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Foro de debate: "Desarrollo de la inteligencia en las primeras edades"

Tema 4: Bases neurofisiológicas de la inteligencia .

Acerca de la inteligencia

31-03-04

Autor: Dr.C. Raúl Rodríguez Calzado
Vicedecano de Investigaciones y Postgrado de la Facultad de Educación Infantil, Universidad Pedagógica Enrique J. Varona. Doctor en Ciencias Pedagógicas y miembro del Proyecto de Investigación del Desarrollo del Talento.

La determinación de la influencia de los factores biológicos en el desarrollo de la inteligencia ha sido a través de los años, uno de los aspectos de mayor interés para diferentes especialistas de las Ciencias Pedagógicas y Psicológicas.

En la búsqueda de una respuesta adecuada han surgido diferentes posiciones. Algunas, reduccionistas, adjudican el papel principal a factores biológicos que trae el individuo desde el nacimiento; otras, absolutizan la influencia de factores sociales como el medio familiar o la comunidad donde el niño se desarrolla. Por otra parte, existen posiciones que plantean que el desarrollo de la inteligencia depende de la interacción entre factores biológicos y sociales, como son las condiciones de vida y de educación en que les ha tocado vivir.

Tomando como premisa la última de estas posiciones, debe considerarse que las predisposiciones existentes en el patrimonio biológico de los individuos no podrían manifestarse si no lo propician las condiciones de vida en que estos se desarrollan.

Sin embargo, el tratamiento de lo biológico no implica solamente la determinación de los factores que se involucran en el desarrollo de la inteligencia. Es por ello que de manera general, al referirnos a lo biológico pudiéramos hacerlo en tres dimensiones:

I.- La influencia de la herencia y del ambiente.
II.- Factores que desde el punto de vista biológico sustentan las posibilidades de desarrollo de la inteligencia.
III.- La localización cerebral de las funciones intelectuales.

Esos tres aspectos están interrelacionados y verlo así, resulta metodológicamente ventajoso.

I.- Influencia de la herencia y del ambiente.

A través de la historia, los científicos se han manifestado en sentido general, a partir del otorgamiento de un mayor o menor peso, a uno u otro elemento de ese par de categorías.

Sin embargo, debe reconocerse que en el ser humano hay conductas que son predominantemente innatas o predominantemente adquiridas. Algunas manifestaciones de la conducta humana como la locomoción, las expresiones faciales o el movimiento de las cejas (ascenso y descenso), como parte de una respuesta entre los individuos que se conocen, tienen fuertes componentes innatos. Los bebés ciegos de nacimiento tienen una oportunidad limitada para aprender las expresiones faciales, sin embargo, sus respuestas faciales pueden parecer normales. No obstante, ninguna de esas manifestaciones son absolutamente innatas; todas son influidas por la experiencia, es decir, el aprendizaje. De la misma manera, aún las conductas más aprendidas o de carácter social como lo pueden ser las relacionadas con el lenguaje, están influidas y tienen sus componentes innatos.

Lo real es que los genes no pueden verse como "responsables" directos de una u otra conducta inteligente. Los genes codifican la síntesis de proteínas estructurales y enzimáticas necesarias para la formación y desarrollo de los circuitos neurales, la síntesis de neurotrasmisores, los factores moduladores, etc. Este fenómeno comienza desde el mismo momento en que empieza a diferenciarse el tejido nervioso en el embrión humano.

Sin embargo, desde el momento de la concepción en el claustro materno, el ambiente comienza a ejercer su influencia. Muchos son los factores que influyen en el desarrollo, tanto en la vida prenatal como postnatal. La edad de la madre, su régimen de vida durante el embarazo, factores de riesgo perinatales, la organización higiénica del ambiente social en que se desarrolla el niño, el nivel de estimulación que recibe, entre otros, forman una amplia gama de factores cuya importancia relativa desde el punto de vista del nivel de influencias, debe ser conocido por los educadores. Si la inteligencia es vista como un fenómeno invariablemente heredado, entonces el papel del maestro es el de diseminador de materiales consumidos por el niño. Por el contrario, si es visto como algo que puede ser cultivado, alterado o facilitado, entonces lo ve como algo en lo que se siente involucrado y por tanto, se siente responsable del aprendizaje o del no aprendizaje del niño.

