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Número 1 - Junio - Septiembre 2002  

El desarrollo de la cultura, única certeza para un proyecto sostenible legítimo

Eusebio Leal Spengler*


“Ella está en el horizonte (....) Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte
se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine
,nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar”

Eduardo Galeano

En los inicios, nuestra experiencia se forjó a lo largo de los años partiendo de la concepción clásica que concebía una rigurosa separación de especialidades, en las cuales el historiador, el arquitecto, el arqueólogo, tenían espacios propios, en los cuales debían desarrollar sus proyectos y sus sueños. El encuentro con la ciudad viva, histórica, llena de complejos problemas humanos, donde el elemento esencial es hábitat, las formas de la vida, nos llevó a concebir la idea de que no era posible actuar por separado en cada una de las materias, sino que debíamos, necesariamente, tener una concepción multidisciplinaria, una concepción integradora que abordase la cuestión monumental junto a la cuestión humana. ¿Para quién o para quiénes son los monumentos del pasado? ¿Para quiénes son las grandes obras de la arquitectura y el urbanismo que han llegado a nuestros días? ¿Qué lecciones podemos aprender de quienes nos precedieron?

No cabría otra respuesta que no fuera que ese enorme legado cultural, esa historia del hombre contada por sus casas, al decir de José Martí, pertenece a cada uno de nosotros en particular y a todos en general. Es el gran dilema de lo nacional y lo universal. De lo propio, de lo ajeno y del mestizaje.

En el caso cubano, la presencia de diversas culturas en la conformación del ser nacional ha ayudado muchísimo, porque nos hemos anticipado a una de las cuestiones principales de nuestro tiempo, que es el drama de la interculturalidad, que es el drama de la coexistencia armoniosa de los aportes, y eso, a veces, se logra sólo con la consanguinidad. Por eso hemos defendido siempre que nuestro mestizaje no viene sólo de la sangre, sino que viene de la cultura, porque la sangre llama, pero la cultura determina. En Cuba hay quien no tiene una sola gota de sangre negra y sin embargo en su cultura, en su comportamiento, hay un sentido del ritmo y de la musicalidad, originarios de África.

Esta mezcla a partir de la convivencia de culturas diferentes, el proceso de transculturación al que aludiera Fernando Ortíz, da un nuevo sentido de las relaciones entre los seres humanos, evoca otro elemento que es fundamental: no se trata del discurso de la tolerancia, porque es limitado, el discurso debe ser el de la plena aceptación de las diferencias; no debemos aspirar a ser tolerados, nuestro anhelo será ser amados, que es la dimensión más humana.

Otra disyuntiva interesante que aparece en el momento de rehabilitar el centro histórico es la percepción de lo material y de lo intangible, del continente y del contenido, y no solo en el concepto del presente, sino de todo lo que se ha ido conformando a través del desarrollo mismo del hombre, en su capacidad de generar y transmitir cultura: el hombre es el creador de los entramados que acogen sus costumbres, es el creador de las estructuras pétreas y el de las organizaciones sociales; y mas allá de él está el misterio. Resulta tan inseparable el concepto de lo tangible del de lo intangible, como inseparable es el cuerpo del alma.

Cuando hablamos de desarrollo, es necesario centrarlo a partir del crecimiento cultural, porque es la identidad lo que nos distingue y nos da valía, y ese concepto está indisolublemente ligado a la cultura de un pueblo: son las tradiciones, el comportamiento diferente ante situaciones similares, las cosas propias del sitio que no pueden ser repetidas miméticamente; las respuestas materiales e inmateriales a determinado clima. Las estructuras familiares, como el germen de la estructura de la comunidad.... Por eso planteamos que todo desarrollo que se produzca ajeno a estos fundamentos generará decadencia.

Entonces hay que luchar incansablemente por salvaguardar toda expresión de patrimonio propio, sobre todo ante ciertas formas de homologación, para no citar el ya tan manido tema de la globalización, porque toda globalización estuvo precedida necesariamente por una anterior, como toda modernidad estuvo necesariamente precedida por otra; siempre hay una modernidad gestándose dentro de la sociedad humana, siempre.

Lo importante es saber distinguir lo propio, y lo que se asimila porque se aviene al carácter, al contexto social y al físico y que ocurre en un proceso casi natural, muy relacionado a la intuición popular; en un mundo cada vez mas interrelacionado, hay que saber distinguir conscientemente aquellos elementos que se incorporan y enriquecen, en contraposición a los que se imponen y empobrecen.

Nuestra cultura, la cubana, es una cultura de zaguán, de patio, de pequeño jardín interior; una cultura de la ventana, de dialogar de balcón a balcón, de hablar con las manos, que tiene que ver con nuestro origen napolitano y surespañol. El propio clima obliga a la abertura, de los paramentos y de los caracteres. El cubano vive la calle, el espacio público; ni siquiera otras formas que han ido evolucionando en la ciudad y se proyectan hoy en otra dirección, como el Vedado, con la acera, el parterre, el jardín, el portal, todo eso que supuestamente iba distanciado a la gente, ha impedido que aquella relación primitiva se siga dando sobre las tapias de los patios o de portal a portal.

La reminiscencia de las persianas, las celosías, el dialogo permanente con la luz, los vitrales, la explosión del color, las rejas, el ritmo y la vibración de las luces y las sombras, han impactado desde siempre las artes cubanas, la pintura, la música, como parte integrante de ese mundo real y maravilloso que inmortalizara Alejo Carpentier en la literatura. Todo ello es tan inherente al cubano como el aire húmedo que respira.

