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María Teresa Quiroz
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Número 3 - Febrero
- Mayo 2003
Por una
educación que integre el pensar y el sentir
El papel de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
María Teresa Quiroz(1)
Síntesis
La importancia de los medios masivos de comunicación -llámense
prensa escrita, cine, radio y especialmente televisión- en la formación
de las opiniones, valores, expectativas sociales y en la socialización
en general, es un hecho evidente. A estos medios se ha incorporado la
tecnología digital que abre y potencia el campo de la información
y el entretenimiento. Estamos frente a tecnologías del conocimiento
que afectan la forma en que sentimos y pensamos, lo cual ha creado un
nuevo ambiente comunicacional que modifica nuestra manera de percibir
y vivir en el mundo.
Hoy más que nunca es indispensable pensar la educación
más allá de las fronteras del aula de clase y de las paredes
de la escuela. "El aula sin muros" de Marshall McLuhan es la
gran metáfora que expresa que la explosión de la información
y el conocimiento y la distribución del saber social han desbordado
a las instituciones formales de educación. Pero además estamos
en un momento en el cual no podemos pensar la educación por fuera
de las necesidades y de la sensibilidad de los niños y jóvenes,
de su cultura y sus proyectos, que están vinculados a espacios
e intereses que las instituciones educativas no consideran adecuadamente.
Este trabajo pretende vincular la educación y la comunicación,
pensar en los efectos y en las posibilidades de los diferentes medios,
en sus conflictos y proyecciones. Dejar de lado el moralismo y el dogmatismo,
las ideas ilustradas de la educación, y pensar en las tecnologías
no como "fierros" sino como "diálogos" que
pueden potenciar nuestras posibilidades expresivas. Se trata de integrar
los esfuerzos por la educación, y parte de ello se producirá
abriendo la escuela al conocimiento de otros lenguajes y competencias.
Hay que limar las asperezas entre el quehacer de los medios y de la escuela,
incorporando el lenguaje audiovisual y cohesionando los aspectos instructivos
con los educativos, los culturales con los racionales, la memoria con
la creatividad.
1.Introducción
En momentos de crisis como los que hoy en día compartimos, en
un terreno donde la relatividad de los valores es notable y la confusión
la nota dominante, hay que evitar la regresión propia del moralismo
y el dogmatismo. La interpretación sobre el papel y los efectos
de los medios masivos ha estado cargada de profundos malentendidos debido
a concepciones instrumentales de los medios, así como a ideas ilustradas
de la educación, provenientes del mundo de la escritura. Esto ha
producido que se sigan manteniendo al margen, por fuera del sistema y
de las prácticas educativas, las culturas que se gestan o se expresan
por los medios de comunicación. El gran reto de este tiempo es
acercar a todos aquellos que están dispuestos a comprometerse en
el proyecto de una educación crítica, de calidad y que contribuya
con el desarrollo equitativo de nuestras naciones. Así enfrentaremos
el abismo entre la cultura desde la que piensan y hablan los maestros
y aquella otra desde la que perciben y sienten los más jóvenes.
De este modo estaremos en mejores condiciones para proponer los cambios
necesarios, más allá de la simple modernización tecnológica
o de la condena moral a la cultura audiovisual.
El propósito de este texto es plantear el tema de la comunicación
como un aspecto fundamental que vincula la educación, la cultura
y el desarrollo, así como las nuevas condiciones del saber, las
nuevas formas del sentir y las nuevas figuras de la socialidad.
Con tal propósito se examinará el rol que cumplen los
medios de comunicación y la sociedad de la información en
la educación, en la formación del sentido común,
del imaginario de los públicos, de las expectativas y las aspiraciones,
así como en los modos de relacionarse, las sensibilidades y las
propias identidades. Asimismo, presentaremos algunos avances de una investigación
en curso en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima
y plantearemos propuestas que procuran el acercamiento y la comunicación
entre profesores y alumnos, así como el desarrollo de lenguajes
y competencias que faciliten una actitud crítica, que, sin dejar
de lado el nivel de la función de entretención que tienen
los medios de comunicación, promueva el desarrollo de educandos-ciudadanos
autónomos y participativos.
2.Sociedad y comunicación
a.Los cambios sociales y culturales: del siglo XX al siglo XXI
¿Qué ha cambiado entre el siglo XX y el XXI? Una de las
diferencias más profundas es la que existe entre una sociedad basada
en las relaciones materiales y el contacto físico, y otra que se
apoya en las relaciones comunicativas, en las que pierden peso las relaciones
físicas en favor del universo mediático-relacional, el de
los lenguajes.
En este nuevo siglo es notorio que la riqueza emana del conocimiento,
un bien que está cada vez más amplia y libremente extendido
que nunca, y, aparentemente, a disposición de todos a través
de las redes. Asistimos a un proceso evidente de cambio en los modos de
producción y apropiación de la riqueza, en el que la capacidad
intelectual y la imaginación, la invención y la organización
de nuevas tecnologías son los elementos estratégicos clave.
Por consiguiente, el conocimiento y las habilidades se erigen como única
fuente de ventaja relativa (Thurow, 1994).
