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Número 4 - Junio - Septiembre 2003  

"Líneas de investigación e intervención en los programas de cultura ciudadana de Bogotá (1995-1997, 2001-2004)"

Rocío Londoño


El observatorio de cultura urbana

La necesidad de disponer de estudios rigurosos y más sistemáticos sobre la cultura urbana en Bogotá y los graves problemas de violencia que ha padecido esta ciudad en las dos últimas décadas, fue identificada por el equipo de gobierno de la primera administración del Alcalde Antanas Mockus ( 1995-1997). Antes de ocupar este importante cargo público, Mockus se había desempeñado como profesor de matemáticas, Vicerrector académico y Rector de la Universidad Nacional de Colombia. La trayectoria académica del Alcalde Mockus y de algunos miembros de su equipo de gobierno, entre ellos el profesor Paul Bromberg, quien ocupó primero el cargo de director del Instituto de Cultura y Turismo y luego el de Alcalde Mayor a raíz de la renuncia de Mockus, explican en gran parte que el plan de desarrollo “Formar Ciudad”, impulsado por dicha administración, contemplara entre sus prioridades un novedoso y acertado programa de Cultura Ciudadana. El propósito central de este programa consistía en promover comportamientos adecuados para la convivencia urbana, basados en el acatamiento de las reglas mínimas que hacen posible la interacción pacífica entre los habitantes de una gran ciudad como Bogotá.

Pero la escogencia de la cultura ciudadana como el principal campo de intervención del gobierno de la capital colombiana en modo alguno fue un capricho académico. Por el contrario, tuvo como punto de partida una hipótesis preliminar que el profesor Mockus venía indagando en sus estudios sobre violencia y cultura en Colombia. Según esta hipótesis, los severos problemas de convivencia que padece de tiempo atrás la sociedad colombiana obedecen en parte a contradicciones, desconexiones o vacíos entre los tres sistemas que regulan el compartimiento humano en las sociedades modernas: la ley, la moral y la cultura. Sin embargo, cuando Mockus asumió el mando del gobierno de Bogotá, la administración carecía de información medianamente confiable y sistemática sobre los fenómenos de violencia y delincuencia y otros problemas que afectaban gravemente las relaciones de convivencia en la ciudad. De ahí que para fundamentar de manera más sólida las políticas y las acciones orientadas a mejorar las condiciones de seguridad, las relaciones de convivencia y la comunicación entre los ciudadanos, se vio la conveniencia de crear el Observatorio de Cultura Urbana, como una dependencia del Instituto de Cultura y Turismo dedicada a la producción de información y al fomento de investigaciones sobre temas culturales claves para el conocimiento de la ciudad y para el gobierno de la misma. Tanto por la novedad del programa de Cultura Ciudadana como de los métodos pedagógicos empleados para propiciar el acatamiento de las reglas de convivencia, fortalecer el sentido de pertenencia a la ciudad y generar un mayor aprecio por el patrimonio colectivo, la información y la investigación sobre este tipo de temas adquirió especial relevancia no solamente para la administración municipal sino para el ámbito académico .

Así pues, el Observatorio de Cultura Urbana, constituido en 1996 con un minúsculo equipo de trabajo asesorado por un comité de académicos, asumió la compleja labor de definir temas prioritarios de investigación, diseñar instrumentos de medición y fomentar la investigación académica sobre una serie de temas urbanos que habían sido escasamente indagados. Para tal efecto, se definieron tres líneas de investigación prioritaria: violencia y delincuencia, calidad de vida, y consumo y oferta cultural. Al tiempo, se llevaron a cabo tres convocatorias públicas dirigidas a las instituciones académicas y los investigadores sociales, mediante las cuales fue posible escoger proyectos serios sobre problemas de interés tanto para la Administración como para la comunidad académica y los ciudadanos.