El reto que enfrentamos

La ciudad toda constituye fuente de inspiración y trabajo para la Oficina del Historiador, que tiene responsabilidad en la salvaguarda de los valores espirituales, morales, culturales, artísticos. Al recorrerla desde la Avenida del Puerto, pasando por el Malecón y en su natural extensión por la 5ta Avenida, puede hacerse un paseo por la historia de su evolución, desde el siglo XVI hasta la mas singular modernidad de las escuelas de arte, obra maestra por su concepto social y arquitectónico levantada en los primeros años de la Revolución. Desde una estructura compacta, sólida, con fachadas continuas provocadas por el régimen de medianerías, donde el verde apenas constituye una mancha en paseos y parques públicos, o se encuentra encerrado en los aromáticos patios de plantas medicinales y de olor, hasta la situación totalmente inversa, donde la arquitectura prácticamente se pierde al interior de los inmensos jardines que la rodean.

La Habana es una síntesis arquitectónica de las corrientes europeas, principalmente de origen latina, es decir, con influencia española, y sobre todo del sur, que es la árabe; también están presentes la francesa, la italiana. Como ciudad de importancia máxima en la ruta comercial que implantó el sistema de flotas desde el siglo XVI, la Ciudad es una pléyade de estilos donde lo mas interesante es el eclecticismo, ese ser todo y nada, que llena la idiosincrasia del cubano, amante de la plena libertad, sin cánones predefinidos.

Todo proceso tiene su punto de inicio y fieles a la historia, en el sentido en que solo desde el estudio del pasado, desde el reconocimiento pleno de quienes somos, es posible proyectar el futuro, emprendimos nuestra labor desde el centro histórico, desde el sitio fundacional, bajo el concepto de ir concentrando los recursos, para obtener resultados que creen la sinergia necesaria para seguir avanzando.

De esta manera, la restauración de la zona antigua será fuente de inspiración para el desarrollo consciente de la ciudad; en el contraste que se va provocando está el desafío de avanzar hacia los problemas principales.

El Centro Histórico de La Habana abarca un área de 2.14 kilómetros cuadrados, con 3 744 edificaciones que conforman una urbanización de gran valor ambiental. Alrededor de 750 de sus monumentos son considerados de primera categoría, por conservar el carácter genuino de la arquitectura y cultura cubanas, en las que convergen los testimonios de diversas culturas.

Sus 70 658 habitantes residen en 22 516 viviendas, un tercio habita apartamentos y más de la mitad, cuarterías o ciudadelas. La densidad promedio se estima en 600 habitantes por hectárea.

El hábitat ha estado marcado por más de siglo y medio de marginalidad, pues las clases ricas ya comenzaron a emigrar hacia el occidente de la ciudad desde mediados del siglo XIX, deviniendo los antiguos palacetes en casas de vecindad, cambiándose radicalmente el régimen de uso de los inmuebles, a los que se añaden baterías de baños comunes.

Las tipologías edilicias y estructurales se vieron seriamente afectadas a principios del siglo XX, al cegarse los patios y sustituirse los gruesos muros por arquitrabes y columnas, para dar paso a los grandes almacenes de planta baja al servicio del macro puerto, desarrollado con el advenimiento de la República, y el incremento vertiginoso del comercio con Estado Unidos. Los edificios pierden su capacidad natural de “respirar” en régimen de medianería, lo que unido a la falta de sol, provocó la humedad que deteriora las estructuras de madera, comenzando así un ciclo de deterioro, que sumado al uso excesivo posterior, ha conducido en muchos casos a la ruina del edificio.

La vivienda hoy se caracteriza en gran medida por la marginación y el mal estado de las redes técnicas; los signos de deterioro en una gran cantidad de los edificios habitados son alarmantes. A pesar de los enormes esfuerzos, la situación sigue siendo de extremo peligro, pues aun el ritmo de pérdida es más rápido que el de recuperación: cada tres días ocurren dos derrumbes de diversa magnitud. La Habana Vieja se podría catalogar como una zona de desastre permanente de baja intensidad. A tan grave situación hay que sumar la amenaza siempre latente del paso de un Huracán, a la que año tras año nos vemos sometidos durante un período de seis meses.

Las redes de infraestructura, antiguas, sobrecargadas y en muchos casos insuficientes o en otros inexistentes (fibra óptica, tecnología satelital, etc.) resulta otro de los principales problemas a encarar; también la introducción de nuevos conceptos relativos a la sostenibilidad y la ecología y la defensa del medio ambiente, en relación con las fuentes energéticas y el tratamiento de residuales.

Quedan por resolver la escasez de recursos materiales; las deficiencias en los procesos de gestión de suelo, obras y proyectos; el eterno conflicto automóvil versus peatón y los impactos urbanos desfavorables provocados por el propio proceso de rehabilitación con los inconvenientes de orden constructivo (acarreo de materiales, polvo y ruidos); el mejor empleo de las nuevas técnicas de rehabilitación y el aprovechamiento y rescate de las tradicionales........por solo mencionar algunos de los problemas a los que hacemos frente en el cotidiano laborar.

Rehabilitar el Centro Histórico, un compromiso de la Nación

El Estado cubano comenzó a financiar la rehabilitación del Centro Histórico de La Habana en el año 1981, a partir de su declaratoria como Monumento Nacional en 1978; para ello designó a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana para administrar importantes presupuestos, dándose inicio a la rehabilitación de la parte más antigua de la ciudad, con una perspectiva sociocultural y con una dimensión urbana.

