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XVIII
Olimpíada Iberoamericana de Matemática
Mar del Plata, 13 al 20 de septiembre de 2003
Tres razones para estudiar matemáticas
Rafael Pérez Gómez (Universidad de Granada, España)
Conferencia pronunciada el 12 de septiembre de 2003 en el Acto Académico
de Presentación de la XVIII Olimpíada Iberoamericana de
Matemática en Buenos Aires (Argentina)
¿Qué son las Matemáticas? Si hacemos a una persona
que va por la calle esta pregunta, lo más probable es que nos responda:
nunca se me dieron bien los números, aunque reconozco
que es muy importante saber operar y calcular correctamente;
quizás recuerde aquellos problemas de trenes o de pintores
de una pared, o recipientes que había que llenar de formas absurdas,
o ... ¡qué horror!; también es posible que
oigamos casi todos los días había una auténtica
orgía con torres de quebrados, paréntesis, exponentes, simplificaciones,
... y cuando preguntábamos que todo aquello para qué servía
se nos contestaba que más adelante lo veréis; etc.
Y así, dependiendo del nivel alcanzado en sus estudios, suelen
manifestar sus recuerdos sobre una serie de cálculos tan maravillosos
como inútiles.
Si observamos qué han dicho personajes que ocupan un lugar destacado
en la historia de las Matemáticas por sus aportaciones, vemos que
las opiniones anteriores están en la línea de la de Aristóteles
(n. 384 a.C.): Es la ciencia de la cantidad. Desde
ahí hasta llegar a aceptar que son el arte de pensar bien,
hay tanta distancia como siglos necesarios para llegar a su estado actual.
Independientemente de la visión aristotélica, aquellos
griegos acuñaron el nombre maqhma,
en trascripción latina: mathema que quiere expresar conocimiento.
De género femenino, es una ciencia deductiva que estudia las propiedades
de los entes abstractos, como números, figuras geométricas
o símbolos, y de sus relaciones. También se utiliza en plural
con el mismo significado que en singular. La palabra Matemático,
ca se deriva de la griega maqhmatikoz. Utilizada como adjetivo tiene
el significado de exacto, preciso. También es utilizada
para referirse a una cosa perteneciente o relativa a las matemáticas.
Como sustantivo, masculino o femenino, se usa para nombrar a la persona
que profesa las matemáticas o tiene en ellas especiales conocimientos.
Estos significados figuran en el Diccionario de la Lengua Española,
o de la Real Academia Española encargada, como se dice en el preámbulo,
de perfeccionarlo y actualizarlo de manera continuada. En lo referente
a la palabra Matemática debería hacerlo porque el
significado que ofrece no es del todo adecuado. Viene a decir que la Matemática
es una ciencia que trata de estudiarse a sí misma al estudiar sólo
aquellos objetos creados por ella, lo que entra en contradicción
con el significado de la palabra griega de la cual se deriva: conocimiento.
¿Conocimiento, de qué? ¿Del conocimiento extraído
del propio conocimiento matemático inicial? No necesariamente.
Es más, con la palabra maqhma se refirieron los griegos, desde
el siglo VII al II a. C, a la herramienta creada desde su inteligencia
con la que eran capaces de interpretar y, lógicamente, conocer
y explicar el mundo en el vivían. Lo que en sus orígenes
fueron ideas por ejemplo, sobre la unidad y la multiplicidad- que
para expresarlas intentaban visualizar mediante símbolos o figuras
con distintos significados en el ejemplo considerado antes, los
números y sistemas de numeración-, fueron organizándose
y perfeccionando de modo sistemático hasta llegar a la elaboración
de estructuras profundas de pensamiento capaces de crear, por si misma,
conocimiento al margen de la realidad tangible siguiendo con nuestro
ejemplo, las paradojas de Zenón y la idea del infinito matemático
alejado de la realidad- haciendo uso de lo que hoy llamamos habilidades
superiores. La creación de objetos geométricos tales
como polígonos y poliedros, de lugares geométricos y su
medida numérica les permitió dar un modelo de su universo
y, ordenando el conocimiento producido, surge una forma de pensar de la
que se nace nuevo conocimiento. Los Elementos, por ejemplo, es
un ejemplo paradigmático de lo que digo.
