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Número
0 - Febrero 2002
La cooperación cultural como proceso de la
globalización. Una visión desde América
Latina(*)
Eduardo Nivón Bolán
Ascenso de la cooperación cultural
internacional
Cuando la UNESCO proclamó la
Declaración de los Principios de la Cooperación Cultural
Internacional en noviembre de 1966, todo parecía indicar que los tiempos
eran propicios para muchas cosas, menos para la colaboración
internacional. Precisamente a mediados de los sesenta los deseos de
distensión se enfrentaban a nuevos amagos de las superpotencias. A las
contradicciones entre los dos bloques se sumaban los conflictos de la
descolonización que creaban una atmósfera poco proclive a la
cooperación en materia de cultura.
Sin embargo la UNESCO, conciente de que las
guerras nacen de la cabeza de los hombres, se decidió tal
vez por el clima belicoso que se vivía- a dar una nueva vuelta a la
tuerca de la paz a través de la cultura. Para 1996 la cooperación
cultural fue entendida como un instrumento para: 1) la difusión del
conocimiento; 2) el desarrollo de las relaciones pacíficas y la amistad
entre los pueblos; 3) la aplicación de los principios de las Naciones
Unidad; 4) hacer que todos los hombres tengan acceso al saber, disfruten de las
artes y de las letras de todos los pueblos, se beneficien de los progresos
logrados por la ciencia en todas las regiones del mundo y de los frutos que de
ellos derivan, y puedan contribuir, por su parte, al enriquecimiento de la vida
cultural y 5) mejorar en todas las regiones del mundo las condiciones de la
vida espiritual del hombre y las de su existencia material.
Es interesante que de entonces a la fecha la
cooperación cultural haya seguido un camino de importancia en ascenso a
tal grado que ha venido a ocupar un papel central en la discusión de las
políticas culturales actuales. Basta considerar para corroborar esto
algunos datos:
1. Uno de los conceptos que han mantenido mayor
continuidad en las grandes declaraciones sobre política cultural es el
de cooperación cultural. Es una noción que se repite desde la
declaración de Venecia en 1970 hasta la de Estocolmo en 1998.
2. La cooperación cultural se ha constituido
en una actividad especializada en casi todos los ministerios u oficinas
encargadas de la política cultural. La normatividad se ha hecho profusa
y especializada. Junto a la aparición de oficinas ad hoc y la creciente
legislación, ha surgido la demanda de personal especializado que ejecute
las políticas definidas como de cooperación.
3. La cooperación cultural ha alcanzado
existencia en los presupuestos públicos y es frecuente en muchos
países, sobre todo de Europa, que gobiernos regionales también
orienten algún dinero a esta actividad. En ocasiones se la asocia con la
cooperación para el desarrollo, en otras se establece ligada al
área de educación, pero ciertamente hay un lugar a donde dirigir
una solicitud y esperar una respuesta. En la Unión Europea, para poner
un caso, hay oficinas y páginas de Internet dedicadas a brindar
información sobre la gran variedad de apoyos existentes. Los programas
se publican en la red y hay descripciones minuciosas de cómo presentar
las peticiones.
4. Estas dos características han obligado a procesos
de definición que establezcan en forma precisa qué es cooperación
y qué son otras formas de acción bilateral. Por ejemplo
la cooperación bilateral española distingue varios instrumentos:
ayuda alimentaria; ayuda de emergencia, cooperación técnica,
cooperación científica y cooperación cultural(1).
Cada una de estas formas de cooperación tiene sus reglas y mecanismos
de decisión.
5. Por último, la cooperación cultural
ha dado lugar a programas universitarios de docencia e investigación que
intentan clarificar los conceptos, analizar experiencias exitosas, determinar
procedimientos y proponer metodologías para hacer que esta actividad se
constituya en acciones exitosas.
Tensiones de la Cooperación Cultural desde
América Latina
Sin embargo, el desarrollo seguido por la
cooperación internacional no es del todo satisfactorio. Una
visión desde América Latina -y en particular desde México-
permite advertir dos grandes problemas en el desarrollo de la
cooperación internacional.