En la historia de la comunicación humana, la imprenta, el teléfono,
la televisión y la computadora han supuesto grandes cambios. Hoy
contamos con un nuevo medio de comunicación humana, Internet, cuyo
impacto en la vida económica y social hace posible una nueva economía
basada en una red de inteligencia humana. En esta economía digital,
los individuos y las empresas crean riqueza aplicando su conocimiento.
Al igual que los tendidos de energía eléctrica, las carreteras,
los puentes y otros servicios constituían la infraestructura de
nuestras viejas economías basadas en la industria y la explotación
de los recursos, la red se está convirtiendo en la infraestructura
de una nueva economía, la del conocimiento. El mundo desarrollado
paulatinamente deja de ser una economía industrial basada en el
acero, los automóviles y las carreteras para convertirse en una
economía digital construida a base de silicio, computadoras y redes
(Cebrián,1998).
Si actualmente la capacidad intelectual, la creatividad y la invención
son creadoras de riqueza, es evidente que el papel de la educación
es y será creciente. Si las instancias productivas se alteran,
si las características del trabajo cambian, es obvio que la formación
básica, técnica y profesional deberá sufrir modificaciones.
Frente a estos cambios se requiere de políticas urgentes.
b. La cultura de masas y la televisión
La cultura de masas se caracteriza por su omnipresencia, fragmentación,
dispersión, uniformidad, esquematismo y superficialidad, así
como por la oferta de valores en los que la moral de éxito pretende
homogeneizar y uniformizar al espectador.
El medio de masas por excelencia -el que mejor ha impulsado la cultura
de masas- ha sido la televisión. Un medio basado en el lenguaje
audiovisual que no requiere competencias para su comprensión, organizado
sobre un tipo de tecnología de distribución y de registro,
con una difusión y capacidad de penetración sin antecedentes
en la historia; un acceso directo en el hogar y un entorno doméstico
muy próximo al usuario.
Nos interesa puntualizar el rol social y cultural de la televisión
para comprender sus alcances y posibilidades. Esto porque, lentamente,
y pese a los prejuicios y al muro que aún separa los territorios
de la alta y la baja cultura, la crítica a la televisión
empieza a desprenderse de esa actitud irritada y moralista de muchos sectores
como los intelectuales, los maestros y los políticos, para dar
paso a que se indague por qué razones la televisión tiene
un impacto de tanta trascendencia en la vida social y cotidiana de los
más jóvenes. Por ese motivo, quisiera destacar la importancia
de la ficción televisiva porque nos aproxima a la cuestiones de
la relación entre los medios de comunicación, las identidades
colectivas y la subjetividad de los públicos. El hecho de que decenas
de millones de personas alrededor del mundo miren algunos de los programas
más reconocidos de la televisión como las series y telenovelas,
habla de una de las marcas culturales de nuestras sociedades, no solamente
latinoamericanas. En continentes alejados y diferenciados, la telenovela
producida en América Latina es doblada y vista con gran éxito
por públicos culturalmente diferenciados, y nos habla del fenómeno
del crecimiento de los productos articulados narrativamente, en detrimento
de los discursos informativo-argumentativos.
La televisión, ubicada en la casa, permite que los mundos imaginarios
fluyan y se mezclen con los de la vida diaria, más aún porque,
a diferencia del cine, la televisión se ve en medio
de los ruidos y las interferencias propias del espacio cotidiano.
Conversaciones, gritos, sonido del teléfono o el timbre, entradas
y salidas de los miembros de la familia son parte de las actividades de
quienes además ven televisión e interactúan con el
entorno inmediato. Eso inserta a la televisión en la vida cotidiana,
haciéndose parte de las experiencias de los sujetos.
c. Nuevas tendencias y disolución de lo masivo
A lo largo de los últimos años del siglo XX, la cultura
masiva sufrió considerables cambios. El desarrollo de la tecnología
ha propiciado el paso de un medio tradicional a un medio interactivo de
nueva generación, para lo cual han tenido que converger dos progresos
tecnológicos considerables: la digitalización y la extensión
de la difusión vía satélite o vía cable. Se
trata de una tendencia a la personalización de la oferta de televisión
y de servicios comunicativos cada vez más individualizados a través
de la televisión por cable, por ejemplo, lo que genera que la función
cotidiana de este medio inicie un profundo cambio. En la televisión
abierta y generalista se mostraba, se informaba a todos por igual. Estamos
pasando de un sistema en el que el telespectador es un apéndice
instrumental de una televisión todopoderosa y centralizada, a otro
en el que el telespectador es más activo, decide de acuerdos a
sus intereses y puede interactuar. Los cambios recién están
empezando.
Con la extensión de la nueva televisión y con el éxito
y crecimiento de Internet, en los últimos años del siglo
XX surgió un nuevo paradigma mediático y cultural. A este
fenómeno se le llama la multimediatización. Es el fruto
de la integración del sistema clásico de medios con el mundo
de las telecomunicaciones de la informática y, en definitiva, con
los avances producidos con la digitalización. Es un proceso sociocultural
que ha derivado en la sociedad-red (Castells, 1996).