Pese a los buenos resultados obtenidos en sus dos años de existencia, el proceso de consolidación del Observatorio no continuó durante la administración del Alcalde Enrique Peñalosa, quien sucedió a Antanas Mockus y Paul Bromberg. Como las prioridades del nuevo Plan de desarrollo “Por la Bogotá que queremos” eran la construcción y recuperación del espacio público y el diseño de un nuevo sistema de transporte masivo denominado Transmilenio, el programa de Cultura Ciudadana no tuvo continuidad y el Observatorio fue sustituido por una oficina de investigaciones cuya labor se concentró en contratar algunos estudios y sondeos de opinión, medir la asistencia a los eventos culturales organizados por el Instituto de Cultura y Turismo (IDCT) y publicar libros sobre temas muy diversos.

Con la reelección del profesor Antanas Mockus como alcalde de Bogotá, la cultura ciudadana volvió a ser tema prioritario para la administración municipal. En el respectivo plan de desarrollo “Bogotá para vivir todos del mismo lado”, se incluyeron seis programas(1) de cultura ciudadana, que si bien retomaban el énfasis que se dio en la primera administración al acatamiento de las normas de convivencia y el mejoramiento de la seguridad en la ciudad, ampliaron este concepto a nuevos campos, entre ellos la cultura tributaria y la cultura democrática de las personas residentes en Bogotá. Uno de los programas de cultura ciudadana tiene el atractivo nombre de Comunicar vida y jugar limpio, e incluye un conjunto de políticas y acciones orientadas al fomento del arte y otras expresiones culturales y a la promoción de la recreación y el deporte. Estas acciones tienen como propósitos comunes propiciar la comunicación, promover el aprecio por el patrimonio colectivo de la ciudad y facilitar la interacción pacífica entre los ciudadanos.

La ampliación del concepto de cultura ciudadana a nuevos campos de intervención implicó, por supuesto, un cambio drástico en la gestión de los programas que lo desarrollan. Si en la primera administración de Mockus, los programas de cultura ciudadana estaban a cargo de seis o siete entidades y las acciones eran diseñadas y dirigidas por un equipo del IDCT, en ésta participan 24 entidades cuya coordinación está a cargo de una comisión conformada por quienes dirigen las entidades encargadas de liderar cada uno de los seis programas. Tanto por su experiencia en este tipo de acciones como por sus funciones, al IDCT se le asignó la secretaría técnica de los programas de cultura ciudadana. Para este efecto se reconstituyó el Observatorio de Cultura Urbana. En esta ocasión, gracias a una evaluación crítica de la experiencia anterior, la labor del Observatorio ha consistido no solamente en promover y contratar investigaciones y realizar mediciones puntuales, sino en asesorar a las entidades en el diseño de los programas y las acciones de cultura ciudadana y en la aplicación de instrumentos de medición del impacto de estas acciones. De esta manera se aspira, por un lado, a tender puentes más directos entre observación y acción y, por otro, a formar un equipo de funcionarios que aseguren una relativa continuidad institucional en acciones de cultura ciudadana que han mostrado resultados positivos para la ciudad. En otras palabras, aspiramos a que este campo de intervención pública deje de ser percibido como un raro invento de un alcalde exótico. Por fortuna, los sondeos de opinión realizados en los dos últimos años indican una creciente aceptación de este tipo de acciones y campañas por parte de los ciudadanos y las ciudadanas.

Estudios y mediciones

Durante su primera etapa, el Observatorio promovió y realizó cerca de cincuenta estudios de diverso alcance sobre los siguientes temas: cultura ciudadana, seguridad y convivencia, transporte, espacio público, y oferta y demanda cultural. También llevó a cabo varios sondeos de opinión sobre medidas y acciones de la Alcaldía, publicó un boletín con estadísticas sobre violencia y delincuencia en Bogotá y editó una interesante colección de cuadernos monográficos y libros, buena parte de los cuales eran el resultado de investigaciones y consultorías contratadas mediante convocatorias públicas. Así pues, en poco tiempo el Observatorio logró notables avances en la producción y recopilación de información y en el conocimiento sobre los temas antes mencionados. Pero quizás el resultado más destacado fue el diseño de un sistema de información sobre violencia y delincuencia en la ciudad, que luego daría lugar a la creación de un nuevo observatorio especializado en este campo, adscrito a la Secretaría de Gobierno de Bogotá. Otro ejemplo de los estudios que mayor utilidad tuvieron para la administración es el realizado por Arturo Alape y que fue publicado bajo el título Entornos Universitarios: ¿Sitios de transgresión o convivencia ciudadana? Cabe anotar que los resultados de este estudio condujeron a que “la administración distrital dictara algunos decretos y medidas sobre uso del espacio público y los establecimientos públicos ubicados en los entornos universitarios de la ciudad”.(2)

