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Discurso del Presidente del Gobierno de España, D. José Luis Rodríguez Zapatero, en el I Encuentro Internacional de Rectores

Sevilla, 19 de mayo de 2005

Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla; Presidente de la Junta de Andalucía; Alcalde de Sevilla; Presidente de Universia, siempre dispuesto a batir récords de convocatoria y a marcar hitos en el avance y en el progreso; Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad tan querida, recordada por la enorme solidaridad histórica que tuvo con tantos españoles de la brillante intelectualidad que tuvieron que dejar nuestro país en un momento de drama colectivo; Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, Rectores, Rectoras,

Quiero, de manera muy singular, expresar mi satisfacción y mis mejores deseos a todos aquellos Rectores y Rectoras que vienen del otro continente, que es también el nuestro. Que su estancia en España, en Sevilla, sea provechosa, amable y cercana. Así les sentimos a todos ustedes y estoy convencido de que así nos sienten a nosotros.

Estoy particularmente satisfecho por poder acompañarles hoy, en esta ceremonia de apertura del I Encuentro Internacional de Rectores de Universia, y compartir con una tan amplia representación de las universidades iberoamericanas algunas reflexiones sobre el futuro que ambicionamos para nuestra fraterna comunidad de naciones.

Estoy plenamente convencido del papel central que corresponde desempeñar a la educación, a la cultura y al saber en la construcción de cualquier futuro justo y compartido. La riqueza de un país se mide habitualmente, de forma casi exclusiva, por los indicadores económicos; pero se fundamenta en la capacidad y la cultura de sus gentes, y se refleja en las condiciones de vida reales de los ciudadanos.

La Educación genera riqueza pero, sobre todo, crea seres libres, autónomos, responsables y solidarios. La Educación expande la igualdad y, por eso mismo, cohesiona y une a las sociedades.

Nuestros ilustrados comunes afirmaban que el día en que una generación entera fuera debidamente instruida remontaríamos, de una vez, el atraso y curaríamos los males de nuestras sociedades. Ese día ha llegado ya o tenemos que hacer que llegue cuanto antes, ante todo, en aquellos países hermanos que aún vienen con retraso.

Ninguno de los presentes dudamos tampoco que la inversión en Educación y en Investigación, junto con el estímulo de la Innovación, la transferencia de conocimientos y el fomento del espíritu emprendedor, son esenciales para establecer un modelo de crecimiento económico equilibrado y duradero; un modelo que permita alcanzar mayores niveles de bienestar y, por supuesto, mayor inclusión social.

El conocimiento está en la base del desarrollo integral de nuestros pueblos e invertir en él es la mejor garantía para asegurar el progreso. Es, como se ha reiterado hoy aquí, la mejor inversión para nuestro futuro.

El Encuentro que hoy inauguramos se enmarca en los actos de celebración del V Centenario de esta Universidad, la decana de las universidades andaluzas. Con esta ocasión deseo felicitar en la persona de su Rector a los profesores, estudiantes y personal de administración y servicios de la Universidad de Sevilla.

Decía Rafael Altamira, ese ilustre americanista que contó con el patrocinio de la Universidad de Oviedo en su primer viaje a América, "que no todo lo antiguo es viejo, y hay mucho viejo en lo moderno". A lo largo de estos cinco siglos, la Universidad en su conjunto, esta universidad en particular, ha sabido desprenderse de lo caduco y progresar; ha sabido mirar hacia el futuro, aprovechando en cada momento las nuevas oportunidades, manteniendo lo mejor de la Historia y preservando las mejores tradiciones universitarias.

La sala que nos acoge, este magnífico edificio de la Escuela de Ingenieros y sus laboratorios, son una buena muestra de ello. Con el impulso de la Junta de Andalucía, las instalaciones de la Exposición Universal de 1992 sirven hoy al estudio, la investigación, el desarrollo y la innovación de Sevilla, de la sociedad andaluza y española; de la Humanidad, en definitiva, porque nada está hoy más globalizado que el saber. En cada lugar, por modesto que sea, si se arranca una luz para el conocimiento, se sirve al conjunto de los seres humanos.

Como bien conocen, en España estamos a las puertas de una reforma llena de expectativas y de nuevas oportunidades; una reforma con múltiples matices, que acabará situándonos en la corriente principal y común de los sistemas universitarios europeos.

Estamos empezando a adaptarnos, como otros cuarenta países, al llamado Proceso de Bolonia, la convergencia con el Espacio Europeo de Educación Superior, que es, ante todo, una oportunidad para mejora de la calidad global de nuestro sistema y debe propiciar los cambios necesarios y positivos en nuestras titulaciones y planes de estudio pero, sobre todo, en las formas y métodos de enseñanza.