A estos cambios en la cultura masiva le corresponden otros comparables
en el modelo educativo. Si esbozamos una comparación entre la sociedad
de masas y el sistema educativo es posible señalar lo siguiente:
la sociedad de masas se caracteriza por una centralización de la
información, rigidez de la programación, estandarización
de los productos y formatos, así como pasividad del consumidor.
A este modelo correspondía un sistema educativo con una gestión
centralizada, rigidez de los currícula, un modelo instruccionista,
normalización de los sistemas de aprendizaje, control nacional
del sistema, memorización de los contenidos; es decir, una modalidad
operativa y disciplinadora. La sociedad red introduce nuevos reglas
de juego que afectan al sistema comunicativo y, en consecuencia,
al educativo, en los siguientes aspectos: acaba la centralización,
no es posible controlar la difusión del saber ni la información
y la educación, la flexibilidad y las diversas opciones, los modelos
interactivos y construccionistas, la diversificación y personalización,
globalización, interactividad y participación (Pérez
Tornero, 2000). Definitivamente se produce un des-centramiento que reorganiza
los saberes, el orden en el acceso y rompe con la secuencialidad .
3. Educación y Comunicación
a. Los medios de comunicación y la educación
Tal como lo hemos venido sosteniendo, la relación entre la educación
y los medios masivos de comunicación nos permite reflexionar sobre
el papel que tiene actualmente la comunicación en la cultura de
los educandos, en su socialización, en su sensibilidad, así
como en la organización de su tiempo. Pero esto no es suficiente.
Tenemos ante nosotros, además, el reto de comprender las necesidades
y las demandas de los niños y jóvenes en general, así
cómo el modo como la cultura audiovisual y las tecnologías
del conocimiento afectan la forma de pensar y sentir de los educandos.
Es por todas estas razones que no podemos seguir pensando la educación
por fuera de la sociedad y al margen de los medios de comunicación.
Los educadores, como también los padres de familia, pretendieron
proteger a los niños dejando por fuera esta nueva y omnipresente
realidad, por el temor de que contaminara su desarrollo. Esto ya no es
posible. La fuerza de los hechos que ingresan a través de las palabras
y las imágenes no permite tener escuelas ni hogares "limpios"
de realidad. Éstos invaden las instituciones, y las viejas tácticas
evasivas ya no dan resultado. Vivimos en un ecosistema comunicativo que
demanda, en cada caso, la búsqueda de contenidos y formas innovadoras.
Los "media", su crecimiento continuo y su perenne ocupación
del espacio-tiempo social, han venido a configurar un nuevo clima cognoscitivo
y de aprendizaje. Las generaciones jóvenes se han educado e instruido
en ese presente extendido que denominamos moda, actualidad, inmediatez,......
ante lo cual son más vulnerables. Han aprendido sus valores y se
han forjado niveles de aspiración y modelos de identificación
relacionados con las imágenes que se difunden masivamente, aunque
también crean o experimentan otros lenguajes. Se muestran síntomas
de una divergencia profunda entre los valores y pautas de comportamiento
de la escuela y los medios. La televisión no sólo desordena
los linderos que enmascaran las mentiras sobre las cuales los adultos
inventaban un mundo para los niños, sino que, a la vez, desordena
las secuencias y jerarquías de aprendizaje.
A esto hay que añadir que hoy en día vivimos en un ecosistema
comunicacional o nuevo espacio social y comunicacional, al que Javier
Echeverría (Echeverría, 2000) llama un entorno informacional,
que difiere del entorno natural y del entorno urbano, en los que tradicionalmente
han vivido y actuado los seres humanos. El entorno informacional no es
sólo un nuevo medio de información y comunicación,
sino también de interacción, memorización y entretenimiento.
La diferencia más importante entre el entorno informacional y los
otros dos (el natural y el urbano) estriba en la posibilidad de relacionarse
e interactuar a distancia. En la medida en que la sociedad de la información
y, lo que es más, la sociedad del conocimiento se vayan desarrollando
y consolidando, las personas habrán de saber ser y actuar
en los tres entornos, para lo cual se requiere preparar a los más
jóvenes en nuevas competencias que les permitan desenvolverse en
los diferentes espacios.
Este nuevo espacio social de conocimiento y entretenimiento, del pensar
y el sentir, se convierte en un nuevo campo de expresión
sensorial. Las pantallas de la televisión y la computadora, los
teléfonos móviles, los infojuegos, los discos digitales
multimedia y los aparatos de realidad virtual constituyen la interface
con el nuevo espacio social.
b. Tecnología y escuela
La expansión de la comunicación y la información
le plantea a la escuela una serie de retos como los siguientes:
- La escuela ya no es la depositaria privilegiada del saber o, al menos,
no lo es del saber socialmente relevante. Es una fuente más entre
las demás que compite -a veces contradictoriamente- con otras
como la radio, la televisión, la prensa o las bibliotecas y museos
virtuales, por ejemplo.