El valor del patrimonio y la obra de salvaguarda realizada hasta entonces, determinaron que en 1982, el Centro Histórico y su sistema de fortificaciones fueran declarados por la UNESCO, Patrimonio Cultural de la Humanidad, ocupando el número 27 en la lista del Patrimonio Mundial, que hoy suma mas de quinientos inscriptos.

Tras doce años de labor infatigable, donde fueron recuperados los espacios públicos de las plazas de Armas y de la Catedral, junto a importantes palacios que las configuraban, donde también se acometió la titánica recuperación de las grandes fortificaciones de los tres Reyes del Morro y San Carlos de la Cabaña, impresionante perspectiva de fondo al borde marino de la zona antigua, sobrevino la crisis.

Parecía en aquellos días que tendríamos que replegarnos a nuestros gabinetes y dedicarnos a la investigación pura; el impacto de la caída del bloque socialista en Europa impedía al país continuar destinado los recursos suficientes para la rehabilitación del centro histórico; fue entonces que, consciente de la responsabilidad que significa salvar un patrimonio que no sólo pertenece a los cubanos, sino a la humanidad, la Nación decide dotar a la Oficina del Historiador de la Ciudad de una serie de instrumentos jurídico – financieros que la capacitaran para desarrollar un proceso de rehabilitación autofinanciado e integral, a partir de la generación de los recursos con los que debía solucionar los problemas agudizados en el territorio a inicios de la década de los `90.

Con el fin de alcanzar este objetivo, el Consejo de Estado, mediante el Decreto Ley 143 de octubre de 1993, declaró al Centro Histórico “Zona priorizada para la Conservación”, dotando así a la Oficina del Historiador de una autoridad que le permite desarrollar una gestión ágil en la obra rehabilitadora.

Se sentaron las bases para fomentar fuentes propias de financiamiento. La Compañía Turística Habaguanex S.A, comenzó a desarrollar y explotar el potencial hotelero, extrahotelero y comercial del Centro Histórico. La Oficina adquirió personalidad jurídica, lo que permitió establecer relaciones de diverso tipo, así como cobrar impuestos a las empresas productivas enclavadas en el territorio. Igualmente comenzó a abrir y operar cuentas bancarias, tanto en moneda nacional como en divisas, y tuvo la posibilidad de importar y exportar suministros y equipos. Además se le concedieron facultades relativas a la planificación, al control urbano y a la gestión, y obtuvo capacidad para recibir y dar destino a las ayudas y proyectos de colaboración provenientes de entidades internacionales.

En noviembre de 1995 se proclamó el Acuerdo 2951, del Consejo de Ministros, el cual declaró al Centro Histórico “Zona de alta significación para el turismo”. Se ampliaron las facultades de la Oficina en lo concerniente a la administración de la vivienda. Se creó una inmobiliaria, con el fin de arrendar locales, y prestar servicios varios.

Desde entonces se destina un volumen importante de los fondos a los proyectos que reproducen las riquezas en un plazo de tiempo relativamente corto, sin renunciar al proyecto cultural, y priorizando los programas sociales que influyen en los sectores más vulnerables de la población residente.

El desarrollo integral del Centro Histórico está guiado por objetivos que devienen principios irrenunciables:

  • Rehabilitar integralmente el patrimonio heredado mediante planes urbanos y sociales que concilien la conservación de los valores culturales con el desarrollo socioeconómico del Centro Histórico.
  • Promocionar la cultura cubana, ensalzando las culturas provenientes de otras nacionalidades presentes en el desarrollo histórico de nuestra nación, por medio de una intensa programación cultural en las instalaciones creadas y a través de los medios de difusión masiva.
  • Divulgar los valores patrimoniales del territorio y los proyectos de rehabilitación con el fin de educar y sensibilizar a la población y movilizar nuevos colaboradores en la esfera nacional e internacional.
  • Mantener el carácter residencial del Centro Histórico, según los parámetros apropiados de habitabilidad y calidad de vida, en un ambiente de urbanidad donde se vincule directamente la población a la labor de restauración.
  • Dotar al territorio de una infraestructura técnica y de servicios que funcione en correspondencia con las necesidades contemporáneas, para impulsar una economía local que asegure el autofinanciamiento y haga recuperable y productiva la inversión en la recuperación del Patrimonio.
  • Ejecutar proyectos sociales dirigidos a grupos vulnerables: niños, mujeres, ancianos y discapacitados, así como a barrios considerados en desventaja, dada la humilde composición de sus habitantes.

La autonomía de la Oficina del Historiador ha permitido continuar la obra de rehabilitación aún en medio de la crisis económica por la que atraviesa el país, obra que no sólo comprende la recuperación de los edificios, sino que también implica a los habitantes de La Habana Vieja y de toda la ciudad.

La evolución natural de los conceptos, la variación del escenario nacional e internacional, los avances en el campo de las ideas, de la economía, la revolución tecnológica y el proceso de globalización creciente, modificaron los enfoques de la acción.

Se trata de usar mecanismos novedosos dentro del contexto cubano, que tengan en cuenta elementos de la economía moderna, pero conducidos por los principios de un desarrollo social y cultural sostenible, que conlleve el desarrollo comunitario. La magnitud de este proyecto de preservación del patrimonio en nuestro centro histórico hace más compleja la organización y los procedimientos en cuanto a formas de propiedad inmobiliaria, usos de suelo, y a la gestión de los proyectos.

El nuevo modelo de gestión aplicado resulta posible a partir de seis premisas fundamentales:

  • Voluntad política, al más alto nivel, de apoyar la acción rehabilitadora.
  • Reconocimiento de una autoridad única, en el concepto de “entidad líder”, que conduzca el proceso en concertación con los actores tradicionales, amparada por un fuero legal especial.
  • Capacidad para planificar el desarrollo integral.
  • Dotación de patrimonio inmobiliario propio.
  • Capacidad para generar recursos financieros.
  • Descentralización económica, lo que permite reinvertir, inmediatamente, los recursos obtenidos en el territorio para su rehabilitación.