Filón de Alejandría (20 a. C.-50), que definió las
Matemáticas como la ciencia de las ideas suministradas por la
sensación y la reflexión respecto de sus necesarias
consecuencias, utiliza la palabra matemáticas en
el sentido indicado, pues incluye en ella, además de sus partes
más esenciales, que son la teoría de los números
y la geometría, también la aritmética práctica
de los griegos, la geodesia, la mecánica, la óptica (o geometría
proyectiva), la música y la astronomía.
Esta forma de pensar acerca de las Matemáticas llegó hasta
Galileo (1564-1642): ciencia necesaria para conocer el mundo.
Y Descartes (1596-1650) lo acaba bordando: Es la ciencia del
orden y la medida.
De este modo podemos pensar en una matemática aplicada
y otra pura, en un pensamiento matemático que se plantea,
como decía Albert Einstein, la siguiente paradoja: ¿Cómo
es posible que las Matemáticas, un producto del pensamiento humano,
que es independiente de la experiencia, se ajusta tan excelentemente a
los objetos de la realidad física? ¿Puede la razón
humana sin experiencia pensar propiedades de las cosas reales? Pues,
a lo que se ve sí. El carácter abstracto de los objetos
matemáticos y la teoría que se construye con ellos deductivamente
la hacen análoga a un juego, un gran juego.
La modelización matemática es la clave de ese juego. Según
Sixto Ríos (1995, Modelización, p. 17, Alianza Editorial),
es un proceso mental que conduce a convertir un problema opaco
de la realidad en un problema clarificado matemático, de modo que
resolviendo éste se consiga una solución o, al menos, un
buen conocimiento del primero.
R. Aris (1978, Mathematical Modelling Techniques, Pitman, San Franciasco),
utilizando el propio lenguaje matemático, dice que un
modelo matemático es cualquier sistema completo y compatible de
ecuaciones matemáticas, diseñadas para que correspondan
con alguna otra entidad, su prototipo. Tal prototipo puede ser una entidad
física, biológica, social, psicológica o conceptual,
tal vez, incluso, otro modelo matemático.
Desde esta visión, nada tiene de extraño el que suela decirse
que las Matemáticas son la reina de las ciencias ya que
todas necesitan de su autoridad para que la de cada una se reconozca.
Aunque, si bien es la reina, también es su doncella
porque a todas sirve en sus desarrollos. No obstante, y como muy bien
concluye Aris, son la reina de las ciencias porque tienen, además,
una característica que las diferencia del resto: la posibilidad
de vida independiente. Es decir, su sangre azul radica en el hecho de
su capacidad de existir en cualquiera de los mundos posibles sin más
necesidad que el desarrollo de las habilidades llamadas de orden superior
del intelecto humano.
Independientemente de ocuparse en esclarecer problemas opacos,
las Matemáticas desarrollan modelos sin necesidad de intentar resolver
un determinado problema, por lo que se convierten en un juego.
Me explico. Para jugar se necesitan fichas, un tablero y unas
reglas; el juego consiste en alcanzar una meta. Ahora bien, un juego matemático
exige, además, que tanto las fichas como el tablero sólo
existan en nuestra imaginación, aunque para seguir mejor los razonamientos
podamos dar algún tipo de representación de los mismos.
Apliquemos esta idea tan sencilla a la teoría conocida como
geometría euclidea plana: los puntos y las rectas son las
fichas, el plano es el tablero, los postulados son las reglas y la meta
a alcanzar consiste en llegar a una casilla del tablero definida por una
proposición; una vez alcanzada una casilla, puede ser usada como
regla de juego; se puntuará doble si se alcanza una casilla siguiendo
un atajo; gana quien consiga llegar más lejos;
en caso de empate, gana quien haya alcanzado mayor puntuación;
puede haber más de una persona ganadora. A estas alturas, no cabe
la menor duda de que se trata de un gran juego, la matemática toda
es un gran juego y, como en cualquier juego, hay personas a quienes no
les gusta, a quienes lo admiten un rato y a quienes les apasiona. Sus
resultados teóricos pueden explicar nuevamente la realidad
de las cosas, cosa que tampoco existe salvo, al parecer por la
afirmación, para los físicos como Einstein, en tanto en
cuanto que es cambiante. Es decir, existe en tanto que se trata de un
concepto, de una idea que, visualizada de algún modo, se convierte
en realidad física pero que las Matemáticas se encargarán
de ir cambiándolo a medida que generan más teoría
al respecto para que podamos aplicarla, seamos físicos o no.