1. El primer problema deriva del excesivo
protagonismo de los estados, cuya soberanía choca con los valores de la
universalización. Veamos el caso de la Convención para el
Fomento de las Relaciones Culturales Interamericanas firmada en Caracas en
Marzo de 1954, la cual a su vez es fruto de una reforma de un acuerdo que lleva
el mismo título, suscrito en Buenos Aires en 1936. Los primeros cuatro
artículos tratan del objetivo principal de la Convención que en
los hechos es el intercambio de profesores, maestros y estudiantes entre los
países americanos y el estímulo a las relaciones más
estrechas entre los organismos no oficiales que contribuyen a formar la
opinión pública. Es interesante observar el blindaje que los
estados construyeron para defender su soberanía y seguridad internas.
Por ejemplo en el convenio se establece en el artículo cuarto que
Cada gobierno enviará a cada uno de los
otros gobiernos, por lo menos 6 meses antes de que empiece el año
escolar en el país que recibirá al becario, a menos que se
acuerde de manera distinta por los gobiernos interesados, una nómina de
personas de las indicadas en el artículo 1, junto con las informaciones
respectivas que el gobierno que concede las becas considere necesarias. La
nómina deberá contener un número suficiente de nombres que
permita al país que concede las becas escoger entre los candidatos
.
Se observa que antes que las necesidades del
país que postula a los candidatos imperaban en los programas de
cooperación los criterios del país huésped y, por si no
hubiera sido suficiente esta capacidad, en la cláusula quinta se
sentenciaba:
Si por cualquier motivo fuese necesario
repatriar a un becario, el gobierno que concede la beca podrá hacerlo
por cuenta del gobierno que lo haya postulado.
Esta actitud preventiva se deriva del temor de los
estados americanos a que la cooperación se convirtiera en un instrumento
de inestabilidad política. De hecho lo que resalta de los convenios de
colaboración cultural de esa época es el protagonismo de los
Estados quienes se convierten en depositarios, oferentes, proveedores y
denunciantes de los convenios con la casi nula participación de los
ciudadanos.
2. Éste es el segundo problema que observo en
la cooperación cultural americana: la pobreza de sus aspiraciones. Tal
vez convenga, para notar con más claridad este cuestionamiento, el que
nos veamos en el espejo de la cooperación europea. En este caso la
historia es muy parecida a la cooperación americana: en la
Convención Cultural Europea del mismo año de 1954
observamos un protagonismo estatal similar al que se deduce del documento que
he reseñado. Sin embargo en la convención europea se apunta ya un
objetivo adicional que es el desarrollo de la comprensión entre
los pueblos. Es interesante que en ese documento se establezcan nociones
que resultan en la actualidad muy modernas. Por ejemplo, en los
artículos 1 y 5 se establece que el patrimonio de cada pueblo forma
parte de un patrimonio común. Se habla igualmente de actividades
culturales de interés europeo (Art. 3), y también que
el que cada parte facilitará la circulación y el intercambio de
objetos de valor cultural (Art. 4).
Como se observa, la diferencia básica la
encontramos en la consideración de intereses culturales comunes:
patrimonio, circulación de personas, objetivos culturales continentales.
Para los años ochenta la evolución de la cooperación
europea había caminado a una serie de definiciones innovadoras en las
que se nota un cambio de perspectiva de la centralidad de los estados a la de
los individuos. Así, la Declaración Europea sobre los
Objetivos Culturales de 1984 establece los siguientes objetivos:
- Permitir a cada uno la satisfacción de su
realización personal en una atmósfera de libertad y de
satisfacción de los derechos humanos.
- Tal satisfacción pasa por la cultura, la que constituye
el factor esencial del desarrollo armonioso de la sociedad junto con los
factores sociales, económicos y tecnológicos
- Los recursos humanos espirituales, intelectuales y físicos-
constituyen el objetivo y el motor del desarrollo; estos recursos toman
la forma de aspiraciones y valores, de modos de pensar, ser y actuar
y representan el resultado de la experiencia histórica y la base
del porvenir(2).
Advertimos aquí un cambio notable: la
integración de los intereses de los ciudadanos europeos en los objetivos
de las políticas culturales y en la cooperación. El resultado es
fundamental, pues los estados transforman su papel en las políticas de
cooperación de sujetos a meros facilitadores de recursos e instrumentos,
y las objetivos ahora se hallan subordinadas a los intereses de los individuos.