Para guiar el proceso y hacerlo cada vez mas eficiente, el Plan Maestro para la Revitalización Integral de La Habana Vieja, como una entidad dinámica y flexible, interdisciplinaria, capaz de garantizar la continuidad del proceso y la operatividad de una inversión pujante, genera instrumentos de dirección. Su filosofía se basa en la participación de todos los ciudadanos y las entidades con influencia en el territorio para garantizar un espacio donde confluyen todos los actores. Los planes y programas elaborados con el consenso de los implicados, constituyen una suerte de “carta de navegación”, un instrumento de gestión al servicio de las autoridades.

Los valores de La Habana Vieja no sólo están contenidos en sus edificaciones, sus habitantes le confieren espíritu y carácter singular. Al considerar la salvaguarda patrimonial como un ejercicio de derecho ciudadano y una responsabilidad compartida, ha sido un deber permanente la sensibilización a favor de tan noble empeño desde las edades más tempranas. La población es protagonista del proceso, pues participa directamente en la producción y los servicios, en la restauración de sus viviendas y barrios, y en la rehabilitación de sus monumentos. La generación de más de 7 000 puestos de trabajo, principalmente ocupados por los propios vecinos, habla por si sola de la marcada intención renovadora de amplia participación ciudadana.

Los resultados obtenidos y la responsabilidad con que se asume la labor, han atraído a nuevos actores; en la actualidad, diferentes comunidades autónomas, municipios, localidades y provincias, Universidades y ONGs de diversos países como Italia, Bélgica, España, Canadá, entre otros, contribuyen con la revitalización del centro histórico a partir de convenios de colaboración y en muchas ocasiones estrechamente vinculados a las Naciones Unidas. También se ha contado siempre con el inestimable apoyo de la UNESCO, en materia de formación profesional y avales de la seriedad con que enfrentamos la salvaguarda patrimonial.

El desafío de concretar los principios irrenunciables.

Rehabilitar integralmente el patrimonio heredado mediante planes urbanos y sociales que concilien la conservación de los valores culturales con el desarrollo socioeconómico del Centro Histórico, es en el de La Habana un proceso simultáneo de gestión patrimonial, socioeconómica, financiera, legal e institucional, que ha permitido la acción rehabilitadora.

Signos del progreso se confirman en la zona que contiene los núcleos gestores de la ciudad; ya cuatro de las cinco principales plazas que caracterizan al centro histórico se encuentran prácticamente rescatadas, incluidos los ejes de interconexión y los tramos entre ellos; la plaza de Armas, la fundacional, rodeada de emblemáticos edificios cargados de historia, la plaza Vieja, otrora Nueva, la del mercado, hoy exhibe su singular armonía en una convivencia natural de múltiples usos, con la fuente como signo de progreso y belleza. También la Plaza, Iglesia y Convento de San Francisco de Asís, conjuntamente con el edificio de la Lonja del Comercio y la Terminal de Cruceros, dotan a la ciudad de uno de sus magníficos sitios, devenido foro cultural del momento. La plaza de la Catedral, en su íntima dimensión, con los edificios que revelan ya sus rostros auténticos y otros, la efervescencia de la recuperación.

La obra rehabilitadora ha vencido una buena parte del derrotero impuesto en los primeros tiempos, y se extiende dejando a su paso conjuntos y sitios urbanos totalmente reanimados. Ha avanzado por la Calle San Pedro hasta la Alameda e Iglesia de Paula, sede del grupo de música antigua “Ars Longa”, para entroncar con la rehabilitación integral del barrio de San Isidro, y por la Avenida del Puerto hasta el Castillo de San Salvador de la Punta, que acogerá al “Museo de los naufragios”; el parque infantil de “La Maestranza”, la inauguración del hotel “Armadores de Santander”, y la demolición de las horrendas estructuras que impedían las visuales abiertas a la bahía, constituyen la certeza de que la recuperación del frente marino de la Habana Vieja es un hecho.

Así mismo, a través de la misma franja edificada en la zona del ejido de las murallas, restauramos el edificio Emilio Bacardí, exponente principal del art-decó en la ciudad, se han remodelado los hoteles “Park View” y “Telégrafo” y se trabaja en la recuperación de emblemáticos edificios como el Teatro Martí y la escuela primaria Concepción Arenal, que unido a la recuperación de los espacios públicos del Paseo del Prado y el Parque de la Fraternidad Americana, van creando un arco de reanimación en uno de los espacios mas monumentales de la ciudad, que se conecta con el de las plazas principales a través de la recuperación comercial de la calle Obispo.

A este esfuerzo se viene a sumar otro, enorme, del estado cubano, con la restauración de los edificios del antiguo Cuartel de Milicias, el antiguo Centro Asturiano y el Palacio de Bellas Artes, como conjunto del Museo Nacional de Arte, impresionante muestra que explica nuestro origen mestizo, y las profundas raíces culturales que nos unen a otros pueblos.

