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Marisa Vázquez Mazzini
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Número 3 - Febrero
- Mayo 2003
¿Resultados
para quién?
Reflexiones sobre la práctica de la evaluación en la
escuela
Marisa Vázquez Mazzini(*)
Síntesis
Las prácticas de evaluación en la escuela ayudan a los
estudiantes a rectificar su comprensión, a la vez que brindan una
guía para reorientar la enseñanza. Sin embargo, uno de sus
efectos no intencionales es la validación de ciertos mecanismos
instalados en la cultura de inclusión y exclusión,
con el consecuente daño a la identidad de quienes son excluidos.
Ni los contenidos escolares ni los instrumentos para evaluar son neutrales,
sino que suponen una ideología respecto de qué vale la pena
ser enseñado / aprendido y de cuál es la manera correcta
para estimar el desempeño de los alumnos. Los estudiantes que comparten
esta ideología pueden adaptarse a las exigencias del sistema educativo.
Pero para otros, el tránsito por la escuela está plagado
de irrelevancias o de reglas de juego que no comprenden. Probablemente
no obtengan éxito en las pruebas, y reaccionen ante su fracaso
de diversas maneras: simplemente aceptando su condición de reprobados,
revirtiendo el significado de ser un reprobado y asignándole
connotación positiva, o intentando una y otra vez incluirse en
un nosotros que los excluye renunciando a su propia identidad.
Introducción
Evaluación escolar y cultura
La evaluación es una actividad inherente al funcionamiento de
la mente humana. Desde edad temprana aprendemos a reconocer determinados
fenómenos así como también a ignorar otros,
a clasificarlos, y a asignarles connotaciones positivas o negativas. Los
criterios para distinguir, clasificar y evaluar fenómenos residen
en las comunidades de las que formamos parte. Aprendemos estos criterios
simplemente participando, involucrándonos en las actividades propias
de las comunidades que integramos. Este aprendizaje constituye la base
de nuestra identidad: el modo en que actuamos, pensamos, sentimos, nos
relacionamos con otros, se desprenden de ese conjunto de instrucciones
culturales que prescriben a qué prestar atención,
qué ignorar y a qué adherir. Por lo general, tales instrucciones
se nos presentan como naturales, como el único modo
de pensar o vivir. El resultado de esta naturalización puede conducir
a la descalificación, al menosprecio o al enmudecimiento
de grupos o comunidades cuyas pautas básicas difieran de las nuestras.
La escuela fue creada con el propósito de inculcar contenidos
y reglas culturales a las nuevas generaciones. Allí los alumnos
toman contacto con determinado tipo de conocimiento así como también
con un conjunto de premisas propias de una cultura. Aprenden, por ejemplo,
que el conocimiento académico se relaciona muy poco con la vida
fuera del aula; aprenden que, por inútil que el conocimiento
académico resulte fuera de la escuela, el tránsito exitoso
por el sistema educativo es un medio para lograr reconocimiento social;
aprenden que para transitar exitosamente por el sistema educativo es preciso
adoptar determinadas formas de hablar, pensar, actuar y sentir que quizás
difieran de las del grupo (familiar, cultural) de origen. En otras palabras:
a través de la participación en las prácticas
escolares, los estudiantes se sumergen en los patrones de una cultura
dominante naturalizada que deja poco espacio para la manifestación
de culturas alternativas.
Entre todas las prácticas escolares, la evaluación es la
quizás la que desempeñe un rol más importante en
la reproducción de patrones sociales. La práctica de
la evaluación vigente explicita y valida determinadas maneras colectivas
de hacer y pensar, atravesadas por el predominio de la alta cultura,
por la ideología de mercado, y por los propósitos homogeneizadores
de un proyecto monoculturalista de corte nacional.
¿Qué ocurre con los alumnos, los destinatarios de la escuela
como institución? Más allá de los contenidos, los
alumnos aprenden que hay maneras normales y anormales
de vivir, que en toda aula hay siempre brillantes y lentos.
Los brillantes quizás aprendan a sentirse orgullosos
y a confiar en sí mismos, y los lentos a conducirse
como incapaces de aprobación.
Por supuesto que, en el plano de lo explícito, ningún docente
o institución educativa declararía la intención de
desarrollar en los alumnos actitudes discriminatorias hacia algunos compañeros
o minar la autoestima de otros. Semejantes efectos de las prácticas
escolares resultan invisibles tanto para los educadores (maestros,
escuelas) como para los alumnos y sus padres. En este trabajo me interesa,
precisamente, hacer visible lo invisible: intento explicitar el modo en
que opera la práctica de la evaluación, el modelo conceptual
en el que se fundamenta, y los efectos para aquellos alumnos ubicados
en la categoría de no aprobados, así como reflexionar
sobre otras alternativas de evaluación que difieren del modelo
vigente.
II- La práctica de la evaluación en la escuela
1- La noción de práctica
Este trabajo está referido a la práctica de la evaluación
en las escuelas. La noción de práctica
resulta, entonces, central. Para desentrañar este concepto
acudiré a los aportes de la Perspectiva de los Estudios Culturales.
Representada entre otros por H. Giroux, P. McLaren, y L. Grossberg,
centra el foco en la relación entre la escuela y el mundo fuera
de la escuela. Conceptos como educación o pedagogía
son analizados a la luz de sus vínculos con el poder y la cultura,
reemplazando así la tradicional (y única) pedagogía
del conocimiento por la pedagogía de las voces, la
pedagogía de la liberación, la pedagogía
de bordes o la pedagogía del deseo.
¿Qué significa práctica en esta
corriente? Para Grossberg(1), las prácticas son los
modos en los que la gente se transforma a sí misma y transforma
al mundo sobre la base de condiciones y efectos sobre los cuales no tiene
control. Constituyen el modo en que los usuarios
de las condiciones de dominación manifiestan su carácter
de sujetos activos, efectuando diversos y mínimos cambios en las
condiciones que les son impuestas y adaptándolas al menos
en parte a sus intereses y reglas.
Consideremos algunos de los rasgos de la práctica especialmente
relevantes en relación con la evaluación escolar.