Así, las metas se traducen en: desarrollo de la creatividad y el
patrimonio, desarrollo de las capacidades humanas, salvaguarda de la libertad,
promoción de la participación, aliento de la solidaridad y
construcción del futuro.
Es interesante que en el balance de 40 años de cooperación
europea que coordina Etienne Grosjean para el Consejo de Europa en 1994(3)
señale como uno de los balances favorables el avance en la construcción
de una identidad cultural europea la cual sólo es posible si la
cooperación realiza un cambio en sus protagonistas, de los estados
a los ciudadanos.
Hemos llegado entonces a uno de esos puntos
definitorios de las políticas: la eficacia actual de la
cooperación radica menos en la voluntad de los estados que en la
capacidad de los ciudadanos para tomar en sus manos el curso de las acciones de
intercambio cultural. El papel de los estados, que seguirá siendo
indispensable en la medida en que ellos cuentan con la legitimidad para
establecer los convenios y definir acuerdos e interacciones de carácter
público a nivel internacional, debe pasar a ser el de un promotor de la
participación ciudadana y de ese modo romper el celo del soberanismo a
favor de la universalidad.
Quizá estoy siendo demasiado severo con la cooperación
americana, después de todo existe un balance -el realizado por
el Dr. Harvey en 1991(4)- en el que se muestra que los programas
han venido enriqueciéndose hasta avanzar a proyectos multilaterales,
pero existen aún limitaciones excesivamente nacionalistas. Veamos
el caso del patrimonio que no ha logrado superar la idea de que el patrimonio
es nacional y no existe ninguna consideración cercana a un patrimonio
cultural americano. La Convención sobre defensa del patrimonio
arqueológico, histórico y artístico de las naciones
americanas, aprobada por la Asamblea General de la OEA en 1976, establece
en su artículo: La presente Convención tiene como
objeto la identificación, registro, protección y vigilancia
de los bienes que integran el patrimonio cultural de las naciones americanas,
para: a) impedir la exportación o importación ilícita
de bienes culturales; y b) promover la cooperación entre los Estados
americanos para el mutuo conocimiento y apreciación de sus bienes
culturales. La idea del patrimonio de las distintas naciones
impide hacer uso del patrimonio como un instrumento de construcción
de una identidad común, por ello, a lo largo del citado documento
lo que se encuentran son medidas para evitar la exportación ilegal,
el saqueo, las excavaciones ilícitas, en tanto que la cooperación
se reduce a interponer los buenos oficios de los gobiernos para el control
de estas acciones o para la restitución de los bienes.
Lo mismo podemos decir de otros convenios,
especialmente los discutidos los últimos años sobre la libre
circulación de los bienes culturales que no han terminado por
fructificar en el área iberoamericana, como los que corresponden a la
circulación de libros o de obras cinematográficas. La
cooperación en estos campos ha adquirido en esta época una
importancia mucho mayor dados los riesgos actuales de la globalización.
El Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo hace notar las formas en que la globalización afecta
la seguridad humana. En el terreno cultural, nos dice, el actual escenario
conduce a una inseguridad debido al desbalance de los flujos culturales,
cargado notoriamente en una dirección: de los países ricos a los
pobres. Las industrias del entretenimiento y la expansión de las redes
mundiales de comunicación han adquirido un alcance global, lo que ha
justificado la preocupación porque se ponga en riesgo la diversidad
cultural y haga que la gente tema perder su identidad. Se requieren de medidas
que gobiernen el proceso de globalización hasta ahora conducidos por los
procesos de integración económica en los que se privilegia el
papel de los consumidores. La misión de la cooperación cultural
sería, en cambio, poner en el centro a los ciudadanos.
Líneas de una agenda de la
cooperación cultural
¿Qué se puede hacer para mejorar la
calidad de la cooperación cultural en Iberoamérica? Propongo
cuatro áreas de reflexión.
1. La primera tiene que ver con un mejor conocimiento
de lo que nuestros gobiernos realizan en el plano de la cooperación.