También nos adentramos en la Habana Vieja profunda, buscando la Plaza del Santo Cristo del Buen Viaje, la quinta de las plazas del sistema, que aún no ha recibido los beneficios de la restauración; o actuando en la recuperación del antiguo convento de Nuestra Señora de Belén, para acoger a ancianas solas y dar una nueva dimensión al tratamiento de la tercera edad; en la recuperación de los conjuntos urbanos de la manzana de la farmacia “La Reunión”, con la escuela “El Salvador”, fundada por Don José de la Luz y Caballero, insigne pedagogo cubano, el rescate de la medicina tradicional y la construcción de nuevas viviendas asociadas a la rehabilitación del convento de Santa Teresa de Jesús, a manera de ir creando focos internos donde la dinámica inversionista genere confianza y credibilidad en zonas donde por razones obvias de escasez de recursos, no se generalizarán las acciones hasta el mediano o largo plazos.

Hemos sobrepasado los límites del centro histórico para desplegar la acción rehabilitadora por el Malecón tradicional hasta el parque Antonio Maceo, recientemente remozado, con la absoluta confianza de que recuperaremos lo que una vez fue la sonrisa de la ciudad.

En bien de convertir a La Habana Vieja en uno de los centros de mayor atracción del país, la Compañía Turística Habaguanex S.A., parte de compatibilizar fines culturales con intereses económicos, mediante la explotación de la infraestructura gastronómica, comercial y hotelera. Ella administra establecimientos rehabilitados de renombre en el pasado como el “Bar Monserrate”, “La Zaragozana” y el “Castillo de Farnés”, y restaurantes, mesones y hoteles que restablecen las capacidades con que durante siglos contó la ciudad. Entre ellos los restaurantes “La Dominica” y “A Prado y Neptuno”, los mesones de “La Flota” y “Onda”, los hoteles “Florida”, “Santa Isabel”, y “Ambos Mundos”, reconocido por acoger al escritor norteamericano Ernest Hemingway; los hostales “Valencia” y “El Comendador”, en Oficios y Obrapía, y “Conde de Villanueva”, en Mercaderes y Lamparilla, donde se adentra al visitante en la cultura del tabaco cubano. Hoy alrededor de 770 mil turistas, el 80 por ciento del total de visitantes de la ciudad en un año, recorren su parte más antigua.

Las zonas rehabilitadas y atractivas que muestra hoy el Centro Histórico, básicamente las de estructuras de servicios de centro, generan un efecto multiplicador de nuevas inversiones e intereses, que repercutirá de manera favorable en otras zonas del centro histórico, donde predominan las estructuras de viviendas.

Promocionar la cultura cubana, ensalzando las culturas provenientes de otras nacionalidades presentes en el desarrollo histórico de nuestra nación, es una premisa fundamental que ha desencadenado una intensa programación cultural en las instalaciones creadas y a través de los medios de difusión masiva.

La esencia de la cultura cubana y la nacionalidad como valores particulares de ascendiente universal son estimables en diversas instalaciones de la Oficina del historiador; la Casa Natal de José Martí, el museo de Arte Colonial, del Automóvil, de la Plata, y las Casas de la Obrapía y de Humboldt, en la que tuvo estancia e hizo experimentos el eminente científico Federico Enrique von Humboldt. Complementan sus funciones galerías de arte, librerías como la popular “La Moderna Poesía”, tiendas, ateliers, entre ellas, “Colección Habana”, la perfumería "1791" y la Casa del Tabaco.

La maqueta del Centro Histórico está llamada a convertirse en un punto de obligada referencia para quienes pretendan conocer el Centro Histórico, como lo son para los amantes del arte la sala de conciertos de la Basílica Menor de San Francisco de Asís y la Iglesia de Paula, y lo serán en el futuro el Teatro Martí y la sala de música en la antigua iglesia de San Felipe de Neri.

Rescatar la memoria literaria, artística y técnica de la capital cubana, es un empeño que ha fraguado con la revista Opus Habana, ya introducida en el ámbito cultural y artístico del país, que cuenta con un sitio Web y una transmisión semanal a través de la emisora de la Oficina del Historiador, y con la sistematización de otras ediciones de perfil especializado a través de la Editorial Boloña.

Desde la Lonja del Comercio, en la Plaza de San Francisco de Asís, transmite Habana Radio, emisora de la Oficina del Historiador, por los 106.9 FM. Desde su fundación en enero de 1999, potencia una relación inédita hasta el momento con los habitantes de esta zona de la capital y cuenta con el aporte de reconocidos profesionales del medio, especialistas en Ecología y Medio Ambiente, Arte y Literatura, Seguridad Ciudadana, Ciencias Políticas y Económicas, Historia, Patrimonio y Restauración. Existen varios espacios de participación popular en asuntos de salud, adultez, los jóvenes y su entorno, el conocimiento científico, las problemáticas sociales y la infancia. Su experiencia fue expuesta por la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) y el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), para estudiar las dinámicas de este tipo de radiodifusoras en Iberoamérica.

Consciente de la importancia de los medios masivos de comunicación, la Oficina del Historiador ha mantenido su apoyo a la programación de la televisión nacional y local, y ha facilitado la presencia permanente del Centro Histórico en diversos programas, destacándose el ya tradicional programa televisivo “Andar La Habana”, en el aire por más de quince años.

Promocionar las culturas de otras áreas geográficas presentes en la vida cubana, ha fomentado la aparición de sitios donde se reviven tradiciones y costumbres. Los habaneros y visitantes conocen las particularidades histórico-culturales de otros países, y sobre todo, los rasgos de culturas que conforman la idiosincrasia de los cubanos en los Museos de Asia, de África y de los Árabes, la casa de México, la de Guayasamín y la de Simón Bolívar, a través de fiestas, homenajes, conferencias, exposiciones y otras actividades. También la Sociedad Dante Aligieri y el Centro Cultural de España, completan la diversidad de nuestras raíces, coincidiendo también con países muy vinculados a la obra revitalizadora de La Habana Vieja.