1)La práctica es ideológica.
La ideología puede definirse como un sistema de ideas, creencias
e imágenes a través del cual todo individuo vivencia su
relación con las condiciones reales de existencia (el
acceso a los medios de producción, a la información, al
reconocimiento, o a cualquier otro recurso considerado valioso). La subjetividad
está determinada por la posición específica del individuo
respecto del acceso a la generación, distribución y consumo
de los recursos. Desde esta subjetividad el individuo asigna sentido
a los eventos, valora, recuerda, participa de prácticas sociales.
Podría decirse que ideología y práctica se implican
mutuamente: no hay práctica social sin ideología (porque
el individuo que participa en las prácticas sociales es un sujeto
ideológico), ni es concebible la ideología sin práctica
social (porque la ideología es resultado de la participación
en prácticas sociales).
2)La práctica es histórica.
Si bien puede sostenerse que la gente hace la historia a través
de las prácticas, es necesario tener en cuenta que este protagonismo
se ejerce dentro de condiciones sobre las cuales la gente no tiene control.
Las prácticas acarrean consigo el peso de su propia
historia, la cual aparece ante el sujeto como algo dado e incluso como
necesariamente acontecido.
3)La práctica es contextual.
La historia puede ser concebida como la lucha por la apropiación
de espacios de construcción de significados: ser humano,
ser normal, ser exitoso no constituyen esencias
fijas o universales sino fuertemente contextuales. En cada momento y lugar,
diferentes jugadores de la lucha histórica
grupos cuya identidad se define por un tipo particular de actuación
histórica compiten para definir quiénes son aceptados
o excluidos. Consecuentemente, ciertas prácticas también
serán aceptadas, excluidas o alteradas según los juegos
de significado en cada contexto.
4)La práctica es contradictoria y polivocal¨.
La práctica se construye continuamente. Esta construcción
se produce, en algunos momentos, de modo lineal y sin quiebres. Pero también
sufre crisis, transformaciones cualitativas, rupturas. Esto ocurre porque
las prácticas no son homogéneas. Por el contrario, se componen
de diferentes voces y puntos de vista conformados a través
de la historia.
2- La concepción subycente a la evaluación escolar
La práctica de la evaluación ocupa un lugar de privilegio
en las instituciones educativas; algunos autores entienden que el papel
protagónico de la evaluación en la escuela es consecuencia
del papel de la evaluación en la cultura occidental. Entendida
como valoración, la evaluación es inherente al pensamiento
humano. Sin embargo la evaluación del rendimiento escolar suele
adoptar la forma de sentencia descontextualizada, binaria (del tipo aceptado
/ rechazado), que puede afectar sensiblemente la identidad de algunos
de los estudiantes.
Resulta imposible analizar la práctica de la evaluación
en la escuela sin hacer referencia a la ideología que la sustenta.
Esta ideología la evaluación por objetivos
determina posiciones subjetivas (evaluadores y evaluados), delimita los
accesos a las decisiones (están quienes fijan los estándares
y quienes los padecen), y promueve el desarrollo de la práctica
en determinada dirección en detrimento de otras alternativas. Evaluadores
y evaluados aprenden a comportarse y a interactuar según las prescripciones
de su rol, dando lugar así a la reproducción de la práctica.
La escuela es una institución en la cual pueden reconocerse algunas
características propias del modelo fabril: división del
trabajo, resultados esperados, parámetros de medición de
los resultados, estricta administración del tiempo, y tendencia
a la estandarización (de planes de estudios, de instrumentos de
medición). El Modelo de la Evaluación por Objetivos resulta
afín con esta racionalidad instrumental: ayuda a optimizar los
procesos (de enseñanza, de medición, de certificación)
mediante los cuales los alumnos - materia prima devienen en
producto educado.
El modelo de la Evaluación por Objetivos
Sobre la base de la supuesta correlación entre el desempeño
en la escuela y el desempeño en las actividades laborales, diversos
autores en Estados Unidos en la década del 20 se abocaron
a encontrar el mejor modo de distinguir entre alumnos de rendimiento escolar
alto, medio y bajo.
Esta misma creencia llevó a la preocupación por los fines
de la educación: ¿hacia dónde debería orientarse
la actividad de las escuelas, qué debería considerarse prioritario
teniendo en cuenta las actuaciones (en el trabajo y en la sociedad) que
se esperan de un adulto formado? Para responder a esta pregunta, autores
como F. Bobbit(2) se interesaron por especificar aquellas actividades
humanas traducibles en objetivos educacionales. Estableciendo
en forma detallada la gama de actividades propias de un adulto en sociedad,
Bobbit intentó introducir un criterio para encuadrar la tarea de
los docentes y las escuelas, y dotar a las prácticas escolares
de una finalidad práctica más allá de las especulaciones
propias de la academia cerrada sobre sí misma.
A comienzos de la década del 50 Ralph Tyler retomó
y profundizó la cuestión de las actividades específicas
de la vida humana enunciada por Bobbit, con arreglo a las cuales
propuso un sistema de evaluación escolar basado en la comparación
del rendimiento de cada alumno con objetivos de rendimiento previamente
establecidos por los planificadores del currículum. En esta perspectiva,
los objetivos educacionales constituyen los resultados esperados de la
enseñanza. Proporcionan un criterio para establecer qué
esperar de los alumnos, qué deben medir las pruebas, cuáles
respuestas de los estudiantes pueden o no ser consideradas correctas.
Evaluar consiste, en el Modelo de la Evaluación por Objetivos,
en la comparación entre resultados esperados (objetivos educacionales)
y resultados obtenidos (inferibles a través de las respuestas proporcionadas
por los alumnos en las pruebas).
Principales críticas al modelo
El modelo de evaluación por objetivos continúa operando
tanto en Estados Unidos como en diversos países de América
Latina como base para el diseño del currículum y para la
medición del aprendizaje. No obstante, ha sido objeto de múltiples
críticas.
1- Críticas al carácter conductual de los objetivos.