- Las escuelas tampoco son los ámbitos privilegiados de socialización.
Si la educación tiene que ver con las actitudes, normas y valores,
es muy cierto que los medios de comunicación, las modas y el
grupo de amigos se convierten en los más poderosos sistemas educativos
del momento.
- La escuela sigue siendo la institución más eficaz para
la enseñanza de la lectoescritura, pero está quedándose
atrás en la promoción de la nueva alfabetización
de la sociedad de la información, la del lenguaje audiovisual
y de la informática. Los niños asimilan las claves del
lenguaje audiovisual lejos de la tutela de la escuela, de modo práctico
e intuitivo, aprovechando su capacidad de exploración y de ensayo,
aumentando sus capacidades de un modo informal y autónomo. Por
ese motivo, la exploración de saberes se convierte en una actitud
que conviene promover.
- En la medida en que los maestros no son los únicos que "atesoran"
las habilidades y sabidurías, es urgente una redefinición
de su rol, que se aleja de su responsabilidad de transmitir todos
los conocimientos y se acerca al principio de ser un soporte del aprender
a aprender.
En términos generales, la renovación tecnológica
en la educación es aún hoy pobre y lenta. En este contexto
nadie discute que se ha producido una explosión de información
y conocimiento que desborda a los centros educativos. Las escuelas y universidades
ya no son los únicos centros de la racionalidad y del progreso
científico o social, ni los únicos que controlan la distribución
del saber social. Su capital-conocimiento tiene que competir con el capital-conocimiento
generado autónomamente por el sistema industrial, financiero y
militar, y con el que producen y mantienen los "media". Especialmente,
estos últimos se han convertido progresivamente en el nuevo soporte
del conocimiento público. El título de un divulgado artículo
de Marshall McLuhan "El aula sin muros" expresa claramente esta
situación.
La sociedad de la multimediatización a la que nos estamos aproximando
a pasos agigantados exige una nueva alfabetización basada en los
nuevos medios y en los nuevos lenguajes. La escritura y la lectura no
sólo conservan sino que también acrecientan su importancia
en la actualidad. Pero, en paralelo, crece la urgencia de reconocer el
fenómeno de la comunicación y la necesidad de potenciar
la expresión, y a ello deben dedicar los mejores esfuerzos los
centros de enseñanza en la actualidad. El estímulo a la
creatividad es uno de los objetivos importantes que las escuelas deben
incorporar en sus proyectos académicos, a través del rol
de las artes en el aula. Tradicionalmente la educación centró
sus esfuerzos en el lenguaje verbal. Se trata ahora del estímulo
al conocimiento de otros lenguajes y, sobre todo, a la posibilidad de
experimentar y expresarse creativamente a través de la música
y la danza, la pintura y el dibujo, el teatro y el video, lo que supone
crear campos en los cuales los educandos puedan integrar sus experiencias
e intereses, estimulando su capacidad critica y formacion de opiniones.
Por ejemplo, es posible educar a través de una pedagogía
de la imagen que la emplea no sólo como soporte o para ilustrar
la palabra, sino que privilegia la imagen y su soporte tecnológico
como expresiones de algo. La imagen como sentido permite que
el sujeto de esta pedagogía tenga acceso a lo icónico como
un ejercicio de sensibilización, al mismo tiempo que descubre las
estructuras que gobiernan las representaciones de las cosas y la intencionalidad
comunicativa de sus autores. Se trata de enseñar a mirar,
enfatizando no solamente aquello que se observa, sino el lugar
desde el que se mira; hacer evidente las diferencias culturales, las distintas
miradas, proporcionándole al educando un gran valor como sujeto
cultural, diferente de otros y cuyo lugar y opinión es reconocido.
Pero es posible ir más allá. Se trata de promover no solamente
el análisis de la experiencia, sino ocupar el lugar del productor
de ideas, sensaciones, visiones de las cosas; es decir, incentivar el
otro lado del proceso educativo: la aventura de la experimentación,
adueñarse del lenguaje, tentar la propia representación
de la realidad, comunicarse utilizando otras formas.
c. Los nuevos retos de la escuela:
Del documento publicado por la UNESCO en 1996, titulado La educación
encierra un tesoro, es muy útil recuperar algunas reflexiones:
- La apertura sistemática de la escuela a nuevas fuentes del
saber. Si la producción del saber no es privilegio de las escuelas,
requieren abrirse hoy en día a nuevas fuentes de conocimiento.
- La conversión de las escuelas en espacios de exploración,
de descubrimiento y de invención. No pueden seguir siendo puros
centros de transmisión vertical del saber, sino productoras activas
de conocimiento y escenarios de descubrimientos y de expresión
de la creatividad. Sólo así se podrá responder
efectivamente al entorno cambiante y al crecimiento de la cantidad de
información que circula socialmente.
- La participación de la comunidad entera en la educación.
La educación es un compromiso social general que no sólo
afecta a los educadores y a las instituciones educativas, sino que se
ha convertido en una dimensión de la convivencia y de la socialidad.