A estas alturas la ciudad propone la conciliación entre su aspecto exterior y el mundo interior donde se gestan y afianzan los rasgos de su patrimonio intangible. Si en el siglo XIX fue un emporio cultural por su carácter de núcleo capitalino, en el presente continúa siéndolo además, por la actual estrategia de su restauración consciente.

Divulgar los valores patrimoniales del territorio y los proyectos de rehabilitación con el fin de educar y sensibilizar a la población y movilizar nuevos colaboradores en la esfera nacional e internacional, ha sido un factor decisivo en el propósito de salvaguardar La Habana Vieja, que promete ser una carrera contra el tiempo dada la magnitud de su deterioro.

A partir de la aplicación del nuevo modelo de gestión y los resultados alcanzados, la colaboración internacional ha ido adquiriendo cada vez un papel más trascendental en la obra de restauración. Contamos con el Programa de Desarrollo Humano Local (PDHL), un proyecto de cooperación descentralizada de Naciones Unidas, con el que se pretende multiplicar los recursos para objetivos de marcado interés social, especialmente los dirigidos a grupos vulnerables. En nuestro territorio colaboran regiones y ciudades italianas que aportan, junto a los actores locales, Gobierno Municipal y Oficina del Historiador, los fondos necesarios para impulsar los proyectos. El Plan de Acción local contempla 60 proyectos, varios de los cuales implican la recuperación de inmuebles valiosos.

La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) colaboró y rigió junto a la Oficina del Historiador, varios proyectos de gran envergadura: la restauración de la Iglesia y Convento de San Francisco de Asís, y la Alameda de paula; la Escuela Taller “Melchor Gaspar de Jovellanos”, encargada de formar una legión de jóvenes artesanos en los viejos oficios de carpintería, vidriería, herrería, albañilería, cantería, ebanistería, jardinería, y restauración de pintura mural. También patrocinó la creación del Plan Maestro de Revitalización Integral de La Habana Vieja en diciembre de 1994.

Ante la crítica situación de la vivienda, en septiembre de 1999, se estableció un acuerdo ejecutivo con el Gobierno Italiano donde se destinan recursos financieros para el reforzamiento estructural de viviendas, y la adecuación del Centro Municipal de Emergencia ante Derrumbes y la creación de una brigada de constructores equipada y especializada en acciones de emergencia.

A este esfuerzo en pro de la vivienda se ha venido a sumar también el reini de Bélgica, quien, a través del PNUD, coopera en la construcción de nuevas viviendas en el centro histórico.

También ha habido relaciones de cooperación con el Reino Unido, con Canadá, con Alemania, con la Unión Europea.

Así, la cooperación y las ayudas internacionales siempre serán bienvenidas y agradecidas, pues nuestro pueblo, siendo solidario por principios, sabe reconocer al amigo que se une a su empeño.

Mantener el carácter residencial del Centro Histórico, según los parámetros apropiados de habitabilidad y calidad de vida, en un ambiente de urbanidad donde se vincule directamente la población a la labor de restauración, es uno de los objetivos más celosamente vigilados en su rehabilitación, por lo que condiciona cada proyecto o acción ejecutada.

Impedir la pérdida del carácter residencial o desequilibrios del sector terciario, la segregación espacial o exclusión social, la “congelación” de la zona históricamente habitada, y asegurar la sostenibilidad, son criterios que dominan la actividad revitalizadora, lo que obliga al constante monitoreo y consenso de los procesos de gestión.

Se desarrolla un programa para la creación de nuevas viviendas, que prevé la construcción de 8 500 en doce años, ubicadas dentro o fuera del municipio, según los imperativos económicos.

El plan de 1999 destinó 3,5 millones de dólares para este fin y también el programa de viviendas de tránsito contó ese año con 385 mil dólares. Anualmente se destinan 500 mil dólares para la rehabilitación del barrio de San Isidro.

Obras vinculadas a la recuperación comercial de la calle Obispo y el Paseo del Prado beneficiaron numerosas viviendas con mejoras interiores y reparación de fachadas, para lo cual se destinaron 561 mil dólares.

La totalidad del financiamiento aportado por la Oficina del Historiador a estos programas corresponde a un valor de 5 millones 446 mil dólares, de los cuales 3 millones 500 mil se destinaron a la construcción de nuevas viviendas en Cojímar.

Como ejecutores principales de estos programas se encuentran las Empresas de Puerto Carenas, de Restauración del Plan Malecón y de Restauración de Monumentos, pertenecientes a la Oficina del Historiador.

Pensamos que para lograr un eficaz proceso de rehabilitación urbana es imprescindible una rehabilitación social y económica de los residentes. La mejoría de las condiciones del hábitat debe ir indisolublemente ligada a una reactivación económica local que posibilite a los vecinos incrementar sus ingresos y disponibilidad de recursos como base fundamental para su participación en el rescate del Centro Histórico.

Dotar al territorio de una infraestructura técnica y de servicios que funcione en correspondencia con las necesidades contemporáneas, para impulsar una economía local que asegure el autofinanciamiento y haga recuperable y productiva la inversión en la recuperación del Patrimonio, ha permitido a la Oficina del Historiador generar los fondos para solucionar en el corto plazo los problemas más urgentes.

Fueron creados la Compañía Habaguanex S. A., en el año 1994, para explotar los recursos hoteleros y extrahoteleros y ofrecer variados servicios turísticos; la Compañía Fénix S. A., en el año 1996, con vistas a explotar los recursos inmobiliarios (renta de oficinas y de apartamentos de alto estándar), y fomentar la recuperación de inmuebles y otros bienes; la Inmobiliaria Áurea en el año 1996, para el alquiler de espacios de oficinas en la Lonja del Comercio, y aparcamiento de autos en el edificio aledaño, además la Agencia de Viajes “San Cristóbal”.