Sistema de medición de la cultura ciudadana en Bogotá

No obstante el conjunto de estudios realizados entre 1996 y 1997, cuando se formuló el Plan de Desarrollo de la segunda administración del Alcalde Mockus, se detectó la carencia de un diagnóstico sólido sobre la cultura ciudadana en Bogotá que permitiera, establecer metas y formular con precisión los programas y las acciones en este campo. Por ello, entre los proyectos prioritarios de esta Administración, se incluyó el diseño y la aplicación de un sistema de medición que permitiera por una parte, cuantificar las metas del Plan de desarrollo en lo que respecta al cumplimiento de las normas de convivencia, el pago de impuestos, el uso responsable de subsidios, el fortalecimiento de la cultura democrática en la ciudad, y por otra, conocer de manera más objetiva el impacto de los programas culturales, recreativos y deportivos adelantados por la Administración. Para ello el Observatorio de Cultura Urbana emprendió un novedoso y complejo trabajo que puede resumirse así:

  1. Definición del marco conceptual y de un conjunto de dimensiones, indicadores y variables para medir la cultura ciudadana de las personas que residen en Bogotá. Para este efecto, se hizo una revisión bibliográfica y un inventario de la información disponible en las entidades municipales y algunas de orden nacional, en las universidades y en el programa de evaluación de la gestión municipal “Bogotá Cómo Vamos”, patrocinado por la Cámara de Comercio, el diario El Tiempo y la Fundación Corona.
  2. Con base en el conjunto de dimensiones, indicadores y variables se diseñaron cuatro instrumentos de recolección de información: a) una encuesta de hogares a ciudadanos mayores de 18 años, aplicada a una muestra representativa por estratos socioeconómicos; b) una encuesta a estudiantes de 9, 10 y 11 grados, aplicada a una muestra representativa de colegios públicos y privados; c) observaciones y conteos en varios puntos de la ciudad para medir el acatamiento de dos normas de tránsito: respeto al semáforo en rojo y uso de los puentes peatonales; c) registros estadísticos llevados por las entidades municipales.

Como resultado de la primera aplicación de este sistema de medición (2001), se elaboró un primer diagnóstico de la cultura ciudadana de los habitantes de Bogotá(3), que además de aportar una valiosa información empírica sobre este campo, permitió definir las líneas de base y precisar las metas y las principales acciones de la administración en materia de cultura ciudadana. Cabe anotar que la segunda aplicación de estos instrumentos está prevista para mediados de 2003, de manera que la Administración pueda evaluar con datos precisos el impacto de sus acciones en los tres años de gobierno del Alcalde Mockus y hacer la respectiva rendición de cuentas a los ciudadanos.

Para ilustrar la utilidad de este sistema de medición mencionemos algunos de sus resultados más relevantes:

1.La mayoría de los ciudadanos conoce en promedio 9 normas de convivencia, de 40 seleccionadas para la encuesta a mayores de 18 años. Las más recordadas son las de tránsito vehicular y peatonal […] En cambio, otras normas básicas como usar el cinturón de seguridad en los vehículos, no conducir embriagado, respetar las zonas públicas en urbanizaciones[…] tienen escasa recordación entre los ciudadanos.

2.Pese a lo que suele creerse, entre la ciudadanía predominan actitudes de respeto por la ley, así como de rechazo al porte de armas por parte de la población civil. La única circunstancia en la cual una alta proporción de ciudadanos (80.6%) justifica desobedecer la ley es cuando es la única manera de salvar la vida.