Así pues, en el punto en el que nos encontramos, la siguientes
afirmaciones son sólo puntos de vista, más o menos originales,
convergentes en la idea que todos tenemos de las Matemáticas y
que reconocemos como ciencia independiente de las demás, con vida
en sí misma:
Benjamin Peirce (1809-1880) escribió en 1870 que: Es
la ciencia que obtiene conclusiones necesarias.
Felix Klein (1849-1925): Es la ciencia de las cosas evidentes
por si mismas.
David Hilbert (1862-1943): Es un juego formal sin significación.
Bertrand Russell (1872-1970): Es la materia en la que no sabemos
de qué estamos hablando, ni si lo que decimos es verdad.
Alfred NorthWhitehead (1861-1947): Es el desarrollo de todos
los tipos de razonamiento formal, necesario y deductivo.
Marshall H. Stone (ca. 1961): Es el estudio de sistemas abstractos
generales, cada uno de los cuales se construye con elementos abstractos
específicos y está estructurado por la presencia de relaciones
arbitrarias, pero inequívocas entre ellos.
A pesar de todo lo dicho, quiero concluir esta visión panorámica
con las palabras de Sanders MacLane (n. 1909) que recogen una visión
acertada, completa y profunda del alma de las Matemáticas: Consiste
en el descubrimiento de estadios sucesivos de las estructuras formales
subyacentes al universo existencial de la Humanidad, con énfasis
en aquellas estructuras de amplia aplicabilidad y aquellas que reflejan
aspectos profundos del citado universo.
¿Por qué enseñar Matemáticas? Al expresar qué
son las Matemáticas es evidente que hay muchísimas razones
para tener que enseñarlas. Pero, además de lo dicho de las
Matemáticas como ciencia, y de cara a la Educación, es importante
no olvidar otros aspectos esenciales en las mismas.
A lo largo de la Historia, las Matemáticas han ocupado un lugar
predominante en los currículos escolares. Han alcanzado este protagonismo
no tanto por la importancia que tienen en si mismas como por razones de
tipo cultural y social. Es tal la importancia lograda que prácticamente
se enseña en todas las escuelas del mundo.
Tradicionalmente han existido dos razones básicas para enseñar
Matemáticas:
a) Su facultad para desarrollar la capacidad de pensamiento.
Luis Vives, s. XVI, ya señaló que son una asignatura
para manifestar la agudeza de la mente. En el momento actual
se sabe que su incidencia en el desarrollo de la capacidad de razonamiento
de una persona depende del modo en que se enseñen (Cockcroft, 1985).
b) Su utilidad, tanto para la vida cotidiana como para el aprendizaje
de otras disciplinas necesarias para el desarrollo personal y profesional.
La facultad de predecir de las Matemáticas es utilizada
a diario a nivel vulgar: qué gasolina gastaremos en un viaje, cuál
es su costo, tiempo en seremos alcanzados por una tormenta, etc. A lo
largo de la Historia se han dado situaciones conocidas por todos en las
que un matemático predijo algún eclipse o hecho insólito.
Por citar sólo un caso, y aunque esta predicción a la que
voy a referirme no está al alcance de cualquiera, recordaré
la del algebrista John Couch Adams, quien con lápiz y papel, demostró
en 1846 la existencia de Neptuno a partir de las alteraciones sufridas
en la órbita de Urano por un elemento extraño;
señaló las coordenadas del objeto que alteraba la órbita
y a los expertos sólo les quedó enfocar sus telescopios.
Las Matemáticas parecen poseer el asombroso poder de
explicar cómo funcionan las cosas, por qué son como
son y qué nos revelaría el universo si fuésemos capaces
de escuchar. (Cole, 1999, p.11). Esto entronca de lleno con
el pensamiento griego ya que explicaron un mundo relativamente sencillo,
y ahora se ocupan de hacerlo con otro más complejo. Son, pues,
una herramienta de gran utilidad para predecir, explicar y representar
todo lo que nos rodea.
Si nos salimos de su aplicabilidad en tareas cotidianas, no es menos
cierto que existe una razón de orden práctico para su presencia
en la formación de personas, a muy distinto nivel: son necesarias
para desarrollar habilidades laborales y dar respuesta a cuestiones científicas
y tecnológicas. Desde este punto de vista, y puesto que afectan
a los conocimientos esenciales para la práctica ciudadana responsable
y efectiva, surge el llamado enfoque cultural de la enseñanza
de las Matemáticas que pasa, necesariamente, por enseñarlas
en contextos sociales de interés para quienes han de aprenderlas.