No se trata, con todo, de una cuestión exclusivamente académica. El Gobierno es plenamente consciente de que estamos ante una transformación que exige la participación activa de toda la comunidad universitaria y de todos los agentes sociales; una transformación que ha de acercar Universidad y sociedad; una transformación que ha de estrechar la relación entre formación y empleo, y que ha de servir para flexibilizar y multiplicar las oportunidades para el aprendizaje en un contexto, el de la Sociedad del Conocimiento, en el que la formación continua a lo largo de la vida ha adquirido una importancia estratégica.

Estamos en el camino adecuado, pero todavía en el primer tramo del mismo. Las propuestas que han empezado a formularse en el seno del Consejo de Coordinación Universitaria habrán de ser valoradas por el propio Consejo. Después serán sometidas al dictamen de un grupo de expertos externo y se recabará la opinión sobre ellas de los agentes sociales.

Nada está, pues, cerrado ni decidido y el camino será largo. Tenemos la plena voluntad y disponemos de tiempo para escuchar y atender, reflexionar y decidir. Nos guía para recorrer ese camino una concepción integral y no reductivamente utilitaria de la formación y, en particular, del papel de la Universidad; una Universidad atenta a las demandas globales de una sociedad madura, diversa y culta.

Deseo anunciar hoy el compromiso de mi Gobierno con la presencia de las Humanidades en todos los niveles de nuestro sistema educativo. La formación artística, la Filosofía y la Filología tienen su papel asegurado en nuestra enseñanza universitaria. Estamos en una fase incipiente de la reforma, pero garantizo que, si se producen cambios que afecten a las Humanidades en nuestra Universidad o en cualquier otro nivel educativo, será para realzar su importancia, nunca para reducirla. Ése es mi compromiso y ustedes ya saben que los compromisos me los tomo muy en serio.

"Unidad en la diversidad" es el lema que consagra la Constitución Europea. Vamos, pues, a estar muy atentos a lo que ocurre en los otros países para asegurar nuestra convergencia en el Espacio Europeo de Educación Superior; pero también vamos a garantizar que la reforma atienda a las necesidades del desarrollo cultural, social y económico de nuestro país y de nuestras Comunidades Autónomas en el proyecto común europeo.

Nuestra mejor inserción en Europa mejorará nuestra capacidad para desarrollar la auténtica y más profunda vocación de España: su vocación iberoamericana, que es también la más profunda vocación de la Universidad española: Iberoamérica. Hoy nos reúne aquí Iberoamérica.

Los iberoamericanos nos hemos propuesto avanzar juntos por la senda de la libertad, el progreso y la prosperidad, sin dejar atrás a los más débiles y desfavorecidos. Nos proponemos ser una región abierta a la cultura y al saber. Queremos ahondar en la democracia y obrar en pro de la Paz, la Justicia y la Solidaridad en el mundo.

Las universidades habéis contribuido y estáis contribuyendo como pocas instituciones a la construcción iberoamericana, pero el éxito de esta ambiciosa empresa exige intensificar, ante todo, la cooperación cultural, educativa y social entre nuestras naciones para avanzar en la creación también de un Espacio Iberoamericano del Conocimiento.

Quiero expresarles mi compromiso con la creación de ese Espacio común del conocimiento y anunciarles que propondré, en el marco de la próxima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, el impulso de un Programa Cumbre con ese objetivo. En su definición y desarrollo será fundamental contar con la participación del Consejo Universitario Iberoamericano, al que pido desde este mismo momento su apoyo a la iniciativa. Invito a la Organización de Estados Iberoamericanos a que, junto con el Consejo Universitario Iberoamericano, avance en la definición de las líneas que habránn de vertebrar ese Programa.

Los días 14 y 15 de octubre se celebrará en Salamanca la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Salamanca marcará el inicio de una nueva etapa en la que avanzamos hacia la institucionalización de la Cumbre como foro de concertación política y de cooperación económica y social; y en la consagración de un Espacio iberoamericano de libertad, justicia, cooperación y seguridad desde el respeto a los derechos humanos.

La Secretaría General, que en breve iniciará su andadura, será clave ya que permitirá cubrir el vacío entre las Cumbres; racionalizar programas de cooperación, foros y reuniones internacionales y desde los ámbitos ministeriales y sectoriales; fortalecer la cohesión interna; dar continuidad a un discurso de la Comunidad Iberoamericana e impulsar esa presencia en todos los foros internacionales.

Pero si algo no hemos de olvidar es que, con 209 millones de pobres, de los que 98 millones sufren la indigencia, Iberoamérica es la región más desigual del planeta. Esta realidad, de la que todos somos y hemos de sentirnos responsables, exige acciones inmediatas.