El problema no es sencillo puesto que normalmente la política de
cooperación en nuestros países es un área especializada
a la que los ciudadanos no tienen acceso directo. Pongo el caso de México
en el que el Instituto Mexicano de Cooperación Internacional (IMEXCI)
tiene una actividad importante dividida en áreas precisas que son
cooperación científica, cultural, económica, OCDE
y Centroamérica, etc. En el campo de la cultura, la cantidad de
programas bilaterales de intercambio firmados los últimos seis
años fue de más de cincuenta los cuales abarcan áreas
como formación de recursos humanos, conservación del patrimonio,
difusión de la cultura e intercambio de especialistas. El alcance
de los programas en ocasiones es sustancioso. El balance del periodo 1995-2000
es de 270 exposiciones internacionales en México, 210 exposiciones
mexicanas en otros países, apoyo a más de mil creadores
para presentar su quehacer en el extranjero y la participación
en 60 programas de intercambio bilateral y en 30 foros mundiales(5).
Destaca en la cooperación mexicana la
atención privilegiada a programas regionales, especialmente con el
área centroamericana y con el llamado Grupo de los Tres compuesto por
Colombia, México y Venezuela. Las acciones realizadas en función
de los acuerdos con estas regiones son muy variadas: asesorías para el
diseño de museos y catalogaciones, restauración de obras, cursos,
etc. No es fácil evaluar la trascendencia de las acciones pero sí
se puede reconocer que hay un germen de colaboración horizontal que
merece ser reconocido para su mejor aprovechamiento por parte de los creadores
y grupos culturales.
En el caso mexicano ha nacido un mayor
interés por hacer de la cooperación internacional un instrumento
que permita apoyar la presencia de la cultura local en las comunidades
mexicanas dispersas en los Estados Unidos. De nuevo las acciones son limitadas
si se las compara con la magnitud de ciudadanos mexicanos asentados en ese
país que puede alcanzar 8 millones de personas. A través de
acuerdos bilaterales y con el concurso de otras agencias públicas y no
gubernamentales se ha logrado iniciar actividades que pueden dar resultados
importantes con el paso del tiempo.
La dificultad para aprovechar esta importante
actividad se encuentra en la escasa difusión que tienen los programas.
El Instituto funciona como una oficina de segundo piso a la que los individuos
difícilmente acceden si no es a través de los gobiernos
regionales, las agencias estatales u organizaciones no gubernamentales como las
universidades. En entrevistas personales que he realizado con coordinadores de
algunas de estas áreas aducen razones de personal para realizar una
gestión diferente, pero tal vez también tenga que ver la escasa
presión de la ciudadanía para que las posibilidades de hacer uso
de los convenios se vuelva más próxima.
Hay experiencias exitosas en las que la
cooperación se ha vuelto un instrumento de acercamiento horizontal. Es
el caso en el que han mediado convenios que han tenido que ver con el
intercambio de aristas y académicos en los que se abren las
posibilidades que éstos inicien el desarrollo de redes de
cooperación personal. La clave del éxito de estos programas ha
radicado en la preparación que tienen los agentes que intervienen en los
programas para aprovechar las oportunidades que la cooperación ha
abierto en ambos sentidos de la relación. Pongo el ejemplo del Centro
Nacional de las Artes que es la sede más importante de formación
de artistas en las disciplinas de danza, música, teatro, cine y artes
plásticas. Entre uno de los rasgos más relevantes de la
política académica del Centro se cuenta el promover que creadores
invitados a través de los convenios de cooperación (o por otros
medios), además de hacer presentaciones artísticas, impartan
seminarios de formación. Los estudiantes y artistas que los toman, al
entrar en contacto con los creadores ven las posibilidades de acrecentar su
experiencia formativa en el país de origen del invitado. Es ahí
donde intervienen los programas bilaterales que permiten a los estudiantes
iniciar un proceso de relaciones personal que va a terminar en la
formación de una red de artistas de una determinada disciplina o
tendencia artística.
2. La exigencia de mejor difusión de los
programas de cooperación cultural está asociada a la
generalización de una filosofía de cooperación en la que
los ciudadanos, organizaciones no gubernamentales, organizaciones civiles,
universidades y centros de cultura se conviertan en los protagonistas de los
programas. La generación de un sistema de información
adecuado, la descentralización de la actividad de cooperación
internacional, la contratación de personal especializado para la
promoción de los programas, el establecimiento de comités de
profesionales que juzguen la calidad de los proyectos que desean ser apoyados a
través de los convenios de cooperación son necesidades que
acompañan a esta exigencia. En una palabra se trata de profesionalizar
la cooperación en beneficio de una gestión más amplia y
democrática.