Con las entradas provenientes de la explotación del turismo, de los recursos derivados del sector terciario e inmobiliarios, del cobro de servicios culturales, y de los impuestos a empresas productivas enclavadas en el territorio y a trabajadores por cuenta propia, se han fomentado significativos niveles de inversión en el área, fundamentalmente en la recuperación de edificios de valor patrimonial destinados a las propias instalaciones turísticas, culturales, programas de viviendas y obras sociales.

En el período 1994-2001, tuvimos ingresos por un monto de 289 millones de dólares, de los cuales 99 millones fueron utilidades reinvertidas en el proceso de recuperación integral. También en ese período se contribuyó con la nación, aportando 21 millones de dólares, no porque se nos exija, sino como un ejercicio moral, bajo el principio de que sin Patria no hay centro histórico. El monto general del Plan de Inversiones de estos siete años ha sido de 117 millones de dólares, de los cuales cincuenta y cinco han sido préstamo de la Banca cubana.

En un balance del destino de las inversiones en el territorio, se puede afirmar que el 44 % de los ingresos fue dedicado a proyectos que multipliquen la generación de recursos económicos, el 33 % a programas sociales y el 23 % a reanimaciones urbanas, aportes a la reserva y otras obras inducidas relacionadas con el hábitat. En ese período se recuperaron cinco veces más inmuebles que en los doce años precedentes.

El crecimiento económico ha sido progresivo y cada año se prepara el presupuesto del siguiente, teniendo en cuenta la producción del anterior. En estos planes de inversión participa además el Gobierno Municipal, donde se analizan, de acuerdo a las estrategias de desarrollo, las necesidades y urgencias para preparar un plan que equilibre los destinos de los recursos.

Se ha apoyado también la modernización de la telefonía y de la red eléctrica soterrada. El alumbrado público se ha sustituido en muchos lugares y en otros se ha dotado del servicio que era francamente insuficiente, contribuyendo con ello a una elevación de la seguridad ciudadana, todo lo que va transformando paulatinamente las condiciones y calidad de vida de los residentes y de los visitantes.

Como parte del proyecto de rehabilitación urbanística, la Oficina del Historiador concede una especial atención a la redes viales y las técnicas, en general en muy malas condiciones y tradicionalmente postergadas respecto a otros programas. En el caso vial esto resulta particularmente complejo no sólo por el estado en que se encuentra, sino por la necesidad de garantizar un ordenamiento de transporte coherente con los propósitos de convertir al Centro Histórico en un lugar de facil acceso.

Ejecutar proyectos sociales dirigidos a grupos vulnerables: niños, mujeres, ancianos y discapacitados, así como a barrios considerados en desventaja, dada la grave situación de la vivienda, es un objetivo que se materializa a través de un amplio programa social que provoca en la zona un panorama en el que están presentes los centros de salud para gestantes con factores de riesgo, para niños con necesidades educativas especiales, y centros geriátricos; biblioteca pública, parque infantil, jardines y espacios de esparcimiento, los museos y salas de concierto.

La experiencia de la Oficina del Historiador de abrir los museos a las escuelas de educación primaria rompió con prejuicios francamente elitistas. La creación de aulas en ellos – llamadas aulas-museos – significó una revolución cuya consecuencia inmediata ha sido consagrar el principio de apropiación de los bienes culturales, en primerísimo lugar para la infancia. Esta idea, surge por la necesidad de mejorar las condiciones ambientales de las escuelas del Municipio y de vincular a los niños al proceso de reanimación, preparándolos cultural y formalmente para asimilar los cambios.

Por otra parte el Centro Estudiantil José de la Luz y Caballero para niños y jóvenes les provee de un lugar confortable donde sumarse a Círculos de Interés para desarrollar sus capacidades, sensibilidad y canalizar inquietudes, a la vez que se educan y adquieren conocimientos en su tiempo libre a través de artes plásticas, artes aplicadas, danza, literatura, ecología y filatelia. Han participado siete mil 588 niños de tres escuelas primarias, entre ellos reciben atención especial niños con Síndrome de Down.

Cerca de 200 jóvenes entre 18 y 21 años se han graduado en la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos como operarios en labores propias de la restauración, lo que les ha posibilitado incorporarse a las empresas de restauración de la Oficina del Historiador. Ello garantiza la fuente de trabajo a un grupo numeroso y necesitado de pobladores.

La rehabilitación del Anfiteatro de La Habana con atractivos programas culturales, circo, cine, concierto y teatro para niños y jóvenes, y la creación del parque de diversiones aledaño, completan el universo de acciones inmediatas dirigidas a este gran grupo humano.

En relación con los ancianos, la Oficina del Historiador, atendiendo a que las personas de más de 60 años que viven en el municipio constituyen el 20 % de su población total, trabaja en la recuperación del antiguo Convento e Iglesia de Belén para convertirlo en Asilo, y a su vez, Hotel de la Tercera Edad, el cual servirá de sustento económico al asilo que, atendido por la Orden religiosa de las Hermanas de la Caridad, acogerá a 100 ancianos.

El Plan de atención a los abuelos se orienta hacia los clubes que organizan y controlan las policlínicas de la comunidad, y en coordinación con ellos se vinculan a los museos y casas especializadas de la institución, donde se incorporan a grupos de psicodanza, crítica cinematográfica y actividades artísticas, y son atendidos por psicólogos y trabajadores de la salud altamente calificados. Además se creó el Centro Geriátrico “Ramón y Cajal” para la atención al adulto mayor.