El conocer en qué medida diferentes factores pueden influir sobre las posibilidades de desarrollo de la inteligencia, le da al maestro la posibilidad de conocer en qué condiciones está el niño y tenerlo en cuenta en sus estrategias de trabajo.


II.-Factores que desde el punto de vista biológico sustentan las posibilidades de desarrollo de la inteligencia.

El sustrato material de los procesos mentales es el cerebro, no es posible la actividad psíquica del ser humano sin la actividad funcional del cerebro, ni existe actividad nerviosa superior sin el reflejo en este de su realidad. Esto hace indispensable las condiciones sociales para el despliegue, entonces, del potencial humano.

De esta manera, si bien existen determinados patrones que se manifiestan de acuerdo con la herencia, las bases neurales del desarrollo de la inteligencia están dadas en primer lugar, por la respuesta del cerebro a la estimulación que el individuo recibe desde el mismo momento de su nacimiento. A esto debe agregarse, el desarrollo que tiene lugar por el fenómeno de plasticidad, es decir, las posibilidades de maleabilidad del cerebro infantil. Son los fenómenos relacionados con el aprendizaje y sus bases neurales (variaciones estructurales y funcionales de acuerdo con la experiencia individual), los que al interactuar con las potencialidades genéticas dan la posibilidad de desarrollar la inteligencia.

El cerebro del niño no manifiesta un alto nivel de especialización en relación con el desarrollo de las funciones intelectuales. El proceso resulta, tanto del crecimiento y desarrollo neural (mielogénesis y sinaptogénesis), como del aprendizaje (plasticidad), en correspondencia con diferentes períodos sensitivos o críticos. Se ha demostrado experimentalmente que esos procesos, la manera y la velocidad con que se manifiestan, están en dependencia de la estimulación y de la experiencia individual. La detección e intervención temprana y oportuna es un reto y un imperativo para los educadores de hoy en día.


III.- La localización cerebral de las funciones intelectuales.

El estudio de las bases neurales de la inteligencia está en relación con los diferentes enfoques con que ha sido tratada a nivel psicológico, es decir, con las evidencias neurológicas que sustentan las teorías acerca de la existencia de un factor "g" de carácter general o de diferentes aptitudes primarias.

Hasta el momento no hay evidencias neurológicas importantes que demuestren la existencia de una función del cerebro que se corresponda con la inteligencia o capacidad general. El cerebro adulto no parece ser equipotencial para la inteligencia, y diferentes aptitudes son sustentadas en forma separada por el cerebro; estas pueden ser independizables por las lesiones cerebrales focales. Sin embargo, no se puede decir aún la última palabra.

Por otra parte, como ya fue abordado anteriormente, en el niño el desarrollo intelectual se sustenta de manera más unitaria, en correspondencia con el grado de redundancia sináptica que se manifiesta en el cerebro.

Las lesiones cerebrales en la infancia tienden a tener efectos menos selectivos sobre las capacidades que las lesiones que se producen con posterioridad, y progresivamente se va manifestando el proceso de diferenciación.

En estudios con potenciales relacionados a eventos (PRE), marcadores electrofisiológicos de eventos sensoriales, cognitivos o motores, se han dado variedad de resultados. Algunos han mostrado poca o ninguna correlación entre parámetros de los PRE y un coeficiente general de inteligencia. Sin embargo, son más consistentes los que muestran correlaciones entre componentes de los PRE ante determinadas tareas y diferentes aspectos de los tests de inteligencia (Stauder y cols., 1993; Robaey y cols., 1994). Stauder y cols muestran con un análisis topográfico, que grupos con alto y bajo coeficiente de inteligencia (determinado con un test de Raven), no sólo activan diferentes áreas cerebrales en diferentes puntos de tiempo durante una tarea aritmética, sino que también muestran diferentes cursos maduracionales.

De manera que parece ser, que si bien pudiera haber mayores o menores potencialidades generales para el aprendizaje en los niños, lo más consistente es que estos pueden ser más rápidos y mejores en unos tipos de aprendizajes que en otros. Como ya se ha expresado además, diferentes funciones tienen diferentes períodos críticos en el desarrollo. Detectarlos temprana y oportunamente constituye aún un problema no resuelto completamente.


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