Para Atkin, los objetivos conductuales no reflejan aquello que es verdaderamente
relevante para la sociedad.Existe (...) una intensa tendencia
a creer que los objetivos importantes para un programa escolar son aquellos
que pueden ser definidos en términos de conducta, los que pueden
ser fácilmente confirmados. Y parece aceptarse también el
correspondiente corolario: si resulta imposible detectar y comprobar un
resultado específico del aprendizaje, probablemente no sea importante.
(3) Así, el tiempo que docente y alumnos pasan
juntos está básicamente destinado al desarrollo de metas
triviales, y las verdaderas metas de la educación tienden a atrofiarse.
2- Críticas a la predictibilidad característica del
modelo.
Para Eisner(4), los resultados esperados de aprendizaje impiden
al docente valorar los logros no previstos. Los objetivos a priori
actúan como filtro para percibir el hecho educativo:
todo lo que ocurra dentro de las escuelas, por valioso que sea, se ignora
simplemente porque no está contenido en la formulación previa
de resultados esperados.
3- Críticas a la concepción de aprendizaje subyacente.
El modelo es portador de una manera de entender al aprendizaje como un
fenómeno centrado en la instrucción y en el aula:
ignora los aprendizajes que se producen fuera de las aulas, o fuera
del alcance de los resultados esperados. Para los autores
que formulan esta crítica, el modelo pasa por alto que no
hay algo así como un aprendizaje sui generis,
sino sólo participación cambiante en los dispositivos culturalmente
diseñados de la vida cotidiana. (5) Por eso
omite las preguntas relativas a ... la integración de
la mente con el vivir en el mundo (...). La teoría cognitiva tradicional
se distancia de la experiencia y separa al aprendizaje mental
del mundo. Se necesita, en su lugar, una teoría que ...
no separe acción, pensamiento, sentimiento, valor, y sus formas
colectivas histórico - culturales de actividad localizada, interesada,
conflictiva y significativa. (6)
Vigencia actual del modelo
A pesar de las críticas mencionadas, versiones actuales del sistema
de evaluación por objetivos sigue vigente en el sistema educativo
de numerosos países (incluyendo a la Argentina). Entre sus ventajas
se han mencionado las siguientes:
- brinda un criterio si no objetivo al menos inter-subjetivo para otorgar
acreditaciones a los que transitan por los diferentes planes de estudios;
- los objetivos con arreglo a los cuales se evalúa no son arbitrarios,
sino que surgen de cuerpos de conocimiento las disciplinas
socialmente legitimados;
- el sistema educativo se fragmentaría si la enseñanza
y la evaluación estuvieran guiadas exclusivamente por los intereses
de alumnos, docentes, comunidades locales;
- los objetivos brindan una plataforma de parámetros comunes
que hace posible la movilidad inter-institucional de alumnos y docentes
dentro del territorio nacional, y entre naciones.
Como algunos autores han puesto de manifiesto, el valor de los objetivos
se percibe con nitidez dentro de un paradigma de racionalidad instrumental.
Los objetivos son a la escuela lo que las normas ISO son a la producción:
especifican y estandarizan la transformación de un alumno
- materia prima en un alumno - producto terminado(7)
3- El ejercicio de la práctica de la evaluación
Qué es lo que se evalúa
En páginas anteriores remarcamos el carácter ideológico
de la práctica. En la evaluación escolar, una de las manifestaciones
más claras de la ideología reside en la determinación
de qué es lo que merece ser enseñado y, consecuentemente,
evaluado. El sistema educativo propone como objeto de la práctica
de la evaluación el rendimiento del estudiante en función
de determinadas metas educacionales previamente fijadas. Dado que estas
metas son establecidas por alguien (diseñadores curriculares,
docentes, especialistas en contenidos, funcionarios), la cuestión
sobre lo valioso a enseñar / evaluar remite a otra cuestión:
¿Valioso para quién? Puede decirse que
los enunciados de los objetivos curriculares se ubican en la intersección
de tres planos ideológicos: el predominio del conocimiento académico,
la ideología de mercado, y un proyecto homogeneizador de corte
monoculturalista.
El privilegio del conocimiento académico
Numerosos autores han puesto de manifiesto la diferencia entre conocimiento
académico y conocimiento práctico. M. Polanyi(8)
señala que no todo nuestro conocimiento es verbalizable, sino que
contamos con un tipo de conocimiento tácito que resulta clave no
sólo en la resolución de problemas cotidianos (el reconocimiento
del rostro en una multitud) sino en el ejercicio profesional (al diagnosticar
una enfermedad, al pergeñar una obra artística, al identificar
la mejor estrategia de enseñanza para un determinado grupo de alumnos,
etc.).
Donald Schön retoma la distinción de Polanyi con el propósito
de cuestionar la depreciación histórica del conocimiento
tácito: Los profesionales competentes normalmente saben
más de lo que alcanzan a decir (...), son sensibles a un tipo de
rigor que es, al mismo tiempo, parecido y diferente al rigor de la investigación
académica (...) (9). Sin embargo, ...
como siempre insistí, los centros superiores de formación
de profesionales (
) otorgan un status privilegiado al conocimiento
sistemático, preferiblemente de carácter científico.
(10)
La distinción entre ambos tipos de conocimiento (académico
o proposicional, y no-académico o conocimiento
en la acción) y la sobrevaloración de lo académico
han desempeñado un papel central en la actividad de las escuelas.
El sistema educativo está estructurado en base a la arquitectura
del conocimiento disciplinar; las disciplinas constituyen los ejes del
diseño curricular y de la formulación de objetivos.
No obstante el indiscutible peso del saber disciplinar, existe
cierto grado de acuerdo entre alumnos y docentes respecto de las dificultades
para vincular los contenidos escolares con los requerimientos de la vida
fuera del aula. ¿Por qué, entonces, son las disciplinas y
no las demandas de la vida cotidiana la fuente para la definición
de objetivos educacionales que guíen la evaluación?