Además de las dos razones ya consideradas, habría que añadir
una tercera que no suele explicitarse demasiado: La potencia de las Matemáticas
como medio de comunicación. Comenta Carl Sagan (1982) que
hay un lenguaje común para todas las civilizaciones técnicas,
por muy diferentes que sean, y éste es la ciencia y las Matemáticas.
La razón está en que las leyes de la Naturaleza son idénticas
en todas partes. Así, las naves exploratorias Voyager, que desde
1977 buscan vidas inteligentes fuera de nuestro planeta, llevan ejemplos
de Matemáticas en la información sobre la vida en la Tierra.
Al pensar sobre este aspecto tan interesante, vienen a nuestra mente
imágenes de ecuaciones, símbolos y figuras que están
escritos en un lenguaje universal utilizado en cualquier parte del mundo.
Este carácter que tiene de metalenguaje es lo que realmente ha
hecho que el lenguaje matemático sea el lenguaje de las ciencias
y la tecnología. Pero este aspecto es evidente, por lo que conviene
salir del ámbito científico para ver cómo se utilizan
los conceptos matemáticos para comunicar ideas y sentimientos.
Quienes mejor comunican, y han comunicado siempre, son los escritores
y, en general, los artistas. Saben hacer que las ideas resuenen en nuestras
cabezas y hasta en nuestros estómagos. En este mundo, las Matemáticas
siempre han estado presentes. Por ejemplo, es consustancial al ser humano
el pensamiento sobre el infinito. A modo de ejemplo, diré que J.L.
Borges realizó dos interesantes ensayos, La perpetua carrera
de Aquiles y la tortuga y Avatares de la tortuga (Borges, 1995a)
en los que fabuló sobre las paradojas y el infinito, tema éste
último que forma parte de La lotería de Babilonia, La
Biblioteca de Babel o El jardín de senderos que bifurcan
(Borges, 1992), de Otras inquisiciones (1989) o de El libro
de arena (1995b) donde escribe:
La línea consta de un número infinito
de puntos; el plano de un número infinito de líneas; el
volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un
número infinito de volúmenes... No, decididamente no es
éste, more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato.
Aunque, desde mi punto de vista, es en La Biblioteca de Babel
donde expresa aspectos esenciales de la matemática transfinita
para poner de manifiesto, en un ejercicio de audacia e inteligencia (todos
hemos bromeado diciendo que mientras el infinito no está presente,
aún no estamos haciendo Matemáticas), la grandeza y, a la
vez, la pequeñez del ser humano que puede construir en su mente
un mundo perfecto e irreal en el sus malas acciones llegan a tener repercusiones
infinitesimales y, por tanto, intrascendentes en este mundo infinito.
Considera el narrador que la Biblioteca es infinita y se plantea la existencia
del catálogo de catálogos. Evidentemente, nos recuerda a
Georg Cantor (1845-1918) cuando, en boca de Russell, definió un
conjunto infinito: Un conjunto de términos es infinito cuando contiene
como partes otros conjuntos que tienen tantos términos como él.
Para finalizar esta breve excursión por este universo borgiano,
recordaré que en la obra se alude a que unas personas han destruido
los anaqueles de la Biblioteca ante lo cual el narrador alude a la inutilidad
de tal hecho, ya que la Biblioteca es tan enorme que toda reducción
de origen humano resulta infinitesimal ya que, al ser la Biblioteca infinita,
existe un teorema que afirma que la diferencia entre un conjunto infinito
los libros de la Biblioteca- y cualquiera de sus partes finitas
los destruidos por un número finito de personas han de formar
un conjunto finito- es un conjunto infinito.
En la pintura nos encontramos con la misma idea en la obra de M.C. Escher
llamada Cirkellimiet (I y III) quien nos provoca invitándonos
a pensar en la existencia de infinitos peces o ángeles
y demonios dentro de un disco de radio finito.
Y, para concluir, en la arquitectura islámica se muestra un sutil
juego en el que se pone de manifiesto la relación entre la unidad
y su multiplicidad infinita dentro del mundo de su decoración geométrica
del plano caracterizado por su equilibrio, armonía y belleza sin
igual.
