deuda externa, la existencia de regímenes oligárquicos propios del sistema capitalista, donde ocurren sucesivas crisis económicas que tienen su repercusión inmediata en la educación. Este trabajo analiza el analfabetismo, las diferentes aristas de este fenómeno como problema social, y la influencia de los enfoques ideológicos, sociológicos, filosóficos e históricos en su conceptualización y abordaje educativo.

Palabras clave: Analfabetismo, analfabetismo funcional, concepciones del analfabetismo, programas de alfabetización, políticas educativas.

Introducción

Desde que ocurrió la división de la sociedad en clases, resultado de la división entre el trabajo manual y el intelectual, todas las sociedades han estado marcadas por la diferencia en el acceso a la cultura de los individuos que la integran, siendo siempre privilegiados los de mayores posibilidades económicas y los que estén más cerca de los círculos de poder.

La primera forma de exclusión social consistía precisamente en disponer, de manera exclusiva, de los medios y técnicas necesarios para el registro e interpretación de los hechos (a través del lenguaje escrito). Tal exclusividad es claramente presumible desde las primeras grandes culturas de la humanidad, en que la capacidad de leer y escribir era considerada como símbolo de gran distinción, a la vez que resultaba ser una profesión altamente especializada. De hecho, las clases dominantes han sentido siempre el temor de instruir a la mayoría de sus ciudadanos, porque evidentemente eso significaría, más allá del acto de aprender a leer y a escribir, la posibilidad a largo plazo de trasformar la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, se ha sellado la idea de que entre más individuos “ignorantes” existan, menos son las posibilidades de cambiar el “status quo” imperante. En este sentido, la educación siempre constituyó un privilegio de las clases explotadoras, que defendieron a toda costa su monopolio del saber, como garantía del monopolio del poder.

Estas afirmaciones tienen su máxima expresión en las condiciones actuales del capitalismo globalizado, donde en cifras globales, han disminuido las tasas de analfabetismo, por las propias necesidades del sistema de preparar a los individuos en el manejo de nuevas tecnologías ante la revolución industrial y los nuevos adelantos de la época.

A pesar de esto, es en este sistema donde las consecuencias sociales del analfabetismo se agudizan, por el aumento demográfico, la deuda externa, la existencia de regímenes oligárquicos propios del sistema capitalista, donde ocurren sucesivas crisis económicas que tienen su repercusión inmediata en la educación. Estas crisis provocan la reducción de los fondos públicos, aumento del desempleo, el deterioro del poder de compra del salario, lo que explica el aumento de familias que viven en la pobreza y que se manifiesta en el sector educativo de la siguiente manera:

- Incremento de los índices de repetición y fracaso escolar, especialmente en los primeros años de la enseñanza elemental, lo que se convierte en cantera para la existencia de una gran masa de analfabetos.

- Interrupción del proceso de incorporación de los hijos de las familias de sectores populares a los niveles posbásicos del sistema educativo.

- Aumento de la segmentación interna del sistema educativo.

- Deterioro de la calidad educacional.

- Disminución de salarios y, por tanto, del personal vinculado a la educación.

- Obsolescencia y deterioro del equipamiento tecnológico de las escuelas.

- Lentitud en la toma de decisiones y transformaciones en el sector educativo.

El efecto más negativo de esta crisis es el aumento del analfabetismo como patología social y la desescolarización de muchos sectores poblacionales. Por un lado, se encuentran los niños y adultos que abandonan la escuela y durante su crecimiento no vuelven al sistema escolar, quienes se vuelven analfabetos por desuso o regresivo. Por el otro, se encuentran las personas que nunca han estado vinculadas a ningún sistema escolar y no saben leer ni escribir, siendo consideradas analfabetos puros.

La reducción de las tasas de analfabetismo está estrechamente relacionada con la expansión de la escolarización básica, nivel educativo que depende casi en su totalidad de la acción estatal. Es necesario tener en cuenta la dimensión política en el análisis, dado que muchas veces se ha sugerido que la tasa de analfabetismo sería una suerte de consecuencia directa de ciertas tendencias naturales del sistema educativo o de cambios o rupturas importantes en las esferas de las estructuras económicas y sociales.