- Potenciar el tipo de alfabetización propio de la sociedad
de la información. Es necesario introducir el uso de los lenguajes
audiovisuales, de la informática, de las computadoras y nuevos
medios.
- El ciberespacio, las telecomunicaciones e Internet están procurando
la aparición de nuevas comunidades virtuales. La escuela debe
contribuir a la consolidación de nuevas comunidades educativas
que, trascendiendo espacios y limitaciones, potencie nuevos valores
de convivencia y nuevos ámbitos de producción y discusión
del saber. Cabe ensayar una suerte de educación multicultural.
- La redefinición del rol del profesor. De dispensadores del
saber al papel de entrenadores y tutores en los procesos de autoaprendizaje,
incitadores y promotores de los nuevos grupos y comunidades educativas,
creadores de nuevos entornos educativos y de instrumentos pedagógicos,
mediadores de conflictos.
- La redefinición del rol del Estado en el educación.
Tendrá que abandonar su papel paternalista y censor para cederle
autonomía curricular, de gestión y organización
de escuelas y su entorno.
- El principio de la educación a lo largo de la vida. Si se
acepta que el período educativo no acaba nunca, que la inserción
profesional e incluso el estatuto de ciudadanía necesitan un
esfuerzo de aprendizaje continuo, se debilitará la mitificación
de los títulos, el aumento de la tensión sobre las escuelas,
los profesores y los estudiantes, y la competitividad innecesaria dentro
del sistema. Nacerá un sistema educativo flexible, con múltiples
alternativas y ajustado a las necesidades del usuario.
- Involucrar a las escuelas en el mundo práctico. El centro
educativo debe procurar ser directamente útil a la comunidad
a la que sirve, a los estudiantes, a los padres y madres. Así
la escuela podrá participar en la vida de su entorno, y buscar
una relación más directa con el mundo económico
4. Educación, cultura y medios de comunicación
a. La cultura fracturada
La escuela, en el afán de modernizarse y acompañar los
cambios sociales, definió su función ampliando la cobertura
escolar, se masificó y se consagró como una institución
transmisora de conocimientos. Se implantó una escuela distribuidora
de saberes y la pedagogía se convirtió en la ciencia que
capacitaba a los maestros para distribuir eficientemente el conocimiento
escolar, sacrificándose la creación del conocimiento, la
invención y la originalidad y sin atender la deserción escolar
(Parra Sandoval, 1996).
A esto se suma que al interior de la escuela se produce una fractura
que afecta profundamente la esencia de la relación educativa, al
escindirse el discurso del maestro de la realidad de los escolares, generándose
dos culturas. Aquélla expresada en el discurso del maestro que
enfatiza el deber ser de las cosas de un mundo anunciado,
hermoso y grandilocuente, donde lo importante es lo que se dice, la brillantez
con la que se dice, pero que se aleja de la práctica de la vida
y la experiencia. Por otro lado, la cultura de los jóvenes en su
mundo real y cotidiano, un mundo interno y una subjetividad donde los
sentimientos ocupan un lugar muy importante. Estallan así las diferencias
entre el maestro y el alumno, entre la escuela y la realidad. La primera
cultura es la de la institución encarnada en los adultos que se
mueve con lentitud, propone un conocimiento tradicional y un modelo de
vida en el que el tiempo se adensa, se solidifica y se remite al pasado.
La segunda cultura es la de los jóvenes, que sigue el ritmo de
las zonas más modernizadas de la sociedad, influidas por la ciencia
y la tecnología, los medios electrónicos de comunicación,
la computación, una vertiginosa movilidad espacial y de las relaciones
sociales.
Mientras la sociedad y los jóvenes miran hacia la rapidez, la
escuela se posesiona de la cara que observa la sociedad del pasado con
el ritmo de la lentitud. Y esto lleva a pensar en el mundo fracturado
que tienen nuestros jóvenes, en particular nuestros jóvenes
más pobres. Tradiciones familiares en un medio urbano que las reformula,
una educación desfasada y un mundo simbólico propuesto por
los "mass media" que, si bien inalcanzable, establece vínculos
entre pares a través de las imágenes y la música,
por ejemplo. Una subjetividad llena de fracturas y contradicciones que
una educación reformulada tendría que atender a través
del diálogo y la tolerancia para dar cuenta del conjunto de situaciones
a las que se enfrenta un joven hoy en día.
Definitivamente, la relación de los más jóvenes
con la realidad, tradicionalmente planteada a través de su experiencia
personal y sensible y por todo aquello que la familia y especialmente
el maestro en la escuela proporcionaba, administrando la información
y los modelos de interpretación de la realidad, es hoy día
distinta. La comunicación audiovisual facilita una visión
y un conocimiento inmediato, acerca los objetos, las fuentes de información
están mucho más diversificadas y la intervención,
participación y autonomización del sujeto posibilitadas
por la tecnología son mayores y crecientes. Parte de la cultura
juvenil se vincula, aunque no exclusivamente, con una serie de símbolos
y mensajes que están más allá de la escuela y que
conforman la subjetividad y expectativas de los más jóvenes.