La creación de hermandades entre amas de casa, jubilados y trabajadores por cuenta propia, agrupados en Bordadoras de Belén, Carpinteros y Zapateros de La Habana Vieja, obedecen a la lucha por el rescate de tradiciones y oficios afines, y ha posibilitado que hombres y mujeres de diferentes edades se integren en torno a un objetivo común de ayuda mutua, solidaridad comunitaria y revitalización de su economía familiar, a la vez que realizan labores en beneficio de la comunidad.

Han sido significativos los logros en obras sociales en los últimos años. Se destaca entre ellas por su impacto en la comunidad, el Centro de Rehabilitación para la edad pediátrica “Senén Casas Regueiro” con capacidad para atender aproximadamente 40 niños en régimen de semi-internado, y otros más en tratamientos ambulatorios. Para tratar afectaciones y patologías cerebrales profundas, este centro ha sido dotado de equipamiento y tecnología terapéutica de punta. Este proyecto, novedoso por su concepción, gestión y servicio, podría llegar a constituir un centro de referencia médica especializada, así como un hito en nuestra labor social.

Otras obras ejecutadas para elevar la calidad de vida de la comunidad residente han sido la Ludoteca, el remozamiento de cinco escuelas primarias y de varios consultorios del médico de la familia, así como la dotación de material e instrumental clínico a los mismos.

En el orden urbano, se realiza un complejo proyecto de rehabilitación integral del barrio de San Isidro - el más deprimido del territorio -, lleno de difíciles retos, pues no solo pretende rehabilitar las viviendas, sino mejorar todos los servicios a la población y crear nuevas opciones involucrando directamente a los vecinos en la recuperación de su hábitat. Ya ha sido posible inaugurar una nueva escuela primaria, la “Mariano Martí”, un centro polivalente y otro cultural, así como mejorar sustancialmente las condiciones de las viviendas.

La estrategia del proyecto reconoce la necesidad de concentrar las acciones profundas en pocas manzanas y a la vez generalizar una acción de reanimación que ofrezca una nueva imagen al barrio. También involucra activamente a la comunidad y al Gobierno Local con la creación de las Brigadas Populares, y al Presidente del Consejo Popular, como representante genuino de la población residente.

El trabajo se estructura a partir de subprogramas que marchan simultáneamente para la conservación, rehabilitación, remodelación, trabajos de emergencia, reparación, construcción de viviendas de transito, reanimación urbana y sociocultural, tratamiento de las áreas libres y las áreas públicas, alumbrado público y completamiento de servicios básicos y complementarios. Como proyecto social culminante se realiza por parte de los niños y jóvenes pioneros de las escuelas radicadas en el Consejo Popular, y los ancianos de la comunidad, el llamado “Rescate de la Memoria Barrial”.

Epílogo

Entendemos que para que la obra sea posible debe haber una garantía de continuidad; rehabilitar un centro histórico en su sentido mas abarcador, resolviendo no solo la salvaguarda de sus valores tangibles, sino también implicando a la población residente, convenciendo a actores que tradicionalmente no se han visto involucrados en la acción, generando empleo y viviendas y todo lo relativo a ella, para que se pueda habitar dignamente, generando empleos, requiere de tiempo para obtener resultados serios, para dar continuación a los programas, para generar confianza en todos aquellos que deben participar, que son muchos, pues se trata de una responsabilidad compartida.

Si se habla seriamente de transformar los centros históricos y convertirlos de nuevo en lugares vitales, seguros, donde la cultura sea la protagonista del desarrollo humano, entonces estamos hablando no solo de transformar estructuras de madera y piedra, sino también de transformar estructuras sociales.

El proceso no puede ser sometido a los cortos períodos de gobierno de las municipalidades, ni a la fluctuación de las prioridades que las diferentes tendencias puedan establecer para el rescate del centro histórico; lo que está en juego es la identidad propia y eso es un objetivo de carácter nacional.

En nuestro caso hemos optado por el reconocimiento de una “entidad líder” que convoca, que concilia, pero con suficiente jerarquía como para garantizar un proyecto a largo plazo, con acciones intermedias en el corto y en el mediano. La autoridad la ejercemos como un espacio de creación, de transformación, no como un espacio de poder vacuo.

Para ello, la Oficina del Historiador se mueve con una maquinaria compleja, que responde a todo el proceso, desde la planificación territorial y de los recursos, hasta la explotación de los inmuebles que producen los recursos financieros para el autofinanciamiento de la rehabilitación. También apoya a la gestión de la administración municipal en sus propósitos propios, en la búsqueda de un equilibrio entre la vida cotidiana y la necesaria opción de vincular el desarrollo al turismo.

Proyectamos una relación nueva, una convivencia sencilla entre las personas del lugar y las que visitan, entre todos y el medio ambiente, una relación que incorpore los nuevos conceptos de género y de inclusión. Y las pruebas de que funciona están: la escuela primaria junto a la inmobiliaria o dentro del museo; el hogar materno infantil frente al hostal; la biblioteca pública en convivencia armoniosa con los servicios gastronómicos y comerciales.......

No cabe la más mínima duda de que habrá un renacimiento importante, pues nuestro discurso es el de la esperanza.


Eusebio Leal Spengler

Historiador Oficial de la ciudad de La Habana, Cuba. Presidente del Grupo Parlamentario de Amistad Cuba-México. Reconocido autor de numerosos artículos sobre patrimonio cultural.


Estudios y experiencias

Eusebio Leal Spengler