Aunque no es la única fuente del analfabetismo, el abandono escolar constituye una cantera importante en la elevación de sus índices en muchas regiones del mundo. A esto se suman políticas educativas alejadas de las necesidades objetivas de miles de ciudadanos, que reclaman un espacio, dentro de estas que se ajuste a sus intereses individuales y colectivos.

Frente a esta problemática la educación de adultos y dentro de esta, los programas de alfabetización, ocupan un lugar fundamental. Estos se diseñan para cubrir en poco tiempo el vacío provocado por la falta de educación elemental. Tienen como primer objetivo la enseñaza de la lectoescritura y, en consecuencia, contribuir a la socialización de los neolectores en su comunidad y la sociedad en su conjunto.

1. El analfabetismo como problema social

Los análisis en torno a la alfabetización y el analfabetismo han estado influenciados por enfoques ideológicos, sociológicos, filosóficos e históricos. La evolución y el desarrollo del analfabetismo inciden en las tendencias, métodos, tipos de campañas, proyectos o programas de alfabetización que se implementarán en un territorio determinado.

La conceptualización de ambos fenómenos se analiza de forma lineal, como indirectamente proporcional, planteándose que a mayor tasa de alfabetización, menos índice de analfabetismo. En este análisis han predominado concepciones cruzadas que dificultan la determinación de hasta dónde una persona puede considerarse analfabeta o plenamente alfabetizada. Por ejemplo, Paulo Freire plantea que “no existen ignorantes ni sabios absolutos” (Freire, 1972:6).

Como plantea Rosa María Torres (1990), la ambigüedad y la imprecisión en el tratamiento en que se han trabajado estos conceptos, han contribuido a que proliferen en la literatura términos parcialmente superpuestos para describir los estudios y niveles que median en el eje analfabetismo-alfabetización. Esto hace que aparezcan los conceptos de analfabetismo puro, regresivo, por desuso y funcional, atendiendo al tipo de analfabetos.

En correspondencia del grado de analfabetismo se han empleado conceptos de semianalfabetos, semialfabetizados o neoalfabetizados. La diversidad de criterios puede apreciarse en los conceptos siguientes:

- Como analfabetos puros o absolutos se define a quienes no conocen los signos del idioma o, si los conocen, tienen un manejo precario. Se incluyen en este grupo aquellas personas que nunca han asistido a la escuela y que por primera vez se ponen en contacto con letras y números.

- Para referirse a analfabetos por desuso o regresivos (semi-iletrados) se han designado a quienes han logrado determinadas habilidades de lectoescritura, pero al no practicarlas las han olvidado, regresando a la categoría de analfabetos absolutos. Estas personas han asistido en algún momento a la escuela, pero la abandonaron por diferentes motivos.

- Como analfabetos funcionales se tratarán aquellas personas que teniendo habilidades elementales de lectura y escritura, no les son suficientes para desenvolverse en las sociedades letradas.

- Según la clasificación de la profesora cubana Leonela Relys (2003), existen los iletrados especiales, quienes requieren de atención educativa especial por presentar limitaciones físicas de tipo audiovisual, motoras, ausencia de sus miembros, etc. Se incluyen también en este grupo a quienes, por determinada edad, no les es posible aprender con la misma capacidad que el resto de los participantes.

Los análisis teóricos y prácticos en torno al analfabetismo conducen a concluir que es un fenómeno real, expresado en conceptos relativos, independientemente del enfoque y las tendencias que lo estudien. Pretendemos reflexionar en varias de sus aristas recorriendo los criterios de los principales autores que lo han abordado. La relatividad en el tratamiento de este fenómeno expresado en varias fuentes, permite apreciar que los investigadores del tema no se han puesto de acuerdo en una definición acabada sobre la conceptualización del analfabetismo, este debe ser abordado en cada contexto histórico concreto, ya que toma en cada región y cada lugar características diferentes, aunque la esencia es la misma. Lo que sí queda claro es que por su contenido, sus dimensiones y su esencia tienen un carácter eminentemente social y mantiene relativa independencia de los regímenes políticos.

Cualquier análisis del analfabetismo, dadas las contradicciones de su contenido, debe partir de un análisis lingüístico lógico. En su composición estructural se inscribe una proposición negativa y por tanto se formula como proposición absoluta y se trata como prefijo. Cuando esto se aplica a una persona se relativiza la ausencia de alfabeto mediante adjetivaciones adyacentes: lo que indica que los adultos son analfabetos en su acepción pura. Esto exige caracterizar el analfabetismo refiriéndolo al sujeto en situación (Benavides,1987). Analizarlo de esta manera excluye de las clasificaciones a los semianalfabetos o analfabetos por desuso, los analfabetos funcionales y los analfabetos discapacitados.