Uno de los temas recurrentes en muchos artículos críticos
de los medios audiovisuales es cuánto han perdido los niños
(y no sólo los niños...) la capacidad de atención
al texto escrito y el hábito de leer. Si bien esto es cierto, el
lamento no contribuye a entender el problema. Plantearlo, más bien,
como prácticas complementarias podría terminar favoreciendo
el proceso educativo. Lo interesante a precisar es dónde están
las diferencias: "leer" un texto enfrenta al lector a un mundo
abstracto de conceptos e ideas, que pasa por difíciles operaciones
analíticas y racionales de comprensión, interpretación
y memorización. Potencia la capacidad de pensamiento lógico,
lineal, secuencial, de distanciamiento, en donde el lector controla el
ritmo y la experiencia, pero que requiere de un esfuerzo por penetrar
en el texto. "Ver" imágenes en una pantalla enfrenta
a la persona a un universo concreto de objetos y realidades, que demanda
una decodificación automática, instantánea, que se
cuela sin dificultades. Se potencia el pensamiento visual, intuitivo y
global, que implica emotivamente al televidente en una experiencia cuyo
ritmo es controlado por el medio y donde no hay que hacer mayor esfuerzo,
salvo contemplar la imagen. Esto explica la facilidad para implicarse
con las imágenes, y particularmente el peso que la cultura audiovisual
tiene en la vida de los jóvenes. Se trata de experiencias que los
implican emotivamente y de modo inmediato, y que propician enlaces entre
los jóvenes. Asistimos a un período en el que los niveles
de reflexión y las formas argumentativas y críticas se encuentran
violentados por los espectáculos electrónicos, la presentación
rápida de los hechos en los cuales la simple acumulación
de anécdotas se sobrepone al razonamiento y al tratamiento estructural,
extenso e interpretativo.
b. Cambios perceptivos y nuevas sensibilidades:
Nos encontramos realizando una investigación en la ciudad de Lima,
bajo el título Impacto de las tecnologías del conocimiento
en el pensar-sentir de los jóvenes, que tiene como objetivo
principal estudiar los cambios derivados de las nuevas maneras de apropiación
del mundo que se generan a partir del acceso y el uso de las tecnologías
del conocimiento y que inciden en las formas de entender, participar y
"sentir" de los escolares. Se tratará de precisar la
medida en que el uso de la tecnología predispone o moldea los aspectos
cognitivos y sociales de estos jóvenes. Es decir, determinar su
percepción de lo que es el conocimiento, la educación, los
valores, así como sus conceptos del país y del mundo que
se construyen a partir del contacto frecuente con la tecnología.
Me refiero a las imágenes o representaciones globales, nacionales
y locales. Se indagará si existen nuevas formas de interrelación
social producto del descubrimiento de las nuevas modalidades de manejar
la información, de entretenerse, y el contacto a la distancia que
caracteriza a la tecnología.
Se trata de una investigación de carácter fenomenológico,
a partir de las representaciones que tienen los escolares (hombres y mujeres
de 12 y 17 años de diversos niveles socio-económicos) de
las tecnologías del conocimiento y de su entorno educativo y social,
así como de los usos que hacen de estas tecnologías y cómo
afectan sus interacciones, sus roles y sus sentimientos.
Expondré a continuación algunos alcances preliminares de
esta investigación en marcha:
Se ha podido constatar que en la ciudad de Lima el acceso a las tecnologías
de la comunicación no es un asunto del futuro, sino del presente.
Las cabinas públicas extendidas en todos los distritos, así
como a lo largo de todo el país, han resultado una fórmula
eficaz y masiva para el acceso público a Internet, más aún
por su bajo costo, que oscila entre 60 y 80 centavos de dólar la
hora. El uso frecuente de juegos de computadora, la navegación
en Internet, así como en menor medida- el acceso a la televisión
por cable abarcan no sólo a los sectores socioeconómicos
más altos sino que se extienden a segmentos de población
más pobres, quienes destacan la diversidad de su oferta.
Indudablemente los niños y jóvenes de niveles socioeconómicos
más altos explotan de manera más intensiva y provechosa
los recursos de la tecnología. En primer lugar, porque cuentan
con ella en sus hogares, pero sobre todo por el grado de eficiencia que
se está logrando en sus colegios en la instrumentalización
pedagógica de la computadora.
La diferencia radical entre los pobres y los ricos, en este caso, no
se refleja primordialmente en la posibilidad de acceder o no a la tecnología,
sino en un aspecto más cualitativo, como es la manera en que aprenden
a utilizarla para el aprendizaje. Cuando unos refieren que jalan
la información, la imprimen y la presentan, y otros dicen que el
profesor obliga a que lo pongas en tus propias palabras estamos
ante situaciones muy diferentes, que determinan el sentido mismo de lo
que es el aprendizaje asistido por máquinas, entendido como un
tránsito hacia una nueva forma de enseñar. La tecnología
en la escuela tiene por objeto adiestrar al alumno para que encuentre
e identifique con facilidad la información que requiere, y al minimizar
el esfuerzo por conseguirla se va privilegiando la habilidad para interpretarla
y aplicarla. Esto sucede en los colegios de mayor nivel socio-económico.
