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Los diez mandamientos del Profesor
(según Polya)
A diferencia de los Divertimentos anteriores, en los que primaban
los aspectos humorísticos, la sección que hoy presentamos
es perfectamente seria. El Decálogo del Profesor está
incluido en una de las obras didácticas fundamentales de Pólya,
El descubrimiento de las matemáticas, de la que, hasta donde
alcanza nuestro conocimiento, no hay versión al español.
A modo de presentación, incluímos aquí.
Unas palabras sobre George Pólya (1887-1985)
La
obra de George Pólya es bien conocida por todos los matemáticos,
ya sean investigadores o profesores que se limiten a su labor docente.
Es uno de los nombres míticos en la historia moderna de las matemáticas
y su enseñanza, sobre todo a través de los problemas. Sus
tres libros sobre la enseñanza de nuestra ciencia:
- "Cómo plantear y resolver problemas", Ed. Trillas,
México, 1965;
- "Matemáticas y razonamiento plausible", Ed. Tecnos,
Madrid, 1966, y
- "La découverte des mathématiques", Ed. Dunod,
París, 1967.
Son de lectura obligada para todo profesor que sienta mínimamente
que su enseñanza de las matemáticas debe ir más allá
de mantener a los alumnos "quietos y callados" en sus pupitres.
Con anterioridad a estos libros se había publicado, en la famosa
"colección amarilla" de Springer, primero en alemán
y más tarde en inglés, una de las mejores colecciones de
problemas de Análisis Matemático, "Aufgaben und Lehrsätze
aus der Análisis", que escribió conjuntamente con su
gran amigo Gabór Szegö, y de la que han aparecido numerosas
ediciones. Entre los estudiantes de mi generación, "el Polya-Szegö",
como se le conocía vulgarmente, era un libro de referencia obligada.
Otra obra esencial de Pólya, con Hardy y Littlewood, es "Inequalities"
(Cambridge U.P., 1934).
Polya nació en Budapest el 13 de diciembre de 1887. En un principio
no se sintió especialmente atraído por las matemáticas,
sino por la literatura y la filosofía. Su profesor de esta última,
el Prof. Alexander, le sugirió que siguiera cursos de física
y de matemáticas para mejorar su formación filosófica.
Este consejo marcó para siempre su carrera. Las magníficas
lecciones de Física de Loránd Eötvös, y las no
menos excelentes de Matemáticas de Lipót Fejér influyeron
decisivamente en la vida y obra de Pólya. Entre los discípulos
de Fejér estaban Marcel Riesz, Otto Szás, Mihaly Fekete,
Gábor Szegö, Tibor Radó, y más tarde Paul Erdös
y Paul Turán. Además de las clases "regulares",
Fejér se reunía con ellos en un café de Budapest
y resolvía problemas mientras les contaba historias y anécdotas
sobre los matemáticos que había conocido.
En 1940, huyendo de Hitler, Pólya y su esposa suiza (Stella V.
Weber) se trasladaron a los Estados Unidos. Pólya hablaba (según
él, bastante mal) además del húngaro, alemán,
francés e inglés, y podía leer y entender algunos
más. Se instalaron en Palo Alto, California, y obtuvo trabajo en
la Universidad de Stanford. Durante su larga vida, académica y
profesional, Pólya recibió numerosos premios y galardones
por su excepcional trabajo sobre la enseñanza de las matemáticas
y su importantísima obra investigadora.
Cuando se le preguntaba cómo había llegado a ser matemático,
solía decir, medio en broma, medio en serio: No era lo suficientemente
inteligente para ser físico, y demasiado para ser filósofo,
así que elegí matemáticas, que es una cosa intermedia.
Fue un viajero impenitente (aunque nunca condujo automóviles) que
curiosamente descubrió a los 75 años de edad las comodidades
de los viajes en avión, cruzando el Atlántico y el continente
americano varias veces.
En una conversación telefónica con Paul Erdös, éste
prometió a Pólya una gran fiesta con motivo de su centenario.
Pólya replicó: 100 años bueno, pero no más.
Pólya murió en Palo Alto el 7 de septiembre de 1985
Bibliografía
G.Pólya, The Pólya Picture Album. Encounters of a mathematician.
Birkhäuser, 1987.
A. Arvai Wieschenberg, A conversation with George Pólya, en Mathematics
Magazine,vol.60, no.5, Diciembre 1987, pp.265-268.
M.M.Schiffer, George Pólya (1887-1985), en Mathematics Magazine,vol.60,
no.5, Diciembre 1987, pp.268-270 (necrológica de Pólya en
la Universidad de Stanford, el 30 de octubre de 1987).
Francisco Bellot Rosado
Los diez mandamientos del Profesor
(según Polya)
- Demuestre interés por su materia. Si el profesor se
aburre, toda la clase se aburrirá.