Ejemplos de la relatividad del concepto se expresan también en las clasificaciones del grado de analfabetismo que ha existido en diferentes regiones, en un momento determinado. Por ejemplo, la ofrecida por Germán Rama en América Latina, en la década de 1970, donde se agruparon los países atendiendo al grado de escolarización, urbanización y estudios de la población (Rama, 1985):

- Países con analfabetismo bajo y homogéneo: Argentina, Uruguay, Costa Rica y Chile.

- Países con analfabetismo medio, homogéneo: Colombia, Ecuador, México, República Dominicana y Venezuela.

- Países con analfabetismo medio y heterogéneo: Panamá y Perú.

- Países con analfabetismo alto y homogéneo: Brasil, Honduras, Salvador, Nicaragua y Guatemala.

- Países con analfabetismo alto y heterogéneo: Bolivia.

El estudio bibliográfico realizado revela diferentes direcciones para abordar este fenómeno, desde lo psicológico, pedagógico, sociológico, filosófico y político. El analfabetismo también puede clasificarse desde lo cognitivo, desde lo emotivo y desde lo perceptivo motor. La mayoría de los estudios en la década del 90 estuvieron relacionados con los factores asociados al analfabetismo y sus aspectos conceptuales y metodológicos.

Algunos enfoques pragmáticos reducen los análisis sobre el analfabetismo a cuestionarios y conteos para determinar el número de personas que saben leer y escribir, o el dominio que cada persona cree tener de determinadas habilidades. Estos análisis son empleados generalmente en discursos oficiales donde se alteran las estadísticas desde niveles locales hasta internacionales, por la asociación mecanicista de alfabetización y desarrollo.

Analizando en términos pedagógicos y sociológicos, el autor Castro Kikuchi ofrece la siguiente definición de analfabetismo: “En sentido genérico, carencia de instrucción elemental necesaria para desenvolverse en un determinado medio sociocultural, debido a la falta de oportunidades educativas. En sentido restringido, situación de las personas que no saben leer ni escribir.” (Castro Kikuchi, 2001: 29).

El mismo autor, al referirse a las formas de calcularlo, plantea que generalmente “…sus tasas o porcentajes se calculan sobre la población que ya ha superado la edad de escolarización básica, siendo ellos particularmente altos entre las personas o grupos en situación económica social deficitaria o precaria, que han visto restringidas o anuladas sus posibilidades de acceso o que han tenido impedimentos para tal acceso por dificultades físicas o psíquicas” (Ibídem: 29).

Dentro de las limitaciones de la definición anterior está identificar la falta de acceso a la escuela y la pobreza como únicas fuentes de analfabetismo, sin tener en cuenta que este es un fenómeno multicausal y multifactorial. Un análisis en torno al analfabetismo debe realizarse desde lo económico, lo político y lo social.

Se considera analfabeta aquella persona que no sabe leer y escribir; a esto se le suma que en muchos países económicamente desarrollados se consideran analfabetos funcionales aquellas personas que no dominan equipos nuevos, o que son incapaces de llenar un cuestionario de empleo.

Para la UNESCO, los analfabetos son aquellas personas que no saben leer ni escribir, ni comprenden un texto sencillo, ni pueden exponer de forma elemental hechos de su vida cotidiana. Se considera entonces analfabetos funcionales a quienes no pueden emprender aquellas actividades en que la alfabetización es necesaria para la actuación eficaz en su grupo y comunidad (UNESCO, 1998).

En lo que sí coinciden muchos autores es que el analfabetismo no debe analizarse como un concepto unívoco y universal. Para superarlo deben establecerse métodos y procedimientos adecuados, teniendo en cuenta los estudios casuísticos que respondan a las necesidades específicas de cada región.