3.Paradójicamente, aunque la mayoría se consideran buenos ciudadanos, predomina una percepción negativa o escéptica acerca del comportamiento y las actitudes de los demás, percepción que sin duda afecta la confianza entre los ciudadanos.

4.No obstante la reducción del número de muertes violentas y de algunos delitos [en los últimos 8 años], la ciudad sigue siendo percibida por la gran mayoría de los ciudadanos como insegura. Entre las razones mencionadas como causa de la inseguridad, sobresale por amplio margen la delincuencia común, seguida del desempleo. Al parecer, esta percepción negativa obedece en gran parte a la propia experiencia de los ciudadanos, ya sea por haber sido víctimas de algún hecho violento o por haberlo presenciado.

5.Entre los comportamientos más importantes para la convivencia, la ciudadanía enfatiza el respeto y la solidaridad con los vecinos. Sin embargo, al indagar el grado de aceptación frente a diversos tipos de vecinos, se observan actitudes fuertes de intolerancia especialmente frente a drogadictos, paramilitares, guerrilleros, alcohólicos, narcotraficantes, corruptos, prostitutas, indigentes y homosexuales. En cambio, es muy baja la proporción de ciudadanos que no quisiera tener como vecinos a personas de región, raza, nacionalidad o religión distinta a la propia.

6.En el terreno de la convivencia se constata de nuevo la asimetría entre la valoración positiva del propio comportamiento y la valoración negativa del comportamiento de los demás.

7.Contrario a lo que suele creerse, la mayoría de los contribuyentes paga oportunamente sus impuestos[…] Según parece, el predominio del pago oportuno de impuestos obedece no sólo al conocimiento que la ciudadanía tiene de los impuestos municipales sino a que el pago de los mismos es percibido como un deber ciudadano.

8.En materia de cultura tributaria, sorprenden ciertas percepciones de la ciudadanía que contradicen creencias comunes, por ejemplo: la mayoría considera que la Administración invierte el dinero de la ciudad en obras y servicios y tan sólo el 20.3% considera que se lo roban.

9.En lo que respecta a la cultura democrática hay debilidades notorias. Por ejemplo, la desconfianza en los procedimientos democráticos es bastante generalizada y en materia de organización social y política hay evidentes debilidades. En efecto, el único tipo de organización a la que dice pertenecer más de la mitad de los ciudadanos es de carácter religioso. A juzgar por los datos de la encuesta, las organizaciones seculares con mayor proporción de afiliados son, en su orden, clubes deportivos o sociales, asociaciones educativas, juntas de acción comunal y comités de seguridad y vigilancia. No obstante, la proporción de ciudadanos que dice pertenecer a alguna de estas organizaciones no supera el 13,3%. Pero es aún más preocupante que la pertenencia a organizaciones propias de la sociedad moderna como son los sindicatos, los partidos y las asociaciones profesionales, sea en todos los casos inferior al 7% de la población mayor de edad. Así pues, en materia de capital social y cultura política todo indica que Bogotá está aún lejos de tener una sociedad civil organizada y una democracia sólida y moderna.(4)

Líneas de investigación

En concordancia con las prioridades de esta administración, se definieron tres campos de investigación: cultura ciudadana, cultura política y arte y patrimonio. Para propiciar la acumulación de conocimiento y la actualización de la información en estos campos, se están adelantando tres estudios cuyos objetivos principales son: identificar y analizar la información y las investigaciones disponibles sobre estos tres campos en Bogotá, definir temas de investigación prioritaria y diseñar un sistema de información que le permita tanto a la administración como a los académicos contar con datos confiables y actualizados sobre estos temas.

Por otra parte, el Observatorio aplica periódicamente instrumentos de medición en temas puntuales. Hace sondeos de opinión para evaluar el impacto de algunas acciones pedagógicas y campañas promovidas por la administración. Por ejmplo, en los años 2001 y 2002 se han hecho sondeos sobre: “el día sin carro”, “la noche de las mujeres” y la restricción de la circulación de vehículos de transporte público y privado en horas pico, medida que en el argot bogotano se conoce como el pico y placa. También mide periódicamente la asistencia a los eventos artísticos y culturales realizados por el Instituto e indaga la opinión de los asistentes sobre la calidad de los mismos.