Una primera explicación podría enunciarse como sigue: El
conocimiento de las disciplinas permite el desarrollo de las habilidades
intelectuales necesarias para una mejor comprensión y resolución
de problemas complejos fuera de la escuela. Este enunciado puede,
al menos en parte, ser avalado empíricamente: en determinados contextos
existe una correlación alta entre el buen rendimiento en la escuela
o en la universidad, el éxito laboral, y el desenvolvimiento en
la vida social. Pero una explicación alternativa podría
ser la siguiente: Toda práctica es portadora de su propia
historia. La historia de la educación en Occidente se caracteriza
por el predominio de lo general sobre lo particular, lo abstracto sobre
lo concreto y lo verbal sobre las ejecuciones. En otros términos,
el conocimiento disciplinar a diferencia del conocimiento en acción
goza del status necesario para ser transmitido a las sucesivas
generaciones de alumnos. La voz de las disciplinas predomina
sobre otras, cuyo discurso privilegia la particularidad, la diversidad
y la relevancia contextual.
El predominio de la ideología de mercado
En los últimos 20 años ha cobrado fuerza una perspectiva
que destaca el valor económico del conocimiento. Ligada a disciplinas
como la Economía o la Administración y fuertemente arraigada
en ámbitos empresarios, concibe al saber como un medio de
producción más poderoso que la tierra, el trabajo o el capital.
Desde esta concepción es el mercado (y no ya la comunidad
de académicos) quien determina el valor del conocimiento. Así,
algunos saberes son considerados bienes escasos, otros son
commodities, otros constituyen ventajas competitivas
clave.
Así como las empresas requieren del conocimiento para subsistir,
las personas necesitan del conocimiento para mantener e incrementar su
empleabilidad. Quienes se revelen como poseedores de un saber
considerado fuente de ventajas competitivas, tendrán
acceso a las mejores oportunidades laborales; quienes, por el contrario,
dispongan sólo de un tipo de saber considerado commodity
(fácil de encontrar, altamente disponible), deberán
competir entre sí por las escasas oportunidades que puedan presentarse.
La batalla que libran las empresas por una mayor participación
en el mercado es la misma que libran las personas respecto de las oportunidades
laborales: se espera que cada individuo se preocupe por su elegibilidad
como trabajador, capacitándose continuamente y desarrollando aptitudes
diferenciadoras.
La ideología de mercado se introduce en el diseño curricular
y en las prácticas de enseñanza. Es cada vez mayor el
número de escuelas que rediseña sus planes de estudios con
el propósito de alinear el perfil de sus egresados con el perfil
valorado por las empresas; la salida laboral pasa a ser un
factor de peso en la elección de la escuela por parte de alumnos
y padres. Es cierto que estas nuevas alternativas acercan la escuela al
mundo del trabajo, que abren el juego a voces
diferentes de la voz de los expertos disciplinares. Pero también
es cierto que suma al elitismo de los intelectuales al
que se refiere Grossberg el elitismo de los centros de poder económico
que definen qué conocimiento es más o menos valioso.
La multivocidad siempre bienvenida, en tanto habilitante
de la representación de los diversos actores colectivos,
en este caso, funciona menos como dispositivo de inclusión que
reforzando criterios de exclusión.
El predominio del proyecto homogeneizador monoculturalista
Más allá de los saberes propios de las disciplinas (que
tienen su correlato en las materias escolares) y de la ideología
de mercado (que se manifiesta en los intentos por acercar las organizaciones
educativas a las organizaciones productivas), es posible reconocer
un tercer plano ideológico que se articula con los dos anteriores.
Se trata de una concepción homogeneizadora, normalizante, que tiende
a diluir las diferencias en pos de un común denominador.
En esta concepción se entrelazan influencias de diferente tipo:
- La influencia iluminista, en la idea de que la evolución
está ligada a la ciencia y al conocimiento (civilización,
conocimiento, poder versus barbarie, ignorancia y esclavitud).
- Las influencias positivistas, en la idea de confluencia entre progreso
moral, material y científico; en el ideal de educación
laica, universal y racionalista; en la valoración de la objetividad
y el cientificismo en las prácticas de enseñanza.
- Los valores y narrativas propias de cada estado nación,
una visión particular de la historia, un particular recorte
de contenidos, un conjunto de ritos para desarrollar actitudes de pertenencia,
un concepto de cultura común que borre diferencias
y aglutine en torno a un mismo modelo mental colectivo ligado
al territorio.
La primera de las tres dimensiones ideológicas mencionadas (las
disciplinas) marca a la enseñanza prescripciones respecto de qué
significa ser un adulto instruido. La segunda (la ideología
de mercado) alude al adulto exitoso. La tercera (el proyecto
nacional monoculturalista) remite a qué significa ser un buen
ciudadano. Como señalan Kincheloe & Steinberg(11),
el currículum transmite la idea de un nosotros en oposición
a los demás:... el nosotros integra
los buenos ciudadanos, o sea, individuos virtuosos, cívicos y homogéneos
que tienen que defender el baluarte europeo de los embates de un grupo
heterogéneo constituido por los otros. Ellos
son los indolentes y los inferiores, los que representan una carga para
la sociedad (...) .
El cuanto a la práctica de la evaluación, el programa homogeneizador
nacional silencia o descalifica cualquier voz que desentone respecto del
discurso del buen ciudadano de la nación X. Pero quienes
se encuentran representados por este discurso interpretan el silencio
como éxito en la creación de una genuina cultura nacional.
La falta de voces alternativas oculta que esa cultura nacional es la de
algunos, y la normalidad es la generalización de los
patrones de algunos. En términos de Kincheloe y Steinberg(12):
Gracias a la pericia de los defensores del monoculturalismo para
vender la cultura común como una forma de sentido común
que está íntimamente ligada al modo en que la gente vive
y le da sentido a su vida cotidiana, este proyecto ha sido un éxito.