Miguel de Guzmán (1984), dice que el juego y la belleza están
en el origen de una gran parte de las Matemáticas. Provocan diversión
y satisfacción en muchas personas, no sólo en matemáticos.
Las Matemáticas se convierten así en un reto, un desafío
en el que sólo ha de pensarse bien. Es evidente la enorme importancia
que tiene el que los miembros de cualquier sociedad libre (y es importante
este calificativo) piensen bien. También lo es que el aprendizaje
de las Matemáticas contribuyen, especialmente, a ello. Sin embargo,
aunque es frecuente oír la defensa desde esta óptica de
la necesidad de explicar ciertos contenidos curriculares, los resultados
obtenidos a lo largo de años y años indican, claramente,
que tal objetivo no sólo no se alcanza sino que ni siquiera se
llegan a leves aproximaciones del mismo.
ICMI, Comisión Internacional para la Instrucción Matemática,
en un simposio celebrado en Kuwait en 1986, recoge cuatro razones básicas
para enseñar Matemáticas y sus correspondientes consecuencias
curriculares:
- Desarrollo de la potencia crítica que capacita a la gente
para manejar la masa de datos con la que constantemente somos bombardeados.
Como consecuencia, se deriva la introducción de nociones estadísticas
en todos los currículos de los niveles obligatorios.
- La existencia de una certeza verificable ausente en otros aspectos
de la existencia humana. Dos consecuencias derivadas de este hecho:
a) suministra al alumnado las suficientes Matemáticas como para
convencerse de existe algo que es verdad fuera de toda duda y b) la
enseñanza debe realizarse de forma que capacite y anime al alumnado
a llegar a sus propias convicciones.
- El placer inherente de la creación matemática.
- El papel auxiliar de las Matemáticas, en crecimiento continuo
y exponencial.
¿Cómo enseñar Matemáticas?
Suele decirse que las Matemáticas son la reina de las ciencias
ya que todas necesitan de su autoridad para que la de cada una se reconozca.
Yo diría que, si bien es la reina, también es su
doncella porque a todas sirve en sus desarrollos. Mantengo que
son la reina de las ciencias porque tiene, además, una característica
que las diferencia del resto: la posibilidad de vida independiente. Es
decir, su sangre azul radica en el hecho de su capacidad de existir en
cualquiera de los mundos posibles sin más necesidad que el desarrollo
de las habilidades llamadas de orden superior del intelecto humano. Este
hecho se convierte en la razón principal de las líneas metodológicas
adoptadas, normalmente, para proceder a su enseñanza cuyo fruto
puede mostrarse mediante la consabida pregunta, hecha por el alumnado,
¿y esto (en referencia a la explicación recibida en
clase) para qué sirve?, cuya respuesta tópica, dada
por el profesorado, ¡para enseñarte a razonar! Y es
verdad, es decir, jugando al gran juego de las Matemáticas
pueden desplegarse esas destrezas de pensamiento basadas en heurísticos
o estrategias para resolver cualquier tipo de problemas tendentes al desarrollo
de las habilidades de orden superior antes mencionadas. Mas, siendo esto
importante, sin lugar a dudas, hay que tener presente otros objetivos
en la educación de una persona mediante las Matemáticas.
Como no quiero que nadie mal interprete estas líneas, creo que
conviene en este punto diferenciar lo dicho del otro concepto que se expresa
mediante educación matemática sobre el que no debemos
entrar en este momento ya que no es mi deseo desviar el camino entrando
en juegos de palabras para defensa o detrimento de actividades profesionales.
Por tanto, considero que las Matemáticas son útiles para
la educación de ciudadanos y ciudadanas, fundamentalmente, por
dos razones. Primera, porque mediante ellas se crece en autoestima y confianza
personal al alcanzar el mayor desarrollo del intelecto de la persona mediante
la enseñanza y el aprendizaje de sistemas formales deductivos.
Y, segunda, porque resuelven problemas a la sociedad en la que estamos
inmersos y en la que deben integrarse las personas tras su paso, entre
otras, por las clases de Matemáticas de cualquier nivel educativo,
obligatorio o no, universitario o no.