Por otro lado, un gran sector de los profesores de colegios con menores
recursos no está suficientemente adiestrado o no tiene los lineamientos
curriculares adecuados como para transformar la dinámica de aprendizaje
repetitiva, sustentada en el registro de la información, por una
que dé importancia a la comprensión y manipulación
de la misma.
Contando con los testimonios de los entrevistados se ha podido inferir
que se está dando una peligrosa distancia entre lo que se les permite
o se les recomienda hacer en la casa y en el colegio, y lo que efectivamente
hacen, por ejemplo, en las cabinas públicas de Internet.
Los niños valoran muy especialmente la posibilidad de jugar y
de establecer contacto con otros sujetos como ellos, sea de la misma edad
o género. Es decir, aprecian sobre manera la capacidad que tiene
la tecnología para extender sus posibilidades de intercambio, autoafirmación
y socialización. Por la frecuencia con que juegan y chatean
constatamos que lo que prefieren y disfrutan es entablar relación
con otros distantes y afirmar lazos de complicidad con los amigos próximos
a través del juego compartido en la cabina pública. Esta
predisposición por el intercambio con otros sujetos no está
siendo aprovechada en los colegios, por lo menos en ningún caso
los jóvenes consultados han informado acerca de ello.
Consideramos que prácticas de este tipo deberían ser ensayadas
en el ámbito escolar como una manera de integrar los intereses
curriculares, las aficiones de los niños y las posibilidades tecnológicas.
De lo contrario se puede producir una brecha entre lo que se dice o hace
en el aula y lo que hace el alumno por su cuenta, que siempre es más
divertido e intenso.
Los niños tienen entusiasmo por aprender cosas nuevas, por conocer
gente nueva. Si además se asume que cada vez son menos los conocimientos
que deben aprender como estables y permanentes, se debe utilizar con más
creatividad los instrumentos tecnológicos. Si los niños
exigen más diversión, más emoción, con imaginación
los profesores pueden recurrir a la tecnología para compatibilizar
las naturales inquietudes y disposiciones de un niño en crecimiento,
con la diversidad de aplicaciones que ofrece la tecnología para
ponerlo en contacto con personas y realidades diversas.
Esta capacidad de acceso prácticamente ilimitada a realidades
distantes y variadas puede constituir una puerta de entrada a la formación
de los niños en términos de conocimiento y respeto del otro
diferente. Valores como la tolerancia cobran sentido cuando el sujeto
se enfrenta directamente -incluso involucrando sentimientos y emociones-
con sujetos de otras culturas. Una experiencia sencilla sería la
de entablar relación entre escuelas de ciudades distantes y que
los niños de unas y otras puedan comunicarse libremente.
Contra lo que se pudiera esperar, los escolares identifican al maestro
no como portador de sabiduría o conocimientos trascendentes, sino
que valoran mucho su presencia, el trato humano, que explique lo que no
se ha comprendido, que aclare dudas. Esto podría estar indicando
la carencia de relaciones afectivas adulto-niño y la necesidad
que sienten los jóvenes de un vínculo más directo,
más personal, no sólo el que tradicionalmente mediaba la
relación entre el profesor y el alumno, como era la transmisión
de saberes.
La opinión que tienen los jóvenes sobre la educación
está teñida de esperanza y la consideran un valor en sí
misma. En general aprecian la educación como una inversión
para su futuro y tienen una visión pragmática, ya que valoran
especialmente la habilitación para el desempeño laboral.
Así, sostienen que los cursos más importantes son matemáticas,
inglés y computación, independientemente de las dificultades
que puedan tener en cada una de ellas. Esto indicaría una concepción
de la formación escolar como el inicio en el desarrollo de destrezas
que deben ir perfeccionándose posteriormente; es decir, son aprendizajes
instrumentales y provisionales. Dan mucha importancia a este tipo de materias
porque son herramientas fundamentales para enfrentar las demandas profesionales
y laborales.
Por último, sorprende que a pesar de que en el contexto social
amplio las diferencias educativas entre hombres y mujeres son cada vez
son menores, todavía provienen del núcleo familiar las restricciones
para las niñas, lo que limita en ellas la capacidad de exploración
y experimentación, tal como se ha podido comprobar al comparar
la precocidad de los niños hombres en el manejo instrumental y
la experiencia adquirida en edad temprana por el acceso frecuente a las
cabinas de Internet.
5. La educación integradora:
Concluyo con algunas reflexiones y propuestas. Hasta hace poco las escuelas
se pensaban como un universo cerrado en sí mismo que había
de propiciar la comunicación entre profesores y estudiantes, con
saberes y lenguajes fijados ya de antemano. En adelante las escuelas tienen
que establecer sistemas de comunicación con su entorno y procesar
la información del contexto, así como proyectar sus mensajes
hacia fuera.
Este propósito implica -indudablemente- enfrentar las brechas
crecientes entre la educación pública y la privada porque
la marginación social se profundiza y no existe una distribución
social de la educación y del capital intelectual.