Cómo se evalúa
Autores de diversas corrientes en Didáctica o Psicología
Educacional alertan sobre el carácter descontextualizado
de la evaluación. En la Edad Media, el oficial que enseñaba
su pericia acompañaba al aprendiz durante todo el proceso
de desarrollo de la experticia. Tal acompañamiento incluía
la provisión de instrucciones, la explicitación de criterios
para identificar un trabajo bien hecho, la demostración (que permitía
al aprendiz imitar el desempeño competente) y la evaluación
sobre la marcha. En el transcurso de su formación el
aprendiz desarrollaba la capacidad para auto-evaluarse y corregir su propia
actuación. Finalmente ambos analizaban el producto final, compartiendo
apreciaciones sobre la base de los criterios de calidad propios del oficio.
En las escuelas, en cambio, el docente evalúa al alumno a través
de instrumentos que:
- implican un testeo a posteriori, una comprobación separada
del proceso de aprendizaje (a diferencia de la evaluación
sobre la marcha);
- plantean al estudiante un problema adicional: el de comprender la
consigna por lo general, escrita que le indica qué
es lo que debe hacer para demostrar que aprendió(13)
(a diferencia de la resolución de problemas en la acción);
- están diseñados para facilitar la clasificación
de los alumnos en niveles según el resultado obtenido (y no ya
para proveer feedback correctivo sobre el desempeño del
alumno).
Para D. Schön, la evaluación descontextualizada nos enfrenta
al dilema del rigor o la relevancia. Mientras más riguroso
es un instrumento de evaluación (más libre de contexto,
más preciso, más prescindente de los estilos de aprendizaje
propios de cada persona o grupo), menor es su relevancia para los sujetos
evaluados. Un instrumento que apuntara a la relevancia (como los
problemas que los oficiales planteaban a los aprendices en la enseñanza
de los oficios) debería, necesariamente, guardar relación
con la vida de los sujetos fuera de la escuela, con contextos específicos,
con historias de aprendizaje colectivas o individuales.
La evaluación fuera de contexto y rigurosa es el
resultado de una práctica históricamente constituida propia
de las instituciones educativas. Y las herramientas de evaluación
que intentan medir destrezas cognitivas puras y no contaminadas
por el contexto o por la subjetividad no son neutrales como se pretende.
La neutralidad no es más que invisibilidad;
invisibilidad respecto del modelo elegido (el paradigma proceso - producto),
e invisibilidad respecto de los criterios sobre lo valioso.
4- Los efectos de la evaluación
Como toda práctica, la evaluación escolar genera beneficiarios
y víctimas. Ratifica y refuerza una determinada manera
de vivir y actuar en el mundo, y excluye otras. Entre las voces excluidas
pueden encontrarse:
- la de aquéllos para quienes la escuela no constituye la salida
a su situación de marginalidad;
- la de quienes no acceden a los centros de capitalización
intelectual que los colocarán en buenas condiciones para
competir por oportunidades laborales;
- la de aquéllos no interesados por insertarse en la economía
de mercado;
- la de aquéllos que no comprenden o no adhieren a los patrones
de lenguaje, conducta y pensamiento propios del buen ciudadano
de la nación X.
- la de quienes no encuentran relevancia para la vida cotidiana en
los contenidos escolares.
Sin embargo, la asistencia a la escuela es obligatoria aun para las minorías
excluidas. ¿Qué efectos si es que alguno
ejerce el discurso de la escuela sobre los alumnos de comunidades excluidas
del discurso? Aquéllos que no abandonan sus estudios tempranamente,
¿de qué modo son influidos por la escuela? Aquí haré
referencia a dos tipos de efectos: el refuerzo de la situación
de exclusión, y la depreciación de la identidad excluida.
Refuerzo de la situación de exclusión
Señalaba en páginas anteriores el carácter contradictorio
y polivocal de las prácticas sociales. Quienes participan
en una práctica difieren en cuanto a su situación frente
a las condiciones de dominación: algunos hacen prevalecer su sentido
del nosotros (así como del no nosotros),
y quienes quedan en desventaja se manifiestan como sujetos activos luchando
dentro de las condiciones que les son impuestas por el reconocimiento.
En la escuela, la práctica de la evaluación desempeña
un papel importante en la legitimación de las identidades delimitadas
por los grupos dominantes. Porque en la evaluación lo que está
en juego es, justamente, la aceptación o rechazo en función
del nosotros vigente. Expresiones como resultado,
prueba, aprobación, dificultades
de aprendizaje, entre otras todas ellas de carácter
polivocal restringen su significado a las alternativas acordes con
esa identidad.
La ideología dominante que caractericé aquí
como resultante de la confluencia de tres planos ideológicos
parece operar, entonces, según el principio del tercero excluido:
P o No P, y no existe una tercera posibilidad
. Cada uno de los conceptos clave en la práctica de la evaluación
admite sólo dos posibilidades, una positiva y otra negativa. Así,
se es normal o se es anormal; se aprueba, o se
reprueba.
La escuela fue creada para conservar y difundir las tradiciones valoradas
culturalmente. En ella los alumnos aprenden contenidos y maneras de interactuar.
Pero muchos de ellos también aprenden que para ser un ciudadano
educado y exitoso probablemente tengan que renunciar a la identidad de
su comunidad de origen. La ideología dominante es invisible,
no constituye siquiera un tema de conversación dentro de la escuela.
Aquellos alumnos para quienes la voz dominante les es ajena encontrarán
que el privilegio de una ideología frente a otras se silencia,
y a la vez se silencia el silencio. Las opciones son entonces asimilarse,
luchar por el reconocimiento desde dentro, o abandonar la escuela.
Depreciación de la identidad excluida
La ideología dominante no sólo opera fijando el nosotros
y el no nosotros, sino que opera con uno y con otro según
distintos mecanismos. El nosotros se invisibiliza y pasa a
formar parte del conjunto de atributos normales o esencialmente
humanos. El no nosotros, en cambio, es objeto de análisis,
reflexiones y atribuciones causales dentro de la escuela.