El analfabetismo se puede expresar tanto por la cifra absoluta de analfabetos de un país, como por la tasa de analfabetos dentro de toda la población o dentro de sectores seleccionados de ella (población en edad escolar, jóvenes, adultos, etc.). Hasta el momento no se ha establecido un parámetro internacional para declarar un país o territorio “Libre de analfabetismo”. Lo que ha ocurrido es que cada región donde se termina un programa de alfabetización se declara libre de analfabetismo o no, en correspondencia con los índices preestablecidos y las exigencias sociales respecto a la alfabetización. Las estadísticas oficiales han reconocido que los 36 países con mayor índice de desarrollo mantienen sus índices de analfabetismo por debajo del 4%. Esto ha provocado que en muchos lugares se adopte la decisión de una vez alcanzada esta cifra declarar como eliminado el analfabetismo. Dentro de los autores que se han dedicado al aspecto cuantitativo del analfabetismo, porcentajes, estimaciones, cobertura escolar y niveles, se encuentran en Londoño y Schiefelbein (1990).

La alfabetización universal continúa siendo un desafío cuantitativo y cualitativo de grandes proporciones, tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados. El desafío incluye a los 876 millones de personas jóvenes y adultas analfabetas y los 113 millones de niños y niñas que permanecen todavía fuera de la escuela y que continúan nutriendo cada año las estadísticas mundiales de analfabetismo. Son los más pobres entre los pobres y la mayoría son mujeres: dos terceras partes de la población adulta analfabeta y 60% de la población infantil quedan al margen de la escuela (ONU, 2003).

Cerca del 98% de los analfabetos del mundo viven en países en desarrollo, lo que demuestra la relación entre la pobreza y el analfabetismo. Asia constituye el corazón del problema con 641 millones de analfabetos, le siguen África con 179 millones y América Latina con 44 millones.

Proporcionalmente, la tasa de analfabetismo es más alta en el continente africano, en que el 54 % de la población es analfabeta. Globalmente las mujeres están más seriamente afectadas que los hombres. El 35% de las mujeres adultas son analfabetas, comparadas con el 20.5% de los hombres. El 60% de todos los analfabetos adultos son mujeres. La mayoría de los analfabetos del mundo viven en áreas rurales y pobres. Se registran tasas de analfabetismo también en tugurios urbanos y en las poblaciones marginales que rodean a muchas ciudades del tercer mundo (UNESCO, 1972).

Carol Bellamy, Directora Ejecutiva del UNICEF, advirtió en su informe acerca del Estado Mundial de la Infancia de 1999 que “...cerca de 1.000 millones de personas (un sexto de la población mundial), de los cuales dos tercios son mujeres, clasificados como analfabetos funcionales, van a entrar en el siglo XXI sin los conocimientos necesarios para leer un libro o firmar con su nombre… De esos 1.000 millones, cerca de 130 millones son niños en edad escolar del mundo en desarrollo (73 millones de ellos son niñas), que crecen sin poder recibir una educación básica, mientras que otros millones de niños languidecen en situaciones donde la enseñanza no alcanza los mínimos requisitos y, por ello, los beneficios que les depara el aprendizaje son muy escasos” (Pennuchi, 1999: 2).

Como señala el especialista cubano J. Canfux, “...Delimitar estas cuestiones al orden cuantitativo significa ocultar la verdadera naturaleza socioeconómica de sus orígenes, lo que se traduce en que los regímenes imperantes no favorezcan la erradicación del fenómeno, ni favorecen la educación integradora. En el tercer mundo la tendencia es a elevar los índices de desescolarización y las limitaciones de oportunidades de estudio a aquellos que logren escolarizarse” (Canfux, 1993: 18).

El desarrollo acelerado de la ciencia y de todas las ramas asociadas a esta, ha propiciado que en la literatura se utilicen los términos analfabetos y alfabetizados para calificar a las personas que conocen o desconocen determinada actividad. En consecuencia, se consideran a todos los individuos analfabetos en alguna materia. En estas concepciones influye el enfoque relativo del analfabetismo y su análisis desde determinadas áreas del conocimiento.

Como se muestra en algunos ejemplos, la amplitud en este sentido puede conducir a desviar la atención de la verdadera esencia de este fenómeno. Resulta imposible, en el siglo XXI, que una persona abarque todo el volumen de la información disponible de los múltiples aspectos y áreas en que se desarrolla la actividad humana por ellos referidos.

En la bibliografía se emplean más de cuarenta definiciones de analfabetismo: financiero, artístico, médico, musical, científico, tecnológico, audiovisual, etc. No hay un solo analfabetismo, sino tantos como individuos existan, que son “analfabetos en situación”. El sujeto de alfabetización solo puede identificarse en procesos específicos de comunicación y la alfabetización, como una respuesta a necesidades específicas de despliegue de potencial comunicativo.