Canales de difusión

Para difundir el conocimiento producido o recopilado por el Observatorio, contamos con un centro de documentación sobre cultura urbana, el Museo de Desarrollo Urbano, un periódico cultural de distribución gratuita que circula mensualmente (100.000 ejemplares) y un programa en el canal local de televisión pública. Además, publicamos libros y cuadernos con los resultados de los estudios contratados por el Observatorio o de investigaciones y monografías hechas por académicos y estudiantes.

Tensiones inevitables

Desde su origen, el Observatorio fue pensado como una dependencia pequeña al servicio de las políticas y las acciones del gobierno local y no como un aparato académico dedicado a la investigación. Sin embargo, entre sus funciones se incluyó el fomento de la investigación en las instituciones académicas de la ciudad, a través de contratos específicos, becas, financiación de seminarios, foros y conferencias y publicación de libros y cuadernos. Pese a que esta política ha mostrado resultados positivos, en no pocos casos los temas y los tiempos requeridos por la administración no concuerdan con los temas de interés de los investigadores y con sus ritmos de trabajo. De ahí que el Observatorio haya tenido que ampliar su equipo incorporando al menos dos académicos para cada una de las líneas de trabajo definidas como prioritarias. Así mismo, ha sido necesario conformar un pequeño equipo dedicado principalmente a asesorar a las entidades y a diseñar acciones específicas en cultura ciudadana. Pero aún así, las tensiones entre las urgencias provocadas por coyunturas críticas de la ciudad y de la administración y el ritmo más lento de la producción, la edición y la circulación de información y conocimiento no están resueltas del todo y quizás no sea posible eliminar definitivamente este desfase.

Notas

(1) Los seis programas de Cultura Ciudadana son: 1. Apreciar las normas y admirar lo bueno; 2. Vida sagrada; 3. Aportar de buena gana; 4. Procedimientos para decidir; 5.Organizarse para influir; 6. Comunicar vida y jugar limpio. Memorias del Plan de Desarrollo “Bogotá para vivir todos del mismo lado”, 2001-2004, Observatorio de Cultura Urbana-IDCT, Bogotá, 2001.

(2) Yesid Campos “Observatorio de cultura urbana: una experiencia de observación e investigación sobre la ciudad”, en Yesid Campos e Ismael Ortiz (compiladores), La ciudad observada, Tercer Mundo Editores, Observatorio de Cultura Urbana, Bogotá, 1998, p.55.

(3) Observatorio de Cultura Urbana, “La cultura ciudadana en Bogotá, resultados de la primera aplicación del sistema de medición”, Bogotá, abril de 2002, documento inédito.

(4) Observatorio de Cultura Urbana, La cultura ciudadana en Bogotá, op.cit., pp. 6 a 8.

Rocío Londoño

Socióloga de la Universidad Nacional de Colombia y candidata al título de doctora en Historia de la misma Universidad. Actualmente se desempeña como Directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá (IDCT). La mitad de su carrera ha transcurrido en la Universidad Nacional, donde ha sido docente por más de veinte años. Allí ocupó la jefatura de la Sección de Sociología Urbana, la Dirección del Departamento de Sociología, la Jefatura de la Sección de Sociología Política, la Subdirección del Comité de Investigaciones y Desarrollo Científico y la decanatura de la Facultad de Ciencias Humanas.

La Directora del IDCT participó en el equipo de creación del observatorio de Cultura Urbana de la ciudad de Bogotá.

De sus inquietudes como socióloga urbana provienen los libros Sindicalismo y política económica en Colombia, Diez historias de vida: Las Marías y La ciudad de Dios en Bogotá, el primero de éstos en coautoría con Gabriel Restrepo y el segundo con Alberto Saldarriaga.Fue jurado del Concurso "Bogotá Historia Común" I y II, organizado por el Departamento de Acción Comunal de Bogotá, en los años 1997 y 1998.

 

Estudios y experiencias



Rocio Londoño