Los alumnos que enfrentan una y otra vez sin éxito las pruebas
de evaluación, son ubicados en una de las tres categorías
siguientes: a) los que no pueden (por su bajo CI, por problemas
de aprendizaje o cualquier otro término al que se asigne
poder explicativo); b) los que no quieren (los vagoso rebeldes,
los que tienen problemas de conducta); c) los que no saben
(los lentos, recuperables). Lo que por lo general
no se tiene en cuenta es el hecho de que cualquiera de las tres categorías
en las que se clasifica el fracaso guarda menos relación con el
alumno en sí que con el vínculo entre el alumno y el sistema.No
hay una cosa como la discapacidad para el aprendizaje, sólo una
práctica social de mostrarla, advertirla, documentarla, remediarla
y explicarla. (...) Nótese que el punto aquí no es que no
tengamos niños que por alguna razón aprendan más
lento o de modos diferentes a otros niños. El punto es que sin
convenciones sociales para diferenciar grados de aprendizaje, no tal cosa
como una discapacidad para el aprendizaje. (14)
Algunos alumnos se apropian de su condición de reprobados,
revirtiendo su valor simbólico. La reprobación pasa a ser
entendida como capacidad para hacer frente al sistema; se transforma en
una identidad portadora de valores como la valentía, el inconformismo,
el espíritu transformador y la resistencia al autoritarismo. Bajo
la forma manifestaciones habitualmente ausentes de la escuela el
rock, las manifestaciones artísticas tradicionales de determinados
grupos étnicos, la pelea de las barras bravas
estos alumnos expresan un nosotros (el no nosotros
de la ideología dominante) cuyo antagonista es, como ellos mismos,
polivocal: la yuta, los adultos, la burguesía, la sociedad
de consumo.
Otros alumnos se apropian también de su condición
de reprobados, aunque sin revertir el valor simbólico. Se ven a
sí mismos como el sistema los representa: fracasados, excluidos,
no aptos. Respecto de éstos y otros calificativos señala
Mehan:
los trastornos de aprendizaje son construidos por
convenciones sociales de la misma forma que los goles son construidos
por las reglas del fútbol. Así como el gol sólo cuenta
como gol si los jugadores adecuados están presentes y si ha sido
marcado convenientemente por el árbitro, también la conducta
de un alumno sólo cuenta como trastorno de aprendizaje si los funcionarios
apropiados aplican la maquinaria institucional apropiada (pruebas, reuniones
con los padres, etc.). Sin esa maquinaria institucional, los problemas
de aprendizaje no existen. (15) Sin embargo, para
este grupo de alumnos y a diferencia del grupo anterior permanece
invisible el hecho de que el fracaso o la falta de aptitud no son rasgos
que, por así decirlo, les pertenezcan sino convenciones
reificadas. El daño a la identidad, la estigmatización de
reprobado tal vez incidan en su conducta en forma de profecía
autocumplida (como soy un reprobado,
entonces repruebo) y restringiendo las posibilidades de revertir,
o al menos revisar, el mecanismo de estigmatización.
Finalmente, un tercer grupo de alumnos puede advertir el mecanismo de
exclusión (como el primer grupo descripto), pero lo reproduce y
valida intentando negar una identidad a la que consideran avergonzante.
Esperanzados en que el sistema educativo les permita el acceso al nosotros
dominante, se esfuerzan por adecuar su conducta a los guiones del discurso
privilegiado. Aceptan la exclusión como un estado provisorio: las
buenas calificaciones les permitirán ser alguien, adquirir
voz no la propia sino la hegemónica y cambiar de estilo
de vida. Desde el sistema educativo, esto puede ser valorado como un progreso
personal. Pero en términos de identidad implica un alto costo
ya que supone una renuncia a sí mismo. No obstante, son pocos los
que se someten a una aculturación completa porque la alta cultura
está llena de irrelevancias que no ofrecen estímulo
suficiente a la conversión. Y, de todos modos, es posible
que aunque lo intentaran no lograran un 100% de éxito. La escisión
entre la cultura de los márgenes y la alta cultura
impide el tránsito fluido de una a la otra. Por el contrario, el
acceso es tan doloroso como elocuentemente lo expresa C. Sand en A
Question of Identity: ... En el momento en que tragué ese
frasco de píldoras me estrellé con los mensajes más
negativos de mi infancia de clase trabajadora: ¿Quién
crees que eres? ¿Quién crees que eres recibiendo toda esta
educación y tratando de ser una de ellos? (16)
III - Reflexiones finales: Explorando alternativas
Hasta quí intenté poner de manifiesto cómo la intersección
entre la alta cultura, la ideología de mercado y los
principios monoculturalistas ligados a la nacionalidad operan como criterio
para definir exclusiones e inclusiones. Señalé que mientras
que los grupos incluidos en el discurso privilegiado permanecen invisibles,
los excluidos son percibidos como el no nosotros carente de
saber, incapacitado o desviado. Finalmente procuré mostrar algunas
de las reacciones posibles de los grupos excluidos: la resistencia mediante
la inversión del valor simbólico de la propia identidad,
la aceptación del estigma, o el intento de asimilación.
Desde diferentes perspectivas, varios autores cuestionaron el modelo
de la Evaluación por Objetivos y la práctica vigente de
la evaluación escolar. El Modelo de la Evaluación Respondiente
(Stake, Guba & Lincoln) propone abrir el juego a las diferentes
voces que tengan algo que aportar en cuanto a expectativas acerca de la
educación en la escuela. La negociación de perspectivas
entre los distintos actores colectivos permitiría reemplazar la
racionalidad técnica de los objetivos educacionales por enunciados
más amplios, multivocales.
El Project Zero de la Escuela de Educación de Harvard (Gardner,
Seidel, Perkins) propone evaluar no ya al alumno sino con el alumno, centrando
el foco en la construcción compartida entre estudiantes y docentes
de un criterio para analizar y explicitar la evolución de los alumnos.
El Modelo de Evaluación Cualitativa (Eisner, Santos Guerra) señala
que evaluar es comprender. Sólo comprendiendo las variables
particulares de cada contexto se podrá superar la patología
de una evaluación estática, pretendidamente aséptica,
cuantificadora y descontextualizada.