En este sentido otros autores reconocen que existe el analfabetismo científico (Hart, 1997; Sagan, 1997; Gramsci, 1971). Celia Hart comenta: ”Según mi parecer el analfabetismo científico y cultural es hoy por hoy el flagelo primario de la civilización…” y sigue comentando la profesora “…como diría Carl Sagan, las consecuencias del analfabetismo científico son mucho más peligrosas en nuestra época que en cualquier época anterior. La humanidad está demasiado cerca de los productos de la ciencia, pero demasiado lejos de entender la trascendencia, peligros o beneficios de ésta”. (Hart, 2003: 2).

Los autores norteamericanos Ronald Nash, Ravich y Finn (citados por Hirsh, 1987) consideran que existen tres tipos de analfabetismo: funcional, cultural y moral. Consideran analfabetos culturales a toda persona ignorante de los fundamentos de cualquier área del conocimiento, llaman analfabetos funcionales a quienes se quedan por debajo del estándar conveniente esperado de alguna competencia, aún cuando sea competente en habilidades del lenguaje. Por analfabetismo moral entienden la pérdida de valores de los individuos. Ravich y Finn coinciden con Hirsh en que hay una tendencia en la profesión de la educación para creer que lo que los niños aprenden no es tan importante comparado con el cómo aprenden; el contenido es, de hecho, irrelevante, en tanto que las habilidades apropiadas estén siendo desarrolladas y ejercidas (Hirsh, 1987).

Con el surgimiento de las nuevas tecnologías, los especialistas hablan del analfabetismo tecnológico. Este tipo de analfabetismo se refiere a la incapacidad para utilizar las nuevas tecnologías, tanto en la vida diaria como en el mundo laboral, y no está asociada con la educación académica en otras materias.

Desconocer el uso de las tecnologías representa en la actualidad el aislamiento en muchos sentidos. Este desconocimiento puede influir desde la falta de empleo por la robotización industrial, hasta la falta de información actualizada de lo que ocurre en el mundo. Sin dudas, este tipo de analfabetismo está precedido en algunos casos por no saber leer ni escribir y en otros por la imposibilidad real de no tener acceso a las tecnologías.

Federico Mayor, en su informe a la Conferencia Mundial de Educación para Todos celebrada en Tailandia en 1990, planteó ”…el analfabetismo inhibe el progreso y la productividad, impide el avance cultural y espiritual y facilita la dependencia crónica de sociedades enteras. Los problemas que emanan del analfabetismo constituyen las razones integrales del ciclo permanente de pobreza y subdesarrollo que aflige a muchas naciones del mundo…” (citado por Raffo, 1990: 5). Esta posición conservadora considera el analfabetismo como causa de la pobreza, sin tener en cuenta que existen muchos factores asociados a esta, cuando debiera entenderse que es la pobreza la que genera el analfabetismo y la subescolarización.

Estas concepciones reduccionistas conducen a las instituciones a declarar la alfabetización como única forma de reducir los porcentajes de personas analfabetas existentes. Los partidarios de estas concepciones no tienen en cuenta la relatividad del concepto y las áreas del conocimiento a que se refiera el analfabetismo y, por consiguiente, de las formas de calcularlo. En los momentos actuales el discurso se mantiene alejado de la realidad y el analfabetismo cobra más fuerza que nunca. El compromiso de los gobiernos en la Conferencia de Dakar de superarlo antes del 2015 no encuentra en la práctica ni la voluntad política, ni las condiciones económicas que permitan cumplir dicha meta.

Sin dudas, el efecto más negativo para la educación es el aumento del analfabetismo como fenómeno social, que afecta a una población cada vez mayor, con independencia de que en algunos casos muy puntuales se haya logrado reducir la tasa relativa.

2. El analfabetismo funcional y el mundo del trabajo

En las condiciones actuales del desarrollo social, saber leer y escribir resulta insuficiente para asumir el mundo de la informatización y la robotización del mercado laboral. La falta de preparación de los individuos para enfrentarse a estas exigencias es lo que muchos autores consideran analfabetismo funcional, tecnológico o analfabetismo en el mundo del trabajo.

