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Día Internacional de las Personas Refugiadas

OEI . 20/06/2017
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Según datos de ACNUR, en 2016 los refugiados y/o solicitantes de refugio y protección internacional ascendían a 65,6 millones. Sin embargo, los refugiados no son sólo cifras: son individuos, familias, menores… que deciden iniciar una huida a causa de situaciones límites poniendo en en juego su vida, integridad y seguridad personal.

En el Día Internacional de las Personas Refugiadas  la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) quiere poner de relieve la situación que viven miles de personas, particularmente en Centroamérica. Desde hace ya varios años, ACNUR viene señalando que la población desplazada forzosamente en la región centroamericana (especialmente en El Salvador, Honduras y Guatemala) se encuentran en una coyuntura similar a la que se puede vivir en una guerra.

La persecución, el control y la extorsión permanente por parte de las maras –y redes criminales- hacia la sociedad civil es permanente y va en aumento. Cuando los miembros de las maras identifican desacatos a sus leyes del terror por parte de los individuos en la sociedad civil, éstos son  puesto en la mira de las represalias para ejercer violencia, tortura, violaciones y un alto índice de crímenes que van en contra de los derechos humanos.

La violencia ha aumentado, lo que acarrea un incremento en el desplazamiento (interno -dentro de cada uno de los países- e internacionales) de las personas en busca de seguridad y oportunidades. Independientemente de si las personas se mueven dentro del país o hacia fuera, la espiral descendente de sus condiciones de vida y seguridad son similares:

  • Suelen huir de la amenaza de violencia o violencia ejercida sobre ellos mismos y sus familias,
  • Son huidas poco planificadas y urgentes escapando de la amenaza,
  • Abandonan casas, negocios y medios de subsistencias que, por lo general, son recogidos por las maras y redes criminales
  • Los menores abandonan la escuela y aquellos no acompañados suelen ser captados por las redes criminales para continuar la explotación y/o hacerlos miembros de las maras.

Pierden, en definitiva, sus vidas, sus condiciones, sus redes y oportunidades para iniciar tránsitos migratorios muy inciertos y, por lo general, con escasas posibilidades de reintegración. Entre las personas que huyen hay un aumento en el número de mujeres, niñas y menores no acompañados aunque, al ser un fenómeno sin control,  es difícil tener cifras exactas. ACNUR estima que buena parte de quienes buscan asilo en los países de la región son niños y adolescentes, mujeres, pequeños comerciantes, periodistas, activistas de Derechos Humanos o miembros de la comunidad LGTB, entre otros. La mayoría ve denegado el asilo y protección como refugiados y son deportados a sus países corriendo el riesgo de que los peligros  que los hicieron salir de su país continúen. 

Por ello, hoy queremos mirar hacia Centroamérica y en especial a los y las menores que sufren estas situaciones, enfatizando la necesidad de compromisos nacionales e internacionales para otorgarles protección y oportunidades.