Esta aspiración no puede hacerse descansar
exclusivamente en el Estado. Bien o mal los gobiernos de mi país han
realizado una acción profesional en el área de cooperación
bajo los lineamientos de política definidos nacional o
internacionalmente. Dar un mayor peso a la sociedad requiere de la
formulación de instrumentos provenientes de los grupos de base privados
y asociativos para hacer más efectiva la cooperación. En otras
palabras, debe generarse una filosofía de cooperación entre la
ciudadanía que permita aprovechar mejor la cooperación
internacional. En las experiencias que he conocido recientemente en
Centroamérica noto una mejor disposición en este sentido que en
mi país. Hay una conciencia de que la cooperación internacional
sólo puede ser aprovechada si hay cooperación local coordinada.
La formación de redes locales consistentes en instrumentos de
coordinación y organización permite la mejor participación
en los grandes proyectos de cooperación.
Esta ha sido la ruta seguida por las universidades
mexicanas para mejorar sus posibilidades de desarrollo. Una sola
institución difícilmente puede desarrollar un proyecto ambicioso.
La asociación entre ellas ha sido recientemente la práctica
más común, y lo que les ha abierto las puertas a la
asociación con otras instituciones externas para levantar proyectos
ambiciosos.
3. Es importante el diseño de
metodologías de cooperación que permitan alcanzar el éxito
y asumir proyectos complejos y ambiciosos. Las relaciones Internacionales
de Iberoamérica y la Unión Europea se han venido haciendo
más complejas. Un vistazo general permitiría sacar algunas
conclusiones al respecto.
- La Unión Europea ha establecido acuerdos importantes de colaboración
con América Latina, especialmente con Centroamérica, que
se han constituido en instrumentos importantes de desarrollo. El
caso de Centroamérica es paradigmático del rendimiento
del estrechamiento de los lazos políticos. Tras el establecimiento
de la reunión de San José, Centroamérica
ha llegado a ser hoy en día la región del mundo con más
ayuda de la Comunidad por habitante y año y un tratamiento privilegiado
en sus principales exportaciones...(6)
- El Documento Básico sobre las Relaciones de la Unión
Europea con América Latina y el Caribe de 1994 propone establecer
un nuevo partenariado con América Latina y empezar
la discusión sobre nuevos, más ambiciosos proyectos que
reflejen le potencial económico de los socios latinoamericanos
y sus sistemas de integración emergente(7).
- Las relaciones a futuro con América Latina tenderán
a especializarse. Con los países de renta intermedia y mayor
desarrollo se avanzarán acuerdos que prevean zonas de libre cambio,
como está sucediendo ya con México y el Mercosur. Hacia
los países de menor grado de desarrollo se desarrollará
una cooperación más intensa, este es el caso de Centroamérica
y los países andinos(8).
- Por último los montos destinados a la cooperación no
se modificarán sustancialmente en el futuro, pero sí el
tipo de programas. Se reducirán los proyectos destinados al desarrollo
rural que consumían en 1996 la mayoría de los fondos y
se incrementarán los apoyos a las transformaciones políticas
y económicas. En consecuencia la forma que adquirirán
los apoyos será más de asistencia técnica que en
suministros e infraestructura. Por último, la tendencia será
a concentrar las acciones en programas horizontales plurianuales...
Dichos programas son más fáciles de gestionar para la
Comisión y al dividirse en una multitud de pequeñas acciones
individuales, amplían considerablemente el número de beneficiarios(9)
La diversificación de las políticas
obliga a una especialización de los actores de la cooperación. Es
necesario que exista personal especializado en la relación con las
instituciones de cooperación que a su vez responda a un sistema local de
participación. Adicionalmente se requiere el diseño de
metodologías de trabajo que permitan aprovechar mejor las posibilidades
de la cooperación.
Al menos hay tres líneas que deben ser desarrolladas
para lograr eficientar la cooperación en materia de cultura(10):
La primera es compaginar las diferencias culturales. En un estudio
sobre la cooperación entre empresas se hizo notar que éstas
no se empeñan en conocer a los socios sino en simplemente evaluar
su participación en la región o en el mercado. El desconocimiento
puede ser motivo de fracaso. El problema reside en la existencia de diferencias
en las culturas de organización y la sensibilidad hacia los problemas.