Es evidente la enorme importancia que tiene el que los miembros de cualquier
sociedad libre (y es importante este calificativo) piensen bien. También
lo es que el aprendizaje de las Matemáticas contribuyen, especialmente,
a ello. Sin embargo, aunque es frecuente oír la defensa desde esta
óptica de la necesidad de explicar ciertos contenidos curriculares,
los resultados obtenidos a lo largo de años y años indican,
claramente, que tal objetivo no sólo no se alcanza sino que ni
siquiera se llegan a leves aproximaciones del mismo. Sin acritud, y con
todo el respeto que da el reconocimiento a la labor honesta del profesorado
de Matemáticas, de este país y de otros, he de decir que,
en general, el profesorado de Matemáticas está instalado
en la comodidad. Me explico. Por un lado, el profesorado de Matemáticas
universitario, normalmente, considera que los contenidos que ha de explicar
en un curso de Biológicas o de Química, por ejemplo, deben
ser unas Matemáticas generales (Álgebra Lineal, Cálculo
Infinitesimal, Ecuaciones Diferenciales y Estadística) que difieren
de las explicadas en la licenciatura de Matemáticas en el grado
de profundidad (léase: pocas demostraciones y más ejercicios).
Por otro, en los niveles no universitarios el apoyo en el libro de texto
que repite desde hace décadas casi los mismos contenidos enmascarados
en renovados diseños curriculares -números naturales,
enteros, racionales y reales para el desarrollo teórico y las correspondientes
orgías de ejercicios (con todo lujo de torres de fracciones,
radicales, etc.) para la práctica; ecuaciones de rectas, planos
y otros lugares geométricos; funciones acompañadas de epsilon
y delta; ejercicios de álgebra tan maravillosos como inútiles;
y, por último, un tratamiento del azar tan teórico que el
propio profesorado duda cuando experimenta, si es que alguna vez se le
brinda la ocasión para que lo haga, acerca de si saldrá
bien el experimento- hace que se enseñen año tras
año idénticos contenidos y de forma también idéntica:
tiza, pizarra y monólogo de espaldas al alumnado.
¿Cree alguien que, un chico o una chica, al salir de clase comenta
con entusiasmo aquello que acaba de aprender porque le ha explicado alguna
situación que le parezca interesante, ya sea por su utilidad práctica
o por la belleza del razonamiento hecho en alguna demostración
de las pocas que ya se realizan en clase?
Tampoco aquí voy a entrar en lo que ya sabemos acerca del cómo
se aprende y el poco caso que se hace de ello ya que dentro del profesorado
es sólo una minoría quien se preocupa de la construcción
del conocimiento por quienes han de aprenderlo. Los más no
se paran en tonterías ya que, en el caso universitario,
los programas de las asignaturas son muy extensos y hay que ir de
prisa para darlos o, en el resto, si no doy el programa los
de la etapa siguiente se quejarán de que no saben nada y,
así, hasta no tengo más remedio porque han de examinarse
de selectividad (en breve, de reválida). Año
tras año hacemos lo que sabemos hacer muy bien después de
estar toda una vida repitiéndolo, actuando por imitación
de quienes hicieron lo mismo con nosotros -es decir, nuestros profesores
y profesoras- que no debieron hacerlo tan mal cuando a mi me fue
bien. ¡Perfecto!, pero demasiado cómodo porque de esta
forma, nadie debe cambiar. ¿Es posible imaginar al mejor de los cantantes
interpretando siempre la misma canción? O, mejor aún. Quienes
tenemos hijos o hijas deseamos que su salud sea la mejor posible (obsérvese
que hablo de salud, que no de enfermedad) de modo que si, por ejemplo,
pensamos en su salud buco-dental, ¿buscaría a un especialista
que trabajase exactamente igual que cuando comenzó su vida profesional?
Evidentemente, la respuesta es no; buscamos un especialista que esté
al día en su profesión, lo cual implica reciclaje en cuanto
a conocimientos, métodos e instrumental clínico. ¿Por
qué en educación no se exige igual actualización?