- Domine su materia. Si un tema no le interesa personalmente,
no lo enseñe, porque no será Vd. capaz de enseñarlo
adecuadamente. El interés es una condición necesaria,
pero no suficiente. Cualesquiera que sean los métodos pedagógicos
utilizados, no conseguiréis explicar algo claramente a vuestros
estudiantes si antes no lo habéis comprendido perfectamente.
De ahí este segundo mandamiento. El interés es el primero,
porque, con algunos conocimientos junto con una falta de interés,
se puede uno convertir en un profesor excepcionalmente malo.
- Sea instruído en las vías del conocimiento: el mejor
medio para aprender algo es descubrirlo por sí mismo. Se
puede obtener gran provecho de la lectura de un buen libro o de la audición
de una buena conferencia sobre la psicología del acto de aprender.
Pero leer y escuchar no son absolutamente necesarios y en todo caso
no son suficientes : hay que conocer las vías del conocimiento,
estar familiarizados con el proceso que conduce de la experiencia al
saber, gracias a la experiencia de vuestros propios estudios y a la
observación de vuestros estudiantes.
- Trate de leer en el rostro de sus estudiantes, intente adivinar
sus esperanzas y sus dificultades; póngase en su lugar. Aunque
uno se interese por el tema, lo conozca bien, se comprendan los procesos
de adquisición de los conocimientos, se puede ser un mal profesor.
Es raro, pero muchos hemos conocido profesores que, siendo perfectamente
competentes, no eran capaces de establecer contacto con su clase. Ya
que la enseñanza del uno debe acompañarse por el aprendizaje
del otro, tiene que existir un contacto entre el Profesor y el estudiante.
La reacción del estudiante a vuestra enseñanza depende
de su pasado, de sus perspectivas y de sus intereses. Por lo tanto,
téngase en consideración lo que saben y lo que no saben;
lo que les gustaría saber y lo que no les importa; lo que deben
conocer y lo que no importa que no sepan.
- No les deis únicamente "saber", sino "saber
hacer", actitudes intelectuales, el hábito de un trabajo
metódico. El conocimiento consiste, parte en "información"
y parte en "saber hacer". El saber hacer es el talento, es
la habilidad en hacer uso de la información para un fin determinado;
se puede describir como un conjunto de actitudes intelectuales; es la
capacidad para trabajar metódicamente. En Matemáticas,
el "saber hacer" se traduce en una aptitud para resolver problemas,
construir demostraciones, examinar con espíritu crítico
soluciones y pruebas. Por eso, en Matemáticas, la manera cómo
se enseña es tan importante como lo que se enseña.
- Enseñadles a conjeturar. Primero imaginar, después
probar. Así es como procede el descubrimiento, en la mayor parte
de los casos. El profesor de Matemáticas tiene excelentes ocasiones
para mostrar el papel de la conjetura en el campo del descubrimiento
y hacer así que los estudiantes adquieran una actitud intelectual
fundamental. La conjetura razonable debe estar fundada en la utilización
juiciosa de la evidencia inductiva y de la analogía, y encierra
todos los conocimientos plausibles que pueden intervenir en el método
científico.
- Enseñadles a demostrar. "Las matemáticas
son una buena escuela de razonamiento demostrativo". De hecho,
la verdad va más allá: las matemáticas pueden extenderse
al razonamiento demostrativo, que se infiltra en todas las ciencias
desde que alcanzan un nivel matemático y lógico suficientemente
abstracto y definido.
- En el problema que estéis tratando, distinguid lo que puede
servir, más tarde, a resolver otros problemas - intentad revelar
el modelo general que subyace en el fondo de la situación concreta
que afrontáis. Cuando presentéis la solución
de un problema, subrayad sus rasgos instructivos. Una particularidad
de un problema es instructiva si merece ser imitada. Un aspecto bien
señalado, en un problema, y vuestra solución puede transformarse
en un modelo de resolución, en un esquema tal que, imitándole,
el estudiante pueda resolver otros problemas.
- No reveléis de pronto toda la solución; dejad que
los estudiantes hagan suposiciones, dejadles descubrir por sí
mismos siempre que sea posible. He aquí una pequeña
astucia fácil de aprender: cuando se empieza a discutir la solución
de un problema, dejad que los estudiantes adivinen su solución.
Quien tiene una idea o la ha formulado, se ha comprometido: debe seguir
el desarrollo de la solución para ver si lo que ha conjeturado
es exacto o no, con lo que no puede despistarse. Voltaire decía:
"El secreto para ser aburrido es decirlo todo".
- No inculquéis por la fuerza, sugerid. Se trata de dejar
a los estudiantes tanta libertad e iniciativa como sea posible, teniendo
en cuenta las condiciones existentes de la enseñanza. Dejad que
los estudiantes hagan preguntas; o bien planteadles cuestiones que ellos
mismos sean capaces de plantear. Dejad que los estudiantes den respuestas;
o bien dad respuestas que ellos mismos sean capaces de dar.
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