Con gran frecuencia la indignación y urgencia que vive el cooperante
internacional se enfrenta a la costumbre y la insensibilidad
de quienes viven día a día los problemas. Estas diferencias
pueden conducir al distanciamiento si no hay capacidad para aprender y
tolerar las diferencias culturales que cada parte en cooperación
aporta al tratamiento de los problemas. En lo personal tuve oportunidad
de participar en un proyecto promovido por la cooperación suiza
para desarrollar programas académicos en Centroamérica(11).
Las diferencias en las culturas académicas de Europa, Centroamérica
y México hicieron difícil el éxito del programa.
En ocasiones había verdadero desencuentro en los participantes
del programa pues la disciplina de trabajo que se quería promover
era ajena a la forma local. Al final se tuvieron que establecer algunos
acuerdos mínimos y las dificultades se superaron con cierto éxito,
pero todos los participantes del programa recuerdan momentos muy difíciles
en la comunicación entre los actores.
El segundo problema consiste en armonizar las
diferencias en cuanto al tamaño de los organismos de
cooperación. Cuando una gran institución coopera con una
pequeña organización existe dificultad para llegar a un acuerdo.
Los especialistas en cooperación deben tratar de orientar a que los
socios cooperen con agencias del mismo nivel estructural. Grandes instituciones
terminan por comer a los pequeños proyectos o a generar dependencias
indeseables que poco ayudan a la autonomización futura de los
proyectos.
Las grandes diferencias entre los organismos
cooperantes, sean por motivos culturales o de estructura, pueden terminar
generando la existencia de agendas ocultas de cooperación. En el caso
del proyecto de académico Suiza-Nicaragua-México, había
dificultad en los participantes para valorar de igual modo los objetivos del
programa que consistía en desarrollar un postgrado en
antropología. En el caso de los profesores de mi universidad fue
difícil hacerles comprender el sentido del proyecto y en general se
mostraron reacios y poco cooperadores. Sin embargo se abrió una mejor
veta de colaboración cuando se propusieron objetivos de
investigación en la región. Este interés funcionó
lamentablemente como una agenda oculta que no permitía el
aprovechamiento de las potencialidades del programa. Sólo en la
última etapa en que se habló claramente de los intereses
mexicanos se logró armonizar los objetivos de investigación con
los de formación.
Por último está el tema de la
producción de una cultura híbrida o de partenariado. Este
quizá sea el objetivo principal. Si la cooperación es parte del
interés común de los distintos agentes cooperantes el resultado
es el producir negociaciones consensuadas de las agendas, objetivos y formas de
organización para la resolución de problemas comunes. Una cultura
de partenariado es la consecuencia de haber convertido la cooperación en
un proceso de educación recíproca.
Conclusión: Hacer de la cooperación
una actividad de la sociedad.
Cada vez es más claro que una de las
vías para enfrentar la globalización es a través de una
nueva cultura de compromiso universa. La cooperación cultural tiene un
papel prioritario en este sentido. En el caso de Iberoamérica las
últimas reuniones cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno han estado
acompañadas de reuniones de ministros y de encargados de cultura de las
naciones respectivas. Se han establecidos convenios de notable importancia,
varios de los cuales ya tiene funcionamiento concreto. La lista de los
proyectos discutidos en las reunios de Salvador Bahía (1993), Madrid
(1997); Isla Margarita (1997) es muy importante: Mercado Iberoamericano de
Industria Audiovisual (MIDIA), Federación de Productores
Cinematográficos y Audiovisuales Iberoamericanos (FIPCA); Conferencia de
Autoridades Cinematográficas de Ibero América (CACI); Mercado de
Cine Latinoamericano (MECLA); Programa Ibermedia, para el apoyo a industrias
cinematográficas y Audiovisuales; Propuesta de creación de un
Mercado Común del Libro Iberoamericano; Red de Distribuidos
Latinoamericanos; creación de un Repertorio Integrado de Libros en
Español; Asociación de Bibliotecas Nacionales de
Iberoamérica (ABINIA).