¡Qué preguntas tan tontas!, ¿verdad? ¡Pues
porque socialmente no están igualmente consideradas las profesiones!,
dirá la mayoría. Aún aceptando lo que de cierto tiene
la respuesta, en la profesión de profesor o profesora hay una componente
esencial que no tiene valoración en la sociedad actual porque no
interesa por el modelo social marcado, salvo en casos concretos que están
en la mente de todos. Me refiero a la capacidad de alcanzar cambios radicales
en la sociedad desde la Educación en cualquier nivel. Desde Primaria
y Secundaria, fundamentalmente, podemos abordar la inmensa tarea de enseñar
a resolver problemas como hacemos los profesionales (reconociendo el problema,
formulándolo en términos precisos, utilizando heurísticos
que permitan elaborar conjeturas acerca de su posible solución,
aplicando desarrollos deductivos para su demostración y, por último,
analizando si la solución obtenida es única y, si no lo
fuese, si es la mejor posible para, nuevamente, empezar como
decía Carlitos a Snoopy: ¡qué pena!, una vez que
me supe todas las respuestas me cambiaron todas las preguntas. Creo
firmemente que es este nuestro papel social porque de este modo quien
aprende gana en autonomía intelectual que, como decía antes,
es lo verdaderamente importante. Desde la Universidad, para conseguir
la mejor formación posible de profesionales altamente cualificados
que, una vez egresados, aporten sus conocimientos al mundo de la Cultura,
la política, la empresa, la industria, la enseñanza o la
investigación.
Es evidente que lo anterior hay que hacerlo dentro de determinados contextos.
El primero, el marco educativo que cada país ha definido mediante
sus leyes y desarrollos de las mismas, con sus etapas y ciclos, sus currículos
y secuenciaciones, reflejo del modelo de sociedad en la que vivimos. El
segundo, que es el que aquí me preocupa, es el contexto que rodea
a quien ha de aprender, bien sea por sus intereses de aprendizaje, bien
por la necesidad que la sociedad tiene de mostrar sus claves de funcionamiento
para que sean aprendidas por sus ciudadanos y ciudadanas de modo que sean
capaces de desenvolverse en ella desde el conocimiento de dichas claves
y la asimilación de los valores que la definen.
A modo de conclusión
En el recientemente publicado Proyecto P.I:S.A. 2000 (Programa Internacional
para la Evaluación de los Resultados del Alumnado) se dice:
En la sociedad moderna, la necesidad apremiante de desarrollar una
ciudadanía que esté formada matemática, científica
y tecnológicamente es muy similar a los antiguos argumentos para
el logro de niveles básicos de competencia de lectura y escritura
en los adultos; (...) y la formación básica matemática
y científica convierte a los individuos en menos dependientes
de los demás, de modo que los procesos democráticos, los
valores sociales y las oportunidades individuales no llegan a ser dominados
por las élites ilustradas (Krugly-Smolska, 1990)
En la misma línea argumental, Martín Rees, astrofísico
que se ha mantenido en la vanguardia de los debates cosmológicos,
afirma que en la actualidad es obvio que existe una separación
importante entre quienes se desenvuelven bien con las matemáticas
y quienes no en una referencia a la necesidad del conocimiento matemático
para el desarrollo de las personas dentro de la sociedad actual en la
que existe una cultura emergente conocida con la Tercera Cultura (Tusquets
Editores, 1996).
Podría seguir citando a personajes de nuestra sociedad que han
hecho afirmaciones como las anteriores, mas no lo creo necesario ya que
quien lee estas reflexiones podrá fácilmente sacar su propia
lista de referencias. Todos los argumentos convergen en la necesidad de
desarrollar el pensamiento matemático entre nuestro alumnado, mas
resumámoslos en tres grandes grupos:
Primero. Porque desarrolla habilidades laborales y es una herramienta
imprescindible de la ciencia y la tecnología.
Segundo. Porque suministra los conocimientos esenciales para la práctica
ciudadana responsable y efectiva.
Tercero. Porque fomenta la curiosidad, el gusto por la belleza, permiten
el libre acceso al ocio y, por supuesto, fomentan la sabiduría.
Ya sé que hay buena parte del profesorado muy desmotivado y que
estas reflexiones mías les serán poco seductoras, pero no
puedo por más que manifestar mis pensamientos en la creencia de
que ahora, más que nunca, nuestro papel como profesor o profesora
de Matemáticas es sumamente necesario, y puede hasta resultar crucial,
en la formación de ciudadanos y ciudadanas desarrollando su talento
matemático y puede que, ojalá en algunos casos, despertando
el genio matemático que llevan dentro. Que es posible hacerlo no
me cabe la menor duda, tampoco el que sepamos cómo hacerlo, pero
que estemos dispuestos a hacerlo ...
Las Matemáticas son Patrimonio de la Humanidad
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