La sobrevaloración de la información es hoy común.
Vivimos una sociedad de la información y de la abundancia informativa,
en la que se piensa que tener mucha información va a desarrollar
espontáneamente la razón y va a convertir a los seres humanos
en más eficientes. Fernando Sabater sostiene que la información
es útil, precisamente, para quien tiene una razón desarrollada.
Considera que hay que distinguir entre conocimiento e información,
y que el conocimiento es, más allá de la información,
reflexión sobre ella; es capacidad de discernimiento y de discriminación
respecto a la información que se tiene; es capacidad de jerarquizar,
de ordenar, de maximizar la información que se recibe. Y esa capacidad
no se recibe como información. Es decir, todo es información
menos el conocimiento que nos permite aprovechar la información
(Sabater, 1998).
Si la educación se reduce a ser transmisora de información,
podría deducirse luego que las instituciones y los maestros no
son necesarios, porque el acceso a la información es hoy relativamente
más fácil. Más aún, nos llega sin mayor esfuerzo.
Por este motivo, sobre todo en estos tiempos, la educación tiene
que proporcionar aquello que no circula por las redes informativas. Tiene
que proporcionar al sujeto los criterios y las herramientas para ser utilizados
en el conocimiento de las personas, los objetos y las realidades. La información
es tan amplia, cambia tanto, existen tantas formas de acceder a ella cada
vez más de una manera "on-line" permanente que sería
absurdo que la función educativa fuera simplemente transmitir contenidos
informativos. Lo que hace falta es transmitir pautas que permitan ( discriminar
) utilizar y rentabilizar al máximo la información que se
posee. Ése es uno de los puntos fuertes del planteamiento de la
educación en general y de cualquier asignatura en particular (Sabater,
1998).
La eficiencia se ha erigido en un valor que pareciera superior a cualquier
otro. Tiene que ver con la oportunidad, con la adecuada decisión,
con la estrategia, con la rapidez. Pareciera que todo lo que se refiere
a la formación llamada general o humanística hubiera pasado
a un segundo plano y no fuese necesaria. Es notorio que la primacía
de la argumentación racional ha cedido paso a otro tipo de relación
con la información, la de una inacabable 'búsqueda' y ordenamiento
de datos, de 'ver' problemas simulándolos, y de una permanente
construcción de soluciones con el auxilio de las inteligencias
artificiales. De ahí el pragmatismo de la informática y
de su estrecha asociación con el mundo de la producción
y la gestión. ( por algún lado tiene que surgir la sensibilidad,
la formación para construir una opinión propia saber compartirlo
y discrepar dentro del seno de una sociedad)
La presión por adaptar la enseñanza a las demandas económicas,
técnicas y administrativas del momento propone métodos y
recetas que limitan la educación en general y marginan la cultura
humanista. Estas tendencias superadaptativas no son precisamente signos
de vitalidad, sino anuncios de senilidad y muerte, porque se pierde la
esencia creativa. Más aún, existiría una fractura
entre la cultura humanista tendiente a revitalizar las obras del pasado
frente a una cultura científica, la cual valoriza las adquisiciones
del presente. Se requiere una reforma del pensamiento que en lugar de
fraccionar el pasado y el presente, el conocimiento humanístico
del científico y la tecnología del arte, por el contrario
los una, los integre. Mantener un espíritu vivo en la enseñanza
corresponde al interés por humanizar el proceso educativo.
El acercamiento entre la escuela y los medios masivos, así
como la apertura de la escuela a las posibilidades que las nuevas tecnologías
del conocimiento significan para el desarrollo de nuevas comunidades de
aprendizaje, de una educación intercultural, no son ajenas al interés
por humanizar el proceso educativo. Más aún, permitirían
enfrentar este fraccionamiento entre el pensar y el sentir, entre la razón
y la emoción, incentivando una actitud y una opinión crítica
frente al mundo y la realidad, frente a la escuela y la familia. No sólo
incentivar la capacidad selectiva y analítica de los medios de
comunicación, sino promover la experimentación y la intervención
y participación en la comunidad inmediata, así como en la
vida del país.
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Nota:
(1) María Teresa
Quiroz
Socióloga por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Maestría
en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del
Perú. Candidata al Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos.
Profesora principal de la Universidad de Lima. Directora Académica
de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Decana de la Facultad
de Comunicación de la Universidad de Lima.
Investigadora del Centro de Investigación en Comunicación
Social de la Universidad de Lima (CICOSUL) y del Instituto de Investigación,
especialmente en los temas de comunicación y educación,
géneros masivos, televisión y política, tecnología
y comunicación.
Secretaria Ejecutiva y Presidenta de la Asociación Peruana de
Facultades de Comunicación (APFACOM). Miembro del Consejo Directivo
de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Facultades
de Comunicación (FELAFACS).
Integrante del Consejo Consultor Internacional de la Revista Diá-logos
de FELAFACS.
Miembro de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de
la Comunicación (ALAIC) y de la Asociación Internacional
de Investigadores de la Comunicación de Masas (IAMCR).
Miembro del Consejo Directivo de Transparencia.
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