Sin embargo, pese a la profusión de los proyectos
no deja de pesar en el ánimo de los creadores y gestores culturales
que es mayor el número de intentos fallidos de cooperación
que los exitosos. El especialista peruano en medios audiovisuales, Rafael
Roncagliolio reflexiona sobre este fenómeno explicándolo
del siguiente modo(12): La integración audiovisual latinoamericana
no puede depender de los agentes estatales. Tomando en cuenta que las
industrias audiovisuales son muy diversas, incorporan a muchos agentes
sociales y dependen de tejidos sociales distintos, el éxito de
la integración internacional depende de la participación,
además del Estado, de otros agentes culturales privados y el sector
del servicio público no estatal (no lucrativo)
Hemos llegado a un proceso en que la
cooperación ha dejado de ser una actividad marginal de la
política cultural. La encrucijada en la que se encuentra está
entre su profesionalización y la plena asunción por la sociedad.
Confiamos en que este campus apunte en ambas direcciones.
Notas
(*) CAMPUS
EUROAMERICANO DE COOPERACION CULTURAL. Barcelona, 04-08 de Octubre de
2000.
(1) La COOPERACIÓN CULTURAL tiene como objetivo
esencial el proporcionar a los ciudadanos de los PVD de los medios o la
formación de base adecuada para favorecer el desarrollo de su personalidad
(por ejemplo: proporcionar libros y periódicos, creación
y funcionamiento de bibliotecas, organización de seminarios y estudios
filosóficos y humanistas, la conservación del patrimonio
cultural del país beneficiario...)
Por el contrario, no se considera Cooperación
Cultural a los gastos realizados para realzar el prestigio del país
donante, ni si esa cooperación está destinada a promover las
relaciones mutuas en general o el intercambio cultural entre los dos
países.
(2) Ver (1994) European Declaration on Cultural Objectives
[1984], Strassbourg, Council of Europe.
(3) Etienne Grosjean, Dir. (1994) La convención
cultural europea 1954-1994, Strassburg, Council of Europe.
(4) Edwin Harvey (1991) Relaciones culturales internacionales
en Iberoamérica y el mundo, Madrid, Tecnos. En el libro realiza
un balance de cuatro décadas de cooperación cultural latinoamericana.
Enuncia un periodo inicial de 1948 a 1968 caracterizado por acciones no
orgánicas y la celebración de algunas reuniones internacionales.
El siguiente periodo lo llama de consolidación, en
el que se diseñan programas específicos de desarrollo regional.
En los años ochenta inician proyectos más ambiciosos y el
planeamiento, investigación y desarrollo para aparecer, a fines
de los ochenta, la etapa de los proyectos multinacionales.
(5) Memoria CONACULTA 1995-2000, México,
Conanculta.
(6) Reyo Crespo, Miguel Ángel (1996) Nuevas Perspectivas
en la Política de Cooperación al Desarrollo de la Unión
Europea, Madrid, AECI., p 102.
(7) Ídem, p. 105.
(8) Idem, p. 106
(9) Ídem, p 107
(10) Tomo en cuenta algunos temas planteados por Rodríguez
y Clemente quienes hacen un estudio sobre los problemas de la cooperación
entre empresas, los cuales son considerados por las autoras como culturales
(Rodríguez Sonia y María José Clemente Sánchez
(1998) La problemática cultural durante la búsqueda y
selección de Partenaire en los acuerdos de cooperación internacionales
VIII Congreso Internacional de ACEDE Empresa y economía
internacional Universidad de las Palmas, Canarias.
(11) Se trató de un convenio entre la Universidad
de Zurich, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y el Departamento
de Antropología de la UAM-México para desarrollar una Maestría
en Antropología.
(12) Roncagliolo, Rafael (1996) La integración
audiovisual en América Latina: Estados, empresas y productores
independientes en García Canclini, coord. Culturas en
Globalización. América Latina-Europa-Estados Unidos: libre
comercio e integración. Caracas, Nueva Sociedad, 41-54.
__________________________________
Es Maestro en Antropología egresado en la
Escuela de Antropología e Historia de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Es autor de numerosos artículos y
libros, entre los que se encuentran: "Cultura urbano y movimientos
sociales" editado en 1998" y co-autor de "Territorio y Cultura en la
Ciudad de México" (1999). |