A propósito el profesor Castro refiere: “El analfabetismo funcional es la situación del individuo que sabiendo leer y escribir no ejercita estas adquisiciones y, en los hechos, funciona como analfabeto por no utilizar lo que sabe. En otro orden de cosas y de modo muy elástico, la persona que ignora o no maneja los nuevos códigos culturales: informática, diversas tecnologías, también podría quedar inmersa en este tipo de analfabetismo” (Castro, 2001: 29).

Existe un analfabetismo característico de sociedades occidentales contemporáneas, en las que la modificación de las estructuras del empleo ha traído consigo mayores exigencias en cuanto a nivel de formación y calificación (Vielies, 1990). Las sociedades industriales en los umbrales del siglo XXI descansan cada vez más en los sectores terciarios y cuaternarios de la economía. La desaparición de los empleos no calificados, unida al constante aumento de las exigencias en materias de formación, deja al margen a los analfabetos funcionales. Si en una empresa se produce una disminución del personal o se introducen nuevas tecnologías, trabajadores que hasta entonces eran competentes y eficaces se encuentran en situación de inferioridad. Por su importancia, la mayoría de los autores consultados solo mencionan esta última denominación, relacionada lógicamente con la era de la informatización y las nuevas tecnologías.

Para el filántropo norteamericano L. Ronald Hubbard, existe la posibilidad de que tengamos toda una civilización que está incomunicada. (Hubbart, 1999) A esta conclusión llegó después de hacer investigaciones desde 1978 hasta la actualidad. Hubbart pudo revelar la relación que existe entre el analfabetismo funcional y la violencia, las pérdidas económicas y los disturbios políticos. También pudo demostrar que estudiantes que habían asistido a escuelas públicas en los Estados Unidos y en Europa en las décadas de 1950 y 1960, tenían un nivel de alfabetización mucho más bajo que cualquiera que hubiera encontrado antes. La investigación posterior fue más elocuente. Un cincuenta por ciento de la población de los Estados Unidos no era capaz de leer un texto de octavo grado de primaria. El porcentaje de estudiantes que abandonaron sus estudios era cinco veces más alto que en Japón y diez veces más alto que en Rusia.

Sylvain Lourié afirma: “Esta chocante verdad afecta a los países en desarrollo. No es erróneo suponer que los analfabetos funcionales de los países en desarrollo son casi siempre los desocupados y excluidos de las grandes corrientes de economía y de tecnología moderna. De ello se desprende que cualquier debate en torno al analfabetismo es meramente teórico si no se sitúa en el contexto más amplio, que el de la simple pedagogía de la lectura y el cálculo. Es necesario insistir que el analfabetismo es solo una dimensión de la exclusión. Por un lado están aquellos que poseen los medios para mejorar sus condiciones materiales y sociales y por otro lado los que no logran ni siquiera obtener condiciones mínimas, es sobre todo dentro de estos últimos donde se encuentran los analfabetos, que no tienen acceso a las fuentes del conocimiento y son incapaces de producir nuevos conocimientos” (Lourié, 1990:18).

El analfabetismo no es solo una cuestión técnico–pedagógica, sino un problema de profundas dimensiones sociales. Los diferentes grados de dominio de la lectoescritura, refuerzan en muchos países las desigualdades sociales. Los códigos lingüísticos aprendidos en el entorno social están profundamente determinados por la socialización primaria de los individuos. Basil Bernstein intenta probar la existencia de dos códigos afectados por la estructura de clases, un código restringido, empleado por las clases populares y un código elaborado, empleado por las clases dominantes (Berstein, 1991).

Resulta evidente la relación entre el analfabetismo y las condiciones socioeconómicas que le dan origen. A la pobreza y al aislamiento cultural de los analfabetos se une el aislamiento cívico. Si bien la posibilidad de comunicación es la expresión de una cultura, es también una exigencia de la organización social, al favorecer la asociación de voluntades y la formación de la colectividad, elementos complementarios y necesarios para crear y fortalecer la estructura social moderna.

La dimensión social del analfabetismo necesita profundizarse y su estudio debe asociarse a categorías de género, procedencia y estratos sociales.

AUTORA: Dra. C. María Roxana Solórzano Benítez. Cátedra de Alfabetización y Educación de Jóvenes y Adultos. Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC). Cuba

Revista IPLAC. No.1 / enero - abril / 2007

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3 de septiembre de 2007

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