Estas y otras constituyen propuestas sumamente valiosas. Pero el problema
de la evaluación escolar es un problema complejo, en el que confluyen
los dos tipos de injusticia a los que se refiere Nancy Fraser (17):
la injusticia socioeconómica arraigada en la estructura
político-económica de la sociedad, y la injusticia
cultural arraigada en patrones culturales de interpretación
y comunicación. Las propuestas mencionadas apuntan principalmente
a revertir la segunda; revisan cuestiones tales como quiénes deberían
participar en la fijación de los objetivos, cómo podría
evitarse el juicio binario (aprobado - reprobado), cómo podría
encarse la evaluación de modo de incluir a actores excluidos. No
se ocupan explícitamente de la injusticia socio-económica.
El Modelo de la Evaluación por Objetivos fue concebido con la
intención de contribuir desde la escuela al ideal democrático
de la igualdad de derechos y del progreso económico. Más
allá de sus cegueras, se funda en la creencia según
la cual la educación es un factor de equidad social. Si
la práctica de la evaluación opera como se intentó
mostrar en este trabajo como mecanismo de exclusión, y si
los modelos alternativos apuntan a corregir sólo uno de los tipos
de injusticia (la cultural), ¿cuál es la salida? ¿Puede
concebirse un sistema de evaluación que simultáneamente
contribuya a la redistribución y al recnocimiento? ¿Puede
el sistema educativo compatibilizar igualdad y diferencia?
Para la Pedagogía Crítica en la que se inscriben Giroux
y McLaren, maestros e intelectuales de la educación deberían
producir ... una comunidad situada de aprendizaje dialógico.
Esa comunidad se dedicaría a generar el contexto de una praxix
dialógica, mientras que en las pedagogías oficiales, la
escolaridad es producida o impulsada por el contexto preexistente proporcionado
por el estado - nación. (18) Ahora bien:
¿cómo podría insertarse una comunidad semejante dentro
de las instituciones escolares? ¿Cómo podría impedirse
que la lógica institucional del sistema educativo fagocitara
cualquier lógica alternativa?
Quizás la salida no esté dada por la institucionalización
de una praxis crítica, sino más bien por desarrollar una
praxis crítica al margen de la escuela. Si otras instituciones
o colectivos (asociaciones vecinales, comunidades estructuradas en torno
a factores étnicos, políticos, ocupacionales, de género,
de edad, o a problemas de interés común) pudieran desarrollar
su potencial educativo formador de identidades, la escuela
se vería interpelada por nuevos interlocutores. Los individuos
dispondrían de marcos de referencia; las instituciones y colectivos,
al conversar, podrían cuestionar sus certezas e innovar
en sus prácticas.
Esto supone revisar creencias vigentes respecto del aprendizaje. Mientras
continuemos concibiendo al aprendizaje como aquello que ocurre al
alumno dentro del aula, la escuela mantendrá la hegemonía
en las prácticas de enseñanza y evaluación. Si, en
cambio, prestamos atención a la diversidad de entornos en los que
verdaderamente se enseña y se aprende a desenvolverse en la vida
cotidiana, estaremos en mejores condiciones de legitimar el poder educativo
de una multiplicidad de comunidades más allá de la escuela.
Bibliografía de consulta y referencia
- Bloom, B., Hasting, J. & Madaus, G.: Evaluación del
aprendizaje. Buenos Aires, Troquel, 1975.
- Camilloni, A; Celman, S.; Litwin, E.; Palou de Maté, M.: La
evaluación de los aprendizajes en el debate contemporáneo.
Buenos Aires, Paidós, 1998.
- Chaiklin, S.; Lave, J.: Understending Practice - Perspectives
on activity and context.. NY, Cambridge University Press, 1996.
- Cole, M.; Engeström, Y.; Vasquez, O. (eds): Mind, Culture
and Activity - Seminal papers from the Laboratory of Comparative Human
Cognition. NY, Cambridge University Press, 1997.
- Eisner, E.: El ojo ilustrado - Indagación cualitativa y
mejora de la práctica educativa. Barcelona, Paidós,
1998.
- Fraser, N.: ¿De la redistribución al reconocimiento?
Dilemas en torno a la justicia en una época postcapitalista
(en Fraser, N.: Iustitia Interrupta. Reflexiones críticas
desde la posición postcapitalista. Bogotá,
Siglo del Hombre Editores, 1997).
- Gardner. H.: Assessment in Context: The Alternative to Standardized
Testing (en S.R.Gifford & M.C.OConnor (Eds.), Changing
Assessments: Alternative Views of Aptitude, Achievement and Instruction.
New York, Kluwer Publishers, 1991).
- Giroux, H.; McLaren, P.: Between Borders - Pedagogy and the politics
of cultural studies. NY, Routledge, 1994.
- Grossberg, L.: We gotta get out of this place. Popular conservatism
and postmodern culture. NY, Routledge, 1992.
- Guba, E.; Lincoln, Y.: Fourth Generation Evaluation. California,
SAGE Publications, 1989.
- Hall, S.: Signification, Representation, Ideology: Althusser and
Post-Structuralism Debates. Critical Studies in Mass Communication,
1985.
- Kincheloe, J. & Steinberg, S.: Repensar el multiculturalismo.
Barcelona, Ed. Octaedro, 1999.
- Lave, J.: La cognición en la práctica. Barcelona,
Paidós, 1991.
- McLaren, P.: Pedagogía, identidad y poder - Los educadores
frente al multiculturalismo. Rosario, Homo Sapiens Ediciones, 1998.
- Morrow, R.; Torres, C.: Social Theory and Education - A critique
of theories of social and cultural reproduction. NY, State University
of New York Press, 1995.
- Polanyi, M.: Tne Tacit Dimension (en Laurence Prousak (Ed.),
Knowledge in Organizations, Newton, Massachussetts, Butterworth - Heinemann,
1997).
- Rimstead, R.: Subverting Poor Me: Negative Constructions of Identity
in Poor and Working - Class Womens Autobiographies, citando
a Sand, C.: A question of Identity, 1987 (en Riggins, S. (ed.):
The Language and Politics of Exclusion - Others in Discourse.
California, Sage Publications, 1997).
- Santos Guerra, M.: Evaluar es comprender. Buenos Aires, Magisterio
del Río de la Plata, 1998.