En la Cumbre de San José de Costa Rica los Jefes de Estado y de Gobierno manifestamos nuestro respaldo a la "Declaración de Nueva York sobre la Acción contra el Hambre y la Pobreza", en la que se reitera nuestra convicción de luchar contra la pobreza y la injusticia social en el mundo mediante nuevas iniciativas que hagan del desarrollo económico y social una de las altas prioridades nacionales e internacionales.

Los pueblos de los países iberoamericanos demandan soluciones. Las declaraciones de principios, que constituyen el acervo iberoamericano, ya han sido realizadas. Es hora de actuar. La Educación es un poderoso factor en la lucha contra la pobreza y la exclusión.

En la Declaración de San José, bajo el lema "Educar para Progresar", nos comprometimos a promover en los distintos foros multilaterales el examen y la adopción de mecanismos financieros innovadores, entre los que se encuentra la conversión de deuda por inversión en educación. Es una iniciativa con la que el Gobierno español se siente especialmente comprometido, particularmente vinculado.

La pobreza y la exclusión afectan con mayor violencia a las mujeres, por lo que es necesario formular estrategias multisectoriales para garantizar la equidad de género en la educación.

Tenemos también muy en cuenta que buen número de las comunidades indígenas de América, los más viejos habitantes del continente, están sometidas a una vergonzosa situación de pobreza y exclusión social, que con frecuencia se acompaña de postergación cultural. Esta situación no sólo se refleja en las inferiores condiciones materiales y espirituales de vida de estas comunidades, sino que además lastra las posibilidades de desarrollo de sus países. Por eso la cooperación española se implicará en el apoyo claro de los pueblos indígenas mediante el fomento del autodesarrollo. Éste es otros de los objetivos de mi Gobierno en la relación intensa que queremos con América Latina.

Rectoras y Rectores de las universidades iberoamericanas,

Las universidades a las que representan tienen ante sí la gran responsabilidad de liderar la Sociedad del Conocimiento. El nuevo contexto económico y social exige calidad y pertinencia, respuestas locales y globales. La creciente internacionalización de las instituciones ha dado paso a la emergente creación de macroespacios comunes de educación superior e investigación. De ahí la necesidad de nuestra acción conjunta.

La institución centenaria a la que representan se ha ganado el reconocimiento social del que hoy goza. Quiero agradecerles el compromiso de los universitarios con la sociedad, con la búsqueda diaria de la verdad, la justicia y la libertad, con el respeto a los derechos humanos y con la tolerancia y la solidaridad.

Hace unos meses el Rector de la Universidad Autónoma de México y Presidente de este Encuentro tuvo la amabilidad de hacerme llegar un ejemplar del libro "Los maestros del exilio español en la Facultad de Derecho"; un libro pleno de ejemplos de ese compromiso reafirmado con generosidad y valentía en los momentos más difíciles; entre ellos el del profesor Manuel Pedroso, Decano de la Facultad de Derecho y Vicerrector de la Universidad de Sevilla, al que el ilustre escritor Carlos Fuentes recordaba en su discurso al recibir el Premio Cervantes.

La historia de la cooperación universitaria iberoamericana está hecha de fructíferos, a veces dolorosos, caminos de ida y vuelta, unos caminos que hoy se despejan más que nunca y que avanzan en una sola y misma dirección.

Señor Presidente de Universia,

Mi enhorabuena por este proyecto que en sus apenas cinco años de vida se ha convertido ya en una brillante y prometedora realidad, ejemplo y orgullo de una empresa de nuestro país ante el mundo, vinculada con nuestros mejores hermanos. Universia es un instrumento inigualable para la cooperación entre las instituciones de educación superior y también lo es para el acercamiento entre universidad y sociedad. Mi enhorabuena por ésta y otras iniciativas. Sé, Emilio, que lo mejor está aún por venir y que este proyecto lleva el sello "Botín", que es el sello del compromiso social y de la ambición por la modernidad.

Les deseo mucho éxito en los trabajos que van a realizar estos días. Estoy seguro de que los abordarán con el espíritu crítico que caracteriza a los universitarios. Los temas que se tratarán y las propuestas que surgirán de los debates serán, sin duda, del mayor interés para el futuro de la Universidad y de Iberoamérica; para ese futuro próspero y compartido que queremos para la Comunidad Iberoamericana de Naciones, para todos nuestros pueblos.

España y Portugal no son sin Latinoamérica y Latinoamérica no es sin España y Portugal. Aventurémosnos unidos hacia el futuro y alentados por la pasión por el saber y por la justicia.

Muchas gracias.

 

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