- Schön, D.: La formación de profesionales reflexivos
- Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje
en las profesiones. Barcelona, Paidós, 1992.
- Stenhouse, L.: Investigación y desarrollo del curriculum.
Madrid, Morata, 1991.
- Wenger, E.: Communities of Practice - Learning, Meaning and Identity.
NY, Cambridge University Press, 1998.
(*) Marisa Beatriz
Vázquez Mazzini
Profesorado Nacional de Música - Conservatorio Nacional
de Música, 1980
Técnica en Administración de RR HH, Universidad de Belgrano,
1992
Licenciatura en Ciencias de la Educación UBA, 1985
Estudios de posgrado. Doctorado en Educación, UBA, Filosofía
y Letras. Tema de tesis: Incidencia de las derivaciones cognitivas
en la evaluación de prácticas sociales. Directora: Dra.
Edith Litwin.
Profesora del Seminario de Posgrado Capacitación Laboral y
Aprendizaje Colectivo, en colaboración con el Dr. Ernesto Gore.
Departamento de Posgrado, Facultad de Filosofía y Letras, UBA,
Buenos Aires, Argentina
Profesora invitada en el seminario de posgrado Construcción
de capacidades colectivas - El rol del profesional de Capacitación.
Prof. titular: Ernesto Gore (Universidad de San Andrés)
Docente Adjunta de la cátedra Educación Empresaria (Maestría
en Recursos Humanos, Facultad de Ciencias Económicas, UBA).
Jefa de Trabajos Prácticos en la cátedra Capacitación
Laboral, Actualización y Reciclaje (Ciencias de la Educación,
Filosofía y Letras, UBA).
Directora de Estudios, Instituto Dr. Jesús P. Martínez
Profesora de Cultura Musical (Escuela Nacional de Comercio Nº
23)
Profesora de Educación Musical (Colegio del Carmen)
Diseño y coordinación de programas del Departamento de
Formación Empresaria (Universidad de San Andrés, desde septiembre
de 2002 y continúa)
Asesoría en los segundos Talleres de Trayecto (Programa
Nacional de Gestión Institucional, Ministerio de Educación)
Docente en la Asociación de Desarrollo y Capacitación de
la Argentina
Notas
(1) Grossberg, L.: We gotta get out of this place. Popular
conservatism and postmodern culture. NY, Routledge,.
(2) Bobbit, F.: How to Make a Curriculum. Boston, Houghton
Mifflin, 1924.
(3) Atkin, J.: On looking gift horses in the mouth: the
federal government and the schools. The Educational Forum, noviembre
1969 (citado en Stenhouse, L.: Investigación y desarrollo del currículum,
cap. V. Madrid, Morata, 1991, tercera edición).
(4) Eisner, E.: El ojo ilustrado Indagación
cualitativa y mejora de la práctica educativa. Barcelona, Paidós,
1998.
(5) Chaiklin, S. & Lave, J. (eds): Understanding Practice
- Perspectives on activiry and context, Introduction. NY,
Cambridge University Press, 1996. (Traducción: M. Vázquez
Mazzini).
(6) Chaiklin, S. & Lave, J. (eds): Understanding Practice
- Perspectives on activiry and context, Introduction. NY,
Cambridge University Press, 1996. Traducción: M. Vázquez
Mazzini.
(7) Elliot, J. ¿Son los indicadores de rendimiento
indicadores de calidad educativa? En Rev. de Pedagogía nª
206, 1995.
(8) Polanyi, M.: Tne Tacit Dimension (en Laurence Prousak
(Ed.), Knowledge in Organizations, Newton, Massachussetts, Butterworth
- Heinemann, 1997). Trad.: M. Vázquez Mazzini
(9) Schön, D.: El profesional reflexivo - Cómo
piensan los profesionales cuando actúan (Cap. 1). Barcelona,
Paidós, 1998.
(10) Schön, D.: La formación de profesionales
reflexivos - Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el
aprendizaje en las profesiones (Prefacio). Barcelona, Paidós,
1992 (subrayado de M.Vázquez Mazzini).
(11) Kincheloe, J. & Steinberg, S.: Repensar el multiculturalismo,
cap. 1, pág. 30. Barcelona, Ed. Octaedro, 1999.
(12) Kincheloe, J. & Steinberg, S.: Repensar el multiculturalismo,
cap. 1, pág. 30. Barcelona, Ed. Octaedro, 1999.
(13) Es por eso que la comprensión lectora
y el manejo de determinados sistemas simbólicos constituyen un
pre-requisito para encarar pruebas de evaluación.
(14) McDermott, R.: Acquisition of a child by a learning
disability, pág. 272 (en J. Lave & S. Chaiklin: Understanding
Practice - Perspectives on activity and context. New York, Cambridge
University Press, 1996). Trad.: M. Vázquez Mazzini.
(15) Mehan, H.: The politics of representation, pág.
262 (en J. Lave & S. Chaiklin: Understanding Practice - Perspectives
on activity and context. New York, Cambridge University Press,
1996). Trad.: M. Vázquez Mazzini.
(16) Rimstead, R.: Subverting Poor Me: Negative Constructions
of Identity in Poor and Working - Class Womens Autobiographies,
citando a Sand, C.: A question of Identity, 1987, pág.
60 (en Riggns, S. (ed.): The Language and Politics of Exclusion - Others
in Discourse. California, Sage Publications, 1997). Trad.: M. Vázquez
Mazzini.
(17) Fraser, N.: ¿De la redistribución al reconocimiento?
Dilemas en torno a la justicia en una época postcapitalista
(en Fraser, N.: Iustitia Interrupta. Reflexiones críticas
desde la posición postcapitalista. Bogotá,
Siglo del Hombre Editores, 1997).
(18) Mc Laren, P. y Leonardo, Z: La sociedad de los
poetas muertos: Deconstrucción de la pedagogía de
la vigilancia, pág. 140 (en P. McLaren: Pedagogía,
identidad y poder - Los educadores frente al multiculturalismo, Rosario,
Homo Sapiens Ediciones, 1998
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